jueves, 8 de julio de 2021

El Tour.

 Desde que empezó el Tour de Francia estoy loca por que llegue la hora de sentarme a ver la carrera... y dormir la siesta a pierna suelta. 

Tengo ya tanto entreno de año tras año que no me pierdo nada de lo que ocurre. He desarrollado un sexto sentido que me despierta en cuanto los locutores cambian el registro de voz, así que he visto todas las montoneras de ciclistas de los primeros días ¿Acaso friegan el asfalto con cera?

A mediodía ha llegado la Cotilla: - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaa! ¿Qué comemos hoy. - Un Siseñor y un Calleusted ¿Qué le parece? Y podemos añadirles kepsut  para cambiarles el sabor. - Que poca gracia tienes, nena. Creo que me iré al comedor social pero antes dejaré unas cosas en la salita... - ¡¡¡VELAS, NO!!!

No sé como se las apaña pero siempre se sale con la suya. - Son cuatro velitas de nada, mujer, para mi gurú Bárcenas. Hay que ver lo que he aprendido de éste hombre. Le estoy taaaaaan agradecida. ¿De qué viviría yo si no lo hubiese descubierto? - ¿De dar sablazos como ahora? - 

El rato que fui a abrir el bote de fabada, echarlo en el plato, meterlo en el microondas, calentarlo, sentarme frente a él en la mesa de la cocina. Levantarme de nuevo para ir a por Pascualita y Pepe para que me hagan compañía mientras comemos, la Cotilla aprovechó mi concentración para meter en la salita una pila de velas, velita y velones, colocarlos en el Altar de los Amigos de lo Ajeno y prenderles fuego.

Gracias a que tengo toda la casa abierta por el calor, una pequeña chispa llegó hasta la cocina gritando: ¡¡¡Fiestaaaaaaa!!! ¡¡¡Nos estamos desmadrandoooooooooooooo!!! - El salto de Pascualita, desde el frutero al fregadero, lleno de agua jabonosa, fue digno de Record Guinnes. Pepe dejó oír su OOOOOOOOOOOOOOOOO y yo cogí un sifón de la despensa que vacié en el altar en plan extintor... ¡Uf! 

La casa huele a cera y a humo. Pascualita tiene más pinta de ahogada de nunca. Pepe no calla. Y yo he disfrutado con los ciclistas y con la siesta.


 

miércoles, 7 de julio de 2021

La Cotilla.

 - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaa! ¿Aún no te ha mandado nada tu abuela? Menuda pájara está hecha y la suegra otro tanto. - Ay, Cotilla ¿no ve que lo están haciendo por mi bien? - ¡Ja! - Para que tenga un bisnieto perfecto. - ¡Ja y ja! - Para mejorar la raza... - ¡Ja, ja y ja! - ¡Ya vale ¿no?

En el fondo, pero muy en el fondo, sabía que la Cotilla tenía razón pero no iba a demostrárselo ni jarta de vino. 

- Pues, hija (siguió diciendo la vecina) en la calle hay un ramillete de tios buenos que tiran de espaldas y, encima, van uniformados. - Corrí hacia el balcón tan rápido que la cristalera apenas tuvo tiempo de abrirse. Y sí, en la calle había una cuadrilla de mozos vistiendo mono y casco. - ¿Esos dice usted, Cotilla? - Exacto. - Pero si son de Parques y Jardines... - Aaaah, ¿acaso la señora Duquesa esperaba al Marajá de Kapurtala para la coyunda bisnietil? 

- ¡Son podadores! (grité) - Y se supone que tienen lo que hay que tener... - ¡Van a podar los árboles! - Si quieres les digo que mientras tanto, te canten Clavelitos.

Hubo una revolución en el árbol de la calle cuando éste abrió su bocaza de madera y grito ¡¡¡SOCORROOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!

Mi primer abuelito apareció por arte de mágia. Venía de probarse el nuevo sudario que le estaban haciendo y se pinchó con uno de los alfileres: ¡Aaayyy! Ni muerto dejan de pincharme estos  artilugios del demonio ¿Qué sucede, nena?

- Van a talar los árboles ¡en pleno julio y con las temperaturas por las nubes! ¡Nos quedaremos sin sombras! ¿En que piensa el Ayuntamiento? 

