sábado, 7 de diciembre de 2019

Croasán al ataque.

Tengo que tener cuidado porque, aunque le queden restos de pintura en el cuerpo a Pascualita, son colores vivos que la pueden delatar, sobre todo delante de la Cotilla que tiene un ojo para todo lo que sea chafardeo, infalible.

Por eso, cuando ésta mañana ha gritado: - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaa! - he cogido a la sirena y la he metido de cabeza en mi taza de cola cao para volverla marrón. - ¡Será posible que cada día tires cola cao por todo! ¡¿Cómo vas a encontrar novio así?... ¿Qué hay en ésta taza? (la mía) - Un trozo de croasán. - Hala, pues, cómetelo y sigue luego con las ensaimadas que he recogido del contenedor de basura del súper. - ¡Caray, que expléndida! - No como tú  (su voz sonaba irónica) que te comerás todo el croasán en lugar de guardarme la mitad... ¡Pues no, mira, lo que queda en la taza me lo voy a comer yo!

No me dio tiempo a nada. Será muy vieja pero tiene los reflejos de una cría de dieciocho años. Cogió la cuchara, la llenó con Pascualita y se la llevó a la boca ante mis aterrorizados ojos. Y mordió lo que ella creyó que era un croasán.

La reacción de la sirena fue instantánea. A la Cotilla le saltó la dentadura por la ventana de la cocina cuando los dientes de tiburón se le clavaron en los labios.

¡Que gritos, que aspavientos, que carreras, que escándalo!... aunque he de decir que cada vez se la oía menos a medida que su boca se hinchaba, se hinchaba, se hinchaba... como un globo aerostático.

Llamaron a la puerta. Era Bedulio con cara de asco. - "Esto" ha salido de tu casa y me ha hinchado un ojo ¡Te la vas a cargar por atacar a la autoridad! - La dentadura es de la Cotilla. - ¡Otra que tal baila! ¡¡¡Que salga!!!- Le cerré la puerta en las narices.

Cuando, horas después, la vecina se ha despertado del atracón de chinchón que le di para que olvidara lo sucedido, tenía los morros tan grandes que para tocárselos tuvo que extender el brazo. - ¿Fé fa afafado uf froifán? (traducción: ¿me ha atacado un croasán?) - Fí (dije yo para que viera que también sé idiomas)

viernes, 6 de diciembre de 2019

La desgracia.

La abuela ha venido a casa y se ha llevado a Pascualita. ¿Por qué? porque dice que la maltrato (¿?) dejándola sin comer. - Se hubiese muerto, abuela. - Y se largó sin escucharme.

El caso es que me he quedado a solas con Pepe. Solo de pensarlo me entra sueño por lo callado que es. Pero después me he dado cuenta de que es más fácil salir a la calle con Pepe que con Pascualita porque una sirena montaría la marimorena si la descubrieran pero no un llavero por mucha cabeza jivarizada que lleve colgando. Así que me lo llevé de paseo.

Caminé junto al mar sin la presión de que la sirena se me escapara del termo de los chinos. Vi llegar barcos, irse otros. Descansé en un banco de piedra disfrutado del paisaje y teniendo a Pepe cara al mar.

Me asaltó una duda ¿habría visto el mar alguna vez mientras vivió? Pues, hala, ahí lo tienes, bonito.
No expresó ningún sentimiento y siguió con los ojos cerrados y cosidos como si tal cosas.

Seguí caminando y oxigenándome. Pasé bajo la Catedral. Avancé bajo las palmeras del Paseo de Sagrera, admirando la vieja y hermosa Lonja; inicié el Paseo Marítimo. Entre el ruido del tráfico se escuchaban los gritos de las gaviotas...

Pronto estuve frente a la Torre de los abuelitos. La abuela me hacía señas para que subiera. Me hice la tonta y reanudé la marcha hasta que Geooorge, dándome un golpecito en la espalda, me dijo: - Madame querer que tu subir a Torre. - Dile que nanay. - Mi subir a ti. (parecía amenazarme) - ¿En brazos? ¡Vale!

