La abuela ha venido a casa en plan refugiada-familiar porque, desde que sacaron a Franco del Valle de los Caídos, Andresito no levanta cabeza. - Tendrías que quedarte junto a tu marido y animarlo. - "Eso es lo que he estado haciendo todo el día pero está de un soso que no hay quien lo aguante. Por cierto, antes de venir aquí lo he dejado en la UCI del hospital" - ¡¿Al abuelito?!
Entre risas me ha contado lo que ha pasado: - "Primero me he disfrazado de vampira sugerente jajajajajaja, con un corpiño, bien ceñido, de cuero y lentejuelas y una superminifalda con lucecitas leds en los bajos. Medias negras de blonda y estilettos rojos sangre con plataforma y tacones de muchos centímetros de alto. El maquillaje de la cara imitaba el color de Pascualita, con grandes ojeras y labios rojo pasión. Los colmillos blancos destacaban mucho. jajajajajaja. Cuando me he mirado en el espejo me he gustado tanto que he besado mi imagen. Sin embargo Andresito ni se ha inmutado ¿Te lo puedes creer?"
- ¿Por eso está en la UCI? - "¿No te digo que se ha quedado igual el pánfilo? En vista del éxito he probado otros disfraces con el mismo resultado. Es tan sosaina como tu" - ¿Entonces por qué está en la UCI? - "¡Eres más pesada que una gotera!"
Mientras hablaba, la abuela cogió a Pascualita que estaba muy atenta a nuestra conversación y le puso un trajecito de zombi. No hizo falta maquillaje, tiene el color de cutis ideal para este disfraz. El caso es que la sirena ni se inmutó ¡otro gallo nos cantaría si la hubiese trajinado yo!
La abuela siguió con su retahíla: - "Cansando de tanto cambio de disfraces, fui a ver al señor Li a su tienda y, como no, allí encontré el ideal para un día como el de hoy. Al llegar a casa me puse una sábana por encima y la careta que compré en la tienda de los chinos. Después, pisando las alfombras persas de sus antepasados para no hacer ruido, me puse destrás de Andresito y le toqué, suavemente, el hombro. Al volverse, sobresaltado, grité: ¡¡¡FIIIIIIRMES!!! - Me miró, se puso blanco y cayó al suelo como un saco de patatas. Entre Geoooorge y yo intentamos reanimarlo, lo consiguimos dos o tres veces pero, en cuanto me miraba, se desmayaba de nuevo" - ¿Y qué te han dicho los médicos? - "¡Que me quite la careta!"
Cuando, al anochecer, ha llegado la Cotilla de sus trapicheos, la abuela la ha esperado escondida detrás de la puerta, con la luz apagada y una vela iluminando la careta desde abajo. .. La ambulancia ha llegado poco después y la han ingresado en la UCI. Me lo ha comentado la abuela por teléfono. - ¿Y qué han dicho los médicos? - "¡QUE ME QUITE LA CARETA DE FRANCO DE UNA VEZ!"
jueves, 31 de octubre de 2019
miércoles, 30 de octubre de 2019
Campaña electoral... otra vez.
¡Menuda juerga nos traemos con las Elecciones! a ver cómo le explico yo ahora a Pascualita que sí, que se vota cada cuatro años para elegir Presidente del Gobierno pero que, si lo que sale no nos gusta o los políticos no se ajuntan porque les gusta más tirar de chulería que de otra cosa, pues se vota otra vez. ¿Qué tampoco ésta vez se aclaran?... No creo que escondan mucho las urnas por vuelven a hacer falta.
La sirena no sé si lo entenderá. Pero lo que sí le gusta es el cachondeíto con el que nos tienen entretenidos los políticos. Son mejores que los del Club de la Comedia. Hablan tanto, sin escucharse a sí mismos que, por ejemplo, uno que fue, sin mucho éxito, Presidente de Baleares, un tal Bauzá, nos ha descubierto a los españoles que en Andalucía los padres no tienen ningún problema para elegir en qué lengua quieren que estudien sus niños.
