¡No cabemos en casa. Estoy harta de decirlo pero no me escuchan. Se han quedado con la copla del Calor de Hogar dichoso y estamos como sardinas en lata. Además, ya no siento el calor de hogar de las narices, sino el olor a humanidad que invade todos los rincones. Porque no puedo abrir ventana alguna. En seguida alguien grita.: - ¡¡¡NOOOOOOO, QUE SE VA EL CALOR DE HOGAR!!!
Los responsables de que estemos tan estrechos la tiene los cubanitos culito (es un decir) respingones. A la hora de sentarnos a la mesa ocupan tres sillas cada uno. He tenido que emplear la tabla de planchar como asientos. Una vecina me ha prestado las sillas del balcón pero no han cabido en el comedor, así que hemos decidido comer por turnos. Cosa que no ha gustado nada a Geoooorge porque se pasa el día en la cocina y se ha declarado en huelga. Ha echo un cartel, lo ha grapado al palo de la escoba y se pasea por toda la casa anunciando su oposición al trabajo-esclavo. El cartel dice: ¡Mi no ser mujer!
La abuela y yo somos las únicas que sabemos que el volúmen de lo mordido por Pascualita, irá menguando poco a poco. Pero para eso faltan días y yo necesito libertad. Así que esta mañana, sin que me vieran, he salido al balcón, abriéndolo de par en par y he gritado: - ¡¡¡Quiero independencia!!! - a pleno pulmón.
Como por arte de magia, los huéspedes de mi casa, han caído sobre mi, placándome. Después, tirándome de los pies, me han metido dentro en el comedor y han cerrado de golpe la puerta del balcón. Segundos después han llamado, imperiosamente, al timbre. La Momia ha abierto y se ha encontrado con un grupo de antidisturbios. - ¡¡¡¿Quién ha gritado lo que no debería haber gritado?!!!
A la bisabuelastra los ojos le hacían chiribitas ante tanto hombre uniformado y los ha invitado a pasar: - No se irán de aquí sin haber brindado con chinchón. - No podemos. Estamos de servicio. - ¡Tonterías, mi general! - Solo soy sargento, señora. - ¿Qué me dice? Aquí está mi hijo, que pertenece a los que mandan y arreglará este enturto Por cierto... ¿hay algún soltero entre tanto cachas? ¿Sí? Pues hala, brindemos para que lo sean el menor tiempo posible. ¡Nena! Mira que ramillete de posibles futuros padres del bisnieto de tu abuela.
¡Que vergüenza pasé! aunque me duró poco porque el chinchón hizo milagros y esa sensación desapareció. Como también desapareció la suspicacia, por parte de los antidisturbios, por lo que pudieran llevar escondido en los pantalones, los cubanitos. Pero la Momia estaba sembrada y señaló que todo se debía a un ataque furibundo del ánima del primer marido de la mujer de su hijo. Pusieron cara de no entender. Bedulio puso cara de pánico. Y la Cotilla, levantando la botella de chinchón gritó: ¡Barra libre!
miércoles, 28 de febrero de 2018
martes, 27 de febrero de 2018
Frío Siberiano.
Todo el mundo ha venido a casa: los abuelitos, Geoooorge, la Momia y sus cubanitos culito- respingones, su nieto el Médico, la Cotilla, Bedulio y Blas el parado. Ha sido una invasión en toda regla. Menos mal que no han venido con las manos vacías.
Se han encontrado todos en la puerta de abajo y han entrado en tropel hasta el comedor. Por unos instantes pensé que era una manifestación que se había equivocado de ruta, luego vi que no llevaban pancartas y me preocupé más aún.
La invasión me pilló tan de sorpresa que Pascualita y yo estábamos durmiendo ante la tele, "viendo" a la Esteban. Nos despertó el jaleo que hacían: - "¡Rápido, cerrad la puerta! ¡¡¡Que no se escape!!!" - La abuela, como siempre, llevaba la voz cantante.
Me costó reconocer a los cubanitos culito-respingones. Iban tan tapados que solo se les veían los ojos pero conservaban sus andares con ritmo de samba.
Metí a Pascualita en el bolsillo de la bata. - ¿Qué pasa? ¿Quién va a escaparse? - ¡El calor! ¿qué va a ser? ¡¿Un novio?! jajajajajaja (que mala uva tiene la Cotilla) - "Geooorge ¡a la cocina! Y enciende el horno". - Andresito, haciendo piña con su mayordomo, le siguió.
Bedulio paseó su escrutadora mirada por todos los rincones, después, tímidamente, preguntó: - ¿Hay... alguien...? - ¿El ánima de mi abuelito primero? Siempre ronda por aquí. - ¿Ahora está... ? - De momento, no lo veo. - Pareció tranquilizarse.