Cuando llegamos arriba, a través del jardín y sus escaleras en zig zag, el inglés estaba sin aliento. - "¡Corre. (gritó la abuela) Ha habido un accidente horrible!"

Se me pararon los pulsos. - ¿El abuelito... la Momia... ? - "¡Peor... Pascualita!"

¡Ay,ay,ay,ay,ay,ay... ¿Ha saltado al mar desde aquí arriba? - "No..." - ¿El inglés la ha pisado creyendo que era un bicho? - "No... " - Pues, entonces... - "Mirala tu misma"

En la salita particular de la abuela, junto al ventanal, estaba el orinal aristocrático ¡vacío!. Sobre la mesa camilla había una cosa rara. - ¿Qué es? - "Pascualita... (murmuró llorosa)

Al acercarme me dio la risa. Era Pascualita, sí, pero psicodélica. Era un cilindro de muchos colores. - ¡¿Ezo que é lo qué e?! (dije mientras me ahogaba la risa) jajajajajajaja - "La pobre, acostumbrada a saltar en el cola cao, ha hecho lo mismo en mis botes de pintura ¡varias veces en cada uno ¡¡¡No te rías!!!" - Pero no podía parar. - ¡¡¡ ES UN LORO MARINO JAJAJAJAJAJAJAJA!!! Hazle una foto para colgarla, el día que la palme, en la pared de Los Finados de El Funeral!  jajajajajaja

Pascualia ha vuelto a casa yapenas le queda pintura... Lo que no he conseguido quitarme es el dolor de cabeza del pescozón que me dio la abuela por mi comentario ¡Cada vez tiene menos correa!

jueves, 5 de diciembre de 2019

Mirando fotos.

Mientras la Cotilla montaba un altar a los Amigos de lo Ajeno dedicado a Urdangarín, la abuela me ha tenido entretenida mirando fotos.

Las había de cuando ella se la jugaba corriendo delante los grises. De la Cotilla, casi siempre llena de heridas y moratones porque iba con la abuela a las protestas obreras y siempre se las arreglaba para quedar en evidencia y cerca de los guardias que cogían lo que tenían más a mano, le daban una manta de palos y la pobre salía a la calle echa un Cristo.

- ¿A ti no te pillaron nunca, abuela? - "Por supuesto que no, para eso me llevaba a la Cotilla" - Huy, que mal me ha sonado estoooooo.

Pero fue cuando encontramos fotos de Pascualita cuando a la abuela se le cayó la baba. - "¡Oooooh, mira que chiquitita era cuando la encontraste en la lata de sardinas en aceite" - Tan pequeña como ahora. - "Pero se la veía taaaan tiernecita, tan frágil, tan... " - Tan mal bicho porque mordía como una posesa. - "Mira que ricitos más monos tenía... " - Son algas amontonadas en su cabeza. - "Que belleza de cola, tan tersa, tan brillante, tan..." - De sardina, abuela, no le eches fantasía a lo que no la tiene.

 Que envidia cochina sentía y todo porque la abuela pasó de largo mis fotos de chiquitina. Tan mona yo, sin dientes, o mellada, con las rodillas llenas de mercromina, con gafas de culo de vaso y trenzas que dejaban a la vista unas orejas de soplillo... muy de soplillo.

De la salita llegó un ruído - ¡Se ha roto la botella de chinchón! (grité mientras me abalanzaba a la puerta.) - En efecto, el chinchón inundaba el suelo, los cristales brillaban a la luz de unas velas y velones encendidos y sobre el altar, una foto enorme de el ex Duque enPALMAdo,  jurando, por su honor, que era inocente.

- ¡La madre que la parió, Cotilla! ¡Ya me está comprando otra botella!

Y aquella mujer que tenía más años que la tos, a quien la abuela dejó sin un triste novio que llevarse a la cama, que recibió más palos que una estera en los años grises, que le costaba horrores llegar a fin de mes, abrió la boca para contar cuentos de sirena y me quedé sin saber qué hacer.

Cuando el aroma del chinchón llegó al olfato de Pascualita, le faltó tiempo para saltar al suelo pegándose un hostión de campeonato y dispuesta a bebérselo todo. Mientras, la Cotilla contó que al crearse el mundo aparecieron las sirenas. Y desde entonces viven entre nosotros.