¡Menos mal que estábamos sentadas en el sofá de la salita porque, si no, nos hubiésemos caído al suelo de la risa!. Este hombre es inasequible al desaliento ¿Qué para ganar votos tiene que inventarse una lengua nueva? ¡Pues se inventa y ya está!
Por supuesto hemos brindado con chinchón por él y los buenos ratos que, desde que supe que existía, nos ha ido dejando.
Pascualita ha descubierto que se bebe muy bien con cañita, la usa también para el chinchón y está con una cogorza de campeonato.
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡De lo que me acabo de enterar, boba de Coria! Andalucía tiene lengua propia y la otra. - ¿Qué otra? (pregunté mientras lanzaba a Pascualita a las ramas del árbol de la calle que dan a la ventana de la salita) - La que hablan siempre. - ¿Y cual es la propia? - He preguntado a compañeros de trapicheo que son de allí y, ahora mismo no recuerdan cual puede ser.
En las Universidades andaluzas tendrán que ponerse manos a la obra para dirimir a qué se refiere Bauzá o, en caso contrario, mejor que hagan oídos sordos a las palabras necias y electoralistas.
A través del cristal veo a la sirena durmiendo la mona, mecida por la brisa que mueve la rama donde cayó. Que bien vive la jodía.
La sirena no sé si lo entenderá. Pero lo que sí le gusta es el cachondeíto con el que nos tienen entretenidos los políticos. Son mejores que los del Club de la Comedia. Hablan tanto, sin escucharse a sí mismos que, por ejemplo, uno que fue, sin mucho éxito, Presidente de Baleares, un tal Bauzá, nos ha descubierto a los españoles que en Andalucía los padres no tienen ningún problema para elegir en qué lengua quieren que estudien sus niños.
¡Menos mal que estábamos sentadas en el sofá de la salita porque, si no, nos hubiésemos caído al suelo de la risa!. Este hombre es inasequible al desaliento ¿Qué para ganar votos tiene que inventarse una lengua nueva? ¡Pues se inventa y ya está!
Por supuesto hemos brindado con chinchón por él y los buenos ratos que, desde que supe que existía, nos ha ido dejando.
Pascualita ha descubierto que se bebe muy bien con cañita, la usa también para el chinchón y está con una cogorza de campeonato.
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡De lo que me acabo de enterar, boba de Coria! Andalucía tiene lengua propia y la otra. - ¿Qué otra? (pregunté mientras lanzaba a Pascualita a las ramas del árbol de la calle que dan a la ventana de la salita) - La que hablan siempre. - ¿Y cual es la propia? - He preguntado a compañeros de trapicheo que son de allí y, ahora mismo no recuerdan cual puede ser.
En las Universidades andaluzas tendrán que ponerse manos a la obra para dirimir a qué se refiere Bauzá o, en caso contrario, mejor que hagan oídos sordos a las palabras necias y electoralistas.
A través del cristal veo a la sirena durmiendo la mona, mecida por la brisa que mueve la rama donde cayó. Que bien vive la jodía.
martes, 29 de octubre de 2019
Una casa con torre.
Para tener entretenida a Pascualita a la hora del desayuno y no salte dentro de su taza de cola cao le he dicho que vamos a tener una torre en casa.
Es lógico pensar que una sirena no tiene ni repajolera idea de lo que es una torre: no la de Pisa, ni la de la Vega, ni la de las Animas... sencillamente una torre desde la que otear la vida que pasa por la calle y¡sin que nadie nos vea.
Ha estado de lo más atenta a lo que le contaba. He podido poner una cañita en la taza y ella solita, despistada, ha ido absorbiendo el líquido. ¡Ni una gota ha caído en la mesa! He mirado a Pepe que, desde su estante de la cocina, también parecía asombrado. Tiene mucha vida interior ésta cabeza jivarizada... a lo que parece.
