La abuela está revolucionada. Gracias a Pascualita el abuelito no necesita pastillitas azules para cumplir el débito matrimonial (dice) cada quince días. - "¡Eso era antes. Ahora es un día sí y el otro también!"
Ante tamaña noticia solo se me ocurrió decir:- ¿A su edad? - Me arrepentí al momento pero las palabras entraban ya por el oído de la abuela hasta su cerebro. La respuesta fue inmediata: - "¿Tienes algún problema con la edad de Andresito, boba de Coria?" - ¡No, no, noooooo. He tenido un lapsus! - "No eres tú la más indicada para hablar de las cosas de la entrepierna. Te recuerdo que llevo esperando un bisnieto desde los Idus de Mayo" - ¿Perdón? - "¡La intemerata! Al final tendré que comprarle uno de plástico al señor Li"
- ¿Por qué metes a Pascualita por medio? - "Porque cuando le mordió sus partes blandas a tu abuelito ella ya estaba en celo" - ¿Y? - "Que obtusa eres. Eso es como la rabia en los perros que, al morder, se transmite del mordedor al mordido" - ¿Y eso cómo lo sabes? - "Porque soy mayor que tu. ¡Y tu abuela! ¿vas a replicarme?" - ¡No lo quiera Dios!
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaa! ¡Enhorabuena, amiga mía! - La dos amigas se fundieron en un gran abrazo. - "¿Te has enterado?" - ¡Naturalmente! Noticias como ésta corren como la pólvora por las calles... ¿No está cansado de tanto ajetreo? - "Dice que no. Yo lo veo como un toro" - Cuenta, cuenta: ¿cómo fue la cosa?
En ese instante, la abuela se dio cuenta de que no podía contar nada sin involucrar a la sirena. - "Pues hija, no sé. Puede que sea a causa del cambio climático." - ¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino? Dame la receta que yo todavía estoy en edad de merecer.
Los ojos se me abrieron como platos y a punto estuve de soltar la carcajada pero me abstuve a tiempo. Las dos amigas juntas son verdaderas armas de destrucción masiva.
jueves, 28 de febrero de 2019
miércoles, 27 de febrero de 2019
Carnaval.
Pascualita no para de lanzar chorritos de agua envenenada cada vez que entro en el comedor . - ¡Para ya! - Pero no se da por vencida y está dejando el suelo perdido. Me da a mi que está inquieta por algo... ¡¿No estará, otra vez, en celo?!
Mientras me hacía éstas reflexiones entró la Cotilla. La reconocí por la voz ya que llevaba un vestido blanco, igualito al que el aire levantaba a Marilín Monroe en La tentación vive arriba. ¡Que susto me di! ¿el fantasma de Marilín visitaba mi casa? Porque también llevaba una peluca rubia que le quedaba en plan casco.
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa! - Fue verla y subirme a la lámpara del susto. - ¡¡¡AAAAAAAAAAH!!! - Y eso que estoy acostumbrada al ánima de mi primer abuelito. ¡Uf, que mal rato pasé escondida tras una silla del comedor mientras Pascualita seguía escupiéndome y la Cotilla reía tirada en el sofá de la salita .
Después la escuché hablar por teléfono: - ¡No es más tonta porque no se entrena, señor Li, jajajajajajaja! Sí... Me ha llamado Marilín ¡que sí, que sí!
Cuando la Cotilla se marchó a sus trapicheos llamé al señor Li: - Quiero un traje de Marilín. - Yo no tenel. - La Cotilla tiene uno. - Si. Ella complal ayel. Tu no. Hoy no habel. Ajo y agua. - ¡Oiga, eso no se le dice a una clienta! - Yo gualdal pala ti disflaz bonito. - ¿De qué, de qué? - Sel solplesaaaaaa.
Corrí a la tienda de los chinos. El señor Li me esperaba con un paquete sobre el mostrador. - Pala ti. Abuela tuya complal.
