- Nena ¿has visto a tu abuela? - Con una bandeja de ensaimadas recién echas en la mano, Andresito me ha hecho esta pregunta estando yo recién levantada y con las legañas puestas. Mi neurona aún vagaba por las volutas del sueño sin saber que mi cuerpo ya había dejado la cama... Todo esto quiere decir que yo aún estaba zombi . Por eso abrí mucho los ojos y la boca e intenté articular palabra pero no salió ningún sonido. La garganta estaba reseca a consecuencia de mis largos conciertos de ronquidos a los que me entrego todas las noches. Así que estiré el brazo hasta casi tocar a la abuela que estaba, justo al lado de su marido.
Nos sentamos a desayunar y el abuelito me explicó que había encontrado en su almohada, una nota de ella en la que le decía que, a causa de lo mal que está el mundo y queriendo tener un tiempo solo para ella, había decidido hacerse invisible y desaparecer hasta que le de gana volver.
A todo ésto, la abuela se estaba tomando su café con leche y dos ensaimadas frente a mi. El abuelito seguía como si no la viera, hablando de tonterías: política y finanzas bancarias.
Gracias al cola cao con miel empecé a carraspear y le pregunté: ¿Estás bien de la vista? - Perfectamente. Gracias. - Pues yo creo que no... al paso que vas te veo vendiendo el cupón de la Once. - Ya no tengo edad de trabajar pero si pagan bien... - ¿Cuántas ensaimadas has traído? - Diez. - Te has comido dos y yo también... ¿Cuántas deben quedar? - Cuatro. - ¿También estás sordo? - ¿Qué quieres decir con ese TAMBIEN? - Deberían quedar seis, abuelito y solo hay cuatro. - ¡Exacto! Te lo he dicho antes: ¡cuatro!
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaa! ¡Hombre, ensaimadas! Guardaré los croasanes caducados que he cogido del contenedor del súper, para otra ocasión. - No comerá hasta que me diga cuántos estamos en la mesa desayunando. - ¿Estás tonta? ¡Dos! - ¡Cotilla, no somos dos! - Bueno, tres contándome a mi pero como aún no me he sentado...- ¿Y la abuela qué? - ¿Qué de qué? - ¡Eso digo yo! - Perdona, pero lo he dicho yo. - ¡Que más da quién lo haya dicho! - Es muy importante saberlo, boba de Coria, porque luego viene los malos entendidos y se pierden la amistades. - ¡Usted y yo no tenemos ninguna amistad! - Es verdad. Que peso me has quitado de encima.
Me levanté y puse las manos en los hombros de la abuela. - Dejad de hacer como si no la viérais ¡La abuela está aquí! Diles algo a éstos gansos. - Pero de su boca no salió una palabra y siguió comiendo tranquilamente. Después fue a por Pascualita y la metió en su escote. - La sirena acabaría con la farsa. - ¿Dónde está la abuela? le pregunté confiada... Por toda respuesto recibí un chorrito de agua envenenada que guardaba la jodía de la sirena en la boca.
¿Qué estaba pasando? Me lavé la cara veinte veces para despejarme de los últimos jirones de sueño. Y seguí viendo a la abuela. Finalmente, me rendí. - Abuelito ¿qué te decía la abuela en su nota? - Que se ha vuelto invisible y volverá cuando le de la gana. - ¿Y a ti te parece bien? - Me parece perfecto. - Suspiré y dije - Pues a mi también... ¿nos tomamos un chinchón? - ¡Claro! (gritó la Cotilla) ¡Es la hora!
domingo, 9 de agosto de 2015
viernes, 7 de agosto de 2015
Las gaviotas.
Hubo una batalla campal en casa cuando la abuela despertó de la siesta y vio juntos al juez Castro y la Cotilla. No se le ocurrió otra cosa que vaciarles encima el acuario de Pascualita. Menos mal que ella estaba conmigo en la cocina, hablando con la cabeza jivarizada. Pepe no está por la labor de ir a la playa. La sirena le ha mordisqueado un poco para ver si lo animaba, pero está decaído. Será del calor pero, como no se queja, no le pongo el ventilador y sufre en silencio las altas temperaturas.
Pascualita y yo dimos un salto al oír el ruído del agua al caer al suelo y los gritos, sobresaltados, de los durmientes. Corrí a ver qué pasaba. El suelo de la salita era un mar y en el flotaban, lacias, las algas. Salvo las que adornaban las cabezas, junto con la arena, de la Cotilla y el juez. Bajo la mesita del televisor vi el barco hundido. La sirena que, al principio no entendía nada, se fue dando cuenta de que se acababa de quedar sin "casa" y sacó sus dientecitos de tiburón a pasear.
La Cotilla, que lleva unos setenta años sin ir a la playa, sentía los síntomas del ahogamiento. - ¡Me ahogo, socorro! - "No habrá suerte" - ¿Me has querido matar? - "¿Yoooooo? Os he refrescado. Estábais sudando" - El juez, chorreando agua salada, cogió su maletín y salió zumbando de mi casa. - ¡Ahora entiendo al municipal Bedulio! - ¿Por qué no les has tirado un cubo de agua, abuela? (le dije al oído) Ahora tendré que ir a la playa a por garrafas. - "¡Tenían las cabezas juntas! ¿Te lo puedes creeer?" - Claro, yo los coloqué así.
Solo la sorpresa le impidió tirarme una maceta. Espero que hoy esté calmada pero, ante la duda, me he ido a la playa con Pascualita y Pepe. Era muy temprano. Solo estábamos nosotros, las palomas y las gaviotas. He metido a la sirena en la bolsa de rejilla de acero y he atado la cadenita a un tirante de mi bañador. Pepe iba en una bolsa de plástico, para que no se mojara, atada al otro tirante.
