- ¿Has oído ese trueno, Pascualita? ... Ha sonado lejano... Las gaviotas están dando vueltas cerca del balcón ¿no se atreverán a entrar en casa? - Corrí a cerrar los cristales. - ¡Mira, ha caído una gota de agua! Tendremos tormenta de verano ¡Seguro!
Me he asomado a la ventana que da sobre el árbol de la calle. El pobre está un poco de capa caída porque tiene sed... Pobrecito.
He llenado un cubo de agua, dispuesta a hacer mi primera buena acción del día. Y lo he vaciado, de golpe, sobre el pobre platanero. Los pájaros que anidan en él han salido de estampida piando airadamente, como diciendo - ¡Ni en domingo nos dejan tranquilos! - Esto puedo entenderlo pero no el grito que surgió de las raíces del árbol. - ¡¡¡LA MADRE QUE TE PARIÓ!!!
Llamé a la abuela. - ¿Estamos en época de fenómenos paranormales? - "¿Crees que puedes despertarme de la siesta para preguntarme esa tontuna?" - Primero me mandas un huésped que se desmonta y ahora el árbol de la calle me ha gritado. - "Acabarás con camisa de fuerza, boba de Coria"
La llamada imperiosa del timbre me puso sobre aviso de que algo extraordinario iba a pasar. En el rellano estaba Bedulio echo una sopa. Calado hasta los huesos. Y con la libreta de las multas, mojada también, en la mano y en la otra un bolígrafo dispuesto para escribir.
- ¿Quién ha sido? - El árbol ha gritado... ¿Vienes para indagar eso, verdad? - ¡Has sido tú! - No, no. Ha sido el árbol y te confieso que me he quedado de una pieza. - ¡Tú has tirado el agua! - He hecho una obra de caridad. Estaba seco el pobre. - ¡Me has mojado a mi! - Mal echo por tú parte, egoísta. El agua era toda para el árbol, tu puedes tomarte una cerveza cuando no estés de servicio ¡¿No te da vergüenza? ¿Acaso no has oído decir nunca: Dad de beber al sediento?
Le cerré la puerta en las narices de la rabia que tenía. No tenía ningún derecho de quedarse con parte del agua para refrescarse. - Abrí de nuevo la puerta y le tiré, despectivamente, un abanico de propaganda. - ¡Abanícate con ésto y no quites a otros lo que es suyo!
Sentada en la salita, con una jarra de chinchón on the rocks a mano, Pascualia y Pepe sobre mi falda, les conté el episodio de egoísmo del Municipal y, antes de acabarlo, ya estábamos dormidos.
domingo, 7 de julio de 2019
sábado, 6 de julio de 2019
No doy con la clave.
No hay como convivir con las personas para conocer a la gente. Eso es lo que me ha pasado con el huésped que me mandó la abuela
Una vez recuperado del coma etílico y el dolor del mordisco envenenado de la sirena, el hombre regresó a casa. No tenía buen aspecto y me costó reconocerlo. Incluso, mientras él se acostaba, lo comenté con Pascualita. - ¿De veras crees que es él?... No sé yo... - De la misma opinión fue Pepe, que aunque no se inmiscuyó en la conversación, deduje que pensaba igual que ella. - Puede que tengáis razón. Le daré un margen de confianza antes de ponerlo, ante la duda, de patitas en la calle.
Esperé un rato antes de entrar en su cuarto y por poco me da un patatús. Sobre la mesita de noche había dos objetos que no eran míos, ni de Pascualita, ni de Pepe, así que solo podían ser del huésped: una dentadura postiza y un ojo de cristal.
El hombre roncaba a pierna suelta, a una sola pierna suelta porque la otra estaba sobre la alfombra, desenroscada.
Llamé a la Torre del Paseo Marítimo. - ¡Corre, Geoooooorge. Llama a mi abuela! - Madame no estar. - ¡Te voy a mandar fuera de Europa de una patada en tu blanco trasero! - La amenaza hizo efecto. - "¿Qué ocurre, nena?" - ¡El huésped es un mecano! ¡Se desmonta! - "No son horas de chinchón, boba de Coria"
Una vez explicado lo visto en el cuarto, la abuela me instó a que "investigara" más - "Por ejemplo, si le falta una mano, una oreja, algún dedo, el... ya sabes a qué me refiero." - ¿El qué? - "Pon en marcha la imaginación, jodía, que hay que dártelo todo mascado" - Y colgó.