La Cotilla siguió con su historia pero también siguió al bicho que se retorcía en el cuelo, bañándose en licor. Abrió los ojos como platos y se agachó a cogerla sin perder el hilo de lo que contaba y recibió un buchito de agua envenenada entre los ojos. Gritó, gritó y gritó. Corrió arriba y abajo, siguió gritando hasta que la abuela encontró la solución. Recoge el chinchón con la fregona y la estrujas en la boca de la Cotilla.

Supongo que nos hemos pasado con la dosis porque ahora tenemos ¡dos bellas durmientes a punto de entrar en coma etílico!

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Día de tormenta.

No me ha quedado más remedio que salir a comprar porque, para que no rompa la dieta carcelaria que me ha impuesto la abuela, el mayordomo deja vacía la nevera cuando se va después de prepararme unas acelgas al vapor.

Como llovía tanto ésta mañana el inglés no ha venido y he aprovechado para ir al súper. Me he llevado a Pascualita porque, desde que toma vitaminas parece que ha fumado hierba por la vitalidad que tiene y no estoy dispuesta a que destroce la casa si se queda sola.

Antes de llegar al súper he visto venir a la Cotilla y me he metido por la primera bocacalle que he encontrado. Huyo de ella porque es una confidente de la abuela y le va con el cuento de todo lo que hago.

Después de darle esquinazo por poco tropiezo con Bedulio ¡otro de que tal baila! Afortunadamente no me ha visto y he salido por pies, dejando atrás mi barrio y llegando hasta el Paseo Marítimo.

El olor a mar que llegaba a la sirena la ponía más y más nerviosa. ¡Empujaba el tapón del termo de los chinos para abrirlo y, si era posible, saltar hasta llegar al agua!

Una brutal ráfaga de viento me arrancó el paraguas de las manos y lo hizo añicos. Corrí a buscar refugio mientras luchaba contra los elementos y contra Pascualita que no cejaba en su empeño de escapar. ¡Y, de repente, lo logró con termo y todo!

De nuevo me atacó el viento y ésta vez me arrancó el termo del cuello y lo lanzó al cauce de Sa Riera que traía un caudal de agua espectacular. - ¡¡¡PASCUALITAAAAAAA!!! - grité despavorida. Tenía que salvarla y no me lo pensé dos veces. Busqué una bajada. Era muy peligroso a causa del barro y las plantas resbaladizas.

Todo se aliaba en mi contra. Caí al agua y me fastidié las rodillas pero, sacando fuerzas de flaqueza y jurando en arameo a grito pelado, conseguí sujetar la correa del termo enredada en unos matojos. Metí a Pascualita en mi bolsillo e inicié la subida mientras la tormenta trataba de impedírmelo. Pero lo logré. ¡Soy una super woman y hay pruebas de todo lo que digo! porque, al ponernos a salvo, vi a la amiga de la abuela, Conchi, haciendo fotos mientras en su móvil sonaba Paquito el chocolatero.

- ¡¡¡Conchi, Conchi, a ver las fotos!!! - ¿Qué haces aquí sin paraguas? - ¡¡¡Enséñamelas, porfi!!! - ¿Has visto que guapa está Sa Riera con tanta agua? - Pero no la escuchaba.

Miré y remiré la pantalla del móvil. - ¡¡¡¿Pero... dónde salgo yo?!!!  ¡¡¡¿Dónde estoy?!!! - Aquí, conmigo... Ya me ha dicho tu abuela que eres rarita... ¡Que cruz tiene contigo!


martes, 3 de diciembre de 2019

Donde las dan...

Pascualita sigue canina. Y la abuela no para de llamarme por teléfono para saber si ya ha comido y qué. Le digo que sí para que se calle y a la sirena la motivo diciéndole que le va a quedar un tipito que para mi lo quisiera yo. Pero sigue cabreada y hambrienta.

Se juntaron en casa la Cotilla y la abuela: ¿No podéis reuniros en otro sitio? - Necesitamos intimidad por lo visto (me contestó la vecina) - Pues si queréis chinchón, café y cositas para mojar, las traéis vosotras que yo estoy a dos velas.

