¡Menudo día! Pere Garau estaba a tope y me he negado a meterme en aquel dédalo de callejones, puestos de verduras, gentes chocando unas con otras mientras las ruedas de los carritos acribillan pies y tobillos.
La abuela, sin embargo, disfruta con estos jaleos. No le importa hacer colas porque en seguida pega la hebra con los que tiene al lado. Ha traído verdura para parar un tren - "Para las panades y cocarrois... " - ¿Y tanta carne? ¡Estamos en Semana Santa, hay que hacer panades y el domingo de Pascua, el cordero! ¡Todos los años tengo que decirte lo mismo!." - ¿Este año tampoco me libraré del Potage de Semana Santa? - "Puedes estar segura de que no. Estás fiestas sin el potage no serían lo mismo" -
La Cotilla ha aparecido por casa en cuanto hemos llegado - ¿Cuándo es el potage, el Jueves o el Viernes? - Fui a buscar a Pascualita, la metí en el termo y dije adiós a la abuela - Oye, que se lleva tu termo ¡Que aprovechada es esta chica! Hasta los ojos te quitaría si la dejaras -
Salí de prisa para no contestarle. Fui hasta el mar. Hacía un día tan espléndido que me apetecía pasear por la playa. En cuanto la brisa marina se coló en el termo Pascualita asomó la cabeza. Había dejado el tapón desenroscado para que pudiera ver las olas. Se agitó muchísimo. Le conté los incidentes ocurridos en Barcelona durante la huelga, (no se me ocurrió otra cosa) con voz suave, aterciopelada, alargando cada final de palabra para que se relajara pero no funcionó. De repente empezó a lanzar dentelladas a diestro y siniestro y para evitar males mayores, coloqué de nuevo el tapón pero ella presionaba con las manitas y no conseguí enroscarlo. No me quedó más remedio que aguantarlo sobre ella, con los dedos.
Como el sol picaba me arrimé a la orilla a probar el agua. Un escalofrío me recorrió el cuerpo cuando una ola me mojó los pies ¡que fría! pero no me di por vencida y poco a poco el agua me llegó al tobillo. Era agradable. Una gaviota pasó sobre mi cabeza en vuelo rasante ¡Epa! ¡Que susto! Pendiente del dichoso pájaro y no vi el escalón bajo el agua. Me falló el pie y caí de bruces y al hacerlo solté el tapón. Pascualita, atónita, no podía creer en su buena suerte, por eso salió del termo muy despacio en el momento en que yo me incorporaba. Al verla en el agua, me tiré a por ella pero me esquivó ¡¡¡Se va, se va!!! pensé, desesperada y volví al ataque. Ella ya se había recobrado un poco de la sorpresa y su cola inició un movimiento para impulsarse como un cohete pero me tiré en plancha sobre ella y la atrapé. Me costó muchísimo introducirla de nuevo en el termo: sangre, sudor y lágrimas.
Llegué a casa chorreando. En el camino coseché risas, bromas, y también piropos y silbidos, incluso del guardia civil que vigilaba la puerta de la Comandancia. Hasta que me vi reflejada, de frente, en la luna de un escaparte, no me di cuenta de que iba "pidiendo guerra". La camisa blanca y pantalón claro, pegados y transparentes, no dejaban lugar a duda.
Menuda bronca recibí cuando le conté lo que había pasado a la abuela. La Cotilla bajó a ver qué pasaba y yo me escondí en mi cuarto y me atiborré de pastillas contra el dolor, tanto de cabeza como el de los mordiscos. Ahora la sirena no me puede ni ver. Durante unos días llevaré las gafas de sol dentro de casa.
sábado, 31 de marzo de 2012
viernes, 30 de marzo de 2012
Esta mañana han llamado a la puerta y ¡oh, sorpresa! Blas estaba en el rellano, tan guapo como siempre y mucho más moreno - "¿De dónde vienes, de Alaska o de Canarias?" - le ha preguntado la abuela.
Creo que, cuando la Cotilla se despierta, baja a poner la oreja en la puerta de casa porque sino, ¿cómo se entera tan pronto de lo que nos ocurre?. A penas Blas había tenido tiempo de sentarse cuando ha entrado como una tromba hasta el comedor - ¡Pero, bueno! ¿Qué haces aquí? - Eso mismo le pregunto yo a usted, pesada. ¿Qué pinta en una reunión a la que no la han invitado? - ¿Estás oyendo a tú nieta?... Que pena que no la manden a sustituir a Blas, por lo menos tendríamos unos meses de tranquilidad - Veo que todo sigue igual por aquí, jajajajaja. Ahora sí que me siento como en casa.
Por supuesto Blas se quedaría a comer - " Haré bacalao al pil pil" - Mejor que no - "Bueno, si no te gusta... pues con tomate" - El otro meneó la cabeza - "¿Tampoco? ... pues al horno... ¿asado? ... ¿A ti te gusta el bacalao, verdad?" - Ya no. Todo este tiempo he trabajado limpiándo bacalaos y además lo he comido de mil maneras y ahora no puedo verlo ni en pintura - " Bueno, ya veré que hago... Dime ¿Son bonitas las Auroras Boreales?" - Preciosas... - . -"Me parece que te has dado una buena vida allí, mucha playa, caipiriñas y salsita y merengue para bailar" - ¿En Alaska? No he pisado una playa ni borracho. El agua está helada, además como he ido en invierno, siempre era de noche - "¡Mentiroso! ¿Y ese colorcito caribeño?" - Es moreno de albañil. De la nieve - "Debes haberte alcoholizado porque dices muchas tonterías... Bueno, bueno, si no quieres, no lo cuentes" - Pero si es verdad. - Fue inútil. Por más que juró que las cosas eran como él las contaba, ni la abuela ni la Cotilla, le creyeron y finalmente pasaron de él.