Llevo horas intentando resolver el jeroglífico pero no doy con la clave.
¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing! - ¿Digaaaa? Hola, abuela... pues no se me ocurre nada... Y no puedo preguntarle a él porque hace un rato que se ha ido a la fiesta del Día del Orgullo Gay... Ah, ¿también vas? ... ¿Y yo? ... ¿qué me quede pensando? ¡Pero si he tenido que tomarme una tortilla de aspirinas para el dolor de cabeza que arrastro...!
Una vez recuperado del coma etílico y el dolor del mordisco envenenado de la sirena, el hombre regresó a casa. No tenía buen aspecto y me costó reconocerlo. Incluso, mientras él se acostaba, lo comenté con Pascualita. - ¿De veras crees que es él?... No sé yo... - De la misma opinión fue Pepe, que aunque no se inmiscuyó en la conversación, deduje que pensaba igual que ella. - Puede que tengáis razón. Le daré un margen de confianza antes de ponerlo, ante la duda, de patitas en la calle.
Esperé un rato antes de entrar en su cuarto y por poco me da un patatús. Sobre la mesita de noche había dos objetos que no eran míos, ni de Pascualita, ni de Pepe, así que solo podían ser del huésped: una dentadura postiza y un ojo de cristal.
El hombre roncaba a pierna suelta, a una sola pierna suelta porque la otra estaba sobre la alfombra, desenroscada.
Llamé a la Torre del Paseo Marítimo. - ¡Corre, Geoooooorge. Llama a mi abuela! - Madame no estar. - ¡Te voy a mandar fuera de Europa de una patada en tu blanco trasero! - La amenaza hizo efecto. - "¿Qué ocurre, nena?" - ¡El huésped es un mecano! ¡Se desmonta! - "No son horas de chinchón, boba de Coria"
Una vez explicado lo visto en el cuarto, la abuela me instó a que "investigara" más - "Por ejemplo, si le falta una mano, una oreja, algún dedo, el... ya sabes a qué me refiero." - ¿El qué? - "Pon en marcha la imaginación, jodía, que hay que dártelo todo mascado" - Y colgó.
Llevo horas intentando resolver el jeroglífico pero no doy con la clave.
¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing! - ¿Digaaaa? Hola, abuela... pues no se me ocurre nada... Y no puedo preguntarle a él porque hace un rato que se ha ido a la fiesta del Día del Orgullo Gay... Ah, ¿también vas? ... ¿Y yo? ... ¿qué me quede pensando? ¡Pero si he tenido que tomarme una tortilla de aspirinas para el dolor de cabeza que arrastro...!
viernes, 5 de julio de 2019
A ver dónde meto a Pascualita...
La abuela me ha despertado para decirme que me enviaba un huésped. Era cuando todavía no habían puesto las calles y no me enteré de la misa la media. Así que esta mañana, cuando me disponía a cambiar a Pascualita de hábitat porque tenía que usar la olla exprés no sé para qué, he tenido un espasmo cerebral... vamos, que me ha parecido recordar que alguien me había dicho algo ésta noche. Y, haciendo un esfuerzo titánico, ¡he sudado a chorros! he deducido que sería la abuela.
- Geoooorge ¿aún eres europeo, angelico? Dile a la abuela que se ponga. - Madame dormir... Yo ser inglés y europeo... - ¡Jajajajajajajaja! No hay como hablar contigo para que me suba la moral. ¡¡¡ABUELAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!