Durante la mañana Pascualita no me ha quitado el ojo de encima esperando, supongo, que la lleve a la torre, imaginaria por mi parte, pero muy real por la suya. No sabía qué hacer. Una sirena cabreada puede ser muy peligrosa. Afortunadamente, la olla que había puesto temprano al fuego para hacer un caldito, me salvó.
Cuando más apurada me veía porque Pascualita empezaba a sacar su dentadura de tiburón a pasear, rechinando los dientes que sonaban a navajas de albacete con malas intenciones, de la olla empezó a salir humo que subía hasta el techo: - ¡Mira, (le grité) ya se forma la escalera!
Los ojos de la sirena siguieron la dirección de mi dedo. - ¡Ahora se formará la torre y podremos visitarla! - Cuando me pareció que ya había bastante humareda, no solo en la cocina, sino en toda la casa, cogía a la media sardina y la lancé al aire. - ¡Pero sujétate allí arriba, atontada!
El humo era tan espeso que dejé de verla y, asombrada, supe que me había echo caso y estaba sujeta a... ¿a qué, si todo era vapor de agua? - Corrí a abrir la ventana de la cocina y el humo salió enredándose por las ramas del árbol de la calle - ¡Pascualitaaaaaa! ¿Dónde estás?
Un estruendo llegó del pasillo - ¡¡¡¿QUE PASA?!!! - No se asuste, señora ¡Somos los bomberos! ¿Dónde está el fuego?
La puerta de la calle está ahora apoyada contra la pared del pasillo; el agua de las mangueras sale por el balcón y desborda hacia la calle; la olla se ha quedado sin caldo y yo sin olla. Y Pascualita ha aparecido encima de un mueble de cocina... Pero lo peor ha sido que nos hemos quedado sin torre con la ilusión que nos hacía...
Es lógico pensar que una sirena no tiene ni repajolera idea de lo que es una torre: no la de Pisa, ni la de la Vega, ni la de las Animas... sencillamente una torre desde la que otear la vida que pasa por la calle y¡sin que nadie nos vea.
Ha estado de lo más atenta a lo que le contaba. He podido poner una cañita en la taza y ella solita, despistada, ha ido absorbiendo el líquido. ¡Ni una gota ha caído en la mesa! He mirado a Pepe que, desde su estante de la cocina, también parecía asombrado. Tiene mucha vida interior ésta cabeza jivarizada... a lo que parece.
Durante la mañana Pascualita no me ha quitado el ojo de encima esperando, supongo, que la lleve a la torre, imaginaria por mi parte, pero muy real por la suya. No sabía qué hacer. Una sirena cabreada puede ser muy peligrosa. Afortunadamente, la olla que había puesto temprano al fuego para hacer un caldito, me salvó.
Cuando más apurada me veía porque Pascualita empezaba a sacar su dentadura de tiburón a pasear, rechinando los dientes que sonaban a navajas de albacete con malas intenciones, de la olla empezó a salir humo que subía hasta el techo: - ¡Mira, (le grité) ya se forma la escalera!
Los ojos de la sirena siguieron la dirección de mi dedo. - ¡Ahora se formará la torre y podremos visitarla! - Cuando me pareció que ya había bastante humareda, no solo en la cocina, sino en toda la casa, cogía a la media sardina y la lancé al aire. - ¡Pero sujétate allí arriba, atontada!
El humo era tan espeso que dejé de verla y, asombrada, supe que me había echo caso y estaba sujeta a... ¿a qué, si todo era vapor de agua? - Corrí a abrir la ventana de la cocina y el humo salió enredándose por las ramas del árbol de la calle - ¡Pascualitaaaaaa! ¿Dónde estás?
Un estruendo llegó del pasillo - ¡¡¡¿QUE PASA?!!! - No se asuste, señora ¡Somos los bomberos! ¿Dónde está el fuego?
