lunes, 28 de febrero de 2022

La vida en una garrafa.

La abuela se ha presentado en casa con unas cuantas ensaimadas calentitas y no hemos abierto la boca, para hablar, hasta que no han quedado ni las migas. 

Hacía tiempo que no desayunábamos juntas, Pascualita incluída y hemos pasado un gustazo. Después he sabido el por qué de su visita. - "La Momia me ha pedido que le lleve el orinal de su familia..." - ¡No puede ser! Es el hogar de la sirena. - "Tu bisabuelastra lo necesita para llenarlo de rosas y colocarlo en el centro de la mesa del comedor. Para mañana ha organizado un baile de disfraces en la Torre del Paseo Marítimo y sabe que sus familiares quieren verlo. Todos le tienen mucho cariño" - Dile que no puede ser ¿Dónde meto a Pascualita?

Estuvimos un rato haciéndo cábalas hasta que pensé que la mejor solución sería meterla en una garrafa de agua. - "Pero es transparente..." - ¡Es verdad! La pondré en la copa del árbol de la calle. - "¡Se caerá! ¡Tendrá frío! ¡Vendrá un gato! ..." 

El árbol de la calle estuvo de acuerdo. - Soy un padre ONG. - Pascualia tampoco dijo que no. Me parece que se sentía minusvalorada delante de todos los de casa viviendo en el orinal por muy aristocrático que sea.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaa! Nena ¿has puesto una garrafa en la copa del árbol de aquí al lado? - Pues... sí. - ¿Para qué, boba de Coria? - Para que el ábol beba cuando tenga sed. Y para que las algas estén con sus pariente terrícolas y hablen de sus cosas.

La Cotilla fue a por el chinchón. - No parece que hayas bebido desde ayer... Hale, vamos a Alcohólicos Anónimos que ya desvarías



domingo, 27 de febrero de 2022

¡Carnaval!

Estamos en pleno Carnaval y todavía no sé de qué disfrazarme. Le he dado muchas vueltas. He preguntado a todo quisqui de mi casa pero no me han ofrecido una respuesta que me ilusione hasta que: - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaaa! Ay, vengo más contenta que unas Pascuas - ¿Le ha tocado la lotería? - Mejor que eso. He vuelto a "limpiar" cepillos en las iglesias. Ya tienen algo más que telerañas. - Cotilla se va a ir de cabeza al Infierno. - Estaré calentita. - Que mal hablada es usted.

- Este año me voy a disfrazar (prosiguió) - Pero si va todo el año... - ¡De sirena! 

¡Ostras! se me pararon los pulsos. ¿Acaso había descubierto a Pascualita? En cuanto tuve oportunidad corrí al comedor y allí estaba la medio sardina, nadando en círculo lentamente en el orinal. - ¡Uf, menos mal! - Eché un chorreón de chinchón al agua y me serví unas generosas copas que fui paladeando con cañita.

El sopor me invadió y fui incapáz de resisirme a él quedando más dormida que Carracuca. Y soñé... Iba en una comparsa de sirenas disfrazadas de calamares en su tinta. El trozo de mar por el que desfilábamos quedó más negro que las uñas de un carbonero. 

En lugar de llevarnos el Primer Premio como era nuestro deseo, nos llevamos el Primer rapapolvo del Certámen de Disfrases. ¡Que más da! Habíamos conseguido lo que buscábamos: ser las primeras en algo.

El árbol de la calle, disfrazado del submarino del Capitán Nemo, daba largas brazadas con sus ramas. Las hojitas, llenas de purpurina cantaban: ