jueves, 7 de enero de 2021

Filomena.

 La abuela ha llegado a casa hecha un primor. No le faltaba detalle ni rimel en las pestañas postizas. Sin embargo su humor no cuadraba con tanta elegancia: mascarilla de lentejuelas de colorines y plumitas de marabú en los laterales. Súper mini falda con plaquitas metálicas que hacen chin, chin, chin al andar. Leotardos de leopardo y botas infinitas de charol amarillo chillón.

- Diría que vas vestida para la batalla, lo que no sé es contra quién. - "Contra Filomena. Estoy harta de escuchar a Andresito hablando de la susodicha. Se le cae la baba al tonto de mi marido. ¡Menuda pájara debe ser la fulana! Cuando la pille me va a oír" - ¿Es guapa? - "Vete tu a saber" - ¿Y el abuelito está interesado en ella? - "No se le cae el nombre de la boca: Filomena por aquí, Filomena por allá ¡Harta me tiene! Pero si esa pájara piensa que va a quedarse con la Torre del Paseo Marítimo, lo tiene claro. ¡La Torre es mía!"

Solo le faltó blandir la espada vengadora. Menos mal que no traía ninguna porque me hubiese destrozado la casa a mandobles. 

Pascualita, nadaba suavemente en el agua calentita de su acuario. La pobre estaba azul cuando la he visto ésta mañana. Y temblando de frío. En lugar de cola cao, le he dado un poco de chinchón y he calentado agua de mar. Está tan ricamente.

Al oír gritar a la abuela ha estirado el cuello. Ha escuchado unos segundos y como Pepe no ha dicho ésta boca es mía, lo que quiere decir que todo está bien, se ha relajado  y seguido a lo suyo.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaa! ¡Ha llegado Filomena! (gritó la Cotilla que acababa de entrar sin que nadie le abriera) - "¡¿Dónde está?!" (gritó más fuerte la abuela) - ¡Aquí! - "¿En ésta casa?" - Casi. Si el árbol de la calle hablara, te lo diría. 

Me faltó tiempo para ir a preguntarle. Hay que tener en cuenta que si los abuelitos se divorcian, Andresito quitará mi nombre de su testamento.

La charla con el árbol fue constructiva. - Abuela, no tienes nada que temer, a parte de un constipado. Filomena es la nueva tormenta que dejará al País helado y blanco. - "¿Una tormenta? ¿Filomena?... ¿En serio? ¡¿A que descerebrado se le ha ocurrido el nombre?! Filomena, anda que...

miércoles, 6 de enero de 2021

Regalo de Reyes.

El árbol de la calle llamó a casa  para decirme que, sobre una rama, habían dejado un gran saco. - ¿Quién ha podido ser? - Ni idea. Me he dormido pronto para no ver a los Reyes Magos haciendo su trabajo por si luego no me dejaban nada.

- ¿Los árboles también recibís regalos? - ¡Naturalmente! Si puedes recibirlos tu que no eres nadie... - ¡Oye! - No deben haber sido de tu agrado porque menudo genio te gastas, bonito. - No soy un pez. Soy un platanero. - Pues nunca he visto con plátanos ¡Haber si invitas!

- No hago plátanos, boba de Coria. Saco hojas puntiagudas, mis semillas son pequeñas pelotitas que, al abrirse, se expanden por doquier y llenan el aire de polen... - ¿Así que eres tu quien me hace estornudar todas las Primavera? ¿Y quién me llena la casa de hojas muertas? - Es uno de los bonitos regalos que hacemos los árboles. - ¿Bonitos? Te voy a comprar una escoba para que barras tus regalitos.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa! ¿Qué me han traído los Reyes? - Usted sabrá. - Los regalos estarán en... ¡el árbol! - ¡Lo que hay allí es mío porque ésta es mi casa! - Pero ese saco lo encontré yo junto a una de las carrozas de la Cabalgata.

Si me pinchan no me sacan sangre. - ¡Ha tenido el valor de robar juguetes de los niños de Palma! - ¡Ya estamos! ¡que me lo he encontrado! Y para que se lo lleve otro me lo he llevado yo. 

Encorajinada, abrí el saco que estaba lleno de... ¡CARBON!

