viernes, 31 de mayo de 2019

Llora que te llora.

 Menudo fracaso. Nadie a contestado a mi anuncio pero como me va la integridad física en ello, o la de Andresito, he insistido. Esta vez he puesto una foto del abuelito en sus años mozos, vestido de frac, repeinado y elegantísimo durante una fiesta en el antiguo Círculo Mallorquín, de puesta de largo de las señoritas de la alta sociedad de la época. Debo reconocer que él está de dulce, más bonito que un San Luis pues... ni caso. ¡Un momento! Veo que alguien está interesado ¡por fin!

A ver, a ver... ¡Vaya! mi gozo en un pozo. Alguien llamado Alejandrino pregunta que se queda ¡¿con el frac?! ... Le digo que lo que ofrezco es lo que va dentro... Me ha dicho que de eso nada, monada.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaaaa! Me han dicho que ofreces a Andresito. - Es verdad. - ¿Y no te da vergüenza poner eso en el facebook estando yo aquí? Me lo llevaré esta noche cuando me vaya a trapichear y lo cambiaré por alguna cosa útil. - Gracias, Cotilla. Me quita un peso de encima.

Como caída del cielo apareció la abuela en mi casa. - "Vengo a por Andresito" - Lo siento, yo lo he pedido antes (dijo, tan pancha, la Cotilla) - "¡Es mi marido!" - ¡Es mi negocio!

Menuda trifulca se armó entre las dos amigas, cosa que aproveché para coger a Pascualita y largarnos a la salita a ver a la Esteban en la tele.

Acababa de colocar a la sirena en mi escote cuando entró, lloriqueando, el abuelito: - ¡Aaaayyyyy, Mateo, buena me la has hechooooo! - ¿Te hago un bocata? dicen que las penas, con pan, son menos. - ¿De queso mahonés? - Y jamón de Teruel. - ¿Y un chinchón? - ¡O dos! - Me apunto.

- ¿Qué les pasa a esas? - Tienen división de opiniones. - ¿Políticas? - Familiares-comerciales. - Menos mal que no tienen que ver conmigo (y suspiró ruidosamente) - Angelico (le dije, dándole  golpecitos de conmiseración en la cabeza, camino de la cocina)

jueves, 30 de mayo de 2019

¡Que harta estoy!

(¿Alguien quiere un abuelito llorón? Escuchando sus lamentos nunca se sentirán solos) Este es el anuncio que colgué en el facebook. Ya solo me quedan dos opciones: o tirarme por el balcón, o tirar yo a Andresito. De momento no me ha contestado nadie.

Sigue sin querer creer que el personaje estrella de su partido y antiguo Alcalde, Mateo, ha sido el primero en abandonar el barco saltando por la borda. Yo intento distraerlo hablándole de otras cosas, por ejemplo, de lo bonito que está el balcón, lleno de macetas cuajadas de flores. ¿Y para qué sirvió
mi esfuerzo? Para ésto: - ¿Bonito? ¡lleno de abejas y avispas! ¡Me han picado. Aquí, aquí y aquí! ¡¡¡BUAAAAAAAAAAA!!! Esto, con Mateo, no pasaba... snif!...

Otro intento: - ¿Has visto los cortejos de los gorriones del árbol de la calle? Sus trinos alegran el día. - Cuánta razón tiene tu abuela cuando dice que eres tonta perdida. ¡No me dejan dormir los jodíos! ¿Y has visto como han dejado el balcón los muy guarros? Me he apoyado en la barandilla y me he puesto las mangas perdidas de sus cacas ¡Tendrás que lavármela!...

Bien doblada, he colocado la dichosa camisa en el cajón de la cómoda de su cuarto. Con un poco de suerte no la usará porque se ha traído un montón. - ¡¡¡NENAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!! - ¡Vaya por Dios!... ¿Sí, abuelito? -

La camisa había encogido y ahora solo le está bien a los Clics de Famobil. También la seda quedó tiesa como si hubiese caído en un cubo lleno de almidón... No sé por qué. - Aaaaayyyyyyyyy. aaaaaayyyyyy... ¡Señor, llévame contigo! (clamaba al cielo) - Pregúntale si allí tienen buenas lavadoras... Es que la mía ya tiene categoría de antigualla prehistórica. - ¡¡¡Mateoooooooo ¿Qué me has hechooooooo!!! - (aproveché la coyuntura): - Dí que sí, abuelito: Mateo tiene la culpa de lo de la camisa.