El Médico se me acercó, meloso: - Espero que me regales algunas de tus patadas espinilleras antes de irme. - No lo dudes (le ofrecí una sonrisa encantadora) - Tendrías que probar el sadomasoquismo, cariño. - Le arreé con un florero en la cabeza. - Esto es para ir abriendo boca (dije y me miró embelesado... o medio grogui. No lo tengo muy claro)
La Momia se acercó, tan cariñosa como siempre, para eso es mi bisabuelastra. - Tenía razón tu abuela. Aquí se está taaaaaan bien, nena. - ¿Mejor que en la Torre del Paseo Marítimo? - ¡Dónde va a parar! ¡No hay color! - Quedé impresionada y triste. A la Momia empezaba a fallarle la cabeza... Claro que con los ciento y pico de años que tiene, ya le toca. ¿Cómo se va a estar mejor aquí que en su enorme casa?
Me dirigí a Blas el parado. - ¿Qué hacéis aquí? - ¡Calentarnos! Los cartones y las mantas no bastan en la calle. - La abuela me lo aclaró - "El frío siberiano nos ha traído a tu casa: es pequeña, las estufas de butano calientan rápido y al ser muchos se siente el Calor de hogar." - Me temía lo peor. - ¿También os quedaréis a dormir? - "Mientras haga éste frío, si"
Las sillas se llenaron de ropa de abrigo a medida que se iban despojando de ella. De pronto me acordé de Pascualita. Tenía que meterla en el acuario antes de que se enfadase y yo pagara las consecuencia. Esperé a verlos a todos despistados y lancé a la sirena por los aires, ya que me era imposible llegar hasta el aparador con tanta gente apiñada. Y unos segundos antes de que se zambullera se topó con los cubanitos culito-respingones que pasaban por allí. Como tiene por costumbre, la sirena se agarró con los dientes a la parte más sobresaliente: sus culos. Iban tan juntos que cayó entre ambos y repartió mordiscos a diestro y siniestro.
¡La que se lió! Los dos cubanitos corriendo, saltando, llorando, gritando, moqueando... mientras el volumen de sus culitos crecía a ojos vista. - Gracias a mi destreza, el arrancar a Pascualita fue visto y no visto. Esta vez la sirena comió doble y la vi relamerse mientras se escondía entre las algas del fondo del acuario.
Todos se encerraron, apelotonados, en la cocina por lo que pudiera pasar. En cambio, la Momia era la mujer más feliz del mundo, - Ay, nena (me decía) ¡Dále las gracias a tu primer abuelito! ¡¡¡ME ENCANTAAAAAAA!!!
Se han encontrado todos en la puerta de abajo y han entrado en tropel hasta el comedor. Por unos instantes pensé que era una manifestación que se había equivocado de ruta, luego vi que no llevaban pancartas y me preocupé más aún.
La invasión me pilló tan de sorpresa que Pascualita y yo estábamos durmiendo ante la tele, "viendo" a la Esteban. Nos despertó el jaleo que hacían: - "¡Rápido, cerrad la puerta! ¡¡¡Que no se escape!!!" - La abuela, como siempre, llevaba la voz cantante.
Me costó reconocer a los cubanitos culito-respingones. Iban tan tapados que solo se les veían los ojos pero conservaban sus andares con ritmo de samba.
Metí a Pascualita en el bolsillo de la bata. - ¿Qué pasa? ¿Quién va a escaparse? - ¡El calor! ¿qué va a ser? ¡¿Un novio?! jajajajajaja (que mala uva tiene la Cotilla) - "Geooorge ¡a la cocina! Y enciende el horno". - Andresito, haciendo piña con su mayordomo, le siguió.
Bedulio paseó su escrutadora mirada por todos los rincones, después, tímidamente, preguntó: - ¿Hay... alguien...? - ¿El ánima de mi abuelito primero? Siempre ronda por aquí. - ¿Ahora está... ? - De momento, no lo veo. - Pareció tranquilizarse.
El Médico se me acercó, meloso: - Espero que me regales algunas de tus patadas espinilleras antes de irme. - No lo dudes (le ofrecí una sonrisa encantadora) - Tendrías que probar el sadomasoquismo, cariño. - Le arreé con un florero en la cabeza. - Esto es para ir abriendo boca (dije y me miró embelesado... o medio grogui. No lo tengo muy claro)
La Momia se acercó, tan cariñosa como siempre, para eso es mi bisabuelastra. - Tenía razón tu abuela. Aquí se está taaaaaan bien, nena. - ¿Mejor que en la Torre del Paseo Marítimo? - ¡Dónde va a parar! ¡No hay color! - Quedé impresionada y triste. A la Momia empezaba a fallarle la cabeza... Claro que con los ciento y pico de años que tiene, ya le toca. ¿Cómo se va a estar mejor aquí que en su enorme casa?
Me dirigí a Blas el parado. - ¿Qué hacéis aquí? - ¡Calentarnos! Los cartones y las mantas no bastan en la calle. - La abuela me lo aclaró - "El frío siberiano nos ha traído a tu casa: es pequeña, las estufas de butano calientan rápido y al ser muchos se siente el Calor de hogar." - Me temía lo peor. - ¿También os quedaréis a dormir? - "Mientras haga éste frío, si"
Las sillas se llenaron de ropa de abrigo a medida que se iban despojando de ella. De pronto me acordé de Pascualita. Tenía que meterla en el acuario antes de que se enfadase y yo pagara las consecuencia. Esperé a verlos a todos despistados y lancé a la sirena por los aires, ya que me era imposible llegar hasta el aparador con tanta gente apiñada. Y unos segundos antes de que se zambullera se topó con los cubanitos culito-respingones que pasaban por allí. Como tiene por costumbre, la sirena se agarró con los dientes a la parte más sobresaliente: sus culos. Iban tan juntos que cayó entre ambos y repartió mordiscos a diestro y siniestro.