En el paquete no había vestido blanco, ni peluca rubia platino sino un pulpo de silicona, con ocho supertentáculos que chocaban con todo. ¡Que horro! ¿Cómo iba a encontrar al futuro padre del bisnieto de mi abuela con "eso"?
Me lo probé y apenas veía por donde andaba. A punto estuve de tirar el acuario de Pascualita al suelo. Por un resquicio me pareció ver luz en la salita. ¡La Cotilla había montado uno de sus famosos altares dedicados a Los amigos de lo Ajeno! No pude ver a cuál de ellos porque uno de los tentáculos tocó la llama de una vela y empezó a arder.
Corrí como una loca a la cocina a meter el tentáculo en agua pero patiné con la que había en el suelo. Me agarré, como pude, al acuario y se me vino encima... Ahora intento caminar en busca de la botella de chinchón para calmar el dolor de la pierna descomunal que me ha dejado el mordisco de Pascualita ¡jodía sardina!
Mientras me hacía éstas reflexiones entró la Cotilla. La reconocí por la voz ya que llevaba un vestido blanco, igualito al que el aire levantaba a Marilín Monroe en La tentación vive arriba. ¡Que susto me di! ¿el fantasma de Marilín visitaba mi casa? Porque también llevaba una peluca rubia que le quedaba en plan casco.
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa! - Fue verla y subirme a la lámpara del susto. - ¡¡¡AAAAAAAAAAH!!! - Y eso que estoy acostumbrada al ánima de mi primer abuelito. ¡Uf, que mal rato pasé escondida tras una silla del comedor mientras Pascualita seguía escupiéndome y la Cotilla reía tirada en el sofá de la salita .
Después la escuché hablar por teléfono: - ¡No es más tonta porque no se entrena, señor Li, jajajajajajaja! Sí... Me ha llamado Marilín ¡que sí, que sí!
Cuando la Cotilla se marchó a sus trapicheos llamé al señor Li: - Quiero un traje de Marilín. - Yo no tenel. - La Cotilla tiene uno. - Si. Ella complal ayel. Tu no. Hoy no habel. Ajo y agua. - ¡Oiga, eso no se le dice a una clienta! - Yo gualdal pala ti disflaz bonito. - ¿De qué, de qué? - Sel solplesaaaaaa.
Corrí a la tienda de los chinos. El señor Li me esperaba con un paquete sobre el mostrador. - Pala ti. Abuela tuya complal.
En el paquete no había vestido blanco, ni peluca rubia platino sino un pulpo de silicona, con ocho supertentáculos que chocaban con todo. ¡Que horro! ¿Cómo iba a encontrar al futuro padre del bisnieto de mi abuela con "eso"?
Me lo probé y apenas veía por donde andaba. A punto estuve de tirar el acuario de Pascualita al suelo. Por un resquicio me pareció ver luz en la salita. ¡La Cotilla había montado uno de sus famosos altares dedicados a Los amigos de lo Ajeno! No pude ver a cuál de ellos porque uno de los tentáculos tocó la llama de una vela y empezó a arder.
Corrí como una loca a la cocina a meter el tentáculo en agua pero patiné con la que había en el suelo. Me agarré, como pude, al acuario y se me vino encima... Ahora intento caminar en busca de la botella de chinchón para calmar el dolor de la pierna descomunal que me ha dejado el mordisco de Pascualita ¡jodía sardina!
martes, 26 de febrero de 2019
¡Un corte de mangas para ti, Nicotina!
Bedulio y los componentes de su patrulla, han detenido a una interfecta que dice llamarse Señorita Nicotina. Y con el único dedo que usa para manejar el ordenador, ha tocado la tecla adecuada y ha dado con los antecedentes de la tiparraca, - ¡Se ha cargado a media Humanidad!