En cuanto le desatasqué los tímpanos al mayordomo, la abuela no tardó en ponerse al aparato. - "Sí, te mandaré un huésped" - ¿Por qué no se queda en tu casa? ¿No cabe? ¿Tan gordo está? - "Lo hago por dos razones: una porque está buenorro y tal vez te sirva para hacer el bisnieto. Y la otra es porque no me gusta tener gente extraña en casa."- ¡Ni a mi! - "Pero está lo del bisnieto. Al paso que vas se te pasará el arroz y acabarás muriendo como madre no inaugurada." - ¡Primero te toca a tí, guapa! (dije en un arrebato de cabreo.) - El tono amenazador de la abuela me avisó de que había entrado en terreno resbaladizo: - "¿Estás hablándome de EDADES, boba de Coria?" - ¡Noooooooooooooooo, que vaaaaaaa! Hablo de Ley de Vida. - "Eso tampoco va conmigo porque mi espíritu es de una niña de quince años, no como tu que pareces una vieja. El huésped, en media hora, estará en tu casa"
Mi primera preocupación fue esconder a Pascualita. Di vueltas como una loca, de habitación en habitación, sin encontrar un lugar idóneo hasta que se me iluminó la bombilla al recordar una frase: si quieres esconder algo, déjalo a la vista de todos.
Sonó el timbre de la puerta. Delante de mi estaba el tío más guapo que había visto en mi vida. Y frente a él estaba yo, con un delantal que representaba un traje de luces , ¡vestida de torero!
Cinco minutos después le estaba enseñando la casa. Al entrar en la cocina no se fijó ni en Pepe, que nos miraba sin ver desde su repisa, ni en los restos de cola cao esparcidos por las paredes, sino en las cerezas del frutero. Y antes de que yo pudiera impedirlo, metió la mano bajo los plátanos para coger un buen puñado de cerezas pero... ¡¡¡PASCUALITA LE ARREÓ UN MORDISCO QUE A PUNTO ESTUVO DE DEJARLO MANCO!!!
Ahora, después de beberse botella y media de chinchón, el huésped duerme una siesta reparadora... o se ha muerto, no lo tengo claro.
- Geoooorge ¿aún eres europeo, angelico? Dile a la abuela que se ponga. - Madame dormir... Yo ser inglés y europeo... - ¡Jajajajajajajaja! No hay como hablar contigo para que me suba la moral. ¡¡¡ABUELAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!
En cuanto le desatasqué los tímpanos al mayordomo, la abuela no tardó en ponerse al aparato. - "Sí, te mandaré un huésped" - ¿Por qué no se queda en tu casa? ¿No cabe? ¿Tan gordo está? - "Lo hago por dos razones: una porque está buenorro y tal vez te sirva para hacer el bisnieto. Y la otra es porque no me gusta tener gente extraña en casa."- ¡Ni a mi! - "Pero está lo del bisnieto. Al paso que vas se te pasará el arroz y acabarás muriendo como madre no inaugurada." - ¡Primero te toca a tí, guapa! (dije en un arrebato de cabreo.) - El tono amenazador de la abuela me avisó de que había entrado en terreno resbaladizo: - "¿Estás hablándome de EDADES, boba de Coria?" - ¡Noooooooooooooooo, que vaaaaaaa! Hablo de Ley de Vida. - "Eso tampoco va conmigo porque mi espíritu es de una niña de quince años, no como tu que pareces una vieja. El huésped, en media hora, estará en tu casa"
Mi primera preocupación fue esconder a Pascualita. Di vueltas como una loca, de habitación en habitación, sin encontrar un lugar idóneo hasta que se me iluminó la bombilla al recordar una frase: si quieres esconder algo, déjalo a la vista de todos.
Sonó el timbre de la puerta. Delante de mi estaba el tío más guapo que había visto en mi vida. Y frente a él estaba yo, con un delantal que representaba un traje de luces , ¡vestida de torero!
Cinco minutos después le estaba enseñando la casa. Al entrar en la cocina no se fijó ni en Pepe, que nos miraba sin ver desde su repisa, ni en los restos de cola cao esparcidos por las paredes, sino en las cerezas del frutero. Y antes de que yo pudiera impedirlo, metió la mano bajo los plátanos para coger un buen puñado de cerezas pero... ¡¡¡PASCUALITA LE ARREÓ UN MORDISCO QUE A PUNTO ESTUVO DE DEJARLO MANCO!!!
Ahora, después de beberse botella y media de chinchón, el huésped duerme una siesta reparadora... o se ha muerto, no lo tengo claro.
jueves, 4 de julio de 2019
¿Quién me la paga?