¡La que se lió! Los dos cubanitos corriendo, saltando, llorando, gritando, moqueando... mientras el volumen de sus culitos crecía a ojos vista. - Gracias a mi destreza, el arrancar a Pascualita fue visto y no visto. Esta vez la sirena comió doble y la vi relamerse mientras se escondía entre las algas del fondo del acuario.
Todos se encerraron, apelotonados, en la cocina por lo que pudiera pasar. En cambio, la Momia era la mujer más feliz del mundo, - Ay, nena (me decía) ¡Dále las gracias a tu primer abuelito! ¡¡¡ME ENCANTAAAAAAA!!!
lunes, 26 de febrero de 2018
Libertad de expresión.
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Estoy como unas castañuelas, boba de Coria! - ¿Y yo qué culpa tengo, Cotilla? - ¡España está cambiando a pasos agigantados! - ¿Para bien o para mal? - ¡Para mi querido gurú, Luis Bárcenas, para bien! - ¿No me diga que él y sus compañeros se han ido de rositas? - Todavía, no, pero las prespectivas no pueden ser mejores ¡Levántate y saca el chinchón! - Son las ¡cinco de la madrugada!... - A quien madruga, Dios le ayuda. Urdangarín debe madrugar mucho porque le ha ayudado Dios, sino, no me lo explico... Y si lo dejan libre a él ¿Cómo no van a hacer lo mismo con mi gurú y compañía? - ¿Y dice que lo ha ayudado Dios? Entones estamos apañados.
Llamaron al timbre. - ¿No será Dios? (dije, alarmada) Era Andresito - ¿No vendrás a pedirme asilo familiar? - Es que estoy muy contento y tenía que contárselo a alguien. - ¿Por qué no a tu mujer? - Está durmiendo y tiene muy mal despertar. - El Abuelito se sentó en mi cama. - Estoy feliz porque se está haciendo justicia en éste Pais. - ¿Estás seguro? - Las personas de bien, que van trajeados, repeinados, oliendo a colonia carísima, la manicura perfecta, los dientes blanquísimos y pulserita con la bandera española, no van a a cárcel. ¡Menos mal! - ¿También te iban a meter a ti? - ¡Dios me libre! - Cuanto trabajo le dáis a Dios ultimamente, abuelito.
Amanecía cuando la abuela entró taconeando fuerte. - "Estoy preocupada" - Todos la miramos. - ¿Por qué? - "Han detenido a la Libertad de Expresión" - ¡Vaya por Dios! - "¡La van a encarcelar!" - Algunos se pasaron de rosca y luego pasa lo que pasa.(comentó el abuelito con mal disimulada alegría) - "¡Tu no comes hoy en casa!" - ¡Pero si dijiste que habría mariscada! - "¡Y la habrá, pero no para ti! En la manifestación del día 8 pediremos su libertad" - Andresito se había enfadado. - ¿De los mariscos? (había rabia en su voz) - "De la Libertad de expresión"
- ¿Sigues con la idea de ir a esa manifestación? - "Naturalmente. Y voy a proponer que vayamos todas disfrazadas de Puigdemont, para echarnos unas risas, como le pasó a Joaquín Reyes" - Yo no iría (el abuelito tanteaba el terreno) - "Pues no vengas" - Pero es que... - "Ni pero, ni pera." - No se puede discutir con tu abuela, nena.
Pascualita, harta de que nadie le hiciera caso y sin desayunar, daba saltos mortales en el acuario y a punto estuvo de vaciarlo llenando de agua de mar el suelo del comedor. La Cotilla se alteró. - ¿Qué pasa ahí? - Será el abuelito. - Entonces la vecina miró en derredor y nos vio a todos, abuelito incluído. Lo señaló con un dedo tembloroso. - ¿E... es... te? - No, el otro. (dije, con gran desparpajo) La cara de la Cotilla cobró un color gris-verdoso muy desagradable.
Llamaron al timbre. - ¿No será Dios? (dije, alarmada) Era Andresito - ¿No vendrás a pedirme asilo familiar? - Es que estoy muy contento y tenía que contárselo a alguien. - ¿Por qué no a tu mujer? - Está durmiendo y tiene muy mal despertar. - El Abuelito se sentó en mi cama. - Estoy feliz porque se está haciendo justicia en éste Pais. - ¿Estás seguro? - Las personas de bien, que van trajeados, repeinados, oliendo a colonia carísima, la manicura perfecta, los dientes blanquísimos y pulserita con la bandera española, no van a a cárcel. ¡Menos mal! - ¿También te iban a meter a ti? - ¡Dios me libre! - Cuanto trabajo le dáis a Dios ultimamente, abuelito.