A pesar de sus lloros, cabreos, depresiones y demás lindezas, me ha dicho que tengo que pagarle la camisa ¡y vale un potosí! Se la hicieron, a medida y a mano, en la sastrería que viste al Príncipe de Gales, en Londres.

- ¡¡¡ ¿No va a contestar nadie a mi anuncio? !!!





miércoles, 29 de mayo de 2019

¿Mateo?. ¡JA!



¿Es necesario que la abuela eche de casa, con cajas destempladas, a Andresito porque no para de quejarse del resultado de las elecciones y lo mande a la mía? Pues ésto, tan sencillo de entender como es, a la abuela no le entra en la cabeza. Le he dicho que no fui yo quién dijo aquello de "para bien y para mal" cuando se casaron ¡Fue ella! - "Tu eres la nietastra. Y ya sabes que la interrelación entre nietos y abuelos es muy fuerte y puedes hacer de él lo que quieras que se le caerá la baba"

- Estoy muy tranquila, con Pascualita y Pepe. Me basta con aguantar a la Cotilla que, solo por eso, me merezco el cielo... - "Menos lobos, Caperucita y ábrele la puerta que estará al llegar" - ¡¡¡QUE NOOO!!! - "Quiéres que hablemos del futuro de la Torrre del Paseo Marítimo" (su voz sonaba como el siseo de la lengua de las serpientes) - ¿Tú no lo acompañas? - "¡Dios me libre! Este hombre es más pesado que una vaca en brazos" - ¿Y qué harás? -  "Escuchar a Mateo" - ¿Mateo? - "El anterior alcalde"

Antes de abrir la puerta ya escuché los sollozos del abuelito ¡Menudo disgusto tiene el pobre! - ¿Pero qué te pasa? - "Hemos perdido... ¡snif!... ¡Me parece imposible... snif, snif...! - Es el efecto báscula: unas veces está arriba y otras abajo. Además, siempre os quedará Mateo.

Los llantos se reavivaron. Y no sabía calmarlo. Así que me tomé una aspirina y le di un cuarto a Pascualita que, se la tomó sin rechistar y bajó a esconderse en el barco hundido.

Mientras Andresito se desahogaba entre lágrimas y moqueos, yo recogí la cocina, arreglé el comedor, limpié el baño, le di miguitas de pan a los gorriones del árbol, preparé la cena porque después ponen las películas de la tele y nunca las veo enteras.

Cuando la llantina aflojó, pregunté - ¿Qué pasa con Mateo? - Un torrente de lágrimas mojó, de nuevo, su camisa de seda amarillo-mandarín... - Ha sido el primero en abandonar el buque... snif... - ¿Qué hacía en un barco? - Es una frase hecha, nena. - ¿Seguro que yo he hecho eso? - ¿El qué? (los ojos empezaron a girar en sus órbitas) - Una frase hecha. - ¿Y eso qué tiene que ver con Mateo? - ¿Quién habla de traidores? ¡Yo no! - ¿Perdón? - ¡Se ha largado el muy Judas! Y todo porque no le ha tocado El Sillón del Alcalde. - ¿Y qué dice la abuela? - Ha ido a la rueda de prensa de Mateo y desplegará todas sus armas de mujer para convencerlo que se quede... Me temo lo peor... Snif, snif, snif...




martes, 28 de mayo de 2019

Bendita siesta.

La abuela casi se ha instalado en mi casa para dormir las siestas como Dios manda: a pierna suelta, con la baba cayendo por la comisura de la boca hasta la tripa, ronquidos acompasados y, en la tele, el Giro de Italia. ¡¿Hay quién de más?!

- No entiendo porque no te quedas en la Torre del Paseo Marítimo. Las butacas son más cómodas, tienes aire acondicionado, la brisa del mar que entra por las ventanas y mecen las suaves cortinas blancas cual gaviotas en vuelo de placer... - "Todo esto está muy bien pero, en aquellas calles estrechas, lo que se habla en las casas se escucha en todas las demás. ¿No querrás que sepan si ronco o no? No me puedo permitir hacer éstas cosas porque la reputación de la familia está en juego"

- ¿Esto quiere decir que tendré que aguantarte toooooodo el verano? Por que después del Giro viene la vuelta a España y después, el Tour de Francia. - "¡Anda! no me había dado cuenta ¿Acaso te molesto? ¿O es que mi presencia aquí interferirá en tu vida amorosa?" - No es eso, abuela... Se trata de la intimidad de las personas... - "O sea, que no quieres que vea lo triste que es tu vida sin un novio que llevarte a la boca" - No sé si esa es la mejor definición de lo que he dicho pero...