Ha sido un placer nadar sin chocar con nadie. A lo lejos, los barcos entraban o salían de los muelles dejando tras de sí suaves olas que nos mecían. Me relajé haciendo el muerto... Creo que me dormí y no me di cuenta de estar rodeada de gaviotas hasta que una se posó en mi barriga. Me asusté y tragué agua. - ¡Fuera de aquí! (les grité) pero solo se elevaron lo justo para para hacerme creer que se habían asustado y volvieron a su sitio. - ¡Maldita sea!
De repente empezó el ataque: unas fueron a por Pepe y otras a por Pascualita. El que la sirena estuviera sumergida no era un inconveniente para ellas. En vuelo rasante pasaban sobre mi cabeza intentando asustarme (¡lo estaba!) y tratando de conseguir una presa. Salí corriendo del agua. En la orilla había un escalón que las olas de los barcos me impedían subir con mi gracia habitual. Me caí una y otra vez. Me sentía como un pato mareado mientras las gaviotas, insitían en su ataque.
Corrí hacia casa, chorreando y en bañador, arrastrando las dos bolsa y seguida por una bandada de ratas aladas, cada vez más numerosa. Un hombre que se apartó, presuroso, de mi camino, gritó: ¡No dejes que nos arrebaten las pensioneeeeeees!
Pascualita y yo dimos un salto al oír el ruído del agua al caer al suelo y los gritos, sobresaltados, de los durmientes. Corrí a ver qué pasaba. El suelo de la salita era un mar y en el flotaban, lacias, las algas. Salvo las que adornaban las cabezas, junto con la arena, de la Cotilla y el juez. Bajo la mesita del televisor vi el barco hundido. La sirena que, al principio no entendía nada, se fue dando cuenta de que se acababa de quedar sin "casa" y sacó sus dientecitos de tiburón a pasear.
La Cotilla, que lleva unos setenta años sin ir a la playa, sentía los síntomas del ahogamiento. - ¡Me ahogo, socorro! - "No habrá suerte" - ¿Me has querido matar? - "¿Yoooooo? Os he refrescado. Estábais sudando" - El juez, chorreando agua salada, cogió su maletín y salió zumbando de mi casa. - ¡Ahora entiendo al municipal Bedulio! - ¿Por qué no les has tirado un cubo de agua, abuela? (le dije al oído) Ahora tendré que ir a la playa a por garrafas. - "¡Tenían las cabezas juntas! ¿Te lo puedes creeer?" - Claro, yo los coloqué así.
Solo la sorpresa le impidió tirarme una maceta. Espero que hoy esté calmada pero, ante la duda, me he ido a la playa con Pascualita y Pepe. Era muy temprano. Solo estábamos nosotros, las palomas y las gaviotas. He metido a la sirena en la bolsa de rejilla de acero y he atado la cadenita a un tirante de mi bañador. Pepe iba en una bolsa de plástico, para que no se mojara, atada al otro tirante.
Ha sido un placer nadar sin chocar con nadie. A lo lejos, los barcos entraban o salían de los muelles dejando tras de sí suaves olas que nos mecían. Me relajé haciendo el muerto... Creo que me dormí y no me di cuenta de estar rodeada de gaviotas hasta que una se posó en mi barriga. Me asusté y tragué agua. - ¡Fuera de aquí! (les grité) pero solo se elevaron lo justo para para hacerme creer que se habían asustado y volvieron a su sitio. - ¡Maldita sea!
De repente empezó el ataque: unas fueron a por Pepe y otras a por Pascualita. El que la sirena estuviera sumergida no era un inconveniente para ellas. En vuelo rasante pasaban sobre mi cabeza intentando asustarme (¡lo estaba!) y tratando de conseguir una presa. Salí corriendo del agua. En la orilla había un escalón que las olas de los barcos me impedían subir con mi gracia habitual. Me caí una y otra vez. Me sentía como un pato mareado mientras las gaviotas, insitían en su ataque.
Corrí hacia casa, chorreando y en bañador, arrastrando las dos bolsa y seguida por una bandada de ratas aladas, cada vez más numerosa. Un hombre que se apartó, presuroso, de mi camino, gritó: ¡No dejes que nos arrebaten las pensioneeeeeees!
jueves, 6 de agosto de 2015
Se masca la tragedia.
La abuela iba de un lado a otro de la cocina echando pestes contra la Cotilla - "Luego dice que es mi amiga ¡y un cuerno! Llega mi amor platónico, me aturullo y ella lo acapara. ¡La mataré!" - Pascualita y yo desayunábamos cola cao con ensaimadas de semana y media de antigüedad que trajo la Cotilla del contenedor del súper y no le quitábamos ojo.
A pesar de notar preocupada a su amiga, la sirena fue fiel a su ritual mañanero y saltaba, una y otra vez, en su taza hasta dejarla vacía, luego reptó por la mesa lamiendo el cola cao. Cuando acabó, se tiró al suelo y siguió lamiendo hasta la última gota. Después hizo trizas su ensaimada y no dejó ni una miga. Hay que ver lo complicado que es este bicho comiendo.
- Siempre presumes de haberle quitado a todos los chicos que le gustaban. Ahora ella te devuelve la pelota (dije con recochineo) - "No tiene nada que ver una cosa con otra" - La venganza se sirve en plato frío... ¡Aaaaaay! (acababa de dar con la frente en la mesa del pescozón que me arreó) - "¡Que cruz tengo contigo!" - ¡Avemariapurísimaaaaaa! ¿Qué le has echo a tu abuela, boba de Coria? - Antes de que pudiese contestar, la abuela saltó al cuello de la Cotilla. - "¡Eres una gallina vieja y te voy a desplumar!" - ¡Quítame a ésta loca de encima! - Intenté separarlas pero me llenaron de golpes, así que las dejé por imposibles... Con un poco de suerte sería heredera universal de las dos en un mismo día.