Amanecía cuando la abuela entró taconeando fuerte. - "Estoy preocupada" - Todos la miramos. - ¿Por qué? - "Han detenido a la Libertad de Expresión" - ¡Vaya por Dios! - "¡La van a encarcelar!" - Algunos se pasaron de rosca y luego pasa lo que pasa.(comentó el abuelito con mal disimulada alegría) - "¡Tu no comes hoy en casa!" - ¡Pero si dijiste que habría mariscada! - "¡Y la habrá, pero no para ti! En la manifestación del día 8 pediremos su libertad" - Andresito se había enfadado. - ¿De los mariscos? (había rabia en su voz) - "De la Libertad de expresión"
- ¿Sigues con la idea de ir a esa manifestación? - "Naturalmente. Y voy a proponer que vayamos todas disfrazadas de Puigdemont, para echarnos unas risas, como le pasó a Joaquín Reyes" - Yo no iría (el abuelito tanteaba el terreno) - "Pues no vengas" - Pero es que... - "Ni pero, ni pera." - No se puede discutir con tu abuela, nena.
Pascualita, harta de que nadie le hiciera caso y sin desayunar, daba saltos mortales en el acuario y a punto estuvo de vaciarlo llenando de agua de mar el suelo del comedor. La Cotilla se alteró. - ¿Qué pasa ahí? - Será el abuelito. - Entonces la vecina miró en derredor y nos vio a todos, abuelito incluído. Lo señaló con un dedo tembloroso. - ¿E... es... te? - No, el otro. (dije, con gran desparpajo) La cara de la Cotilla cobró un color gris-verdoso muy desagradable.
domingo, 25 de febrero de 2018
La Cotilla está que trina.
Menudo enfado llevaba la Cotilla cuando a venido a casa a desayunar. - ¡Avemariapurírimaaaaaaaa! ¿Dónde está la caridad cristiana de éste individuo? ¡¿Dónde?! ¡¡¡¿DONDE?!!! - Tranquila, que le va a dar un patatús... - ¡Avaricioso! ¡¿No le dará vergüenza quitarle el pan a una pobre pensionista que no llega a fin de mes?! ¡¡¡EN EL INFIERNO TENDRÍA QUE ARDER!!!
- Cotilla, me está asustando ¿Qué pasa? - La pobre apenas podía hablar del sofocón que tenía encima. Nunca la había visto así. Iba y venía de la cocina a la puerta de la calle y vuelta a empezar. - ¡Pare, que me hará un surco en las baldosas! - ¡Lo que ha hecho no tiene nombre! - ¿De quién habla y qué ha hecho?
- He ido, como todos los días, a "limpiar" los cepillos de las iglesias y... aaaayyyy... (¡suspiros de España!) ... en el que suelen dejar más limosnas ¡estaba vacío!...¡snif!... - Quizás los feligreses no fueron espléndidos... - Si hubiese sido así no estaría tan acongojada ¡ni tan furiosa! ¡¡¡HA SIDO EL CURA!!!
- ¿Ha llegado antes que usted? Se lo tiene merecido. No se roba y menos en las iglesias... - ¿A ti quién te ha dado vela en éste entierro, boba de Coria? - Pero yo seguí machacando el tema. - Las limosnas son para redondear su sueldo... - ¡Ya te diré yo para que las quiere el cura! - A ver si va a soltar cualquier barbaridad y luego se va a arrepentir.
La abuela llegó acompañada de Geoooorge. - "Vengo del mercado y te dejo este saco de aceitunas. Mañana vendré y las arreglaremos" - ¿Por qué en mi casa? - "Para no manchar la mía. No ves que mi cocina es de diseño. ¿Y a ti qué te pasa, Cotilla?" - Dice que el cura de una de "sus" iglesias se ha quedado con las limosnas del cepillo (me apresuré a ponerla en antecedentes) - "Buenooooooo, un cura que te ha tomado la medida jajajajajajaja"
Saqué el chinchón para ir aprovechando el tiempo mientras la Cotilla se quejaba. Después de unas copitas seguía con su cantinela. - "¿Vas a decirnos de una vez para qué quería el cura ese dinero, según tu? " - ¡Para ir de picospardos! - "¿Puedes concretar más?" - ¡¡¡DE PUTAS!!! y lo he denunciado al obispado. - "¡Acusica!" - ¡De eso, nada! Solo defiendo mis intereses. - "¿No te importa que vaya al prostíbulo?" - ¿Qué me va a importar? Que haga de su capa un sayo... ¡¡¡PERO NO CON MI DINERO!!!
Pascualita subió rauda, desde el fondo del acuario, al oír las voces. Me puse las gafas de sol para evitar males mayores y vertí un chorrito de chinchón en el agua de mar. Fue mano de santo. Bajó tras el licor y se desentendió de nosotras.