Mientras hablábamos, Pascualita reptaba en el sofá de la salita sin decidirse por la abuela o por mi. Estaba contenta de ir de ir a su aire. Mordiendo todo lo que se le ponía por delante. Acabé tirándole una zapatilla. - ¡Vale ya, media sardina! ¿quiéres cargártelo todo?

Bedulio vino a casa. Traía un informe sobre lo que descubrieron en el termo de los chinos. La abuela, finalmente, dejó que se lo llevaran. Los científicos están echos un lío. _ ¿Qué hace el mar aquí? - ¿Dónde? - Aquí dentro. Están seguros de que éste cacharro ha pasado mucho tiempo en el agua.  Y también hay restos variados de Galletas. - "¡Galletas! ¡Dios mío, Triqui ha estado aquí!" - No diga tonterías. ¡Es un peluche! - "¿Acaso no has visto como habla y se mueve en televisión? Es un personaje bien vivo." - Deje de decir tontás o la llevo al cuartelillo. - "¡Si está bueno el carcelero, ya estamos tardando!" - Así no se puede trabajar (murmuró el Municipal y se largó, cabizbajo y pesaroso)


lunes, 27 de mayo de 2019

¡Que susto!

Cuando se reanudó la votación, después de que la gente se secase las lágrimas, se recompusieran la ropa y recuperaran la seriedad y compostura que el acto de votar se merece, llegó uno de los policías que guardaban la puerta, se dirigió a Bedulio, le hizo un saludo militar y, acto seguido, señaló a la abuela. - ¡Esta es la sospechosa que le he dicho antes!

El Municipal carraspeó, frunció el ceño e increpó a la abuela. - ¿Qué lleva en esa horrible cantimplora de los chinos? - Sorprendida por la pregunta, respondió a la gallega. - "¿Tú que crees?" - Las preguntas las hago yo. Vamos a ver... ¿lleva ántrax? - "¿De qué vas, Nicolás?" - ¡Un respeto a la autoridad o me la llevo al cuartelillo! - "¿Qué voy a llevar, Bedulio? ¡Chinchón por si se me seca la boca.!"

Al otro guardia le dio por meter cizaña - Digale que la abra. - A lo que yo respondí. - Si fuese ántrax, abre el termo y alguien estornuda, saldremos todos en las necrológicas de ésta noche. - El corpachón de Bedulio se estremció. Hizo acopio del poco valor que le quedaba y mandó al guardia, a seguir guardando la puerta, a paso de carga.

La votación se había detenido por segunda vez y todos los ojos estaban fijos en la cantimplora. - ¿Seguro que lleva chinchón? - "¡¿Quiéres un poco y sales de dudas?" - (¡Ay, dios!) pensaba yo (va a descubrir a Pascualita ¡¿Por qué la abuela nunca me hace caso?!)

Bedulio dudó unos segundos larguííííííííííísimos y luego se excusó: - No puedo beber, estoy de servicio. - ¡Y por fin pudimos votar!
 


domingo, 26 de mayo de 2019

¡A votar!

Como la abuela sigue empadronada en mi casa, cosa que a Andresito le sienta como un tiro. - ¡Seguro que no les votas a los míos! (le reprocha) - solemos ir juntas a votar. Como hoy, por ejemplo.

Nos hemos puesto de tiros largos porque la ocasión lo merecía. A instancias de la abuela me he puesto sus botas mosqueteras de charol y tacón stiletto. - "Nunca se sabe dónde aparecerá el futuro padre de mi bisnieto y tienes que estar preparada para gustarle". - Lo malo es que nunca se me ha dado bien andar con zancos y me he caído al dar el quinto paso. Mientras intentaba levantarme sobre aquellas agujas brillantes, la abuela se partía de risa. - !A éste paso no tendré bisnieto pero me reiré muchísimo jajajajajajaja"

Antes de salir ha llamado el abuelito. - "¿Díme, guapo? ... sí, lo sé... vaaaaale... ¿Ah, sí? pues no me he fijado... ¿encima de mi bolso? ... no, no los he visto... si, que ganaréis... ¿cómo? Perdona: ganaremos.... Hale, un besito ¡Muá!" - A ver si lo adivino, abuela: que cojas las papeletas de los suyos en el colegio electoral... que te ha puesto los sobres cerrados encima del bolso pero se te han caído jijijijiji... que tenéis que ganar a toda costa... ¿A qué te ha dicho esto? - "Lo has bordado. ¡Hale, vamos!"