En la cocina, mientras recogíamos los platos vi que la abuela estaba enfadada. Llevaba el broche con Pascualita, algo entrada en carnes. - "Pobre sirenita. Con la ilusión que le hacía que el tontaina éste contara cosas de los mares del Norte para saber cómo viven allí los peces y lo único que sabe decir es que ha limpiado mucho bacalao... Me he llevado una desilusión" - A Pascualita le importa un pimiento lo que haya hecho Blas y tú eres una incrédula. ¿Cómo va a ir a la playa en invierno si estaba cerca del Polo Norte? - "Este es otro como tú. Se amilana por nada. Está en un País extraño y no lo disfruta ¡A buenas horas iba a quedarme yo en casa. Si hay que ir a la playa, se va porque, a ver ¿quién sabe cuándo volverá éste a Alaska?"
La abuela metió a Pascualita en la pecera para que respirara y se la volvió a colocar de broche. Yo estaba dispuesta a poner un poco de paz y cordura a la sobremesa y con mi mejor sonrisa, pregunté si todos querían café - ¡Y chinchón! - soltó la Cotilla - ¡Encima, gorrona! - le contesté pero fui a por la botella y las copas. La abuela, muy digna, miraba a Blas con la cabeza alta, como si él fuera su vasallo. Pascualita notó que algo no iba bien, su amiga estaba en tensión. Siguiendo su mirada supo que el responsable era el tío que estaba sentado a su lado y sin pensárselo dos veces (porque este bicho no tiene esa cualidad) le lanzó un chorrito de agua envenenada. Antes de decir amén el pobre Blas se retorcía de dolor, con un ojo a la funerala y maldiciendo en arameo. Aún es la hora en que la Cotilla tiene que averiguar de dónde salió el chorrito.
Creo que, cuando la Cotilla se despierta, baja a poner la oreja en la puerta de casa porque sino, ¿cómo se entera tan pronto de lo que nos ocurre?. A penas Blas había tenido tiempo de sentarse cuando ha entrado como una tromba hasta el comedor - ¡Pero, bueno! ¿Qué haces aquí? - Eso mismo le pregunto yo a usted, pesada. ¿Qué pinta en una reunión a la que no la han invitado? - ¿Estás oyendo a tú nieta?... Que pena que no la manden a sustituir a Blas, por lo menos tendríamos unos meses de tranquilidad - Veo que todo sigue igual por aquí, jajajajaja. Ahora sí que me siento como en casa.
Por supuesto Blas se quedaría a comer - " Haré bacalao al pil pil" - Mejor que no - "Bueno, si no te gusta... pues con tomate" - El otro meneó la cabeza - "¿Tampoco? ... pues al horno... ¿asado? ... ¿A ti te gusta el bacalao, verdad?" - Ya no. Todo este tiempo he trabajado limpiándo bacalaos y además lo he comido de mil maneras y ahora no puedo verlo ni en pintura - " Bueno, ya veré que hago... Dime ¿Son bonitas las Auroras Boreales?" - Preciosas... - . -"Me parece que te has dado una buena vida allí, mucha playa, caipiriñas y salsita y merengue para bailar" - ¿En Alaska? No he pisado una playa ni borracho. El agua está helada, además como he ido en invierno, siempre era de noche - "¡Mentiroso! ¿Y ese colorcito caribeño?" - Es moreno de albañil. De la nieve - "Debes haberte alcoholizado porque dices muchas tonterías... Bueno, bueno, si no quieres, no lo cuentes" - Pero si es verdad. - Fue inútil. Por más que juró que las cosas eran como él las contaba, ni la abuela ni la Cotilla, le creyeron y finalmente pasaron de él.
En la cocina, mientras recogíamos los platos vi que la abuela estaba enfadada. Llevaba el broche con Pascualita, algo entrada en carnes. - "Pobre sirenita. Con la ilusión que le hacía que el tontaina éste contara cosas de los mares del Norte para saber cómo viven allí los peces y lo único que sabe decir es que ha limpiado mucho bacalao... Me he llevado una desilusión" - A Pascualita le importa un pimiento lo que haya hecho Blas y tú eres una incrédula. ¿Cómo va a ir a la playa en invierno si estaba cerca del Polo Norte? - "Este es otro como tú. Se amilana por nada. Está en un País extraño y no lo disfruta ¡A buenas horas iba a quedarme yo en casa. Si hay que ir a la playa, se va porque, a ver ¿quién sabe cuándo volverá éste a Alaska?"
La abuela metió a Pascualita en la pecera para que respirara y se la volvió a colocar de broche. Yo estaba dispuesta a poner un poco de paz y cordura a la sobremesa y con mi mejor sonrisa, pregunté si todos querían café - ¡Y chinchón! - soltó la Cotilla - ¡Encima, gorrona! - le contesté pero fui a por la botella y las copas. La abuela, muy digna, miraba a Blas con la cabeza alta, como si él fuera su vasallo. Pascualita notó que algo no iba bien, su amiga estaba en tensión. Siguiendo su mirada supo que el responsable era el tío que estaba sentado a su lado y sin pensárselo dos veces (porque este bicho no tiene esa cualidad) le lanzó un chorrito de agua envenenada. Antes de decir amén el pobre Blas se retorcía de dolor, con un ojo a la funerala y maldiciendo en arameo. Aún es la hora en que la Cotilla tiene que averiguar de dónde salió el chorrito.