La puerta de la calle está ahora apoyada contra la pared del pasillo; el agua de las mangueras sale por el balcón y desborda hacia la calle; la olla se ha quedado sin caldo y yo sin olla. Y Pascualita ha aparecido encima de un mueble de cocina... Pero lo peor ha sido que nos hemos quedado sin torre con la ilusión que nos hacía...
domingo, 27 de octubre de 2019
Receta de cocina.
Me ha venido a la cabeza el recuerdo de los viejos tiempos en que la abuela enseñaba a Pascualita cómo se hacían algunas recetas de cocina con la peregrina idea de que, cuando la sirena volviera a su hábitat, pudiera invitar a sus amistades presumiendo de saber hacer la cocina exótica de los terrestres.
Y como no tenía nada mejor que hacer, la he sentado sobre el azucarero en la encimera de la cocina y he abierto el libro de recetas: - Vamos a hacer rosquillas. Fíjate bien y aprende.
La cocina había recobrado su aspecto después de que yo limpiara el cola cao que, diariamente, esparce por todo mientras "desayuna". Preparé los avíos y a continuación, batí los huevos: - Mira que elegante juego de muñeca empleo para... ¡¿Qué haces, loca?!
Pascualita se tiró haciendo la bomba y me puso perdida. Me costó mucho trabajo sacarla del huevo porque quería morderme. Cuando metí la leche y el aceite me aparté un poco de la encimera pero esa distancia fue pan comido para ella ¡Y otra vez saltó dentro del bol de cristal! Esta vez quedé bien pringada.
Dispuesta a no dejarme avasallar por la medio sardina seguí con la receta. El olor del chinchón, tan querido en ésta casa, no mejoró su educación. Se tiró de cabeza y no hizo falta que batiera la mezcla, ya se encargó ella de hacerlo saltando como una loca.
- ¡¡¡Para, paraaaaaaaaaaa!!! Pero, en esos momentos, era la sirena más feliz del mundo y no me hizo ni puñetero caso.
Eché la harina y Pascualita desapareció dentro de ella para aparecer después convertida en un pequeño fantasma con sudario blanco. - ¡No te comas la harina! - Solo faltaba una cucharadita de levadura y amasar.
- ¡Sal de ahí que no te veo! - Pero no salió. Empecé a amasar con mucho cuidado pero la paciencia se me acabó pronto y me dejé de miramientos. Amasé y amasé hasta que la pasta se despegó de las manos. Puse aceite a calentar y empecé a freir las rosquillas hasta que un mordisco bestial me dejó el pulgar derecho tan gordo como una sobrasada.
Grité y grité mientras la sirena no soltaba la presa. No tuve más remedio que desprenderla de un tirón seco y tirarla por la ventana. - ¡¡¡Aaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyyy que dolor más insoportableeeee!!!
Absorta en mi desgracia creí escuchar gritos en la calle pero no les eché cuentas porque todo lo mío es mucho más importante. Poco después Bedulio, blanco, sangrando por la cabeza y sin el poco pelo que le quedaba, señaló la parte herida preguntando: - ¿Ha sido... tu ... primer abu... eli... to? -
Escondí mi dedo gigantino en la espalda y solo acerté a decir: - ¡Si... i! - mientras intentaba no mirar su oreja derecha en la que estaba Pascualita agarrada con uñas y dientes. Medio minuto después el Municipal corría escaleras abajo sangrando como un toro de lidia y con una oreja como la de Dumbo, mientras la sirena se relamía en el fondo de mi bolsillo. - "¡Ay, que jodía!"
Y como no tenía nada mejor que hacer, la he sentado sobre el azucarero en la encimera de la cocina y he abierto el libro de recetas: - Vamos a hacer rosquillas. Fíjate bien y aprende.
La cocina había recobrado su aspecto después de que yo limpiara el cola cao que, diariamente, esparce por todo mientras "desayuna". Preparé los avíos y a continuación, batí los huevos: - Mira que elegante juego de muñeca empleo para... ¡¿Qué haces, loca?!