Rápidamente han acudido a la Torre del Paseo Marítimo donde, según habladurías de radio calle, ocurrían cosas raras: en lugar de salir por las ventanas el ritmo sabrosón con el que bailan los cubanitos culito-respingones dando vida a la Momia, contemporánea, dicen, de Matusalen...Se dice que, incluso, fueron novios durante un tiempo, sale humo. Pero no del que sirve para elegir, o no, Papa en Roma, sino veneno puro, más mortífero que el de Pascualita que se contenta con hinchar a base de bien al mordido y remediarlo todo con chinchón.
En cuanto entró Bedulio al grito de ¡Alto a los Municipales! la señorita Nicotina intentó escapar por las chimeneas de la casa dejando tras de sí una negra y tóxica nube que se enganchaba a la gargantas, nublaba el entendimiento, roba la voluntad, se apropia de pulmones ajenos, roba vidas con nocturnidad y alevosía.
Cuando Bedulio aprisionó las muñecas de Nicotina, la Momia se quejó, prueba que demuestra su total dependencia a ella. Y la prisionera gritó: ¡¡¡Soplaré, soplaré y la casita tiraré!!! Pero, ésta vez, no pudo. Y la Momia, desesperada decía: ¡¡¡Me moriré!!! - ¡¡¡Y un jamón con chorreras!!!
Pronto volvieron a escucharse los ritmos sabrosones, desapareció el humo tóxico, la risa de la Momia resonó en todo el edificio, planeó sobre el Paseo Marítimo y los pescadores alzaron brazos y voces: ¡¡¡Por fin libres!!!
Rápidamente han acudido a la Torre del Paseo Marítimo donde, según habladurías de radio calle, ocurrían cosas raras: en lugar de salir por las ventanas el ritmo sabrosón con el que bailan los cubanitos culito-respingones dando vida a la Momia, contemporánea, dicen, de Matusalen...Se dice que, incluso, fueron novios durante un tiempo, sale humo. Pero no del que sirve para elegir, o no, Papa en Roma, sino veneno puro, más mortífero que el de Pascualita que se contenta con hinchar a base de bien al mordido y remediarlo todo con chinchón.
En cuanto entró Bedulio al grito de ¡Alto a los Municipales! la señorita Nicotina intentó escapar por las chimeneas de la casa dejando tras de sí una negra y tóxica nube que se enganchaba a la gargantas, nublaba el entendimiento, roba la voluntad, se apropia de pulmones ajenos, roba vidas con nocturnidad y alevosía.
Cuando Bedulio aprisionó las muñecas de Nicotina, la Momia se quejó, prueba que demuestra su total dependencia a ella. Y la prisionera gritó: ¡¡¡Soplaré, soplaré y la casita tiraré!!! Pero, ésta vez, no pudo. Y la Momia, desesperada decía: ¡¡¡Me moriré!!! - ¡¡¡Y un jamón con chorreras!!!
Pronto volvieron a escucharse los ritmos sabrosones, desapareció el humo tóxico, la risa de la Momia resonó en todo el edificio, planeó sobre el Paseo Marítimo y los pescadores alzaron brazos y voces: ¡¡¡Por fin libres!!!
domingo, 24 de febrero de 2019
Y al cuarto día resucitó...
Solventado el episodio del detective volvió la calma a la Torre del Paseo Marítimo. Sin embargo, las músicas erótico-festivas con las que bailaban los cubanitos culito-respingones eran más lentas, con una cadencia cada vez más suave, más de ir pisando huevos. Parecía que la bisabuelastra y sus compañeros iban a cámara lenta. - ¿Seguro que no le pasa nada a la Momia, abuelito? - Que yo sepa, no... - No pareces muy seguro. - Con mi madre y sus moderneces, nunca se sabe.
Los políticos siguieron arrancándose la piel a tiras. Participando en el concurso "QUIÉN DICE LA TROLA MÁS GRANDE". La vida en el árbol de la calle estaba en pleno ajetreo. Los pájaros, engañados por un Invierno con ganas de guasa, preparaban sus nidos mientras trinaban a voz en grito. Pascualita lucía nuevas escamas en su cola de sardina, de color azul tornasolado y en cuanto tenía ocasión, se plantaba delante del primer espejo para admirarla. La sirena se preparaba para la llegada del hermoso sireno que la llevaría al huerto, pero creo que tendrá el mismo "éxito" que los años anteriores: no hay sirenos a la vista.