jueves, 29 de marzo de 2012
Hay Huelga General para defender nuestros derechos laborales y sociales aunque luego, los que mandan, se hagan los sordos, mudos y ciegos y se quede todo como está. La abuela también la secunda - "Hoy no se guisa". - ¿Y qué vamos a comer? - "Pan con aceite y una ensaladita" - ¿Vas a comprar pan? - "No. Lo compré ayer" - Encima comeremos pan duro - "Pero si solo es un día, mujer, podrás sobrevivir... Mira Jaume Bonet, que ha hecho huelga de hambre por defender sus ideas y lleva 27 días sin comer. Sale en el Diario"" - A ver... Tiene mala cara y dice que ha perdido 20 kilos... ya me gustaría a mí perder otros tantos - "No seas tan superficial... ¿Conoces al señor que lo reemplazará, Bartomeu Amengual?" - Humm... No - "Yo sí. Alguna vez hemos bailado boleros juntos" - Pues no tiene muchos kilos que perder-
Hemos salido a dar una vuelta por la Ciudad. La abuela se ha llevado a Pascualita en el termo porque quiere ir explicándole el motivo de la huelga. No he ido a trabajar, por eso las he acompañado. Después de más de dos horas dando vueltas me ha entrado un hambre canina y e intentado entrar en una pastelería pero la abuela, cual piquete informativo, me ha cerrado el paso - "¡Hoy no!" - Pero si solo voy a comprar dos pasteles...mira que buena pinta tienen jejejeje... ¿no los oyes? dicen ¡cómeme, cómeme! - "Dejate de tonterías. Llevo toda la mañana aleccionando a la sirena sobre la huelga y tú quieres echarlo todo a perder. La vamos a confundir" - ¡Si no te entiende! - "¡Que sabrás tú" -¡Claro que lo sé! Es un pez.
Al oírnos discutir, la dependienta salió a ver qué pasaba - ¿Son un piquete? - Mi abuela sí, yo quiero un pastel - "¡Como se lo traiga le monto un pollo" - La mujer dio media vuelta y cerró la puerta - "No tienes vergüenza. Luego bien que te quejas cuando te rebajan el sueldo y te obligan a trabajar más ¡Floja, más que floja! Menos mal que este fin de semana no te veré... A ver si aprovechas que tendrás la casa para ti sola..." - Con Pascualita y Pepe. ¿Por qué no te los llevas contigo a la Torre? - "Porque es una escapada sexual" - ¡Pero abuela, si vas a cumplir los 86!" - ¿Y qué tendrá que ver la velocidad con el tocino? en lugar de escandalizarte (que ya no tienes edad para eso) aprende de tus mayores, o sea yo y disfruta de la vida antes de que se te escape de entre las manos"
Hemos salido a dar una vuelta por la Ciudad. La abuela se ha llevado a Pascualita en el termo porque quiere ir explicándole el motivo de la huelga. No he ido a trabajar, por eso las he acompañado. Después de más de dos horas dando vueltas me ha entrado un hambre canina y e intentado entrar en una pastelería pero la abuela, cual piquete informativo, me ha cerrado el paso - "¡Hoy no!" - Pero si solo voy a comprar dos pasteles...mira que buena pinta tienen jejejeje... ¿no los oyes? dicen ¡cómeme, cómeme! - "Dejate de tonterías. Llevo toda la mañana aleccionando a la sirena sobre la huelga y tú quieres echarlo todo a perder. La vamos a confundir" - ¡Si no te entiende! - "¡Que sabrás tú" -¡Claro que lo sé! Es un pez.
Al oírnos discutir, la dependienta salió a ver qué pasaba - ¿Son un piquete? - Mi abuela sí, yo quiero un pastel - "¡Como se lo traiga le monto un pollo" - La mujer dio media vuelta y cerró la puerta - "No tienes vergüenza. Luego bien que te quejas cuando te rebajan el sueldo y te obligan a trabajar más ¡Floja, más que floja! Menos mal que este fin de semana no te veré... A ver si aprovechas que tendrás la casa para ti sola..." - Con Pascualita y Pepe. ¿Por qué no te los llevas contigo a la Torre? - "Porque es una escapada sexual" - ¡Pero abuela, si vas a cumplir los 86!" - ¿Y qué tendrá que ver la velocidad con el tocino? en lugar de escandalizarte (que ya no tienes edad para eso) aprende de tus mayores, o sea yo y disfruta de la vida antes de que se te escape de entre las manos"
miércoles, 28 de marzo de 2012
- "Estaba nadando en una pequeña cala, con un temporal terrible. Ví venir una ola enorme y en lugar de asustarme le di la espalda y la salté límpiamente. Sentí como pasaba bajo mis pies. Después me acerqué a las rocas de la orilla y pedí a un hombre que me ayudara a salir del agua. Otro hombre que se encontraba entre el oleaje me gritó: ¡dáme una cañita para ver los peces!. Se la pedí al que me ayudaba y se la entregué, entonces se perdió de vista entre la espuma de las olas.
Una vez en tierra ví que en la otra orilla había unos jóvenes cedros del Líbano y no dudé en entrar de nuevo en el agua, curiosamente había unas rocas, redondas y llenas de líquenes, que me sirvieron de vado.
Una vez bajo los árboles me gustó su perfume y ví sus altas copas pero no podía verlos completos, para eso tenía que volver a la otra orilla y no había ningún puente que me llevara allí" - ¿Qué es todo este galimatías de buena mañana? - "Un sueño que he tenido... ¿qué te parece?" - Una tontería como la mayoría de los sueños - "¿No crees que dice que soy un culo de mal asiento?" - ¡Yo que sé!... además ¿cómo sabías que los cedros eran del Líbano? podrían ser de Pere Garau - "Sí... pero ya que los sueñas, mejor si son de sitios exóticos. ¡Es que ni para los sueños tienes imaginación!" - ¡Eh, eh! no empecemos que es muy temprano.
Cuando volví a casa después del trabajo, la abuela seguía dándole vueltas al sueño y comprendí que le había dado la lata toda la mañana a la pobre Pascualita porque, en lugar de estar sobre la pecera escuchándola atentamente, se había escondido dentro del barco hundido y apenas se le veía la cola.