Mi primer abuelito se dio media vuelta para volver al probador: - Esto es algo que nunca cambiará, nena. El razonamiento de los Ayuntamientos son la equis en las ecuaciones.


martes, 6 de julio de 2021

El aburrimiento.

El árbol de la calle tiene en vilo al vecindario porque ruge como el león de la Metro. Y toda la culpa la tienen la abuela y la Momia. 

El pobre árbol se aburre esperando al candidato, que no aparece por ningún lado, y a terminado durmiendo a pierna suelta. Y cuando duerme, ronca. y entonces vibran los cristales de las casas, repiquetean los juegos de café de porcelana, en las estanterías de las alacenas. Los gritos lastimeros ponen el contrapunto cuando alguna tacita se estrella contra el suelo. Tacitas de listas de bodas lejanas. Aunque también, hay que reconocerlo, he oído aplausos y olés por el mismo motivo.

La cristalera del balcón, tan cercana al árbol, jura en arameo porque le cuesta mucho mantener el tipo para que no se rompa ningún cristal.

Hasta Pascualita ha salido dannificada cuando la potencia del sonido hervóreo forma olas en su tranquilo acuario, tan grandes que acaba por salirse el agua del recipiente y, ahora mismo, está casi vacío.

- ¡¡¡Calla, ya, jodío!!!  (le grito al bello durmiente) - De repente, el nutrido grupo de gorriones que anidan en su copa, salen portando pancartas en señal de protesta por todo lo habido y por haber: - ¡Te quedarás solo! ¡Gorriones al poder! - ¡Abajo los prepotentes! - ¡La madre que te parió, árbol!... etc. etc. etc.

Mi primer abuelito que, como es un alma que, ni pía ni muge, está encantado con el ajetreo que se ha organizado. - Ponte las pilas un momento, abuelito y ya me dirás que te parece. 

Vistiendo un hermoso sudario con el estampado de los Girasoles de Van Gohg, se ha echado unos vuelos rasantes alrededor de Bedulio que, plantado en la acera indagaba de dónde venía la escandalera.

Algo debió rozarle la cara porque, de repente, le bajó la sangre a los pies y a punto estuvo de desmayarse, menos mal que un empujón del lado contrario, lo mantuvo en pie. - ¡Cómo me diviertoooooooo! (gritó el abuelito) - ¡Que jodío! (pensé) - Te he oídoooooo, nenaaaaaa...

 

lunes, 5 de julio de 2021

Tensión en el ambiente.

 Pues todavía no ha venido ningún candidato a padre del bisnieto de la abuela, por mi casa y eso que llevo horas sentada esperándolos. Mi primer abuelito me ha dicho: - Yo que tu no me harìa muchas ilusiones, más que nada por tu abuela ¡menuda censora es la tía! No me fiaría de ella, sino pregunta a la Cotilla. Le ha levantado novios a la pobre que acabó para vestir santos. 

- No creo que ocurra nada parecido porque quien tiene más ilusión es ella. Yo todavía no estoy en edad de tener bisnietos. - Pues, cuidado, que lo mismo los tiene ella con alguno de los elementos que van a por el puesto ¿Por qué crees que la selección se hace en su casa y no en la tuya? - Pero si la abuela ya no está en edad de concebir... ¡Tiene 95 años! - Cosas más raras se han visto, nena. Basta verme a mi. En mi vida no pasé de vestirme de mercadillos y ahora, ya ves, de Alta Costura.

El Arbol de la calle vigilaba por si veía venir algún tipo con cara de candidato. - ¿Y qué cara se supone que tienen? - Pues... no sé. No he visto ninguno. Creía que con el tiempo que llevas de árbol orondo y grueso, habrías desplegado una filosofía de la vida como para darte el Premio Nobel. - Si la tengo, faltaría más pero... ¿no puedes darme una pista?

Pascualita notaba la curiosidad que flotaba en el ambiente más, la duda que yo tenía y de la que le hice partícipe: - ¿Te imaginas que el candidato que le guste a la abuela, no me guste a mi? ¡Menudo follón! - La sirena hizo una mueca tenebrosa. - ¿Te estás riendo de mi? - A esto siguió un OK. - ¡Lo mismo te lo traspaso a ti, media sardina!