- Cotilla, me está asustando ¿Qué pasa? - La pobre apenas podía hablar del sofocón que tenía encima. Nunca la había visto así. Iba y venía de la cocina a la puerta de la calle y vuelta a empezar. - ¡Pare, que me hará un surco en las baldosas! - ¡Lo que ha hecho no tiene nombre! - ¿De quién habla y qué ha hecho?
- He ido, como todos los días, a "limpiar" los cepillos de las iglesias y... aaaayyyy... (¡suspiros de España!) ... en el que suelen dejar más limosnas ¡estaba vacío!...¡snif!... - Quizás los feligreses no fueron espléndidos... - Si hubiese sido así no estaría tan acongojada ¡ni tan furiosa! ¡¡¡HA SIDO EL CURA!!!
- ¿Ha llegado antes que usted? Se lo tiene merecido. No se roba y menos en las iglesias... - ¿A ti quién te ha dado vela en éste entierro, boba de Coria? - Pero yo seguí machacando el tema. - Las limosnas son para redondear su sueldo... - ¡Ya te diré yo para que las quiere el cura! - A ver si va a soltar cualquier barbaridad y luego se va a arrepentir.
La abuela llegó acompañada de Geoooorge. - "Vengo del mercado y te dejo este saco de aceitunas. Mañana vendré y las arreglaremos" - ¿Por qué en mi casa? - "Para no manchar la mía. No ves que mi cocina es de diseño. ¿Y a ti qué te pasa, Cotilla?" - Dice que el cura de una de "sus" iglesias se ha quedado con las limosnas del cepillo (me apresuré a ponerla en antecedentes) - "Buenooooooo, un cura que te ha tomado la medida jajajajajajaja"
Saqué el chinchón para ir aprovechando el tiempo mientras la Cotilla se quejaba. Después de unas copitas seguía con su cantinela. - "¿Vas a decirnos de una vez para qué quería el cura ese dinero, según tu? " - ¡Para ir de picospardos! - "¿Puedes concretar más?" - ¡¡¡DE PUTAS!!! y lo he denunciado al obispado. - "¡Acusica!" - ¡De eso, nada! Solo defiendo mis intereses. - "¿No te importa que vaya al prostíbulo?" - ¿Qué me va a importar? Que haga de su capa un sayo... ¡¡¡PERO NO CON MI DINERO!!!
Pascualita subió rauda, desde el fondo del acuario, al oír las voces. Me puse las gafas de sol para evitar males mayores y vertí un chorrito de chinchón en el agua de mar. Fue mano de santo. Bajó tras el licor y se desentendió de nosotras.
sábado, 24 de febrero de 2018
Cómo está el mundo, Facundo.
Pascualita está rara. Parece que la carne de serpiente no le ha caído bien. Si es que estos bichos no son apetecibles ¿Cómo vamos a comernos un zapato o un bolso en ciernes? He intentado explicárselo pero ha pasado de mi.
Pepe podría contárselo puesto que ha vivido en las selvas de Papúa Nueva Guinea y habrá comido de eso, pero es tan discreto que no es capáz de decir ni mu. Si fuese parlanchín (o parlanchina, cualquiera sabe) se abría descosido los labios. A veces creo que conoce el refrán que dice: en boca cerrada no entran moscas... ¡Anda! ahora recuerdo que de cuello para abajo no hay nada ¡se lo comieron los caníbales!.. ¡Que lección me está dando el pobre porque, a pesar de todo, está trabajando... de llavero. Espero que la abuela no caiga en éste detalle porque pasará el resto de su vida dándome la tabarra.
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¿Estás pensando en las musarañas, boba de Coria? - En cosas mucho más importantes, Cotilla. - ¿En una nueva letra para un himno? - ¿Qué himno? - ¡Yo qué sé! Es algo que está de moda ahora. ¿Qué vamos a comer hoy? - Yo, fabada. Usted no sé. - No creo que sea muy conveniente este menú con el tiempo que hace. - ¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino? (mi tono fue despectivo) - Porque hace un frío que pela y tendrás que tener las ventanas abiertas para no asfixiarte jajajajajaja Oye, cuando abras el bote échale arroz y comemos las dos. - ¡Así sí que tendremos que abrir!
La Cotilla se salió con la suya y se quedó a comer. Cuando nos sentamos en la salita con el café y el chinchón, íbamos envueltas en mantas zamoranas, gorro, guantes y bufandas. Al chinchón lo flambeamos para que estuviera caliente porque, con la ventana y el balcón de par en par, en casa estábamos a 5º bajo cero.
Después de cuatro copas la Cotilla se puso a divagar. Su soliloquio me producía sopor. Me repantigué en el sofá escuchado ésta tontería: ... y al Rayo Vallecano lo han multado con 30.000 euros... - ¿30.000? (musité) jopé. - ... la Comisión contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia... ¿me estás escuchado? - Síiiii... - ... y la Intolerancia por exhibir en su campo un mosaico contra el Racismo...