Sentadas a la mesa saqué diversos temas de conversación con la intención de que no volviera a coger el hilo de su tema favorito del día y casi lo conseguí - "¿Es corrupto el que usa un coche del trabajo, sin permiso y lo usa para su divertimento?" - Yo diría que sí - "Me sé de dos que se les habrá pasado la borrachera para toda la vida" - ¡Menudo cargo de conciencia! Ni en sus peores pesadillas les debió ocurrir algo así - "Hablando de pesadillas..." - ¡Oh, no! - "Es que no me la puedo quitar de la cabeza. ¿Tan voluble soy?" - Eres cómo eres y ya está, no le des más vueltas - "¿Que debe pensar Andresito de mí? Tal vez por esto no se decide a hacer el viaje a Londres?" - O porque, en tiempo de crisis, no gasta tan alegremente como antes - "No, por eso no es. Piensa que acaba de heredar de su padre" - ¿Acaso tenía un palacete en Pedralbes? - "No, pero sí una preciosa Torre de los años 60 en el Paseo Marítimo" - ¿En serio?... ¿Y la heredará el Médico? - Sí, pero a su debido tiempo. Antes tengo que disfrutarla yo... de hecho, ya he empezado y este fin de semana lo pasaré allí" - ¿No vendrás a dormir? ¿No te da vergüenza? - "El que tiene vergüenza, ni come ni almuerza" - ¡No puedo entender que hagas éstas cosas a tus años! - "Precisamente lo hago por eso, por lo poco que me queda de estar en el convento jajajaja..." - No tienes remedio.
La Cotilla entró como un elefante en una cacharrería y dejó una llave sobre la mesa - Mi sobrino ya ha vuelto a trabajar... He oído risas ¿celebráis algo? - "No, pero podemos hacerlo. ¡Niña, trae el chinchón! ¡Por la Torre de Andresito!" - Atónita, la Cotilla exclamó ¡¿Tan grande la tiene?!
Una vez en tierra ví que en la otra orilla había unos jóvenes cedros del Líbano y no dudé en entrar de nuevo en el agua, curiosamente había unas rocas, redondas y llenas de líquenes, que me sirvieron de vado.
Una vez bajo los árboles me gustó su perfume y ví sus altas copas pero no podía verlos completos, para eso tenía que volver a la otra orilla y no había ningún puente que me llevara allí" - ¿Qué es todo este galimatías de buena mañana? - "Un sueño que he tenido... ¿qué te parece?" - Una tontería como la mayoría de los sueños - "¿No crees que dice que soy un culo de mal asiento?" - ¡Yo que sé!... además ¿cómo sabías que los cedros eran del Líbano? podrían ser de Pere Garau - "Sí... pero ya que los sueñas, mejor si son de sitios exóticos. ¡Es que ni para los sueños tienes imaginación!" - ¡Eh, eh! no empecemos que es muy temprano.
Cuando volví a casa después del trabajo, la abuela seguía dándole vueltas al sueño y comprendí que le había dado la lata toda la mañana a la pobre Pascualita porque, en lugar de estar sobre la pecera escuchándola atentamente, se había escondido dentro del barco hundido y apenas se le veía la cola.
Sentadas a la mesa saqué diversos temas de conversación con la intención de que no volviera a coger el hilo de su tema favorito del día y casi lo conseguí - "¿Es corrupto el que usa un coche del trabajo, sin permiso y lo usa para su divertimento?" - Yo diría que sí - "Me sé de dos que se les habrá pasado la borrachera para toda la vida" - ¡Menudo cargo de conciencia! Ni en sus peores pesadillas les debió ocurrir algo así - "Hablando de pesadillas..." - ¡Oh, no! - "Es que no me la puedo quitar de la cabeza. ¿Tan voluble soy?" - Eres cómo eres y ya está, no le des más vueltas - "¿Que debe pensar Andresito de mí? Tal vez por esto no se decide a hacer el viaje a Londres?" - O porque, en tiempo de crisis, no gasta tan alegremente como antes - "No, por eso no es. Piensa que acaba de heredar de su padre" - ¿Acaso tenía un palacete en Pedralbes? - "No, pero sí una preciosa Torre de los años 60 en el Paseo Marítimo" - ¿En serio?... ¿Y la heredará el Médico? - Sí, pero a su debido tiempo. Antes tengo que disfrutarla yo... de hecho, ya he empezado y este fin de semana lo pasaré allí" - ¿No vendrás a dormir? ¿No te da vergüenza? - "El que tiene vergüenza, ni come ni almuerza" - ¡No puedo entender que hagas éstas cosas a tus años! - "Precisamente lo hago por eso, por lo poco que me queda de estar en el convento jajajaja..." - No tienes remedio.
La Cotilla entró como un elefante en una cacharrería y dejó una llave sobre la mesa - Mi sobrino ya ha vuelto a trabajar... He oído risas ¿celebráis algo? - "No, pero podemos hacerlo. ¡Niña, trae el chinchón! ¡Por la Torre de Andresito!" - Atónita, la Cotilla exclamó ¡¿Tan grande la tiene?!
martes, 27 de marzo de 2012
- "¡La Justicia tiene sentido común! si todos tenemos que apretarnos el cinturón ¡y de qué manera! también tienen que hacerlo los políticos que nos obligan a ello. Un razonamiento lógico a todas luces que no entra en las entendederas de la Cúpula... ¿por qué? ¡ah! deben creer que son como los linces, una especie en peligro de extinción y nada más lejos de la realidad ¡proliferan como los topillos de La Mancha! Y si tienen que hacer más horas sin cobrarlas no hay que subirlos a los altares porque muchos otros funcionarios, tan capacitados o más que ellos, ya lo están haciendo. Siempre se ha dicho que hay que predicar con el ejemplo pero parece que ésta máxima no la conocen... ¿Y ahora qué pasará? pues que tendrán que devolver los cuartos que se subieron porque sí y porque son más guapos que nadie... ¡Ay, Pascualita, serás la Reina de los Mares cuando vuelvas a tu hábitat con todo lo que te estoy enseñando!"