En la Torre del Paseo Marítimo se armó la revolución: la bisabuelastra no bailaba, ni cantaba, ni reía, ni nada de nada. Simplemente era esclava de la señorita Nicotina. Dijo el consabido ¡Hasta luego, Lucas! a quienes estaban a su lado para irse con ella al otro Barrio, después se hizo un ovillo sobre el canapé de seda roja de China y se dispuso a esperar.
Los cubanitos culito-respingones lanzaron un canto fúnebre a un ritmo sabrosón, pero menos, porque les pareció más respetuoso. Geoooorge preparó bocadillos y litros y litros de te porque los velatorios, según decía, dan hambre y sed. Periodistas, televisiones, etc. hacían guardia para ser los primeros en dar la noticia, aunque fueron muchos los despistados que pensaron que todo aquello se debía a una boda de postín y hubo quién se quejó cuando, después de hora y media de espera, nadie les ofrecía un trozo de la tarta.
La Bisabuelastra dejó de respirar. Los curiosos buscaban en Google la solución a la pregunta del millón: ¿Cuántos años tiene la Momia?... Parece ser que cuando nació todavía no existía el Registro Civil y, naturalmente, nadie la inscribió por lo que solo ella, lo sabía pero nunca había soltado prenda.
La sirena de la ambulancia despertó al barrio y los seres que la ocupaban parecieron multiplicarse por mil a la hora de poner orden en el pequeño y enjuto cuerpecillo de la Momia.
Anunciado su paso por las calles por la sirena, corrieron entre el tráfico de Palma, camino de la Clínica más cercana mientras las manos mágicas de los personajes que trabajaban en ella hacían virguerías. Unas horas después, la Momia recuperaba el pulso perdido.
Quién salió por la puerta de servicio de la Torre del Paseo Marítimo fue la señorita Nicotina que, aunque peleó hasta su último aliento, fue derrotada y huyó con el rabo entre las patas.
Los políticos siguieron arrancándose la piel a tiras. Participando en el concurso "QUIÉN DICE LA TROLA MÁS GRANDE". La vida en el árbol de la calle estaba en pleno ajetreo. Los pájaros, engañados por un Invierno con ganas de guasa, preparaban sus nidos mientras trinaban a voz en grito. Pascualita lucía nuevas escamas en su cola de sardina, de color azul tornasolado y en cuanto tenía ocasión, se plantaba delante del primer espejo para admirarla. La sirena se preparaba para la llegada del hermoso sireno que la llevaría al huerto, pero creo que tendrá el mismo "éxito" que los años anteriores: no hay sirenos a la vista.
En la Torre del Paseo Marítimo se armó la revolución: la bisabuelastra no bailaba, ni cantaba, ni reía, ni nada de nada. Simplemente era esclava de la señorita Nicotina. Dijo el consabido ¡Hasta luego, Lucas! a quienes estaban a su lado para irse con ella al otro Barrio, después se hizo un ovillo sobre el canapé de seda roja de China y se dispuso a esperar.
Los cubanitos culito-respingones lanzaron un canto fúnebre a un ritmo sabrosón, pero menos, porque les pareció más respetuoso. Geoooorge preparó bocadillos y litros y litros de te porque los velatorios, según decía, dan hambre y sed. Periodistas, televisiones, etc. hacían guardia para ser los primeros en dar la noticia, aunque fueron muchos los despistados que pensaron que todo aquello se debía a una boda de postín y hubo quién se quejó cuando, después de hora y media de espera, nadie les ofrecía un trozo de la tarta.
La Bisabuelastra dejó de respirar. Los curiosos buscaban en Google la solución a la pregunta del millón: ¿Cuántos años tiene la Momia?... Parece ser que cuando nació todavía no existía el Registro Civil y, naturalmente, nadie la inscribió por lo que solo ella, lo sabía pero nunca había soltado prenda.