A mis "admiradores" de la Tercera Edad les dije la pena que sentía teniendo que prescindir del gran acuario. - Pero si es un armatoste, bonita. - Lo sé... pero le había cogido cariño y mis plantas acuáticas eran felices en él. - Que cosas más bonicas dices... ¿A ver cómo haces ese meneíto pectoral? - Dejádlo ya. ¿No véis que estoy de capa caída? ¿Qué voy a hacer ahora con las algas? - ¡Tirarlas a la basura! (saltó la Cotilla que estaba ya hasta el moño de mi éxito entre sus compañeros)
- ¡¿Pero qué dice, mujer?! ¡Es Poseidonia! ¡El animal más grande del Mediterráneo! - No le hagáis caso que ésta, cuando trinca una botella de chinchón, no la deja hasta que la vacía. - ¡¡¡Cotillaaaaaa!!!
Al final ellos prometieron que buscarían un cacharro para tener la Poseidonia y me lo regalarían. Al quedarnos solas vacié una garrafa de agua de mar en la olla exprés y metí a la sirena dentro. Supongo que el chorrito de agua envenenada que me tiró al ojo sería por la rabia de haber perdido la gran capacidad de su última "casa"
¡La madre que parió a éste bicho! ahora no puedo salir de casa porque el ojo, convertido en ojón, ocupa más de la mitad de mi cara. Y llevo tres días encerrada, sin asomarme ni siquiera al balcón. Hago el menor ruído posible para que nadie me importune llamando al timbre ¡No quiero ver a nadie!
El cuarto día sentí que el techo caía sobre mi. Un ruido ensordecedor me despertó y reaccioné subiéndome a la lámpara. - ¡¡¡SOCORROOOOOOOOOOO!!! - gritaba, llena de espanto. El sonido se repitió varias veces hasta que un ¡¡¡PLAFFFFF!!! me anunció que había sido abatida la puerta de la calle.
Salí al pasillo, atolondrada, con los ojos espantados, sobre todo el "envenenado" que levantó alaridos de pánico entre los vecinos, apelotonados en mi rellano. - ¡¡¡UN MONSTRUO!!! gritaron mientras corrían escaleras arriba y desaparecían en sus viviendas.
Pasmados estaban también los bomberos que se habían cargado la puerta a hachazos. Bedulio, blanco como la nieve, recibía asistencia médica para intentar que volviera en sí...
Mientras, uno de los bomberos de calendario me explicaba que los vecinos, seguros de que me había muerto y preocupados por la peste que mi cuerpo pudiera extender por la escalera, les llamaron con urgencia. - ¿Quién me pagará la puerta? - ¿Tiene novio? . No... - Pues usted.
- ¡¿Pero qué dice, mujer?! ¡Es Poseidonia! ¡El animal más grande del Mediterráneo! - No le hagáis caso que ésta, cuando trinca una botella de chinchón, no la deja hasta que la vacía. - ¡¡¡Cotillaaaaaa!!!
Al final ellos prometieron que buscarían un cacharro para tener la Poseidonia y me lo regalarían. Al quedarnos solas vacié una garrafa de agua de mar en la olla exprés y metí a la sirena dentro. Supongo que el chorrito de agua envenenada que me tiró al ojo sería por la rabia de haber perdido la gran capacidad de su última "casa"
¡La madre que parió a éste bicho! ahora no puedo salir de casa porque el ojo, convertido en ojón, ocupa más de la mitad de mi cara. Y llevo tres días encerrada, sin asomarme ni siquiera al balcón. Hago el menor ruído posible para que nadie me importune llamando al timbre ¡No quiero ver a nadie!
El cuarto día sentí que el techo caía sobre mi. Un ruido ensordecedor me despertó y reaccioné subiéndome a la lámpara. - ¡¡¡SOCORROOOOOOOOOOO!!! - gritaba, llena de espanto. El sonido se repitió varias veces hasta que un ¡¡¡PLAFFFFF!!! me anunció que había sido abatida la puerta de la calle.
Salí al pasillo, atolondrada, con los ojos espantados, sobre todo el "envenenado" que levantó alaridos de pánico entre los vecinos, apelotonados en mi rellano. - ¡¡¡UN MONSTRUO!!! gritaron mientras corrían escaleras arriba y desaparecían en sus viviendas.