- ¿Me estás hablando? - "No... como la sirena ya sabe la receta de las natillas, la estoy poniendo al día de las cosas que pasan por aquí... ¡Mírala qué guapa es y con cuánta atención me escucha! Ya podrías tú hacer lo mismo que no hay mejor consejo que el que da una abuela a su nieta" - Me los sé de memoria: búscate un novio; ten un hijo; echa una cana al aie día sí y el otro también, etc. etc... - "¿Y por qué no lo haces? además, novio ya tienes" - ¡Me acabo de enterar! - "No te hagas la tonta. El Médico se pirra por tus huesos" - Será deformación profesional. Además, es muy cansado estar con él - "¿Ah, sí? ¡Cuénta, cuénta! ¿Sabe hacer virguerías?" - ¿Pero es qué no sabes pensar en otra cosa? - "¿Hay algo más importante?" - Es pesado porque, cuando estamos juntos, no es felíz si no le arreo algún porrazo. Y si un día se me va la mano puedo desgraciarlo de por vida - "Si eso lo hace felíz ¿qué te cuesta?"
Llamaron a la puerta y ahí estaba el Municipal más guapo que un San Luís con su nuevo uniforme. Traía una órden de registro - ¿Otra? - Si por mí fuera no volvería a pisar ésta casa - "¿Quién es?" - preguntó la abuela desde la cocina - ¡El Municipal! - "¡Ay, Dios mío! Esta vez viene a por mí" y su voz sonaba a lamento - No, señora. Ni lo sueñe. Vengo a lo de siempre aunque ¿no sé para qué? - "¿Seguro que no viene a detenerme?" - Pero, abuela ¿a qué viene esto? - "Es que creo que soy corrupta... ¿Cree usted que saldré en la tele junto a Urdangarín y Matas?" - El Municipal me miró perplejo - ¿De qué habla? - ¡Yo que se! - Un ligero movimiento del vestido me bastó para saber que Pascualita estaba en su escote - Voy a proceder al registro - y se encaminó hacia el cuarto de la abuela - "¡No encontrará nada..." - Me lo imagino - ... "¡Es que no lo compré! Lo siento, lo siento" - ¿Qué es lo que no has comprado? - "El... el billete del tren... Lo cogí en Consell y... no vino el revisor..." - Bueno, pagarías al final para salir por las puertas automáticas... - "¡Sí, hombre! Me bajé en una estación que no las tiene... ¿Quiére un cafelito, señor guardia?" -
El registro duró cinco minutos escasos. Al hombre no se le ocurrió mirar entre las ropas de la abuela. Ella, rastrera, iba tras él lloriqueando y no se daba cuenta de que Pascualita resbalaba en su interior. Por más señas yo le hacía no me prestaba atención. Acabé cogiendo a Pepe y se lo lancé a la cabeza justo en el momento en que se inclinó para coger no sé qué y le dí de lleno al Municipal - ¡Huy! Perdone, es que se me ha escapado Pepe y... - ¡Me voy! Solo me faltaba que una cabeza decapitada tuviera vida propia... Si el Jefe quiere registros que venga él, antes está mi salud que el trabajo - Y se encaminó rápidamente hacia la salida seguido de la abuela que no dejaba de lado su babosa letanía - ¿y una copita de chinchón?... ¿seguro que no me denunciará?... tengo unas pastitas de té de Navidad que aún están buenas ¿quiere una?" - !Aaahhhggg! ¿Qué es esto? - Pascualita acababa de estamparse contra el suelo y se revolcaba de dolor, parecía una babosa repelente. El Municipal levantó el pie dispuesto a aplastarla y entonces a la abuela se nubló el entendimiento y le dio tal empujón que el pobre rodó el primer tramo de escalera. Aturdido, preguntó - ¿Por qué? - "Por despreciativo"
- ¿Me estás hablando? - "No... como la sirena ya sabe la receta de las natillas, la estoy poniendo al día de las cosas que pasan por aquí... ¡Mírala qué guapa es y con cuánta atención me escucha! Ya podrías tú hacer lo mismo que no hay mejor consejo que el que da una abuela a su nieta" - Me los sé de memoria: búscate un novio; ten un hijo; echa una cana al aie día sí y el otro también, etc. etc... - "¿Y por qué no lo haces? además, novio ya tienes" - ¡Me acabo de enterar! - "No te hagas la tonta. El Médico se pirra por tus huesos" - Será deformación profesional. Además, es muy cansado estar con él - "¿Ah, sí? ¡Cuénta, cuénta! ¿Sabe hacer virguerías?" - ¿Pero es qué no sabes pensar en otra cosa? - "¿Hay algo más importante?" - Es pesado porque, cuando estamos juntos, no es felíz si no le arreo algún porrazo. Y si un día se me va la mano puedo desgraciarlo de por vida - "Si eso lo hace felíz ¿qué te cuesta?"