- Cotilla, deje ya el chinchón porque dice tonterías... - Es que no habían avisado a dicha Comisión. - Cerré los ojos y me dejé llevar. Mi último pensamiento fue: ¿necesitarán dinerito para irse... de juerga?... Que jodíos...zzzzzzzzzzzzz
Pepe podría contárselo puesto que ha vivido en las selvas de Papúa Nueva Guinea y habrá comido de eso, pero es tan discreto que no es capáz de decir ni mu. Si fuese parlanchín (o parlanchina, cualquiera sabe) se abría descosido los labios. A veces creo que conoce el refrán que dice: en boca cerrada no entran moscas... ¡Anda! ahora recuerdo que de cuello para abajo no hay nada ¡se lo comieron los caníbales!.. ¡Que lección me está dando el pobre porque, a pesar de todo, está trabajando... de llavero. Espero que la abuela no caiga en éste detalle porque pasará el resto de su vida dándome la tabarra.
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¿Estás pensando en las musarañas, boba de Coria? - En cosas mucho más importantes, Cotilla. - ¿En una nueva letra para un himno? - ¿Qué himno? - ¡Yo qué sé! Es algo que está de moda ahora. ¿Qué vamos a comer hoy? - Yo, fabada. Usted no sé. - No creo que sea muy conveniente este menú con el tiempo que hace. - ¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino? (mi tono fue despectivo) - Porque hace un frío que pela y tendrás que tener las ventanas abiertas para no asfixiarte jajajajajaja Oye, cuando abras el bote échale arroz y comemos las dos. - ¡Así sí que tendremos que abrir!
La Cotilla se salió con la suya y se quedó a comer. Cuando nos sentamos en la salita con el café y el chinchón, íbamos envueltas en mantas zamoranas, gorro, guantes y bufandas. Al chinchón lo flambeamos para que estuviera caliente porque, con la ventana y el balcón de par en par, en casa estábamos a 5º bajo cero.
Después de cuatro copas la Cotilla se puso a divagar. Su soliloquio me producía sopor. Me repantigué en el sofá escuchado ésta tontería: ... y al Rayo Vallecano lo han multado con 30.000 euros... - ¿30.000? (musité) jopé. - ... la Comisión contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia... ¿me estás escuchado? - Síiiii... - ... y la Intolerancia por exhibir en su campo un mosaico contra el Racismo...
- Cotilla, deje ya el chinchón porque dice tonterías... - Es que no habían avisado a dicha Comisión. - Cerré los ojos y me dejé llevar. Mi último pensamiento fue: ¿necesitarán dinerito para irse... de juerga?... Que jodíos...zzzzzzzzzzzzz
viernes, 23 de febrero de 2018
¡Qué nochecita!
Estoy para el arrastre. Me he pasado la noche sobre la mesa de la cocina esperando que volviera la Cotilla a buscar a la dichosa boa. Lo ha hecho ésta mañana. Y después de reírse de mi, ha entrado en la despensa, ha cogido a la bicha que estaba enrosaca sobre el saco de patatas, según me ha dicho. Después ha echo unos cuantos amagos de tirarme la serpiente encima pero yo he sido más rápida y le he tirado un zapato a la cabeza. Se ha enfadado porque: - ¡No sabes aguantar una broma, boba de Coria! - y se ha marchando dando un portazo.
Ha sido una noche toledana la que he pasado. Tenía tanto frío y estaba tan incómoda que no sabía cómo ponerme hasta que me he fijado en Pepe. La cabeza jibarizada, que necesita muy poco sitio, estaba sola en su estantería. No me ha parecido justo y me he subido con ella pensando que nos daríamos calor mutuamente... Además, allí había una botella de chinchón que me calentaría por dentro.
En cuanto he subido y estirado en la estantería, ésta se ha venido abajo con gran estruendo. ¡Menuda costalada me he dado! menos mal que, al rebotar en la mesa, he amortiguado el golpe. Apenas he tocado el suelo me he levantado de un salto y subido de nuevo a la mesa. Ha podido más el miedo a la serpiente que el dolor del golpe. La peor parada ha sido la botella de chinchón que se ha roto y el líquido se ha extendido por toda la cocina.
Aterrada, he visto llegar a la boa reptando desde el comedor. ¡Pascualita! pensé . ¿Se la habrá comido? - ¡¡¡Aaaaayyyyyyyyyyyyyyy, que pena y que dolooooooor, más grandeeeeeeeee!!! ¡Me he quedado sin el único ejemplar de sirena que existía en el mundooooo. Aaaayyyyyyyyyyyyy!- Y así me he pasado un buen rato. Total, no tenía nada mejor que hacer y como dicen que quien llora no mea, razón de más porque, con ese bicho arrastrándose por el suelo, no pienso moverme de la mesa.
Escuché los golpes en la puerta porque paré de gritar unos segundos para coger aire. - ¡¡¡CALLA YA, JODIA, QUE LAS SAETAS SON PARA EL MES QUE VIENE!!! - Que poco aguante tienen mis vecinos.