Llamaron a la puerta y hasta el aire quedó paralizado. Poco a poco, fui dando pasos acercándome a la puerta de la calle. La sangre se agolpaba a mis sienes cuando Pepe soltó su OOOOOOOOOOOOOOOOOOOO. Era su modo de liberar la tensión del momento.

Abri y allí estaba... ¡Bedulio! - Di dos pasos atrás. - ¡¿TU?! 

La cara del Municipal cambió de color: - ¡No hagas comedia que me asusto! - No te esperaba... - He tenido que venir porque media plantilla está de vacaciones ... Toma, una denuncia de los vecinos por... ¡Ya ni me acuerdo del motivo!

domingo, 4 de julio de 2021

Seleccionando, tirurí, tirurí.

 La abuela ha puesto un anuncio en todos los periódicos de Palma que dice lo siguiente: - Se busca candidato a padre de mi bisnieto. La selección de los candidatos se hará en la Torre del Paseo Marítimo, número XXX. Se recompensará.

Me lo ha dicho la Cotilla cuando ha llegado a casa de "limpiar" cepillos de las iglesias. Llevaba un paquete en la mano, que no era otra cosa que un bocadillo de choped envuelto en papel de periódico. - Mira qué dice aquí, boba de Coria: - Me he llevado la sorpresa del siglo y he preguntado:

- ¿Por qué ha envuelto el bocadillo con el periódico de hoy? - Ah, ¿es de hoy? No tenía ni idea. Estaba en el suelo, amontonado junto a otros y como me hacía falta lo he cogido. - ¿Había cerca una persona con pinta de venderlos? - Pues... ahora que lo dices. Un tipo con una chaleco reflectante... - ¡Lo ha robado, Cotilla! - ¡Que no me he llevado la pila de periódicos, nena! Que boca más sucia tienes.

Llamó Andresito - Nena, dáme asilo familiar que en mi casa no hay quien viva. No paran de llamar candidatos a padres del bisnieto y no es eso lo peor, sino que mi santa madre, a sus ciento y pico años, se ha nombrado, a si misma, seleccionadora oficial junto con tu abuela. ¡Que vergüenza, Dios mio!

Pregunté, tímidamente: -¿Han llamado... muchos? - ¡Más de veinte y aún no son las nueve de la mañana ¡Hasta un amigo mío, vecino de casa bien de toda la vida, se ha interesado por el "puesto de trabajo". He reconocido su voz y se lo he dicho. - ¿Se ha enfadado? - ¡Ya lo creo! Dice que no vale discriminar, que estamos en un mundo global y deberíamos aprender que, para ciertas cosas, no debe haber diferencias sociales . - Igual  tiene razón... - ¡Lo he mandado a tomar viento!

Pues aquí estoy, mordiéndome las uñas entre chinchón y chinchón, nerviosa por saber el resultado de la selección. Mientras la tropa de mi casa no dejan de incordiar preguntando a cada momento si hay fumata blanca. Eso ha sido cosa del Arbol de la calle y ya le he repetido que no se elige Papa - ¡Pero sí papá! (ha contestado rauda) jajajajajaja ¡que jodía!

viernes, 2 de julio de 2021

La corazonada.

 - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaa! ¿qué comemos hoy, nena? - Usted no se. Yo, tortilla de patatas con cebolla, prefabricada, de la que venden en el súper, Cotilla. - Pues a éste paso, ni encontrarás quién te haga un bisnieto para tu abuela, ni irás a Master Chef. - El día que hagan un concurso de abrir latas, iré y lo ganaré. ¡Pues no tengo yo arte ni ná abriéndolas.

- Vaya birria de menú tienes. Me voy al comedor social. Te dejo unas magdalenas que saqué anoche del contenedor del súper.

Al salir la Cotilla tuve una corazonada y llamé a la abuela: - Geooooooge, que se ponga ... - Madame decir que no estar . - ¡Tengo que hablarle de la Cotilla! - Mi no ser sordo. ella decir que... - "¡Qué hueso se te ha roto, nena!" - Estoy segura que la Cotilla es más rica que tu. 