Llamaron a la puerta y ahí estaba el Municipal más guapo que un San Luís con su nuevo uniforme. Traía una órden de registro - ¿Otra? - Si por mí fuera no volvería a pisar ésta casa - "¿Quién es?" - preguntó la abuela desde la cocina - ¡El Municipal! - "¡Ay, Dios mío! Esta vez viene a por mí" y su voz sonaba a lamento - No, señora. Ni lo sueñe. Vengo a lo de siempre aunque ¿no sé para qué? - "¿Seguro que no viene a detenerme?" - Pero, abuela ¿a qué viene esto? - "Es que creo que soy corrupta... ¿Cree usted que saldré en la tele junto a Urdangarín y Matas?" - El Municipal me miró perplejo - ¿De qué habla? - ¡Yo que se! - Un ligero movimiento del vestido me bastó para saber que Pascualita estaba en su escote - Voy a proceder al registro - y se encaminó hacia el cuarto de la abuela - "¡No encontrará nada..." - Me lo imagino - ... "¡Es que no lo compré! Lo siento, lo siento" - ¿Qué es lo que no has comprado? - "El... el billete del tren... Lo cogí en Consell y... no vino el revisor..." - Bueno, pagarías al final para salir por las puertas automáticas... - "¡Sí, hombre! Me bajé en una estación que no las tiene... ¿Quiére un cafelito, señor guardia?" -
El registro duró cinco minutos escasos. Al hombre no se le ocurrió mirar entre las ropas de la abuela. Ella, rastrera, iba tras él lloriqueando y no se daba cuenta de que Pascualita resbalaba en su interior. Por más señas yo le hacía no me prestaba atención. Acabé cogiendo a Pepe y se lo lancé a la cabeza justo en el momento en que se inclinó para coger no sé qué y le dí de lleno al Municipal - ¡Huy! Perdone, es que se me ha escapado Pepe y... - ¡Me voy! Solo me faltaba que una cabeza decapitada tuviera vida propia... Si el Jefe quiere registros que venga él, antes está mi salud que el trabajo - Y se encaminó rápidamente hacia la salida seguido de la abuela que no dejaba de lado su babosa letanía - ¿y una copita de chinchón?... ¿seguro que no me denunciará?... tengo unas pastitas de té de Navidad que aún están buenas ¿quiere una?" - !Aaahhhggg! ¿Qué es esto? - Pascualita acababa de estamparse contra el suelo y se revolcaba de dolor, parecía una babosa repelente. El Municipal levantó el pie dispuesto a aplastarla y entonces a la abuela se nubló el entendimiento y le dio tal empujón que el pobre rodó el primer tramo de escalera. Aturdido, preguntó - ¿Por qué? - "Por despreciativo"
lunes, 26 de marzo de 2012
Ya han llegado las moscas. Las he visto con mi ojo bueno ¡Que insectos más pesados!... Estoy pensando que quizás a Pascualita no le importe cambiar de menú: el dulce por las moscas. A los peces les gustan; creo que les gusta todo. A partir de ahora me voy a dedicar a cazarlas y dárselas a la sirena como si fueran un aperitivo. Si la cosa sale bien me ahorraré los euros de los matabichos.
Menuda tarde pasé, sola, dolorida y furiosa. Me dio tiempo a pensar en muchas cosas, esa de las moscas fue una de las brillantes ideas que se me ocurrieron, pero fue después de que arrinconara los sentimientos asesinos que rondaron por mi cabeza durante bastante tiempo. Desde que la sirena vive con nosotras la he salvado multitud de veces de ser descubierta o de morir asfixiada, aplastada, golpeada, y no sé de cuantas cosas más que terminan en ADA. ¿Para qué? me pregunto y al fin y al cabo, su cerebro no sabe lo que es la gratitud, de lo contrario no me vería ahora con el ojo hinchado.
- "¡Un éxito. Ha sido un éxito!... No puedes imaginarte el gentío que había en la manifestación!. Me ha recordado aquella otra en que salimos gritando NO a la guerra. Espero que nos hagan más caso que entonces, se hubiesen salvado muchísimas vidas pero, con tal de salir en la foto, hay personas que son capáces de todo¡Ha sido emocionante. Precioso!... es una lástima que no hayas querido venir..." - ¡Cómo que no he querido...! ¡no me saques de mis casillas que si me exalto el ojo me duele más! - "Cualquier cosa te sirve de excusa... Para rematar el día, el Baleares le ha ganado al Mallorca... Bueno, voy a cambiarme y me iré un rato al Funeral, hay muchas cosas que celebrar" - ¿Y yo qué? - "¿Qué de qué?" - ¿Tengo que quedarme sola otra vez? ¿quién me hará la cena? - "Prueba de hacértela tú, querida" - ¡Si no veo bien! - "Eres la reina de las excusas. ¿Te queda un ojo bueno, no? qué más quieres... y si te sientes sola llama a la Cotilla aunque no se si estará en su casa... jijiji, la he visto en la manifestación acompañada de un payés de muy bien ver ¡y parece tonta!" - Pobre hombre - "No te digo que no pero, hasta que descubra como es nuestra vecina, a ella se lo pasará bomba, cosa que no puedes decir tú" - ¡No empecemos! - "No, si no digo nada, solo que... tu arroz está punto de caducar y yo sin biznietos a los que sacar de paseo" - ¿No te ibas al Funeral? - Un rato después se oyó el taconeo de sus botas y el olor de su perfume la precedió - "¿Estoy guapa? No se para qué lo pregunto. Sé que lo estoy... Te quedas con Pascualita"
Me acerqué al "acuario". La sirena nadaba lentamente. En ese momento escuché un zumbido. Una mosca estaba en el cristal de la ventana. Mi instinto depredador se activó. Me acerqué lentamente. La mosca era joven, no tendría experiencia en esquivar manos pero me equivoqué, era lista y no se dejó atrapar. Volví a intentarlo una y otra vez pero la puñetera salía volando en el último segundo ¿se estába riendo de mí?. Mis nervios se me desataron. Ya no quería cazar a la mosca, la quería pulverizar y estrellé el puño contra el cristal.