Me callé. Unos movimientos convulsivos llamaron mi atención.La serpiente se enroscaba y desenroscaba, daba brincos, se estiraba tan larga era... Pensé que eran cosas de su raza hasta que, en uno de los giros, vi a Pascualita agarrada con los dientes, para no caerse, al cuello del bicho. ¡Le había mordido y estaba haciendo el baile ritual que hemos hecho todos los que hemos sido mordidos por la puñetera sirena. ¡Pero había más! La serpiente estaba borracha como una cuba después de beber chinchón durante un buen rato. Finalmente y antes de caer en un coma etílico, desapareció de mi vista.
A Pascualita le acerqué un paño de cocina y le costó muchísimo adivinar, debido a la borrachera, cual de todos los paños que veía, era el real. Finalmente lo sujetó y pude izarla a la mesa. Cosa que no pude hacer con Pepe que, empapado en licor, seguía sin abrir la boca.
Ha sido una noche toledana la que he pasado. Tenía tanto frío y estaba tan incómoda que no sabía cómo ponerme hasta que me he fijado en Pepe. La cabeza jibarizada, que necesita muy poco sitio, estaba sola en su estantería. No me ha parecido justo y me he subido con ella pensando que nos daríamos calor mutuamente... Además, allí había una botella de chinchón que me calentaría por dentro.
En cuanto he subido y estirado en la estantería, ésta se ha venido abajo con gran estruendo. ¡Menuda costalada me he dado! menos mal que, al rebotar en la mesa, he amortiguado el golpe. Apenas he tocado el suelo me he levantado de un salto y subido de nuevo a la mesa. Ha podido más el miedo a la serpiente que el dolor del golpe. La peor parada ha sido la botella de chinchón que se ha roto y el líquido se ha extendido por toda la cocina.
Aterrada, he visto llegar a la boa reptando desde el comedor. ¡Pascualita! pensé . ¿Se la habrá comido? - ¡¡¡Aaaaayyyyyyyyyyyyyyy, que pena y que dolooooooor, más grandeeeeeeeee!!! ¡Me he quedado sin el único ejemplar de sirena que existía en el mundooooo. Aaaayyyyyyyyyyyyy!- Y así me he pasado un buen rato. Total, no tenía nada mejor que hacer y como dicen que quien llora no mea, razón de más porque, con ese bicho arrastrándose por el suelo, no pienso moverme de la mesa.
Escuché los golpes en la puerta porque paré de gritar unos segundos para coger aire. - ¡¡¡CALLA YA, JODIA, QUE LAS SAETAS SON PARA EL MES QUE VIENE!!! - Que poco aguante tienen mis vecinos.
Me callé. Unos movimientos convulsivos llamaron mi atención.La serpiente se enroscaba y desenroscaba, daba brincos, se estiraba tan larga era... Pensé que eran cosas de su raza hasta que, en uno de los giros, vi a Pascualita agarrada con los dientes, para no caerse, al cuello del bicho. ¡Le había mordido y estaba haciendo el baile ritual que hemos hecho todos los que hemos sido mordidos por la puñetera sirena. ¡Pero había más! La serpiente estaba borracha como una cuba después de beber chinchón durante un buen rato. Finalmente y antes de caer en un coma etílico, desapareció de mi vista.
A Pascualita le acerqué un paño de cocina y le costó muchísimo adivinar, debido a la borrachera, cual de todos los paños que veía, era el real. Finalmente lo sujetó y pude izarla a la mesa. Cosa que no pude hacer con Pepe que, empapado en licor, seguía sin abrir la boca.
jueves, 22 de febrero de 2018
Lo que faltaba para el duro.
Hoy mi casa parecía la Puerta del Sol en hora punta. Estaba yo en el mejor de los sueños cuando ha sonado el móvil. A tientas, lo he metido en el cajón de la mesita de noche y lo he cerrado. Más tarde ha tocado el timbre del teléfono fijo que está en el comedor. Me he levantado, lo he descolgado y he vuelto a la cama.
Más tarde he sido zarandeada por unas manos huesudas - ¡¿Ha llamado tu abuela, boba de Coria?! - Las legañas me impedían abrir los ojos, así que abrí el cajón a ciegas y señalé dentro. - Te ha llamado varias veces. ¡Te va a caer la del pulpo!
Mientras yo recaía en brazos de Morfeo, escuché hablar a la Cotilla. - ¿A qué hora quedamos y dónde?... ¡duerme! No sabe hacer otra cosa ésta nieta tuya... No se merece la Torre del Paseo Marítimo... en cambio yo... ¡Qué sí, te he oído! Hasta luego.
Mientras arrastraba los pies camino de la cocina para desayunar, la abuela entró como un torbellino . "¡Se nos va lo más granado de la juventud, nena. Y tú aquí, tan pancha!" - ¿Otro amigo que añadir a la pared de los Finados de El Funeral? - "Forges" - ¡Anda, como el humorista gráfico! - "¡Que cruz tengo contigo! ¡¡¡ES ESE FORGES!!! - ¿Has dicho "juventud"?... Ah. claro. Solo tenía 76 años y tú... ejem... Vale, te he entendido, abuela.
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaa Mira la hora que es y aún no he desayunado. Por cierto: ha muerto Forges, he visto la noticia en un periódico que "me he encontrdo por ahí". - Cotillaaa... - La de cosas que olvida la gente a éstas horas... - ¡YA!