Aún me rio de la cara que se le quedó a la Cotilla y lo deprisa que se marchó a la calle con un palmo de narices. Desde ese momento fui repartiéndolo entre todos los de casa. - A Pepe le puse un trozo a su lado, en la repisa de la cocina. Al acuario eché unos cuantos pedazos y pronto Pascualita subió a por más. Mi primer abuelito no se quedó atrás después de decirme, telepáticamente, que siempre le había gustado.También hubo para el árbol de la calle y las familias de gorriones que lo habitan. Incluso le tiré al Municipal que pasaba por mi calle. 

Estuvo a punto de sacar la pistola creyendo que lo atracaban pero cuando lo probó me pidió más. La única que no lo probó fue la Cotilla que se fue a la calle sin saber ¡que era carbón dulce! 

Esta tarde vendrán los abuelitos a comer carbón. Y después, cuando la Cotilla vuelva a casa, le contaré la verdad. Ya me imagino su reacción: ¿Os lo habéis comido, egoístas? Hubiese podido llegar a fin de mes vendiéndolo en el trapicheo.

martes, 5 de enero de 2021

Noche de Reyes Magos.

 - ¡Ay de lo que me acabo de enterar, Pascualita! Resulta que ésta noche llegan los Reyes Magos de Oriente ¿Y por qué no avisan? Con lo fácil que hubiese sido darme un golpe de teléfono. Pues no he comprado habas para los camellos ¡Ah, se siente! 

- Con la de años que hace que nos conocemos y siguen haciéndome faenas. Desde que nací les  pido una bicicleta ¡Una puñetera bicicleta! y nada, que no me la traen. He llegado a pensar que no les gusta el ciclismo. Es que los ropajes que llevan parecen adecuados para pedalear.

- La abuela me aconsejaba, ya hace años, cambiar de regalo. Pero no me daba la gana. La ilusión se convirtió en cabezonería y supongo que a los Reyes les debió pasar lo mismo. Y ahora tenemos una especie de pugilato para ver quién aguanta más, si yo pidiendo la bici o ellos no trayéndomela.

- Esta noche pondré los zapatos que fueron de mi primer abuelito, porque son talla 46. No vaya a ser cosa que, al ser sus Majestades tan mayores y emperrarse en no ponerse gafas, no vean los míos... 

La rama del árbol de la calle llamó a los cristales del balcón. - ¿Es algo urgente? (preguntó el cristal) Es que ahora está la casa caliente y si abro para una tontería, se irá el calor. - El árbol aseguró que era por una cosa importante.

La cristalera se abrió y como, realmente, era importante lo que dijo el árbol, el calor no se fue porque es del gremio de los Cotillos y quiere enterarse de todo.

La noticia era que los regalos amanecerán en el árbol en lugar de en el comedor como toda la vida de Dios. - ¿A qué viene ese cambio? (pregunté) - Así serán más frescos. 

El racionamiento me pareció perfecto. 

Pascualita y Pepe no tienen zapatos. - Pues os quedaréis a dos velas, guapitos, porque vuestras excusas son flojas: tengo cola o no tengo pies. O sea que me da igual, que me da lo mismo.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaa! Toma, mis botas de montar a caballo. Pónlas con los demás zapatos ¡A ver que me traeran los Reyes! - ¿Desde cuándo tiene usted un caballo? - Desde ésta noche si me lo traen. - ¿Y dónde dormirá? - ¿Duermen?. Siempre tienen los ojos abiertos. Bueno, ya lo pensaré. - Y salió como una exhalación.

lunes, 4 de enero de 2021

¡Que frío!

He salido a la calle porque no me ha quedado más remedio y casi me quedo pajarito ¡Que frío hace! Caminaba como una autómata debido a la cantidad de ropa que llevaba ¡y seguía temblando! 

Menos mal que me he cruzado en el mercado, con una mujer que comentaba con una amiga: - El frío es sano. Te mueves un poco y ya entras en calor. - Y tenía razón. Si la tiene hay que dársela, como la torta que se me ha escapado y se ha estrellándo en su cara. 