Pascualita se tiró haciendo la bomba y me puso perdida. Me costó mucho trabajo sacarla del huevo porque quería morderme. Cuando metí la leche y el aceite me aparté un poco de la encimera pero esa distancia fue pan comido para ella ¡Y otra vez saltó dentro del bol de cristal! Esta vez quedé bien pringada.
Dispuesta a no dejarme avasallar por la medio sardina seguí con la receta. El olor del chinchón, tan querido en ésta casa, no mejoró su educación. Se tiró de cabeza y no hizo falta que batiera la mezcla, ya se encargó ella de hacerlo saltando como una loca.
- ¡¡¡Para, paraaaaaaaaaaa!!! Pero, en esos momentos, era la sirena más feliz del mundo y no me hizo ni puñetero caso.
Eché la harina y Pascualita desapareció dentro de ella para aparecer después convertida en un pequeño fantasma con sudario blanco. - ¡No te comas la harina! - Solo faltaba una cucharadita de levadura y amasar.
- ¡Sal de ahí que no te veo! - Pero no salió. Empecé a amasar con mucho cuidado pero la paciencia se me acabó pronto y me dejé de miramientos. Amasé y amasé hasta que la pasta se despegó de las manos. Puse aceite a calentar y empecé a freir las rosquillas hasta que un mordisco bestial me dejó el pulgar derecho tan gordo como una sobrasada.
Grité y grité mientras la sirena no soltaba la presa. No tuve más remedio que desprenderla de un tirón seco y tirarla por la ventana. - ¡¡¡Aaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyyy que dolor más insoportableeeee!!!
Absorta en mi desgracia creí escuchar gritos en la calle pero no les eché cuentas porque todo lo mío es mucho más importante. Poco después Bedulio, blanco, sangrando por la cabeza y sin el poco pelo que le quedaba, señaló la parte herida preguntando: - ¿Ha sido... tu ... primer abu... eli... to? -
Escondí mi dedo gigantino en la espalda y solo acerté a decir: - ¡Si... i! - mientras intentaba no mirar su oreja derecha en la que estaba Pascualita agarrada con uñas y dientes. Medio minuto después el Municipal corría escaleras abajo sangrando como un toro de lidia y con una oreja como la de Dumbo, mientras la sirena se relamía en el fondo de mi bolsillo. - "¡Ay, que jodía!"
sábado, 26 de octubre de 2019
No puedo con tanto bicho.
Pascualita no deja de tirarse contra la ventana del comedor impulsándose con su fuerte cola de sardina. - ¡¿Pero qué demonios quieres?! Afuera solo está el árbol de la calle o un porrazo contra la acera. Claro que también te pueden comer los gorriones. ¿Qué prefieres?
No hace ningún caso de lo que le digo y sigue estrellándose contra el cristal. - ¡Te harás daño, tonta! - Pero ella sigue, erre que erre. Creo que iré a la tienda del señor Li a comprarle un casco de juguete para que no se rompa la sesera.
Antes probaré otra cosa. He colocado a Pepe sobre el aparador. Tal vez los consejos que le de a la medio sardina, le harán más efecto que los míos. Claro que la cabeza jivarizada es de pocas palabras... de ninguna palabra, pero su presencia tendría que bastarle a la sirena. Aunque, no sé yo...
- ¡Avemaríapurísimaaaaaaaaaaaa! - ¡Oh, no, la Cotilla! - Agarré a Pascualita en pleno vuelo y la metí en mi escote. Estaba helada y mojada la jodía y estornudé una y otra vez: - ¡Atchís, atchís, atchís! - ¡Salud, boba de Coria! ¿Has cogido la gripe? Traigo unas pastillas que son mano de santo para esto. A veinte euros la cajita. - Es alergia. - También son buenas para eso. - ¡¡¡Atchís, atchís, atchís!!! - Si me hubieses dado los veinte euros ya estarías curada.