- ¡¿No me digas que fuiste de compras, como una descosida, la semana del Viernes Negro?! Verás como se entere Hacienda... - ¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino, Cotilla? - Que si tienes un sueldecillo, no trapicheas ni "límpias" cepillos de las iglesias y esas cosas, y te vas de compras compulsivas cuando la tele te lo ordena, una de dos: o los anuncios te han hipnotizado para que los obedezcas o tienes una cuenta corriente en un paraíso fiscal de esos ¡Y el ojo de Hacienda todo lo ve!
- Ay, no me asuste... ¿Qué pasa con la abuela? - Quiere pedirme un favor. Está muy preocupada por una amiga suya que se está quedando como un fideo.

- ¡Oh, no. Pascualita! (pensé) Y efectivamente, de eso se trataba. Cuando llegó se encerraron las dos amigas en la salita en plan misterioso. Cuando salieron oí:. - "Quedamos en eso ¿eh, Cotilla?... ¿Seguro que es veterinario?"

Antes de que irse a El Funeral los abuelitos pasaron por casa. Iban la mar de peripuestos. Casi en seguida llegó la Cotilla y un amigo suyo. La abuela sacó el móvil para llamar a Geoooorge que subió, ipso-facto, con una pecera redonda en las manos. Un pez enclenque daba vueltas tristemente.

El "veterinario" lo examinó. - Está desnutrido. Hay que darle vitaminas a paladas y comida natural, nada de piensos. Dieta Mediterránea y será mano de santo.

Al volver, de madrugada, la abuela se quedó en mi casa y el mayordomo subió una gran maleta que depositó en su antigua habitación.

Al quedarnos solas se llevó el orinal aristocrático con ella y señalándome con un dedo acusador, dijo: - "A partir de mañana, quien va a estar a dieta serás tu, boba de Coria y no mi chiquitina. Geooorge se encargará de ello." Y cerró tras ella, la puerta de su cuarto que chirrió amenazadora - Que mal cuerpo se ha quedadoooo...

lunes, 2 de diciembre de 2019

¡Tengo superpoderes!... ¿seguro?

La abuela me ha tirado los trastos a la cabeza cuando a visto lo delgadita que está la sirena, en lugar de darme las gracias y montarme un centro de estética y auto ayuda. - "¡La vas a matar de hambre, desgraciada!" - Pero si se come todo lo que encuentra. ¡Hasta ha conseguido comerse el pan de la Santa Cena y beberse, de paso, el vino!

Yo estaba muy contenta de haber llevado, a rajatabla, la dieta de Pascualita, a pesar de ella misma. Ahora vuelve a caber en el termo de los chinos. - "¡Haberle comprado otro, tía rácana!" - ¿No eres tú su amiga del alma? Pues lo compras tú. - "¿Dónde vive mi chiquitina? ¡en tu casa! Te toca a ti."

Siempre me toca pagar el pato y las facturas. Cómo me gustaría tener superpoderes y salir volando hasta los confines de la Tierra ¡y más allá!... ¡Un momento! acabo de darme cuenta de que no sé si los tengo porque nunca lo he probado.

Aprovechando que estaba sola y que en la calle hacía un vendaval, le he propuesto a Pascualita irnos a correr aventuras aprovechando las corrientes de aire como los quebrantahuesos y las águilas. Creo que no me ha entendido, como ella es de aguas profundas... Tendría que haberle dicho: como las ballenas y los delfines... No sé, no sé porque estos son mamíferos... Pues como las sardinas y los calamares ¡Eso sí! pero, claro, no vuelan y no tengo ni idea de cómo se llaman los peces voladores. En fin, ya sabrá de qué le hablo cuando emprendamos el vuelo.

En cuanto me he acercado al orinal aristocrático me ha lanzado varias dentelladas. Desde que está a dieta tiene querencia a mis dedos. He tenido que ponerme el guante de acero para cogerla.

La he metido en el termo de los chinos donde, ahora, cabe holgadamente, me lo he colgado al cuello y, arrimando una silla a la barandilla del balcón, me he subido a ella.