A través del teléfono la oí toser, atragantarse, llamarme ¡jodía!, reir hasta no poder más. Aguanté estóicamente hasta que volvió a hablar. - "¡Ay, que risa, María Luisa! Que chiste más bueno aunque venga de ti"... - No es chiste. Mira, echa cuentas: No gasta un euro pero todos los días gana unos cuantos, bien por los cepillos de las iglesias, el trapicheo de las noches con las cosas que se "encuentra" en las calles; come aquí o en el comedor social, donde no paga; vive en mi casa y aún no sé por qué ¡y tiene alquilado su piso del 4º, por quincenas, a extranjeros que le dan una buena pasta y encima no para de "llorar" dando pena con su edad y la mísera paga que recibe que, por cierto, nunca he sabido cuánto es.

La abuela ya no reía, ni respiraba, solo bufaba. De repente, mientras yo esperaba un estallido, me colgó el teléfono y un cuarto de hora después, los frenos del rolls royce chirriaron  sobre el asfalto de mi calle. 

Sentadas en la salita, en silencio, bajo la atenta mirada de Pascualita que no quitaba ojo al dedo, tanto mío como de la abuela, que llevaba colgando las gotitas de chinchón que acababan en su boca, esperamos a que volviera la Cotilla mientras trajinabamos el licor en copitas.

Nos despertó el portazo de la puerta de la calle. Estábamos a oscuras. La sirena dormìa la mona en mi escote. La abuela y yo nos miramos, aturdidas sin saber siquiera dónde estábamos.  

Junto al altar de los Amigos de lo Ajeno había una nota: ¡Vergüenza debería daros no dejarme ni una gota de chinchón ¡a mi, que soy una pobre viejecita que apenas llega a fin de mes! Por cierto, vaya asco de bicho que lleva tu nieta entre las tetas ¡Que cruz tienes con ella!

 

jueves, 1 de julio de 2021

¡Valiente tropa!

Un pestazo a azufre recorría todos los rincones de casa. Es como si se hubieran abierto las puertas del Infierno ¿De dónde vendría? 

Oi gritos procedentes del balcón y cogiendo a Pascualita que dormía plácidamente en el fondo del acuario, salí a ver qué pasaba. La Cristalera y el Arbol de la calle tenían una discusión de tres pares de narices. - ¡Ciérrate de una vez que me llega todo el tufo, jodía! - Te aguantas porque aquí dentro no hay quien respire. - ¡Las cristaleras no respiran, los árboles sí! - ¿Qué sabrás tu, pedazo de madera? - ¿A qué te arreo con una de mis ramas y me cargo un cristal?

- ¡Callad ya, arrabaleras! (salté como una furia pero ellas me tenían más ganas) - - ¡¿Con qué perfumas tu casa, boba de Coria? - Quedé tan sorprendida ante el agravio que no supe contestar. Y fue entonces cuando una tela suave, roja como el vino de Rioja, rozó mi frente. La sirena y yo levantamos la mirada a la lámpara del comedor y allí estaba, echando pestes, mi primer abuelito que echó a volar en derredor nuestro gritando: ¡Quiero ir al Infiernoooooooooo! ¡No quiero ser buenoooooo! ¡Quiero vengar a los míos! ¡Dar un escarmiento! ¡Calentar culos a zurriagazos! ¡Enseñar educación a quienes no la han conocido nuncaaaaaaaaaaaaaa!

-¡Deja ya de gritar y corta el grifo del azúfre que no podemos respirar! - ¡¿Dónde están esos padres, encantados de que sus niños esparzan, alegremente, el coronavirus por las regiones españolas? ¡Que me los como con patatas! (gritaba el ánima de mi primer abuelito cargado de razón)

Me costó mucho calmarlo, incluso me llevé un mordisco de Pascualita, por eso, ahora tengo un dedo tan hinchado que no me podré urgar la nariz con él durante un tiempo. ¡Mecachis!

Poco a poco, el olor a azufre fue saliendo por el balcón dejando una larga estela que se asentó en una corriente de aire que lo llevó hasta el barco que trasladaba a la tropa de niñatos hacia la Península.