Pascualita se removía, incómoda, cada vez que yo estornudaba y esperando sus mordiscos de un momento a otro, empecé a sudar. - ¡Madre mía. Estás fatal! - ¿Cómo se llaman las pastillas? - ¿Por qué? - Para que me las recete el médico. - ¡Mira que lista! Y me quedo sin tus veinte euros.
- ¿No me diga que las ha robado? - ¡Esa boca, niña! He ido a una farmacia y tenían un cajón abierto, que no le importaba a nadie por lo visto, hasta arriba de estas pastillas y las he cogido todas. - De un tirón le quité la cajita que tenía en las manos. - Aquí pone que son ¡supositorios contra el estreñimiento! - Sí, boba de Coria, también sirven para eso.
En cuanto la Cotilla se fue, Pascualita saltó de mi escote a la ventana de nuevo. Harta de tanto trajín, la abrí de par en par y ¡un dragón entró deprisa colocándose en el techo, huyendo de los pájaros! - ¡¡¡La madre que te parió, Pascualita. La madre que te parió!!!
No hace ningún caso de lo que le digo y sigue estrellándose contra el cristal. - ¡Te harás daño, tonta! - Pero ella sigue, erre que erre. Creo que iré a la tienda del señor Li a comprarle un casco de juguete para que no se rompa la sesera.
Antes probaré otra cosa. He colocado a Pepe sobre el aparador. Tal vez los consejos que le de a la medio sardina, le harán más efecto que los míos. Claro que la cabeza jivarizada es de pocas palabras... de ninguna palabra, pero su presencia tendría que bastarle a la sirena. Aunque, no sé yo...
- ¡Avemaríapurísimaaaaaaaaaaaa! - ¡Oh, no, la Cotilla! - Agarré a Pascualita en pleno vuelo y la metí en mi escote. Estaba helada y mojada la jodía y estornudé una y otra vez: - ¡Atchís, atchís, atchís! - ¡Salud, boba de Coria! ¿Has cogido la gripe? Traigo unas pastillas que son mano de santo para esto. A veinte euros la cajita. - Es alergia. - También son buenas para eso. - ¡¡¡Atchís, atchís, atchís!!! - Si me hubieses dado los veinte euros ya estarías curada.
Pascualita se removía, incómoda, cada vez que yo estornudaba y esperando sus mordiscos de un momento a otro, empecé a sudar. - ¡Madre mía. Estás fatal! - ¿Cómo se llaman las pastillas? - ¿Por qué? - Para que me las recete el médico. - ¡Mira que lista! Y me quedo sin tus veinte euros.
- ¿No me diga que las ha robado? - ¡Esa boca, niña! He ido a una farmacia y tenían un cajón abierto, que no le importaba a nadie por lo visto, hasta arriba de estas pastillas y las he cogido todas. - De un tirón le quité la cajita que tenía en las manos. - Aquí pone que son ¡supositorios contra el estreñimiento! - Sí, boba de Coria, también sirven para eso.
En cuanto la Cotilla se fue, Pascualita saltó de mi escote a la ventana de nuevo. Harta de tanto trajín, la abrí de par en par y ¡un dragón entró deprisa colocándose en el techo, huyendo de los pájaros! - ¡¡¡La madre que te parió, Pascualita. La madre que te parió!!!
viernes, 25 de octubre de 2019
¡Que nochecita!
El teléfono sonó en mi cabeza, una y otra vez, hasta que mi subconsciente, muerto de sueño, se enfadó conmigo: - ¡¡¡Vale ya, boba de Coria. Cógelo que es para ti!!! - Era la abuela. - "Nena, ahora salimos de El Funeral y pasaremos por tu casa a dejar a Andresito ¡No lo aguanto más!" - Estoy durmiendo... - "¡Estabas! O te quedas con él unos días o te borro del testamento"
Geooorge lo ayudó a subir porque llevaba muchas copas de más. - ¡¡¡Profanación!!! - Chist, abuelito, que son las tres de la madrugada. - ¡¡¡PROFANACIÓN!!! - ¡Que te calles, leñe!