Ha sido tan de improviso que no les ha dado tiempo, a la amiga a cerrar la boca abierta por el asombro y a la "lista" a levantarse del suelo donde ha aterrizado, cuando yo ya enfilaba el camino de casa, ligera del equipaje que se me había subido a la espalda al oir tamaña aberración.

¿Para qué está el Invierno? Para pasar frio, jopé. Si no, no existiría y miel sobre hojuelas.

Este pensamiento cruzaba por mi mente cuando la Cotilla, envuelta en tres enormes bufandas, siete jerseys y dos anoraks, pasó por mi lado, rodando. Es que, con tanto ropaje, no podía guardar la verticalidad. A pesar de ello me puso sobre aviso: - ¡Te persigue un hombre, boba de Coria!

El corazón me dio un vuelco: - ¿Será posible que haya ligado a pesar de ir vestida de esquimal? ¿Será el 2021 el año que la abuela se convertirá en bisabuela?

No me giré para que mi enamorado no pensara que estaba colada por sus huesos pero escuché sus pasos acercándose. - ¡Ayyyy, que emoción!

Era Bedulio: - Lo he visto todo. Aquí tienes la multa. - ¡Ha sido en defensa propia!

domingo, 3 de enero de 2021

Pascualita ¡no está!

 Al entrar en casa sentí que algo no iba bien: Pepe lanzaba su largo OOOOOOOOOOOOOOO. Mi primer abuelito volaba al tuntún, tropezando contra la lámpara del comedor una y otra vez. Al árbol de la calle lo vi dudar entre tocar a los cristales del balcón, o no. Los gorriones callaban, quizas por el frío, tal vez temerosos. Y Pascualita... ¡no estaba!

La Cotilla salió del cuarto de baño donde acababa de darse los últimos retoques (no sé para qué) antes de irse a trapichear. En cuanto me vio criticó a su amiga. - A venido tu abuela y no hay quién le tosa desde que Geoooorge se ha convertido en un auténtico y genuíno mayordomo inglés y no como antes que era: mayordomo-inglés-europeo. - ¿Ha traído algo? - Yo más bien diría que se ha llevado algo - Ah, sí ... ¿el qué? - ¡Y yo qué se, boba de Coria! Nunca me cuenta nada.

Cuando la Cotilla se marchó llamé a la Torre del Paseo Marítimo. - ¿Yesssssss? (me imaginé al inglés con la cabeza levantada, la nariz apuntando al cielo, teléfono en mano y ese meñique tieso como un palo) - Soy yo. Dile a la abuela qu... - Mi no conocer a Yo. - Soy la nena... - Madame decir que no conocer... ¿nena? jijijijijiji 

Abrí la boca y de ella salieron sapos y culebras en mallorquín, en castellano y en arameo. Por fin la abuela se puso al teléfono. -"Cuando te calmes, llama"

Pasó casi una hora antes de volver a marcar. Estaba sudando a mares a pesar del frío. Antes de escuchar la voz de Geoooorge, yo ya le había recitado una retahíla de los males que le auguraba. 

Por fin se puso la abuela. - ¿Te has llevado a Pascualita? - "Sí" - ¿Por qué? - "Por mi asma y porque es mía" - ¡No es de nadie! - ¡Me colgó!

Poco después el árbol de la calle llamó a los cristales y de sopetón, me dijo: - Te la devolverá pronto. - ¡Eh! ¿Acaso tú sabes...? - ¡Naturalmente, mujer! Es una sirena de lo más educada y amable. - ¿Pascualita? 

Mi primer abuelito se posó en una de las ramas: - ¡Que cara se gasta mi viuda! Se ha llevado a la sirena sin dejarte una nota. - Yo iba de sorpresa en sorpresa: - ¿Tú también lo sabes? - Antes de que pudiera contestarme, los gorriones del árbol empezaron sus parloteos cuyo tema era: ¿dónde está la Sirena?. A penas me dejaron oír a Pepe. Fui a por él: - ¿Tú también estabas al cabo de la calle? - El ojo-catalejo se movió hasta que pudo fijar la vista y dijo: - OOOOOOOOOOOOOOOOOO. - Fui a cerrar los cristales del balcón pero el viento frio de la Tramuntana lo impidió hasta que me pintó la nariz de rojo. Y antes de que el remolino se convirtiera en ráfaga, gritó: - ¡Yo también lo sé!



sábado, 2 de enero de 2021

Es en diferido.