Pascualita, sentada sobre el "acuario", no me quitaba ojo. Cuando el cristal se rompió, llenándome la mano de cortes, la puñetera sirena hizo el signo de OK., luego, rápida como el viento, saltó hacia la mosca que revoloteaba sobre ella y se la comió. Entró limpiamente en el agua, relamiéndose. Me serví una generosa copa de chinchón mientras curaba mis heridas y pensaba que no había en el mundo nadie más desgraciado que yo. Sin darme cuenta mojé un dedo en el licor y dejé que Pascualita lo lamiera... ¡ni más tonta!.
Menuda tarde pasé, sola, dolorida y furiosa. Me dio tiempo a pensar en muchas cosas, esa de las moscas fue una de las brillantes ideas que se me ocurrieron, pero fue después de que arrinconara los sentimientos asesinos que rondaron por mi cabeza durante bastante tiempo. Desde que la sirena vive con nosotras la he salvado multitud de veces de ser descubierta o de morir asfixiada, aplastada, golpeada, y no sé de cuantas cosas más que terminan en ADA. ¿Para qué? me pregunto y al fin y al cabo, su cerebro no sabe lo que es la gratitud, de lo contrario no me vería ahora con el ojo hinchado.
- "¡Un éxito. Ha sido un éxito!... No puedes imaginarte el gentío que había en la manifestación!. Me ha recordado aquella otra en que salimos gritando NO a la guerra. Espero que nos hagan más caso que entonces, se hubiesen salvado muchísimas vidas pero, con tal de salir en la foto, hay personas que son capáces de todo¡Ha sido emocionante. Precioso!... es una lástima que no hayas querido venir..." - ¡Cómo que no he querido...! ¡no me saques de mis casillas que si me exalto el ojo me duele más! - "Cualquier cosa te sirve de excusa... Para rematar el día, el Baleares le ha ganado al Mallorca... Bueno, voy a cambiarme y me iré un rato al Funeral, hay muchas cosas que celebrar" - ¿Y yo qué? - "¿Qué de qué?" - ¿Tengo que quedarme sola otra vez? ¿quién me hará la cena? - "Prueba de hacértela tú, querida" - ¡Si no veo bien! - "Eres la reina de las excusas. ¿Te queda un ojo bueno, no? qué más quieres... y si te sientes sola llama a la Cotilla aunque no se si estará en su casa... jijiji, la he visto en la manifestación acompañada de un payés de muy bien ver ¡y parece tonta!" - Pobre hombre - "No te digo que no pero, hasta que descubra como es nuestra vecina, a ella se lo pasará bomba, cosa que no puedes decir tú" - ¡No empecemos! - "No, si no digo nada, solo que... tu arroz está punto de caducar y yo sin biznietos a los que sacar de paseo" - ¿No te ibas al Funeral? - Un rato después se oyó el taconeo de sus botas y el olor de su perfume la precedió - "¿Estoy guapa? No se para qué lo pregunto. Sé que lo estoy... Te quedas con Pascualita"
Me acerqué al "acuario". La sirena nadaba lentamente. En ese momento escuché un zumbido. Una mosca estaba en el cristal de la ventana. Mi instinto depredador se activó. Me acerqué lentamente. La mosca era joven, no tendría experiencia en esquivar manos pero me equivoqué, era lista y no se dejó atrapar. Volví a intentarlo una y otra vez pero la puñetera salía volando en el último segundo ¿se estába riendo de mí?. Mis nervios se me desataron. Ya no quería cazar a la mosca, la quería pulverizar y estrellé el puño contra el cristal.
Pascualita, sentada sobre el "acuario", no me quitaba ojo. Cuando el cristal se rompió, llenándome la mano de cortes, la puñetera sirena hizo el signo de OK., luego, rápida como el viento, saltó hacia la mosca que revoloteaba sobre ella y se la comió. Entró limpiamente en el agua, relamiéndose. Me serví una generosa copa de chinchón mientras curaba mis heridas y pensaba que no había en el mundo nadie más desgraciado que yo. Sin darme cuenta mojé un dedo en el licor y dejé que Pascualita lo lamiera... ¡ni más tonta!.
domingo, 25 de marzo de 2012
Tenemos que tener mucho cuidado en no dejar nada dulce al alcance de Pascualita. Se ha vuelto una adicta al azúcar y a todas las cosas ricas que lo llevan. Después del atracón que se pegó en la caja de pastitas de té, ha engordado. No es conveniente que lo haga, entre otras cosas, porque luego no cabe en el termo.
La hemos puesto a régimen riguroso. Se pasa el día en el "acuario" para que haga ejercicio. Como no estaba por la labor a la abuela se le ocurrió la peregrina idea de atar un terrón de azúcar a un córdel y moverlo delante de la sirena instándola a cogerlo. Al principio funcionó y Pascualita quedó agotada de dar vueltas cada vez más deprisa. Satisfecha, la abuela bajó la guardia y dejó que el terrón se mojara. La sirena notó en su paladar su sabor dulce, a pesar de lo salada que está el agua, entonces fue ella la que trazó un plan: empezaría nadando en superficie para, poco a poco, ir bajando hasta llegar al fondo con lo cual a la abuela no le quedaría más remedio que meter el terrón cada vez más adentro. Se fundiría y Pascualita se relamería de gusto.
Cuando nos dimos cuenta de su engaño cambiamos el señuelo. Ahora le ponemos una gambita, de esas que se usan para pescar y al final, dejamos que se la coma. Lo hace pero nos mira con malos ojos y a veces nos tira un chorrito de agua envenenada.
La Cotilla cogió desprevenida a la abuela cuando aún empleaba el terrón de azúcar. - ¿Se puede saber qué haces? - "¡Eh!... Nada, nada... es que quiero saber cuanto... cuanto tarda el azúcar en fundirse" - Se ve que tens pocas feinas... - Para entonces Pascualita ya se había refugiado en el barco hundido.
A mediodía hemos ido a por unos pasteles para celebrar, de antemano, el éxito de la manifestación de ésta tarde en la cual Pascualita lucirá una nueva funda en su termo que la abuela le estuvo tejiendo ayer con los colores de la Senyera.