Pascualita se dio cuenta que estaban atacando a su amiga y saltó hacia la Cotilla como impulsada por un resorte pero, como no paraban de moverse, salió por la ventana, aterrizando en el árbol de la calle. - ¡Abuela, que se ha caído Pascual...! (estuve a punto de nombrarla delante de la vecina. Menos mal que rectifiqué a tiempo) - ¡¡¡Egoísta!!! (le gritó la Cotilla a la abuela) ¡Lo quieres todo, como siempre. No te conformas con uno, ahora quieres tres! ¿Dónde escondes a Pascual? (Y gritó como una energúmena) ¡¡¡Sal, Pascual. Sal que te vea!!! Nena, llama a tu abuelito y dile que venga. ¡Tenemos a los adúlteros! - La abuela agarró el florero de la mesa del comedor y se lo estrelló en la cabeza a su amiga. - "¡¡¡Muere de una vez!!!" - Abuela, no pierdas las formas. - "Me refería al florero. Me lo regaló mi primera suegra y nunca me gustó" - ¿Era de la bisabuela y te has cargado un pedazo de la Historia de mi familia!? - "Ahora, en lugar de un pedazo, tienes un montón de trozos, alma de cántaro. Sales ganando"
Se sentaron para restañar las heridas. Mientras, les preparé unos chinchones on the rocks con cañitas. A la tercera copa cayeron redondas. Mientras roncaban a pierna suelta llamaron a la puerta. Era el juez Castro que venía a interrogar a la abuela. - Está durmiendo... Si quiere la despierto pero... dada su edad. (Antes de pronunciar las últimas palabras, me cercioré de que estaba bien dormida) - Déjela... ¿No tendría algo fresquito? - El chinchón con cañita tumba hasta a los súper jueces. Le había indicado que se sentara junto a la Cotilla, así pude colocar la cabeza de ella sobre el hombro de él.
Pascualita, a quién hacía ya rato que había rescatado, y yo discutíamos si sería conveniente llevar a la playa a Pepe... ¿Flotaría en el mar la cabeza jibarizada? Habría que verlo.
A pesar de notar preocupada a su amiga, la sirena fue fiel a su ritual mañanero y saltaba, una y otra vez, en su taza hasta dejarla vacía, luego reptó por la mesa lamiendo el cola cao. Cuando acabó, se tiró al suelo y siguió lamiendo hasta la última gota. Después hizo trizas su ensaimada y no dejó ni una miga. Hay que ver lo complicado que es este bicho comiendo.
- Siempre presumes de haberle quitado a todos los chicos que le gustaban. Ahora ella te devuelve la pelota (dije con recochineo) - "No tiene nada que ver una cosa con otra" - La venganza se sirve en plato frío... ¡Aaaaaay! (acababa de dar con la frente en la mesa del pescozón que me arreó) - "¡Que cruz tengo contigo!" - ¡Avemariapurísimaaaaaa! ¿Qué le has echo a tu abuela, boba de Coria? - Antes de que pudiese contestar, la abuela saltó al cuello de la Cotilla. - "¡Eres una gallina vieja y te voy a desplumar!" - ¡Quítame a ésta loca de encima! - Intenté separarlas pero me llenaron de golpes, así que las dejé por imposibles... Con un poco de suerte sería heredera universal de las dos en un mismo día.
Pascualita se dio cuenta que estaban atacando a su amiga y saltó hacia la Cotilla como impulsada por un resorte pero, como no paraban de moverse, salió por la ventana, aterrizando en el árbol de la calle. - ¡Abuela, que se ha caído Pascual...! (estuve a punto de nombrarla delante de la vecina. Menos mal que rectifiqué a tiempo) - ¡¡¡Egoísta!!! (le gritó la Cotilla a la abuela) ¡Lo quieres todo, como siempre. No te conformas con uno, ahora quieres tres! ¿Dónde escondes a Pascual? (Y gritó como una energúmena) ¡¡¡Sal, Pascual. Sal que te vea!!! Nena, llama a tu abuelito y dile que venga. ¡Tenemos a los adúlteros! - La abuela agarró el florero de la mesa del comedor y se lo estrelló en la cabeza a su amiga. - "¡¡¡Muere de una vez!!!" - Abuela, no pierdas las formas. - "Me refería al florero. Me lo regaló mi primera suegra y nunca me gustó" - ¿Era de la bisabuela y te has cargado un pedazo de la Historia de mi familia!? - "Ahora, en lugar de un pedazo, tienes un montón de trozos, alma de cántaro. Sales ganando"
Se sentaron para restañar las heridas. Mientras, les preparé unos chinchones on the rocks con cañitas. A la tercera copa cayeron redondas. Mientras roncaban a pierna suelta llamaron a la puerta. Era el juez Castro que venía a interrogar a la abuela. - Está durmiendo... Si quiere la despierto pero... dada su edad. (Antes de pronunciar las últimas palabras, me cercioré de que estaba bien dormida) - Déjela... ¿No tendría algo fresquito? - El chinchón con cañita tumba hasta a los súper jueces. Le había indicado que se sentara junto a la Cotilla, así pude colocar la cabeza de ella sobre el hombro de él.
Pascualita, a quién hacía ya rato que había rescatado, y yo discutíamos si sería conveniente llevar a la playa a Pepe... ¿Flotaría en el mar la cabeza jibarizada? Habría que verlo.
miércoles, 5 de agosto de 2015
Menudo despertar.