- "Dejad de discutir y vamos a la manifestación" - Que lo paséis bien. - "¿No vienes?" - ¡Pots pensar! - ¿No? Protestaremos por las pensiones. - Pues bueno, pues vale, pues me alegro. - ¿No piensas llegar a vieja? allá tú pero, si llegas, te verás como nosotras: fanés y descangallás.
La Cotilla no se dio cuenta, pero acababa de pronunciar una de las palabras más vetada en presencia de la abuela. Por eso, ella y yo estábamos con la boca abierta, contemplándo a la vecina. Traté de disimular mi estupor. - ¿Tú por qué vas, abuela? - "Por conciencia social"
La Cotilla, ajena al torbellino que había desatado, seguía hablando. - Allí nos encontraremos todos. Blas el parado, dijo que vendría... etc., etc., etc. - Cuando menos lo esperaba recibió tal pescozón que su cabeza rebotó diez veces contra la pared. - ¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyyy!!! - "¡VIEJA LO SERÁS TU, ZARRAPASTROSA!!!
Pascualita, como un horroroso mascarón de proa, no se perdía detalle de la agresión desde el broche de la abuela.
Nos costó que la Cotilla se repusiera del golpe: tres cuartos de botella de chinchón a palo seco. Luego, las dos amigas, la abuela con el termo de los chinos al cuello con Pascualita, se fueron juntas como si no hubiera pasado nada. Antes de cerrar la puerta la vecina exclamó: ¡Oh, nooooo! ¿Dónde se habrá metido? - "¿Quién?" - La serpiente pitón que "he encontrado" al pasar junto a una tienda de animales... Estaba en mi bolsa ¡y no la encuentro!
Llevo todo el día subida la mesa de la cocina ¡por si aparece la jodía culebra!
Más tarde he sido zarandeada por unas manos huesudas - ¡¿Ha llamado tu abuela, boba de Coria?! - Las legañas me impedían abrir los ojos, así que abrí el cajón a ciegas y señalé dentro. - Te ha llamado varias veces. ¡Te va a caer la del pulpo!
Mientras yo recaía en brazos de Morfeo, escuché hablar a la Cotilla. - ¿A qué hora quedamos y dónde?... ¡duerme! No sabe hacer otra cosa ésta nieta tuya... No se merece la Torre del Paseo Marítimo... en cambio yo... ¡Qué sí, te he oído! Hasta luego.
Mientras arrastraba los pies camino de la cocina para desayunar, la abuela entró como un torbellino . "¡Se nos va lo más granado de la juventud, nena. Y tú aquí, tan pancha!" - ¿Otro amigo que añadir a la pared de los Finados de El Funeral? - "Forges" - ¡Anda, como el humorista gráfico! - "¡Que cruz tengo contigo! ¡¡¡ES ESE FORGES!!! - ¿Has dicho "juventud"?... Ah. claro. Solo tenía 76 años y tú... ejem... Vale, te he entendido, abuela.
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaa Mira la hora que es y aún no he desayunado. Por cierto: ha muerto Forges, he visto la noticia en un periódico que "me he encontrdo por ahí". - Cotillaaa... - La de cosas que olvida la gente a éstas horas... - ¡YA!
- "Dejad de discutir y vamos a la manifestación" - Que lo paséis bien. - "¿No vienes?" - ¡Pots pensar! - ¿No? Protestaremos por las pensiones. - Pues bueno, pues vale, pues me alegro. - ¿No piensas llegar a vieja? allá tú pero, si llegas, te verás como nosotras: fanés y descangallás.
La Cotilla no se dio cuenta, pero acababa de pronunciar una de las palabras más vetada en presencia de la abuela. Por eso, ella y yo estábamos con la boca abierta, contemplándo a la vecina. Traté de disimular mi estupor. - ¿Tú por qué vas, abuela? - "Por conciencia social"
La Cotilla, ajena al torbellino que había desatado, seguía hablando. - Allí nos encontraremos todos. Blas el parado, dijo que vendría... etc., etc., etc. - Cuando menos lo esperaba recibió tal pescozón que su cabeza rebotó diez veces contra la pared. - ¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyyy!!! - "¡VIEJA LO SERÁS TU, ZARRAPASTROSA!!!
Pascualita, como un horroroso mascarón de proa, no se perdía detalle de la agresión desde el broche de la abuela.
Nos costó que la Cotilla se repusiera del golpe: tres cuartos de botella de chinchón a palo seco. Luego, las dos amigas, la abuela con el termo de los chinos al cuello con Pascualita, se fueron juntas como si no hubiera pasado nada. Antes de cerrar la puerta la vecina exclamó: ¡Oh, nooooo! ¿Dónde se habrá metido? - "¿Quién?" - La serpiente pitón que "he encontrado" al pasar junto a una tienda de animales... Estaba en mi bolsa ¡y no la encuentro!
Llevo todo el día subida la mesa de la cocina ¡por si aparece la jodía culebra!
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