Lo metimos en la antigua cama de la abuela y mientras Geooorge le preparaba un café bien cargado, yo le puse la almohada sobre la cara para que se callara. Aunque solo sirvió para asfixiarlo un poco porque los vecinos aporrearon mi puerta. - ¡¡¡QUEREMOS DORMIR!!! - ¡¡¡NO HE GRITADO YO!!!
Siempre igual. Todas las culpas recaen sobre mi. - ¡¡¡QUE TE CALLES, BOBA DE CORIA!!! - ¡¡¡DEJADME DORMIR!!! (les grité para que me oyeran) - ¡¡¡LA MADRE QUE TE PARIÓ!!! - ... Y así podríamos haber pasado la noche entera. Menos mal que llegó la Cotilla y mandó a todo el mundo a sus camas. - ¡O llamo a Bedulio! - Y entonces el Municipal llamó al interfono: - Abre que vengo a multarte. - ¡Ha sido mi abuelito! - Un tartamudeo me indicó que no las tenía todas consigo: - ¿Qué... abue... li... to? - Andresito. - A través del interfono escuché su suspiro de alivio y unos pasos que se alejaban.
El abuelito dormía profundamente. Geooorge se había ido. Ya no se escuchaba ningún ruido en la finca. Fui a buscar a Pascualita, la envolví en una toalla y la acosté conmigo para que me defendiera de los fantasmas... En cuanto cerré los ojos vi un helicóptero aterrizando en mi balcón, soltando un fardo y desapareciendo después en la negrura de la noche.
Me tapé la cabeza con las mantas. ¿Qué habría en ese fardo?... Tendría que ir a mirarlo pero... ¡no puedo!... Bueno... iré pero me llevo a la sirena.
El frío de la noche me despejó un poco. Abrí el paquete con mucha cautela y ¡TACHAN! saltó un resorte con letrero luminoso que decía: - ¡¡¡VODAFON LE DESEA DULCES SUEÑOS!!! - Y mi voz resonó en todo el barrio: - ¡¡¡CABRONEEEEEESAAAAAYYYYYYYYYY!!!
Ahora tengo una mano descomunal. La que me mordió Pascualita, cansada de que no le dejara dormir. Y dos multas que me tiraron por debajo de la puerta por Escándalo nocturno reiterado: Y encima, Andresito grita en sueños: ¡¡¡PROFANACION!!!
Geooorge lo ayudó a subir porque llevaba muchas copas de más. - ¡¡¡Profanación!!! - Chist, abuelito, que son las tres de la madrugada. - ¡¡¡PROFANACIÓN!!! - ¡Que te calles, leñe!
Lo metimos en la antigua cama de la abuela y mientras Geooorge le preparaba un café bien cargado, yo le puse la almohada sobre la cara para que se callara. Aunque solo sirvió para asfixiarlo un poco porque los vecinos aporrearon mi puerta. - ¡¡¡QUEREMOS DORMIR!!! - ¡¡¡NO HE GRITADO YO!!!
Siempre igual. Todas las culpas recaen sobre mi. - ¡¡¡QUE TE CALLES, BOBA DE CORIA!!! - ¡¡¡DEJADME DORMIR!!! (les grité para que me oyeran) - ¡¡¡LA MADRE QUE TE PARIÓ!!! - ... Y así podríamos haber pasado la noche entera. Menos mal que llegó la Cotilla y mandó a todo el mundo a sus camas. - ¡O llamo a Bedulio! - Y entonces el Municipal llamó al interfono: - Abre que vengo a multarte. - ¡Ha sido mi abuelito! - Un tartamudeo me indicó que no las tenía todas consigo: - ¿Qué... abue... li... to? - Andresito. - A través del interfono escuché su suspiro de alivio y unos pasos que se alejaban.