Después de una noche toledana, en la que apenas he dormido media hora por culpa del trompeteo de un puñetero mosquito al que no he podido estampar contra la pared, conseguí dar unas cabezadas cuando se acababan de apagar las farolas de la calle... Para ser zarandeada con violencia cinco minutos después. - "¡Despierta, zopenco. Vamos a desayunaaaaaaaaaaaaaar!"
De mi boca estropajosa salió una frase - ¿Te haf cafgado al jodío mofquito?
- ¡El café ya está listoooooo! - Me pareció reconocer la voz de la vecina y mi voz pastosa, asociada con el inconsciente, dijo: - ¿Te haf cafgado a la jodía Cotilla?
Como un zombi entré en la cocina y solo el delicioso olor de las ensaimadas recién hechas, hizo el milagro de despertarme y despertar, a su vez, a mi estómago. - ¿A qué viene este festín, abuela? - "Cosas de Andresito. Está tan contento con el dineral que nos han dado por algunas de las joyas de la majaraní, que está tirando la casa por la ventana" - Cotilla, yo quiero cola cao. - Aztelo tú, boba de Coria. - "Creo que antes te ha oído" - Que suspicaz.
Un rato después, el Juez Castro entró en casa y la abuela se derritió como un helado de fresa. - Tenemos que aclarar lo que pasó con los municipales. Pedí que tuvieran un careo con ustedes y no quieren venir ni atados... ¿Pueden contarme algo? - "Yo le contaría lo que jejejeje quisiera, señoría jejejejejeje pero, ya ve, es tanta la ilusión que me hace jejejejejeje verle de nuevo que me ha dado a risa floja jejejejejeje y no puedo ni pensar jejejejeje" - ¿Esta mujer es siempre así? - A veces es peor (saltó la Cotilla) Yo no... Soy una fiel ciudadana que cumple, a rajatabla, con las Leyes... - ¿Quiere decir que su amiga no las cumple? - La Cotilla negó con la cabeza y después dejó caer... - Si yo le contara... - Cuente, cuente.
Me vi en la obligación de defender a mi abuela. - Antes de entrar en faena ¿quiére un chinchón on the rocks con cañita, señor Juez? - No quiso. Lástima. Entonces ataqué por otro flanco antes de que la Cotilla tomar la palabra y no la soltara. - ¿Puedo hacerle una pregunta, señoría? ¿Es normal que una persona tenga un altar dedicado a los Amigos de lo Ajeno: Bárcenas, Roca, Rato, etc. etc. y mucho más etcétera? ¿o que tenga por oficio: "Limpiadora" (ya me entiende, dije guiñándole un ojo) de cepillos de iglesias. O, en otro caso, preparadora de mejunjes infalibles para mandar al prójimo al otro mundo? - Yo diría que esta persona no está bien de la cabeza... ¿Qué películas ve usted, señorita?
Ese "señorita" me llegó al alma. Parpadeé como si en lugar de pestañas, tuviera abanicos y dije a media voz: - ¿Le gustaría tener un hijo conmigo, señor Juez? - La Cotilla no desaprovechó el desconcierto del hombre y gritó, señalándome: - ¡He aquí a la loca!
De mi boca estropajosa salió una frase - ¿Te haf cafgado al jodío mofquito?
- ¡El café ya está listoooooo! - Me pareció reconocer la voz de la vecina y mi voz pastosa, asociada con el inconsciente, dijo: - ¿Te haf cafgado a la jodía Cotilla?
Como un zombi entré en la cocina y solo el delicioso olor de las ensaimadas recién hechas, hizo el milagro de despertarme y despertar, a su vez, a mi estómago. - ¿A qué viene este festín, abuela? - "Cosas de Andresito. Está tan contento con el dineral que nos han dado por algunas de las joyas de la majaraní, que está tirando la casa por la ventana" - Cotilla, yo quiero cola cao. - Aztelo tú, boba de Coria. - "Creo que antes te ha oído" - Que suspicaz.
Un rato después, el Juez Castro entró en casa y la abuela se derritió como un helado de fresa. - Tenemos que aclarar lo que pasó con los municipales. Pedí que tuvieran un careo con ustedes y no quieren venir ni atados... ¿Pueden contarme algo? - "Yo le contaría lo que jejejeje quisiera, señoría jejejejejeje pero, ya ve, es tanta la ilusión que me hace jejejejejeje verle de nuevo que me ha dado a risa floja jejejejejeje y no puedo ni pensar jejejejeje" - ¿Esta mujer es siempre así? - A veces es peor (saltó la Cotilla) Yo no... Soy una fiel ciudadana que cumple, a rajatabla, con las Leyes... - ¿Quiere decir que su amiga no las cumple? - La Cotilla negó con la cabeza y después dejó caer... - Si yo le contara... - Cuente, cuente.
Me vi en la obligación de defender a mi abuela. - Antes de entrar en faena ¿quiére un chinchón on the rocks con cañita, señor Juez? - No quiso. Lástima. Entonces ataqué por otro flanco antes de que la Cotilla tomar la palabra y no la soltara. - ¿Puedo hacerle una pregunta, señoría? ¿Es normal que una persona tenga un altar dedicado a los Amigos de lo Ajeno: Bárcenas, Roca, Rato, etc. etc. y mucho más etcétera? ¿o que tenga por oficio: "Limpiadora" (ya me entiende, dije guiñándole un ojo) de cepillos de iglesias. O, en otro caso, preparadora de mejunjes infalibles para mandar al prójimo al otro mundo? - Yo diría que esta persona no está bien de la cabeza... ¿Qué películas ve usted, señorita?