La sirena de la ambulancia despertó al barrio y los seres que la ocupaban parecieron multiplicarse por mil a la hora de poner orden en el pequeño y enjuto cuerpecillo de la Momia.
Anunciado su paso por las calles por la sirena, corrieron entre el tráfico de Palma, camino de la Clínica más cercana mientras las manos mágicas de los personajes que trabajaban en ella hacían virguerías. Unas horas después, la Momia recuperaba el pulso perdido.
Quién salió por la puerta de servicio de la Torre del Paseo Marítimo fue la señorita Nicotina que, aunque peleó hasta su último aliento, fue derrotada y huyó con el rabo entre las patas.
miércoles, 20 de febrero de 2019
Frente común de la Cotilla y la nieta.
La señorita Nicotina sigue haciendo su campaña electoral: ¡Vótame de nuevo y vivirás feliz! pero la bisabuelastra tomó su decisión y dijo que nones. Que se cambia de Partido como Rivera de chaqueta.
King kong se le ha subido a la espalda y deja caer todo su peso muerto sobre la obre Momia. Menos mal que los cubanitos culito-respingones le alegran el día con sus ritmos sabrosones.
Andresito es quién nos preocupa porque, desde que su madre le habló de los vicios que le son permitidos, ha contratado un detective privado que se ha instalado en la Torre del Paseo Marítimo para que le tenga informado, al minuto, de las andanzas erótico-festivas de la Momia.
A mi no me gusta este tío. Desde el primer momento, lo he mirado como un candidato potencial a ser el principal beneficiado en el testamento del abuelito y quedarse con la Torre. Tiene mucha labia el vergante y le regalará el oído a Andresito hasta metérselo en el bolsillo.
Lo he comentado con la Cotilla y vamos a hacer un frente común contra él. Para empezar, una de las veces que la Nicotina a aflojado su garra contra la bisabuelastra, he informado a ésta que está siendo espiada por orden de su hijo. - ¿Conozco al detective, nena? - El señor que entra, cada dos por tres, en tu habitación con los pretextos más tontos. - Ah, ¿ese soso?... Acércame el teléfono. - Poco después el banco recibía la orden de no pagar la factura del detective. - ¡¡¡Bien, bisabuelastra!!!
La Cotilla se acercó por la Torre del Paseo Marítimo a la hora de comer: - ¡Humm, que bien huele su sopa de guisantes, Geooorge. Y sus guisantes con zanahorias al vapor, hummmmm! - ¡Oh, ser muy amableu. You quedar a comer!
En la mesa estábamos los abuelitos, el detective, la Cotilla, Geooooorge y yo. Para agradecer al mayordomo el detalle de invitarla, la Cotilla se levantó de la mesa en lugar de hacerlo el inglés: - ¡No se mueva, hombre, faltaría más. Coma tranquilo que yo me encargo de quitar y poner platos y bandejas! - Más tarde, mientras tomábamos el café, el detective se dio cuenta de que le faltaba la cartera y que, en un bolsillo de su chaqueta había un huevo Favergé, que él no había cogido.
Mientras miraba por todo donde se le podría haber caido la cartera, la Cotilla y yo a duras penas aguantábamos la risa viendo la cara de panoli del detective. Finalmente no le quedó otra que preguntar si alguien había visto su cartera. - Se me habrá caído pero no sé dónde...
Todos nos pusimos a buscar bajo las sillas, los sofás, los muebles. De repente la abuela dijo: - "¿Has buscado en el cuarto de la Momia, detective? Lo frecuentas tanto..." - Andresito y el detective se sonrojaron hasta la raíz del pelo. Aproveché su desconcierto para lanzarle a Pascualita. La sirena clavó sus dientes en el culo del cotillo que, de inmediato, empezó a tomar un tamaño descomunal. Mientras el hombre gritaba a pleno pulmón: - ¡¡¡MI CULO, MI CULOOOOO!!! - El abuelito, a su vez, gritó: - ¡¡¡MI HUEVO, MI HUEVOOOOO!!! - en referencia al de Favergé "desaparecido". Y la abuela, asustada, no se quedó atrás y mirando a su marido gritó: - ¡¡¡OTRA VEZ NOOOO!!!