Pasmados estaban también los bomberos que se habían cargado la puerta a hachazos. Bedulio, blanco como la nieve, recibía asistencia médica para intentar que volviera en sí...
Mientras, uno de los bomberos de calendario me explicaba que los vecinos, seguros de que me había muerto y preocupados por la peste que mi cuerpo pudiera extender por la escalera, les llamaron con urgencia. - ¿Quién me pagará la puerta? - ¿Tiene novio? . No... - Pues usted.
miércoles, 3 de julio de 2019
¿Y ahora qué?
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa! Venimos a llevarnos el acuario... Ya podrías haberlo vaciado, boba de Coria.
"Vaciado" estaba porque, gracias a que me había avisado, saqué con anterioridad a Pascualita y, a falta de un sitio mejor, estaba en mi escote. De todas maneras, la Cotilla venía preparada para no partirse un hueso a la hora de quitar el agua, la arena, las algas, y el barco hundido. La acompañaban diez jubilados de ambos sexos, muy entusiastas pero que, a la hora de levantar el acuario, les sonaron todos los huesos a sonajas cascadas.
Empezaron las toses, las posturitas - ¡Aaaaayyyyy mi roñonaaaaaaada!. ¡La cadera, la caderaaaaaaaaa!. - Aquello fue un concierto para violín y orquesta. Un airado caballero, al verme repantingada en el sofá de la salita mirando el programa de la Esteban, dijo: - ¡¿Por qué no nos ayuda la jodía de tu nieta?! - Porque no es mi nieta. Si lo fuera, otro gallo cantaría.
- ¡Oye, chica, ayúdanos a llevar éste trasto hasta la bañera o lo vaciamos en el comedor. Tú verás!
Me sentí ofendida. Unos desconocidos me hacían las cuentas en MI casa ¡Manda narices! Cerré de un portazo y me acomodé, respirando lentamente, hasta conseguir la añorada paz de la que disfrutaba antes de que me invadiera la Tercera Edad.
Estaba alcanzando el Nirvana cuando escuché caer el agua. Pero lo que me espoleó a salir fue pisar agua en cuanto me puse de pie. - ¡¡¡COTILLAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!
Salí hecha una furia. el jubilado airado, levantando el dedo índice en plan espada flamígera, dijo: ¡Los jubilados cumplimos nuestras promesas, jovencita!
De repente, toda aquella agresividad que estaba expandiéndose entre los hombres, quedó en nada. Pascualita, molesta por las apreturas del escote y por el calor que despedía mi cuerpo a causa del cabreo, empezó a moverse como si le hubiesen dado cuerda. Y un ¡OOOOOOOOOOOOOOH! admirativo salió de aquellas bocas de dentaduras postizas,
El meneo de aquellas tetas, que ellos creían que yo hacía a voluntad, les dejó sin habla, y sin ningún otro pensamiento que no fuera aplaudir y admirarlas.
Hubo quejas por la parte femenina que tuvieron que concentrar sus esfuerzos en mover el acuario, ya vacío, y sacarlo al rellano de la escalera - ¡Pero lo bajaréis vosotros!
Lo hicieron, pero después de haber dejado el suelo del comedor niquelao con ayuda de escoba y fregona.
Y mientras a ellos los ojos les hacían chiribitas, yo sudaba tinta china por si a la sirena le daba por morderme, con lo cual, a parte de sentir un gran dolor, tendría unas tetas tan descomunales que dudo que pudiera librarme de "mis Admiradores"
"Vaciado" estaba porque, gracias a que me había avisado, saqué con anterioridad a Pascualita y, a falta de un sitio mejor, estaba en mi escote. De todas maneras, la Cotilla venía preparada para no partirse un hueso a la hora de quitar el agua, la arena, las algas, y el barco hundido. La acompañaban diez jubilados de ambos sexos, muy entusiastas pero que, a la hora de levantar el acuario, les sonaron todos los huesos a sonajas cascadas.
Empezaron las toses, las posturitas - ¡Aaaaayyyyy mi roñonaaaaaaada!. ¡La cadera, la caderaaaaaaaaa!. - Aquello fue un concierto para violín y orquesta. Un airado caballero, al verme repantingada en el sofá de la salita mirando el programa de la Esteban, dijo: - ¡¿Por qué no nos ayuda la jodía de tu nieta?! - Porque no es mi nieta. Si lo fuera, otro gallo cantaría.