Ese "señorita" me llegó al alma. Parpadeé como si en lugar de pestañas, tuviera abanicos y dije a media voz: - ¿Le gustaría tener un hijo conmigo, señor Juez? - La Cotilla no desaprovechó el desconcierto del hombre y gritó, señalándome: - ¡He aquí a la loca!
martes, 4 de agosto de 2015
El marajá.
La abuela ha llegado a casa hecha un pincel. - ¿De qué vas vestida? - "Salta a la vista: de india" - ¿Eso que llevas es un shari?... Te está corto. - "Qué sabrás tu, alma cándida. He innovado el modelo clásico convirtiéndolo en minifaldero. Voy a impresionar a un marajá"
Se había pintado a conciencia, como muchas hindúes. Y con el moreno del verano oscureciendole la piel, podría pasar por una de ellas. En una de las aletas de la naríz había clavado un diamante del que salía una cadenita de oro que iba a engancharse a otro que estaba en la oreja. - ¿No te molesta eso? - "Sí. Creo que es un moco y ya me he arrancado el brillante tres veces, cómo lo pierda, a Andresito le da un soponcio" - Pobrecillo. Lo has dejado en bragas con tu capricho de poner un faro en casa para que te vea el Rey... Pero si no te conoce. - "¡Ya lo creo que sí! Me presenté en Marivent con un montón de ensaimadas. Salió a la puerta a agradecerme el detalle y le dije dónde vivía. Me dio la impresión de que se atragantaba un poco" - ¿No será que, entre el maremagnun de embarcaciones "chocadas" estaba la suya? - "Creo que sí pero... ¿Qué tiene que ver la velocidad con el tocino?"
- ¿Y quién es el marajá al que vas a ver? - "Uno que tiene un yate de muchos millones en la bahía. Me llevaré a Pascualita para que lo conozca porque, seguro que en su hábitat no hay marajás" - No me parece buena idea. Además, el termo de los chinos no pega nada con tu vestido indio. - "Al revés, ignorante, es un toque de exótico sobre la seda" - ¿Un termo de plástico viejo sobre seda bordada en oro es un toque exótico? - "No tienes ni idea de estilismo" - Y sin más, cogió a la sirena, la metió en el termo y se largó.
Son las doce de la noche y no han vuelto a casa. He llamado varias veces a la Torre del Paseo Marítimo pero tampoco están allí.
Estaba a punto de llamar a Bedulio para denunciar el rapto de la abuela cuando ha entrado en casa. - "¡He triunfado, nena. He triunfado. ¡Mira que joyones me han regalado! Con esto pagaremos los estropicios de los barcos" - ¿Y Pascualita? - "¡Todo ha sido gracias a ella!" - ¿No se la habrás vendido? - "¡Nooooo! jajajajaja El indio, que bebe como una esponja, me ha tirado los tejos. Ha querido emborracharme y yo me he dejado con la condición de que bebiéramos chinchón. El no lo había probado nunca y al rato bizqueaba. Se ha levantado del sillón, zigzagueando. Ha tropezado con su propio pie y ha caído sobre mi... y Pascualita que, en ese momento, estaba saliendo del termo.
Sin pensarlo, ha atacado a la entrepierna de su señoría... Y mientras el pobre corría, berreaba, saltaba, lloraba y a punto estuvo de saltar por la borda del yate si no lo llegan a coger los marineros, el órgano herido se ha hinchado exageradamente como suele ocurrir.
Los sirvientes, al verlo, se ha tirado al suelo adorándolo como a un dios. Una señora muy enjoyada, ha salido de las profundidades del barco al oír los gritos. Con ojos desorbitados miraba el milagro que se obraba en su marido. Pensé que no saldría viva de allí pero, para mi sorpresa, me ha llenado cara y manos, de besos, saliva y mocos porque no dejaba de llorar. Entonces ha sido cuando se ha quitado cuanta joya llevaba encima y me las ha dado. - ¿Pensaba que se quedaba víuda y estaba agradecida? - "Eso creí yo. Pero no. Un marinero me ha dijo que hace años que el pajarito del marajá está en estado cataleptico y no se levanta ni apuntalándolo con diamantes. ¡Y Pascualita ha obrado el milagro!"
Se había pintado a conciencia, como muchas hindúes. Y con el moreno del verano oscureciendole la piel, podría pasar por una de ellas. En una de las aletas de la naríz había clavado un diamante del que salía una cadenita de oro que iba a engancharse a otro que estaba en la oreja. - ¿No te molesta eso? - "Sí. Creo que es un moco y ya me he arrancado el brillante tres veces, cómo lo pierda, a Andresito le da un soponcio" - Pobrecillo. Lo has dejado en bragas con tu capricho de poner un faro en casa para que te vea el Rey... Pero si no te conoce. - "¡Ya lo creo que sí! Me presenté en Marivent con un montón de ensaimadas. Salió a la puerta a agradecerme el detalle y le dije dónde vivía. Me dio la impresión de que se atragantaba un poco" - ¿No será que, entre el maremagnun de embarcaciones "chocadas" estaba la suya? - "Creo que sí pero... ¿Qué tiene que ver la velocidad con el tocino?"
- ¿Y quién es el marajá al que vas a ver? - "Uno que tiene un yate de muchos millones en la bahía. Me llevaré a Pascualita para que lo conozca porque, seguro que en su hábitat no hay marajás" - No me parece buena idea. Además, el termo de los chinos no pega nada con tu vestido indio. - "Al revés, ignorante, es un toque de exótico sobre la seda" - ¿Un termo de plástico viejo sobre seda bordada en oro es un toque exótico? - "No tienes ni idea de estilismo" - Y sin más, cogió a la sirena, la metió en el termo y se largó.