King kong se le ha subido a la espalda y deja caer todo su peso muerto sobre la obre Momia. Menos mal que los cubanitos culito-respingones le alegran el día con sus ritmos sabrosones.
Andresito es quién nos preocupa porque, desde que su madre le habló de los vicios que le son permitidos, ha contratado un detective privado que se ha instalado en la Torre del Paseo Marítimo para que le tenga informado, al minuto, de las andanzas erótico-festivas de la Momia.
A mi no me gusta este tío. Desde el primer momento, lo he mirado como un candidato potencial a ser el principal beneficiado en el testamento del abuelito y quedarse con la Torre. Tiene mucha labia el vergante y le regalará el oído a Andresito hasta metérselo en el bolsillo.
Lo he comentado con la Cotilla y vamos a hacer un frente común contra él. Para empezar, una de las veces que la Nicotina a aflojado su garra contra la bisabuelastra, he informado a ésta que está siendo espiada por orden de su hijo. - ¿Conozco al detective, nena? - El señor que entra, cada dos por tres, en tu habitación con los pretextos más tontos. - Ah, ¿ese soso?... Acércame el teléfono. - Poco después el banco recibía la orden de no pagar la factura del detective. - ¡¡¡Bien, bisabuelastra!!!
La Cotilla se acercó por la Torre del Paseo Marítimo a la hora de comer: - ¡Humm, que bien huele su sopa de guisantes, Geooorge. Y sus guisantes con zanahorias al vapor, hummmmm! - ¡Oh, ser muy amableu. You quedar a comer!
En la mesa estábamos los abuelitos, el detective, la Cotilla, Geooooorge y yo. Para agradecer al mayordomo el detalle de invitarla, la Cotilla se levantó de la mesa en lugar de hacerlo el inglés: - ¡No se mueva, hombre, faltaría más. Coma tranquilo que yo me encargo de quitar y poner platos y bandejas! - Más tarde, mientras tomábamos el café, el detective se dio cuenta de que le faltaba la cartera y que, en un bolsillo de su chaqueta había un huevo Favergé, que él no había cogido.
Mientras miraba por todo donde se le podría haber caido la cartera, la Cotilla y yo a duras penas aguantábamos la risa viendo la cara de panoli del detective. Finalmente no le quedó otra que preguntar si alguien había visto su cartera. - Se me habrá caído pero no sé dónde...
Todos nos pusimos a buscar bajo las sillas, los sofás, los muebles. De repente la abuela dijo: - "¿Has buscado en el cuarto de la Momia, detective? Lo frecuentas tanto..." - Andresito y el detective se sonrojaron hasta la raíz del pelo. Aproveché su desconcierto para lanzarle a Pascualita. La sirena clavó sus dientes en el culo del cotillo que, de inmediato, empezó a tomar un tamaño descomunal. Mientras el hombre gritaba a pleno pulmón: - ¡¡¡MI CULO, MI CULOOOOO!!! - El abuelito, a su vez, gritó: - ¡¡¡MI HUEVO, MI HUEVOOOOO!!! - en referencia al de Favergé "desaparecido". Y la abuela, asustada, no se quedó atrás y mirando a su marido gritó: - ¡¡¡OTRA VEZ NOOOO!!!
martes, 19 de febrero de 2019
Madame Nicotina y Pascualita, disfrutan.
Antes de llegar a la Torre del Paseo Marítimo oigo las sirenas de los coches de bomberos y ambulancias.
Me ha llamado Geoooorge - ¡You venir corriendou, boba de Coriau! - ¡La madre que te parió, inglés de las narices! Tu no estás autorizado a llamarme así. - A mi gustar nombre... - ¿Quiéres que te llama tonto de Londres? - Mi ser igual. Mi no ser de London.