- ¡Oye, chica, ayúdanos a llevar éste trasto hasta la bañera o lo vaciamos en el comedor. Tú verás!
Me sentí ofendida. Unos desconocidos me hacían las cuentas en MI casa ¡Manda narices! Cerré de un portazo y me acomodé, respirando lentamente, hasta conseguir la añorada paz de la que disfrutaba antes de que me invadiera la Tercera Edad.
Estaba alcanzando el Nirvana cuando escuché caer el agua. Pero lo que me espoleó a salir fue pisar agua en cuanto me puse de pie. - ¡¡¡COTILLAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!
Salí hecha una furia. el jubilado airado, levantando el dedo índice en plan espada flamígera, dijo: ¡Los jubilados cumplimos nuestras promesas, jovencita!
De repente, toda aquella agresividad que estaba expandiéndose entre los hombres, quedó en nada. Pascualita, molesta por las apreturas del escote y por el calor que despedía mi cuerpo a causa del cabreo, empezó a moverse como si le hubiesen dado cuerda. Y un ¡OOOOOOOOOOOOOOH! admirativo salió de aquellas bocas de dentaduras postizas,
El meneo de aquellas tetas, que ellos creían que yo hacía a voluntad, les dejó sin habla, y sin ningún otro pensamiento que no fuera aplaudir y admirarlas.
Hubo quejas por la parte femenina que tuvieron que concentrar sus esfuerzos en mover el acuario, ya vacío, y sacarlo al rellano de la escalera - ¡Pero lo bajaréis vosotros!
Lo hicieron, pero después de haber dejado el suelo del comedor niquelao con ayuda de escoba y fregona.
Y mientras a ellos los ojos les hacían chiribitas, yo sudaba tinta china por si a la sirena le daba por morderme, con lo cual, a parte de sentir un gran dolor, tendría unas tetas tan descomunales que dudo que pudiera librarme de "mis Admiradores"
martes, 2 de julio de 2019
Pascualita busca casa.
Ha sido un gran engorro ir de aquí para allá cargada con una garrafa de agua de mar por si la del termo de los chinos se evaporaba con el calor y había que reponerla y evitar así, que Pascualita se deshidratara porque, si ya es fea de por sí, deshidratada tiene que ser para salir corriendo del susto.
Ahora disfruta en su enorme acuario dando saltos mortales con tirabuzones y no sé cuantas cosas más. El caso es que siempre tengo el suelo empantanado de agua. La Cotilla ya ha resbalado en más de una ocasión y me ha advertido, con su huesudo dedo índice apuntando a mi entrecejo, que: - Si me caigo y me escogorcio te meteré una denuncia que hará época.
Mientras desayunábamos Pascualita y yo, comenté este episodio que me tiene preocupada porque esta mujer no es de fiar. - Tengo un problema y es que si se cae delante de mi jijijijijiji, no podré aguantarme la risa jijijijijiji ¡Fíjate, solo de pensarlo... jijijijijijijiji, me da la risa floja jijijijijijijiji... ¡Hay, la que me espera! ¿No podrías dejar de tirar agua por todo?
Mientras hablábamos de ésto, la puñetera medio sardina, no dejaba de saltar en su taza de colacao y ha dejado la cocina llena de salpicaduras de chocolate que, después, disfruta lamiendo, hayan caído donde hayan caído ¡Con lo que tengo que aguantarle, ya me he ganado el cielo!
- "Nena, la Cotilla me ha contado la decisión que ha tomado de denunciarte si se cae en tu casa" - ¡Ya ves tú!... - "¡Grábala cuando se caiga y nos reíremos un rato!" - ¿Pagaras la mitad de la multa que me impongan? - "¡¿Yooooooooooooooooooooooooooo?! ¿Ya me dirás que se me ha perdido a mi en ésta historia?"