Son las doce de la noche y no han vuelto a casa. He llamado varias veces a la Torre del Paseo Marítimo pero tampoco están allí.
Estaba a punto de llamar a Bedulio para denunciar el rapto de la abuela cuando ha entrado en casa. - "¡He triunfado, nena. He triunfado. ¡Mira que joyones me han regalado! Con esto pagaremos los estropicios de los barcos" - ¿Y Pascualita? - "¡Todo ha sido gracias a ella!" - ¿No se la habrás vendido? - "¡Nooooo! jajajajaja El indio, que bebe como una esponja, me ha tirado los tejos. Ha querido emborracharme y yo me he dejado con la condición de que bebiéramos chinchón. El no lo había probado nunca y al rato bizqueaba. Se ha levantado del sillón, zigzagueando. Ha tropezado con su propio pie y ha caído sobre mi... y Pascualita que, en ese momento, estaba saliendo del termo.
Sin pensarlo, ha atacado a la entrepierna de su señoría... Y mientras el pobre corría, berreaba, saltaba, lloraba y a punto estuvo de saltar por la borda del yate si no lo llegan a coger los marineros, el órgano herido se ha hinchado exageradamente como suele ocurrir.
Los sirvientes, al verlo, se ha tirado al suelo adorándolo como a un dios. Una señora muy enjoyada, ha salido de las profundidades del barco al oír los gritos. Con ojos desorbitados miraba el milagro que se obraba en su marido. Pensé que no saldría viva de allí pero, para mi sorpresa, me ha llenado cara y manos, de besos, saliva y mocos porque no dejaba de llorar. Entonces ha sido cuando se ha quitado cuanta joya llevaba encima y me las ha dado. - ¿Pensaba que se quedaba víuda y estaba agradecida? - "Eso creí yo. Pero no. Un marinero me ha dijo que hace años que el pajarito del marajá está en estado cataleptico y no se levanta ni apuntalándolo con diamantes. ¡Y Pascualita ha obrado el milagro!"
lunes, 3 de agosto de 2015
Un hombro en el que llorar.
Aunque ha quitado el falso "faro" de la fachada a regañadientes, la abuela no ha consentido que su casa pase desapercibida estando el Rey en el vecino Palacio de Marivent y ha hecho colocar un rayo laser que barre el cielo en cuanto oscurece.
Los poderosos contactos de Andresito han conseguido que las casas de Seguros rebajen un poco el montante que tendrá que pagar por el estropicio de los barcos, En la Torre del Paseo Marítimo la tensión puede cortarse con un cuchillo.
Andresito se ha venido a mi casa a llorar sobre mi hombro. - Es que no puedo desahogarme con nadie. A mi madre no puedo contarle nada porque es tan mayor que un disgusto así la mataría. Y mi hijo está tan ocupado en el Hospital desde que hicieron los recortes en Sanidad y casi se quedaron sin plantilla que apenas lo veo. - Si te vas a quedar a dormir te pondré un colchón en el suelo frente al balcón esta noche.
Encargó una paella de marisco para la hora de comer. - No quiero que hagas nada. Solo escucharme. - Gracias, abuelito aunque, te advierto una cosa, no admito devoluciones. - Ahora no te sigo. - Me refiero a la abuela. No me la devuelvas. - Vaya, tenía la vaga esperanza... - ¡Ni esperanza ni leches! que cada palo aguante su vela.
A media mañana yo ya tenía la cabeza como un bombo entre quejas, lágrimas, más quejas, moqueos constantes, copitas de chinchón, más y más quejas... Me levanté a por Pascualita. Quería que viera en lo que se convierte un hombre cuando una mujer lo coge por banda. - Mira (le susurre para que Andresito no se enterara) Esto lo ha hecho la abuela. - La sirena junto los deditos e hizo la señal de OK. - ¿También pasa esto en tu hábitat? Vaya por Dios.
Llamaron a la puerta y mientras el abuelito seguía desgranando sus desgracias, fui a abrir sin que se diera cuenta de que me había ido. En el rellano se oían voces... - ¡Que no quiero! - Pues el médico ha dicho que tienes que enfrentarte a tus miedos. - ¡¡¡He dicho que no quiero!!! - ¡Era Bedulio!
Abrí la puerta y le salté al cuello - ¡Que alegría verte! - Reaccionó como si le hubiera picado una cobre. Saltó hacia atrás pero no me solté. El municipal que le acompañaba le daba ánimos. - Enfrentate a tus miedos. Sé valiente. Sé que puedes hacerlo. - ¡Mucho sabes tú, gilipollas! (le gritó Bedulio) ¡Quítamela de encima o no respondo! - Sin darme cuenta, estaba aplastando a Pascualita contra el pecho del Municipal antes de que éste me diera un empujón y tratabillé hasta la barandilla de la escalera. Viéndose libre de aprietos, la sirena saltó... a la espalda del compañero de Bedulio. Allí clavó los dientes y no soltó hasta que la arranqué de un tirón seco.
Volví junto al abuelito que seguía con su rosario de quejas. No se había enterado de nada, sumido en sus preocupaciones, a pesar del jaleo que organizaron los municipales corriendo escaleras abajo mientras se empujaban para llegar primeros a la calle. Ni oyó los gritos de Bedulio cuando vio la sangre en la espalda de su amigo que gritaba, lloraba, moqueaba y saltaba como un energúmeno. Volvieron a llamar a la puerta: Traían la paella y tras ella venía la Cotilla.