Como es inútil hablar con el mayordomo le pregunté qué quería: - Madame decir que tu venir acá y ayudar a coger madame Momia. - ¡Y colgó!
Metí a Pascualita en el termo de los chinos, cogí una bicicleta del Ayuntamiento y esprinté hasta la casa de mi familia donde me encontré con un cacao de padre y muy señor mío.
Bomberos y enfermeros no hacían más que entrar y salir, al borde de un ataque de nervios. - ¡No hay manera de sujetarla! - ¡No he visto nada igual! - ¡Dejen paso, soy el exorcista de la Catedral! - ¡Tenemos que entrar, somos La Prensa ¡el cuarto Poder! - ¡A la cola como todos los demás! - ¡Que pasa! (grité) - ¡Fuera de aquí, indivídua!- ¡Soy su bisanietastra!
Los periodistas saltaron a mi yugular. - ¡¡¡Queremos saber!!! ¡¡¡Tenemos derecho a saber!!! - Y yo contesté, muy digna: - Solo sé que no sé nada. - Y me dejaron en paz.
A través de la ranura del tapón abierto del termo de los chinos, Pascualita no se perdía detalle. Y no dio señales de vida hasta que entré en la habitación de la Momia. Lo que vi fue para echarle de comer aparte: - La bisabuelastra se subía, literalmente, por las paredes. Andresito, teneroso de que su madre se hiciera daño, le imploraba que bajase. Con una voz cavernosa, gritaba: - ¡¡¡Quiero un pitilloooooo!!! ¡¡¡Mi reino por un pitillooooooo!!!
Cuando entró el cura, dispuesto a sacarle el demonio del cuerpo, la bisabuelastra corrió hacia el y le arrebató el incensario de las manos. Acto seguido aspiró el humo que salía del incensario... luego se lo devolvió a su dueño tirándoselo a la cabeza.
Entre tanto jaleo, nadie se dio cuenta de la presencia de una pequeña y rara sardina de aspecto estrafalario que había saltado a la cama revuelta y se dedicaba a escupir a quien se le ponía por delante. Más de cuatro personas llevaban ya uno de sus ojo fuera de las órbitas. También vi orejas desconmunales ¿y narices? A porrillo.
Me ha llamado Geoooorge - ¡You venir corriendou, boba de Coriau! - ¡La madre que te parió, inglés de las narices! Tu no estás autorizado a llamarme así. - A mi gustar nombre... - ¿Quiéres que te llama tonto de Londres? - Mi ser igual. Mi no ser de London.
Como es inútil hablar con el mayordomo le pregunté qué quería: - Madame decir que tu venir acá y ayudar a coger madame Momia. - ¡Y colgó!
Metí a Pascualita en el termo de los chinos, cogí una bicicleta del Ayuntamiento y esprinté hasta la casa de mi familia donde me encontré con un cacao de padre y muy señor mío.
Bomberos y enfermeros no hacían más que entrar y salir, al borde de un ataque de nervios. - ¡No hay manera de sujetarla! - ¡No he visto nada igual! - ¡Dejen paso, soy el exorcista de la Catedral! - ¡Tenemos que entrar, somos La Prensa ¡el cuarto Poder! - ¡A la cola como todos los demás! - ¡Que pasa! (grité) - ¡Fuera de aquí, indivídua!- ¡Soy su bisanietastra!
Los periodistas saltaron a mi yugular. - ¡¡¡Queremos saber!!! ¡¡¡Tenemos derecho a saber!!! - Y yo contesté, muy digna: - Solo sé que no sé nada. - Y me dejaron en paz.
A través de la ranura del tapón abierto del termo de los chinos, Pascualita no se perdía detalle. Y no dio señales de vida hasta que entré en la habitación de la Momia. Lo que vi fue para echarle de comer aparte: - La bisabuelastra se subía, literalmente, por las paredes. Andresito, teneroso de que su madre se hiciera daño, le imploraba que bajase. Con una voz cavernosa, gritaba: - ¡¡¡Quiero un pitilloooooo!!! ¡¡¡Mi reino por un pitillooooooo!!!