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa! - Hablando del Rey de Roma, por la puerta asoma... - ¿Qué esperas para quitar de en medio este armatoste lleno de agua y algas? - Le estoy cogiendo cariño, Cotilla. - ¡¿A mi?! No lo quiera Dios. Por cierto, ésta noche me lo llevaré porque lo tengo apalabrado a un tipo que también se dedica al trapicheo. - ¡Pero si es mío! - Pero estorba. - ¡Le importará a usted mucho! - ¡Y tanto! como que me voy a llevar una pasta gansa. - ¿Y yo? - Tú, nada. ¿No estás diciendo que no quieres venderlo? - No he dicho nada... - ¡Ya!
De repente, tengo que volver a pensar en un lugar adecuado para instalar a Pascualita... ¿En casa de la abuela, en la Torre del Paseo Marítimo?
Ahora disfruta en su enorme acuario dando saltos mortales con tirabuzones y no sé cuantas cosas más. El caso es que siempre tengo el suelo empantanado de agua. La Cotilla ya ha resbalado en más de una ocasión y me ha advertido, con su huesudo dedo índice apuntando a mi entrecejo, que: - Si me caigo y me escogorcio te meteré una denuncia que hará época.
Mientras desayunábamos Pascualita y yo, comenté este episodio que me tiene preocupada porque esta mujer no es de fiar. - Tengo un problema y es que si se cae delante de mi jijijijijiji, no podré aguantarme la risa jijijijijiji ¡Fíjate, solo de pensarlo... jijijijijijijiji, me da la risa floja jijijijijijijiji... ¡Hay, la que me espera! ¿No podrías dejar de tirar agua por todo?
Mientras hablábamos de ésto, la puñetera medio sardina, no dejaba de saltar en su taza de colacao y ha dejado la cocina llena de salpicaduras de chocolate que, después, disfruta lamiendo, hayan caído donde hayan caído ¡Con lo que tengo que aguantarle, ya me he ganado el cielo!
- "Nena, la Cotilla me ha contado la decisión que ha tomado de denunciarte si se cae en tu casa" - ¡Ya ves tú!... - "¡Grábala cuando se caiga y nos reíremos un rato!" - ¿Pagaras la mitad de la multa que me impongan? - "¡¿Yooooooooooooooooooooooooooo?! ¿Ya me dirás que se me ha perdido a mi en ésta historia?"
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa! - Hablando del Rey de Roma, por la puerta asoma... - ¿Qué esperas para quitar de en medio este armatoste lleno de agua y algas? - Le estoy cogiendo cariño, Cotilla. - ¡¿A mi?! No lo quiera Dios. Por cierto, ésta noche me lo llevaré porque lo tengo apalabrado a un tipo que también se dedica al trapicheo. - ¡Pero si es mío! - Pero estorba. - ¡Le importará a usted mucho! - ¡Y tanto! como que me voy a llevar una pasta gansa. - ¿Y yo? - Tú, nada. ¿No estás diciendo que no quieres venderlo? - No he dicho nada... - ¡Ya!
De repente, tengo que volver a pensar en un lugar adecuado para instalar a Pascualita... ¿En casa de la abuela, en la Torre del Paseo Marítimo?
lunes, 1 de julio de 2019
¡Holaaaaaaa!
Estoy un poco pallá... esto de volver de las vacaciones es estresante, sobre todo por las mañanas que te levantas creyendo que estás en otro sitio ¡y es verdad! no estoy en Teruel sino en Palma. ¿Cómo no voy a tener la cabeza echa un lío?
Así estamos todas: la abuela, que ha ligado como nunca; la Cotilla, que no ha rascado bola porque la abuela la esclipsaba. No creo que en Teruel hayan visto nada igual desde antes de que el torico encogiera debido a un chaparrón veraniego exagerado.
La abuela, superminifalda al canto por aquello de los calores veraniegos, naturalmente llena de lentejuelas y plumas de la cabeza a los pies. Tanto es así que, yendo en el trenecillo que recorre la ciudad, tuvieron que pedirle que se cambiara de sitio para que el sol no le dieran tan de lleno porque la gente pensó que era una aparición de lo que deslumbraba. Y claro, con el gentío pegado al trenecillo y clamando para que "la señora Maravilla" intercediera ante los políticos: - ¡¡¡ A TI TE ESCUCHARAN !!! - para que nos arreglen los desguisado de turno el trenecillo no podía moverse.