 - Abuela, esta mañana he convertido la última página del calendario 2020 en trozos para hacer un bloc donde anotar la lista de la compra. Sin embargo, como todos los años en éstas fechas, echo de menos ver salir al escuchimizado viejo carcamal del año que acaba y al bebé que viene a sustituírle ¡Nunca he sido capáz de verlo. Como estoy pendiente de no atragantarme con las uvas... ¿los has visto alguna vez?

- "¿Eres tonta?" - Ni más ni menos que como el año pasado... - "Que te crees tu eso. En éste sentido eres como el vino, que mejora con los años. En tu caso, empeoras."

Esta conversación la hemos tenido por teléfono. A veces dudo que la abuela sea tan inteligente como presume. Nunca se ha planteado la cuestión de los años - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa! 

- Hombre, Cotilla ... - y le hice la pregunta de los Años a ella. Tardó ná y menos encerrarse en su cuarto, mientras me pareció oírla decir: - Con lo que me sale la boba de Coria ahora, con el frío que hace ¡Anda y que la aguante su abuela!

Unos golpes en el cristal del balcón me dijeron dos cosas: o hace viento fuerte o el árbol de la calle tiene algo que decirme. Se trataba de lo segundo. Mi primer abuelito ocupó su puesto en lo alto de la lámpara del comedor. Pascualita saltó del acuario al aparador, reptó hasta la bandejita de turrones y no dejó ni uno. Pepe se hizo notar desde su repisa de la cocina soltando su escandaloso OOOOOOOOOO para que lo llevara con los demás. A todo ésto yo pregunté al aire helado, llegado de las montañas de Tramuntana para pintarme la naríz de rojo: - ¿Qué pasa?

El balcón se iluminó con luces de mil colores cuando un viejo derrengado, que arrastraba una larguísima barba blanca y era perseguido por millones de almas, se metió por el agujero del balcón y desapareció. Entonces, un bebé con un pañal numerado, 2021, saltó desde lo alto de los plátanos del frutero y se coló por la primera hoja del nuevo calendario. - Aplaúdimos todos aunque no dejé de reconvenir al aire helado: - Pero ¿ésto no es en directo, eh? - No, tía pestiño. Es en diferido.

 

 

viernes, 1 de enero de 2021

Hola, 2021.

 - Ya está, Pascualita.  Por fin le he dado la patada en el culo al año 2020! He tirado a la basura  sus restos. Con lo bonito que me pareció cuando arranqué la primera hoja del calendario con esos números ahora hace un año. Pensé que, a partir de entonces, volvería la moda del charlestón y toda la belleza que envolvió aquellos locos y maravillosos años veinte.

Incluso saqué del cantarano de la abuela un vestido genuíno de aquella época que guarda allí. Me queda ideal. Con unas pluma, largos collares de perlas, flecos y sedas. Y la música... : ¡Son tantos negros los que han veniiiiido para enseñarnos el charlestón. Y las mamás, se ven morás, para evitarnos ir al bazar... - Ahora me doy cuenta de que no son políticamente correctas éstas letras alocadas, alegres y divertidas ¿Tú cómo lo ves?

La sirena no las ve de ninguna manera porque hace un siglo debía estar en el fondo oscuro del mar. Y oscuridad es lo que esperaba a la gente después de aquellas benditas locuras donde los artistas crearon belleza hasta que una nube tan negra como el fondo del océano, cubrió el mundo entero. Y lo hizo dos veces matando a millones de personas, como está haciendo ahora el coronavirus del que nadie está a salvo.

Ha llegado la vacuna: el séptimo de caballería de las películas del Oeste americano. Ha sonado la trompeta y en los cines la gente aplaude a rabiar como hacíamos entonces. Son los mismos perros que ladraron en aquellos lejanos años veinte, con distinto collar.

De repente, una pareja enamorada, baila sobre la mesa del comedor: la Momia y mi primer abuelito se han encontrado en un remolino de viento frío y protegidos por el árbol de la calle, han entrado en casa por la ventana de la cocina. La música del lejano charlestón los envuelve y ellos ríen dejándose llevar por ella.