El viento soplaba con fuerza y hemos estado a punto de caer al vacío. He visto venir a Bedulio y le he llamado - ¡¡¡Bedulioooooo. Me voy al fin del mundooooooo!!! - En cuanto me ha visto, ha dado media vuelta y ha desaparecido tras la esquina.

Mientras intentaba guardar el equilibrio he visto a la Cotilla. - ¡¡¡Heeeyyyyy, Me voyyyyyy!!! - ¡Te vas a caer, boba de Coria! - Extendí los brazos moviéndolos como si fuesen alas. Cada vez más fuerte, más fuerte, ¡más fuerteeeeeeeeee! ¡¡¡PATAPAM!!!

Una fortísima racha de viento me lanzó contra el árbol de la calle y allí quedé, enredada en sus ramas como un pez en la red.

Pascualita saltó del termo de los chinos a una maceta del balcón resguardándose en ella. Y mientras yo intentaba salir del atolladero sintiéndome como un escarabajo patas arriba caído en una telaraña, por la ventana de la salita la Cotilla llenaba una copa de chinchón, la levantaba hacia mi en un brindis y se la bebía ¡a mi costa!


domingo, 1 de diciembre de 2019

Intuición.

Tengo la impresión de que en la cocina no somos tres, Pascualita, Pepe y yo, sino cuatro. No es que pueda asegurarlo pero...

- ¿Habláis con alguien? - he preguntado. - ¿Con el anima de mi primer abuelito, por casualidad? - No he recibido contestación ninguna porque esos dos son muy suyos

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaa! - Cotilla, venga un momento a la cocina, porfi. - No se hizo de rogar . - ¿Qué vamos a comer? - ¿Ha traído ensaimadas recién horneadas?... ¿no? Pues, entonces, nada. - La Cotilla dio media vuelta dispuesta a marcharse. - ¡Un momento! ¿cuánta "gente" ve sobre la repisa? - ¿Te refieres a la cabeza cortada? ¡No sé cómo sigues teniendo ahí eso tan horrible! - Vale pero cuánta gente hay? - ¡Que gente ni que ocho cuartos! Eso es un despojo y hay uno ¡¡¡UNO!!!... y un gusano gordo. ¿Cuándo vas a limpiar ese rincón? ¡que cruz tiene tu abuela contigo!

Un sudor frío recorrió mi espina dorsal  ¡Que poco faltó para que la Cotilla descubriera a Pascualita! Y el caso es que yo seguía con la sensación de que había alguien más.

Llamaron a la puerta. Era Bedulio que, libreta en mano, venía a interrogarme a cuenta de la estricnina de la que le hablé días atrás.

Conseguí que entrara hasta la cocina mientras iba contestando a sus preguntas: - No tengo. No lo sé. Lo vi en una vieja receta. Una coca. - Coca... ¿ina? (preguntó abriendo mucho los ojos) - No sé nada. Pregúntale a la Cotilla. O a mi abuela.

Mientras él pensaba en la siguiente pregunta, yo le hice la mía. - ¿Cuánta gente hay allí arriba? - ¿Gente? - Es un modo de hablar, hombre. - Solo veo a ... Pepe. - ¿Estás seguro? - Sí. Pepe era gente. Lo otro es una rata. - ¡¡¡¿Qué?!!! - Será una de las que te tocan por ser vecina de Palma. - ¡¡¡Mátalaaaaaa!!!

Entonces me puso las esposas. Sentí una nueva alegría en el cuerpo ¡El Municipal y yo íbamos a hacer virguerías a cuenta de unas esposas! Por fin conocería placeres sin cuento y una noche de lujuria como no he conocido otra: Aaaayyyyy, Bedulito, que feliz me hac... - Quedas detenida por incitar a un agente de la autoridad a causar la muerte de un individuo de nuestra comunidad. - ¿Eh?... ¿yo he hecho eso? - Me has pedido que ejecute a una rata que lo único que hacía era compañía a una cabeza jivarizada ¡Se te va a caer el pelo por ello!

Y mientras me llevaba detenida yo murmuraba ¿Se puede ser más tonto?