La emoción del gentío era tan fuerte que, cuando pudieron ver que llevaba colgado al cuello el termo de los chinos, un lumbreras gritó: - ¡¡¡AHÍ LLEVA VINO BENDITO!!! - la multitud quiso beberlo para que se les curaran todos los males: reales e imaginarios.
Gracias a mis extraordinarios reflejos, conseguí arrancarlo de un tirón antes de que llegaran a colgerlo. Menos mal porque, vino no había pero estaba ¡Pascualita! flotando en agua de mar.
La abuela se emperró en traérla con nosotros y me tocó a mi ser la encargada de transportar las garrafas de agua de mar, de casa al avión y de allí, hasta Teruel. Hubo momentos tensos, como el que acabo de contar o como cuando algunos, llevados por el calor, quisieron robármelas para refrescarse. Afortunadamente solo tuve que recurrir a la sirena una vez porque el tipo se puso agresivo. En esos momentos Pascualita iba en plan broche, en la solapa de la abuela. Se la tiré a la cara del acalorado y segundos después gritaba como un condenado.
Hay que ver cómo disfruta la sirena con estas cosas.
Caminando por las calles de Teruel en busca de manteca para hacer crespells, nos dimos de bruces con Cristina y Ana. Preguntaron por la abuela: - Es aquello que reluce junto a la fuente del Torico. - respondí.- ¿Y Pascualita? - ¿Quién?... No sé de que habláis... - Sí, mujer (dijo la Cotilla) deben referirse a Pascual, el q.u.e.r.i.d.o. de tu abuela (y se le notó un deje envidioso en la voz) - No - dijo una de ellas. - Pregunto por el Alien. - Desde entonces estoy en shock.
Así estamos todas: la abuela, que ha ligado como nunca; la Cotilla, que no ha rascado bola porque la abuela la esclipsaba. No creo que en Teruel hayan visto nada igual desde antes de que el torico encogiera debido a un chaparrón veraniego exagerado.
La abuela, superminifalda al canto por aquello de los calores veraniegos, naturalmente llena de lentejuelas y plumas de la cabeza a los pies. Tanto es así que, yendo en el trenecillo que recorre la ciudad, tuvieron que pedirle que se cambiara de sitio para que el sol no le dieran tan de lleno porque la gente pensó que era una aparición de lo que deslumbraba. Y claro, con el gentío pegado al trenecillo y clamando para que "la señora Maravilla" intercediera ante los políticos: - ¡¡¡ A TI TE ESCUCHARAN !!! - para que nos arreglen los desguisado de turno el trenecillo no podía moverse.
La emoción del gentío era tan fuerte que, cuando pudieron ver que llevaba colgado al cuello el termo de los chinos, un lumbreras gritó: - ¡¡¡AHÍ LLEVA VINO BENDITO!!! - la multitud quiso beberlo para que se les curaran todos los males: reales e imaginarios.
Gracias a mis extraordinarios reflejos, conseguí arrancarlo de un tirón antes de que llegaran a colgerlo. Menos mal porque, vino no había pero estaba ¡Pascualita! flotando en agua de mar.
La abuela se emperró en traérla con nosotros y me tocó a mi ser la encargada de transportar las garrafas de agua de mar, de casa al avión y de allí, hasta Teruel. Hubo momentos tensos, como el que acabo de contar o como cuando algunos, llevados por el calor, quisieron robármelas para refrescarse. Afortunadamente solo tuve que recurrir a la sirena una vez porque el tipo se puso agresivo. En esos momentos Pascualita iba en plan broche, en la solapa de la abuela. Se la tiré a la cara del acalorado y segundos después gritaba como un condenado.
Hay que ver cómo disfruta la sirena con estas cosas.
Caminando por las calles de Teruel en busca de manteca para hacer crespells, nos dimos de bruces con Cristina y Ana. Preguntaron por la abuela: - Es aquello que reluce junto a la fuente del Torico. - respondí.- ¿Y Pascualita? - ¿Quién?... No sé de que habláis... - Sí, mujer (dijo la Cotilla) deben referirse a Pascual, el q.u.e.r.i.d.o. de tu abuela (y se le notó un deje envidioso en la voz) - No - dijo una de ellas. - Pregunto por el Alien. - Desde entonces estoy en shock.
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