Nos gusta coger las papeletas y los sobres de las cabinas y reímos espiando a través de las cortinillas las caras o los comentarios de la gente.

En esas estábamos cuando la cortina se abrió de repente. - ¡Que es para hoy! Llevo un rato esperando. - ¡El que faltaba para el duro! - "¿Quién es?" - Don Tiquismiquis. - "Cierre la cortina o llamo a un guardia" (la abuela se había puesto seria) - ¡Llevan una hora ahí dentro! - "El voto tiene que ser bien pensado" - ¡Y miren como han dejado todo! Las papeletas tienen que estar ordenadas. - Sí, don Bandurrio.

El nombre motivó las primeras risas que fueron contagiándose por todos los pasillos. Los guardias se acercaron pensando que era un motín. - ¡Orden, ordeeeeeeen! ¿Qué pasa aquí?... ¡Oh, no! (Bedulio nos había visto) - ¿Sabes cómo se llama éste tío? (dije, señalando al vecino) ¡¡¡BANDURRIO!!!

Y la gente dejó de votar durante un rato porque, con la risa, no atinaban a meter los sobres en las urnas.

sábado, 25 de mayo de 2019

¡La madre que lo parió!

Bedulio llamó, insistentemente, a mi puerta. - ¿Qué pasa, hombre? ¿Tantas ganas tienes de verme? - Todo lo contrario. Cuanto antes te vea, antes me voy. - No le ha dado Dios el don de la diplomacia.

- Toma, te han denunciado. - ¿Por? - Porque no paras de hacer ruido a horas intempestivas... - A esas horas duermo... claro que si aparece mi primer abuelito... - ¡Para!. - ... hacemos tertulia y... - ¡¡¡PARA YA!!!

No lo puede remediar. Es nombrarle a mi antiguo pariente y se le cambia la cara. Lo he comentado muchas veces con Pascualita y mientras ella bizquea, yo me parto de risa.

Muy serio, me anunció que la denuncia era, además de por escándalo, también era por robo. - ¡¿Eh?! - Eso pone aquí. - Yo no robo, eso es cosa de la Cotilla. - Dice que te quedas con todas las pinzas de la ropa que caen en el patio interior. - ¡Claro! Yo lo límpio. - ¿Y te quedas las pinzas? - ¡Sí! - Acabas de confesar tu crimen.

Dio media vuelta dispuesto a irse. - ¿Quién ha sido? - Don Bandurrio Pelagatos. - Y me señaló el techo. Le agarré el brazo y lo metí en casa. - ¡¿Don Tiquismiquis?! - Don Band... - ¡Lo que yo te digo! ¡La madre que lo parió!.

Bedulio siempre está incómodo en casa y no deja de mirar aquí y allá. - ¡¿Por qué tienes un bidón de gasolina en el comedor?! - Es psicodélico. Decora. - ¿Sabes que puedo denunciarte por terrorista? - Mientras hablaba, meneó el bidón con fuerza pensando que estaba vacío y no a tope de agua de mar, algas, arena, copiñas, el barco hundido ¡y una sirena! El resultado fue que una ola marina se le vino encima y quedó chorreando, con un flequillo de algas y, lo que es peor, con Pascualita enganchada a una oreja.

¡Cómo gritó, pataleó, lloró, babeó, moqueó, corrió... !

Mientras bebía a morro de una botella de chinchón hasta la borrachera, el vecino de arriba aporreó la puerta. Abrí de sopetón, le tiré de la manga diciendo: - ¡Pasa, valiente. El ánima de mi primer abuelito te espera!

Ahora tengo a Bedulio durmiendo la mona en la salita, a Pascualita relamiéndose del trocito de oreja que se comido y la manga de la americana del imbécil de arriba, que le he arrancado de un tirón mientras él escapaba, con el rabo entre las piernas, escalera arriba, hacia su piso.