El tapón del termo no estaba enroscado y a la sirena le ha sido muy fácil levantarlo y tirarse de cabeza a una bandeja llena de pasteles de merengue. Ha sido visto y no visto. De repente uno de los pasteles dió un bajón, lo que nos indicó que la sirena había vaciado el interior, en seguida la vimos reptar hacia el de al lado donde repitió la misma operación. Una señora pidió media docena de aquellos pasteles y no podíamos permitir que se los llevara - "¡Perdone pero son para nosotras!. Los hemos pedido primero" - Imposible porque ustedes han llegado mucho después que yo - Las cuatro personas que iban antes que nosotras lo corroboraron - Nosotros también queremos pasteles de estos, así que tendrán que esperar su turno - "¡Imposible! Es cuestión de vida o muerte..." - ¿Qué diu ara aquesta? - ¡Quina poca vergonya que tenen! - "¡Mi hermano se muere y me ha pedido, como última voluntad, comer uno de estos pasteles para llevarse su sabor a la tumba" - ¡Ay, por Dios! - ¿Qué sera vere aixó?... Déselo... pobre hombre, que ideas tienen algunos ... pentura jo voldré tastar colque cosa mes... picant en es derré moment jajaja.... - Las risas llenaron la pastelería y aproveché que no me oían para pedir la bandeja entera. Cuando calló el parloteo nosotras salíamos con los últimos pasteles de merengue de quedaban.
Al llegar a casa urgué en todos ellos hasta dar con la golosa compulsiva. La tiré de mala manera al "acuario". Había echado a perder todos los pasteles y mi presupuesto. Me enfrenté a ella y la llamé "sirena asquerosa" porque la rabia me dominaba. La abuela fue a advertirme algo pero llegó tarde. El chorrito de agua acertó de lleno en mi ojo y he tenido que pasarme toda la tarde poniéndome gasas húmedas, tomando analgésicos y acordándome de la madre que la parió. En cambio la abuela y ella se han ido tan panchas a la manifestación. ¡Que vida más perra!
La hemos puesto a régimen riguroso. Se pasa el día en el "acuario" para que haga ejercicio. Como no estaba por la labor a la abuela se le ocurrió la peregrina idea de atar un terrón de azúcar a un córdel y moverlo delante de la sirena instándola a cogerlo. Al principio funcionó y Pascualita quedó agotada de dar vueltas cada vez más deprisa. Satisfecha, la abuela bajó la guardia y dejó que el terrón se mojara. La sirena notó en su paladar su sabor dulce, a pesar de lo salada que está el agua, entonces fue ella la que trazó un plan: empezaría nadando en superficie para, poco a poco, ir bajando hasta llegar al fondo con lo cual a la abuela no le quedaría más remedio que meter el terrón cada vez más adentro. Se fundiría y Pascualita se relamería de gusto.
Cuando nos dimos cuenta de su engaño cambiamos el señuelo. Ahora le ponemos una gambita, de esas que se usan para pescar y al final, dejamos que se la coma. Lo hace pero nos mira con malos ojos y a veces nos tira un chorrito de agua envenenada.
La Cotilla cogió desprevenida a la abuela cuando aún empleaba el terrón de azúcar. - ¿Se puede saber qué haces? - "¡Eh!... Nada, nada... es que quiero saber cuanto... cuanto tarda el azúcar en fundirse" - Se ve que tens pocas feinas... - Para entonces Pascualita ya se había refugiado en el barco hundido.
A mediodía hemos ido a por unos pasteles para celebrar, de antemano, el éxito de la manifestación de ésta tarde en la cual Pascualita lucirá una nueva funda en su termo que la abuela le estuvo tejiendo ayer con los colores de la Senyera.
El tapón del termo no estaba enroscado y a la sirena le ha sido muy fácil levantarlo y tirarse de cabeza a una bandeja llena de pasteles de merengue. Ha sido visto y no visto. De repente uno de los pasteles dió un bajón, lo que nos indicó que la sirena había vaciado el interior, en seguida la vimos reptar hacia el de al lado donde repitió la misma operación. Una señora pidió media docena de aquellos pasteles y no podíamos permitir que se los llevara - "¡Perdone pero son para nosotras!. Los hemos pedido primero" - Imposible porque ustedes han llegado mucho después que yo - Las cuatro personas que iban antes que nosotras lo corroboraron - Nosotros también queremos pasteles de estos, así que tendrán que esperar su turno - "¡Imposible! Es cuestión de vida o muerte..." - ¿Qué diu ara aquesta? - ¡Quina poca vergonya que tenen! - "¡Mi hermano se muere y me ha pedido, como última voluntad, comer uno de estos pasteles para llevarse su sabor a la tumba" - ¡Ay, por Dios! - ¿Qué sera vere aixó?... Déselo... pobre hombre, que ideas tienen algunos ... pentura jo voldré tastar colque cosa mes... picant en es derré moment jajaja.... - Las risas llenaron la pastelería y aproveché que no me oían para pedir la bandeja entera. Cuando calló el parloteo nosotras salíamos con los últimos pasteles de merengue de quedaban.
Al llegar a casa urgué en todos ellos hasta dar con la golosa compulsiva. La tiré de mala manera al "acuario". Había echado a perder todos los pasteles y mi presupuesto. Me enfrenté a ella y la llamé "sirena asquerosa" porque la rabia me dominaba. La abuela fue a advertirme algo pero llegó tarde. El chorrito de agua acertó de lleno en mi ojo y he tenido que pasarme toda la tarde poniéndome gasas húmedas, tomando analgésicos y acordándome de la madre que la parió. En cambio la abuela y ella se han ido tan panchas a la manifestación. ¡Que vida más perra!
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