El abuelito dormía profundamente. Geooorge se había ido. Ya no se escuchaba ningún ruido en la finca. Fui a buscar a Pascualita, la envolví en una toalla y la acosté conmigo para que me defendiera de los fantasmas... En cuanto cerré los ojos vi un helicóptero aterrizando en mi balcón, soltando un fardo y desapareciendo después en la negrura de la noche.
Me tapé la cabeza con las mantas. ¿Qué habría en ese fardo?... Tendría que ir a mirarlo pero... ¡no puedo!... Bueno... iré pero me llevo a la sirena.
El frío de la noche me despejó un poco. Abrí el paquete con mucha cautela y ¡TACHAN! saltó un resorte con letrero luminoso que decía: - ¡¡¡VODAFON LE DESEA DULCES SUEÑOS!!! - Y mi voz resonó en todo el barrio: - ¡¡¡CABRONEEEEEESAAAAAYYYYYYYYYY!!!
Ahora tengo una mano descomunal. La que me mordió Pascualita, cansada de que no le dejara dormir. Y dos multas que me tiraron por debajo de la puerta por Escándalo nocturno reiterado: Y encima, Andresito grita en sueños: ¡¡¡PROFANACION!!!
jueves, 24 de octubre de 2019
Una cosa menos.
- "Es necesario que tomes una determinación, Pascualita. Vamos a ver ¿te gustan o no te gustan los dragones? Porque no puedo tener al pobre Geoooorge todo el día pendiente de si ve alguno para cogerlo. No le gusta. Le da repelús y además no entiende esa repentina fiebre que cree que me ha entrado a mi con éste tema. Encima está loco porque se firme ya, de una vez por todas, el dichoso Brexit y se irá a su tierra de una vez por todas ¡Y yo no quiero quedarme sin mayordomo inglés porque tengo un estatus económico y farda mucho"
Mientras la abuela le soltaba la parrafada a la sirena, que parecía escucharla atentamente, no dejaba que se le secara la boca con tragos de chinchón. Hasta que la media sardina se cansó, se impulsó con la cola de pez y cayó dentro del vaso donde bebía su amiga del alma. - "¡Loca! Si quieres, pídelo!"
Así acabó la conversación. Se sentaron juntas en la butaca de la salita, frente al televisor, para ver como sacaban un viejo féretro a punto de hacerse trizas.
Esperaron, esperaron, esperaron... hasta que el chinchón hizo su efecto y durmieron a pierna suelta tan ricamente... sin ver nada.
A la hora de comer saqué un bote de judías estofadas que compartimos las tres. Pascualita se apunta a un bombardeo. Fue entonces, durante el telediario, cuando vio lo que le interesaba. "Apaga la tele y brindemos por la Democracia" dijo la antigua proletaria. La sirena no se quedó atrás y trajinó sorbitos de chinchón mientras hacía la señal de OK con sus deditos palmeados.
Mientras la abuela le soltaba la parrafada a la sirena, que parecía escucharla atentamente, no dejaba que se le secara la boca con tragos de chinchón. Hasta que la media sardina se cansó, se impulsó con la cola de pez y cayó dentro del vaso donde bebía su amiga del alma. - "¡Loca! Si quieres, pídelo!"
Así acabó la conversación. Se sentaron juntas en la butaca de la salita, frente al televisor, para ver como sacaban un viejo féretro a punto de hacerse trizas.
Esperaron, esperaron, esperaron... hasta que el chinchón hizo su efecto y durmieron a pierna suelta tan ricamente... sin ver nada.
A la hora de comer saqué un bote de judías estofadas que compartimos las tres. Pascualita se apunta a un bombardeo. Fue entonces, durante el telediario, cuando vio lo que le interesaba. "Apaga la tele y brindemos por la Democracia" dijo la antigua proletaria. La sirena no se quedó atrás y trajinó sorbitos de chinchón mientras hacía la señal de OK con sus deditos palmeados.
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