Cuando entró el cura, dispuesto a sacarle el demonio del cuerpo, la bisabuelastra corrió hacia el y le arrebató el incensario de las manos. Acto seguido aspiró el humo que salía del incensario... luego se lo devolvió a su dueño tirándoselo a la cabeza.
Entre tanto jaleo, nadie se dio cuenta de la presencia de una pequeña y rara sardina de aspecto estrafalario que había saltado a la cama revuelta y se dedicaba a escupir a quien se le ponía por delante. Más de cuatro personas llevaban ya uno de sus ojo fuera de las órbitas. También vi orejas desconmunales ¿y narices? A porrillo.
lunes, 18 de febrero de 2019
La señorita Nicotina ataca.
En casa de los abuelitos están revolucionados a causa del malestar que aqueja a la Momia. La pobre quiere dejar de fumar porque se ha dado cuenta de que el tabaco la perjudica. - No puedo bailar samba como unos años atrás. Me canso, incluso hasta me ahogo... - "¿Dejarás el vicio?" - Pues... no me gustaría porque desde que lo he probado, me encanta. - "El médico te lo prohibirá" - Me da igual... - "¿Seguirás fumando a pesar de todo?" - Fumando no porque me han dicho que perjudica a la piel y yo la tengo muy bonita y quiero que siga así.
La abuela le ha dicho que se prepare para tener el mono. - No seré yo quién tenga uno. Nunca me han gustado los monos porqué, cuando menos te lo esperas, te roban el bolso. - "Me refiero al síndrome de abstinencia"
Ordenó a Geoooorge que llamara al Médico, su nieto que no tuvo valor para prohibirle nada. Después se justificó diciendo que, teniendo ciento y pico de años ¿de qué servía ponerle puertas al campo? - La Momia estaba feliz. - ¡Andresito, el nene dice que si quiero dejar de fumar que lo haga pero me deja que tenga los otros vicios! - ¿Qué otros, mamá? (preguntó, espantado) - Los que se refieren a la entrepierna... ¡¿Qué te pasa?! ¡¡¡GEOOOOOOOORGE, EL SEÑOR ESTÁ TENIENDO UNA APOPLEJÍA. LLAMA A UNA AMBULANCIAAAAAA!!!
Dos días después la bisabuelastra no estaba para nada que no fuera quejarse y se encaró con su nuera. - ¡No consiento que me mientan! (que quejó) Dijiste que tendría un mono pero resulta que, lo que tengo, es a King kong subido a mi espalda ¡Aaaaayyyyyyyyyy que dolooooooor!
La abuela le ha dicho que se prepare para tener el mono. - No seré yo quién tenga uno. Nunca me han gustado los monos porqué, cuando menos te lo esperas, te roban el bolso. - "Me refiero al síndrome de abstinencia"
Ordenó a Geoooorge que llamara al Médico, su nieto que no tuvo valor para prohibirle nada. Después se justificó diciendo que, teniendo ciento y pico de años ¿de qué servía ponerle puertas al campo? - La Momia estaba feliz. - ¡Andresito, el nene dice que si quiero dejar de fumar que lo haga pero me deja que tenga los otros vicios! - ¿Qué otros, mamá? (preguntó, espantado) - Los que se refieren a la entrepierna... ¡¿Qué te pasa?! ¡¡¡GEOOOOOOOORGE, EL SEÑOR ESTÁ TENIENDO UNA APOPLEJÍA. LLAMA A UNA AMBULANCIAAAAAA!!!
Dos días después la bisabuelastra no estaba para nada que no fuera quejarse y se encaró con su nuera. - ¡No consiento que me mientan! (que quejó) Dijiste que tendría un mono pero resulta que, lo que tengo, es a King kong subido a mi espalda ¡Aaaaayyyyyyyyyy que dolooooooor!
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