Después de comer y no dejar ni un grano de arroz, el abuelito me cogió una mano, la beso y me dijo, agradecido: - No sabes el bien que me has hecho escuchándome, Nena. - Entonces, en tu testamento ¿me dejarás a mi la Torre del Paseo Marítimo?
Los poderosos contactos de Andresito han conseguido que las casas de Seguros rebajen un poco el montante que tendrá que pagar por el estropicio de los barcos, En la Torre del Paseo Marítimo la tensión puede cortarse con un cuchillo.
Andresito se ha venido a mi casa a llorar sobre mi hombro. - Es que no puedo desahogarme con nadie. A mi madre no puedo contarle nada porque es tan mayor que un disgusto así la mataría. Y mi hijo está tan ocupado en el Hospital desde que hicieron los recortes en Sanidad y casi se quedaron sin plantilla que apenas lo veo. - Si te vas a quedar a dormir te pondré un colchón en el suelo frente al balcón esta noche.
Encargó una paella de marisco para la hora de comer. - No quiero que hagas nada. Solo escucharme. - Gracias, abuelito aunque, te advierto una cosa, no admito devoluciones. - Ahora no te sigo. - Me refiero a la abuela. No me la devuelvas. - Vaya, tenía la vaga esperanza... - ¡Ni esperanza ni leches! que cada palo aguante su vela.
A media mañana yo ya tenía la cabeza como un bombo entre quejas, lágrimas, más quejas, moqueos constantes, copitas de chinchón, más y más quejas... Me levanté a por Pascualita. Quería que viera en lo que se convierte un hombre cuando una mujer lo coge por banda. - Mira (le susurre para que Andresito no se enterara) Esto lo ha hecho la abuela. - La sirena junto los deditos e hizo la señal de OK. - ¿También pasa esto en tu hábitat? Vaya por Dios.
Llamaron a la puerta y mientras el abuelito seguía desgranando sus desgracias, fui a abrir sin que se diera cuenta de que me había ido. En el rellano se oían voces... - ¡Que no quiero! - Pues el médico ha dicho que tienes que enfrentarte a tus miedos. - ¡¡¡He dicho que no quiero!!! - ¡Era Bedulio!
Abrí la puerta y le salté al cuello - ¡Que alegría verte! - Reaccionó como si le hubiera picado una cobre. Saltó hacia atrás pero no me solté. El municipal que le acompañaba le daba ánimos. - Enfrentate a tus miedos. Sé valiente. Sé que puedes hacerlo. - ¡Mucho sabes tú, gilipollas! (le gritó Bedulio) ¡Quítamela de encima o no respondo! - Sin darme cuenta, estaba aplastando a Pascualita contra el pecho del Municipal antes de que éste me diera un empujón y tratabillé hasta la barandilla de la escalera. Viéndose libre de aprietos, la sirena saltó... a la espalda del compañero de Bedulio. Allí clavó los dientes y no soltó hasta que la arranqué de un tirón seco.
Volví junto al abuelito que seguía con su rosario de quejas. No se había enterado de nada, sumido en sus preocupaciones, a pesar del jaleo que organizaron los municipales corriendo escaleras abajo mientras se empujaban para llegar primeros a la calle. Ni oyó los gritos de Bedulio cuando vio la sangre en la espalda de su amigo que gritaba, lloraba, moqueaba y saltaba como un energúmeno. Volvieron a llamar a la puerta: Traían la paella y tras ella venía la Cotilla.
Después de comer y no dejar ni un grano de arroz, el abuelito me cogió una mano, la beso y me dijo, agradecido: - No sabes el bien que me has hecho escuchándome, Nena. - Entonces, en tu testamento ¿me dejarás a mi la Torre del Paseo Marítimo?
sábado, 1 de agosto de 2015
El real vecino.
Toda la noche he oído sirenas de barco, aunque el puerto me pilla lejos. Habrá cambiado el viento y han atronado a la ciudad.
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaa! Estos de los barcos siguen festejando a la Patrona. ¡Escucha, escucha! Eso son juergas y no las que organizas tu. - No organizo ninguna, Cotilla. - Por eso lo digo, alma cándida, que eres sosa hasta decir basta... Mira lo que me ha pasado: a un hombre se le ha caído un boleto de la Primitiva que acababa de sellar! - ¿No se lo ha devuelto? - ¡Ni loca! ¿Y si es el ganador? - Pero no es suyo. - Es la Suerte quien lo ha puesto a mis pies Necesito que me toque un buen pellizco para comprar un local y montar un gran altar a los Amigos de lo Ajeno, que cada vez son más. - Cierto, aparecen como setas - Necesito pedirles ayuda porque el negocio de los cepillos de las iglesias está de capa caída. - Que se lo digan a sus ·clientes",los curas.
Mientras comíamos estuve pendiente de las noticias. Políticos, políticos y más políticos, coparon tres cuartas partes de la emisión. El resto, menos un minuto, se dedicó al fútbol. Y en ese minuto escaso supe que un montón de buques, grandes y pequeños, se vieron envueltos en un accidente múltiple en la bocana del puerto que quedó taponada. Y todo por culpa de un falso faro.
Llamé a la abuela. - "No me has dicho nada del accidente de los barcos. - "¿Para qué si ya lo sabes?! - Me acabo de enterar por la tele. - "Esta semana saldré en el Hola. Te dejo que me están haciendo fotos" - Cotilla, aquí hay gato encerrado. Vamos a tomar el café a la Torre del Paseo Marítimo.
Geooorge nos hizo pasar a la cocina. - ¡Oye, que esta es la casa de mis abuelitos! - Ordeneus de madame. (dijo el estirado del mayordomo) - Mientras nos tomábamos el café, el inglés iba y venía a la carrera atendiendo a su jefa. - ¿No está el abuelito? (logré preguntarle entre carrera y carrera) - No. - Que raro ¿verdad? (pinchó la Cotilla) - ¡¿Dónde está?! (le grité al criado) - ¡Arregandou papeles! - ¿Eres ilegal, Geoooorge? - Me miró resoplando, levantó la cabeza con orgullo y dijo - I am inglés. - ¡Ya ves tú que cosa! (soltó la Cotilla)
Pasaron unas horas hasta que la abuela se dignó a recibirnos. Iba pintada como una puerta y sobre una butaca había mini caftanes de todos los colores y telas. - "¡Voy a ser portada, como la Presley!" - ¿A santo de qué? - "Soy la única vecina del Paseo Marítimo que sabe lo que pasó a noche con los barcos... Los del Hola se han enterado y han venido a entrevistarme" - ¿Les has llamado? - "¿Cómo van a enterarse sino?" - ¿Dónde está el abuelito? - "Por ahí... arreglando papeles"
Al atardecer fueron encendiéndose las luces - "¡Mira. El Rey está en su casa!" - Me había pasado media tarde en la terraza viendo como iban apartando navíos accidentados. - Dicen que un faro nuevo los confundió... ¿Sabes algo de esto, abuela? - "Sí, que son tontos" - ¿Pondrían ese faro para fastidiar? - "¡Qué va! Era para que el Rey supiera que le saludaban desde esa casa" - ¿Esa casa... o ésta casa? - "¡Que más da esa que esta!" - ¿El abuelito está con los del seguro, verdad? ¡Menudo puro os van a meter! ¡Cotilla, corra, antes de que nos culpen a nosotras!
Ya en casa, nos tomamos un chinchón on the rocs echadas en los sofas de la salita. - Que egoísta es tu abuela, Nena. Me hubiesen podido hacer una foto. Con lo guapas que salen todas. - Ya. Pero es que con usted se necesitaría un milagro.
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaa! Estos de los barcos siguen festejando a la Patrona. ¡Escucha, escucha! Eso son juergas y no las que organizas tu. - No organizo ninguna, Cotilla. - Por eso lo digo, alma cándida, que eres sosa hasta decir basta... Mira lo que me ha pasado: a un hombre se le ha caído un boleto de la Primitiva que acababa de sellar! - ¿No se lo ha devuelto? - ¡Ni loca! ¿Y si es el ganador? - Pero no es suyo. - Es la Suerte quien lo ha puesto a mis pies Necesito que me toque un buen pellizco para comprar un local y montar un gran altar a los Amigos de lo Ajeno, que cada vez son más. - Cierto, aparecen como setas - Necesito pedirles ayuda porque el negocio de los cepillos de las iglesias está de capa caída. - Que se lo digan a sus ·clientes",los curas.
Mientras comíamos estuve pendiente de las noticias. Políticos, políticos y más políticos, coparon tres cuartas partes de la emisión. El resto, menos un minuto, se dedicó al fútbol. Y en ese minuto escaso supe que un montón de buques, grandes y pequeños, se vieron envueltos en un accidente múltiple en la bocana del puerto que quedó taponada. Y todo por culpa de un falso faro.
Llamé a la abuela. - "No me has dicho nada del accidente de los barcos. - "¿Para qué si ya lo sabes?! - Me acabo de enterar por la tele. - "Esta semana saldré en el Hola. Te dejo que me están haciendo fotos" - Cotilla, aquí hay gato encerrado. Vamos a tomar el café a la Torre del Paseo Marítimo.
Geooorge nos hizo pasar a la cocina. - ¡Oye, que esta es la casa de mis abuelitos! - Ordeneus de madame. (dijo el estirado del mayordomo) - Mientras nos tomábamos el café, el inglés iba y venía a la carrera atendiendo a su jefa. - ¿No está el abuelito? (logré preguntarle entre carrera y carrera) - No. - Que raro ¿verdad? (pinchó la Cotilla) - ¡¿Dónde está?! (le grité al criado) - ¡Arregandou papeles! - ¿Eres ilegal, Geoooorge? - Me miró resoplando, levantó la cabeza con orgullo y dijo - I am inglés. - ¡Ya ves tú que cosa! (soltó la Cotilla)
Pasaron unas horas hasta que la abuela se dignó a recibirnos. Iba pintada como una puerta y sobre una butaca había mini caftanes de todos los colores y telas. - "¡Voy a ser portada, como la Presley!" - ¿A santo de qué? - "Soy la única vecina del Paseo Marítimo que sabe lo que pasó a noche con los barcos... Los del Hola se han enterado y han venido a entrevistarme" - ¿Les has llamado? - "¿Cómo van a enterarse sino?" - ¿Dónde está el abuelito? - "Por ahí... arreglando papeles"
Al atardecer fueron encendiéndose las luces - "¡Mira. El Rey está en su casa!" - Me había pasado media tarde en la terraza viendo como iban apartando navíos accidentados. - Dicen que un faro nuevo los confundió... ¿Sabes algo de esto, abuela? - "Sí, que son tontos" - ¿Pondrían ese faro para fastidiar? - "¡Qué va! Era para que el Rey supiera que le saludaban desde esa casa" - ¿Esa casa... o ésta casa? - "¡Que más da esa que esta!" - ¿El abuelito está con los del seguro, verdad? ¡Menudo puro os van a meter! ¡Cotilla, corra, antes de que nos culpen a nosotras!
Ya en casa, nos tomamos un chinchón on the rocs echadas en los sofas de la salita. - Que egoísta es tu abuela, Nena. Me hubiesen podido hacer una foto. Con lo guapas que salen todas. - Ya. Pero es que con usted se necesitaría un milagro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)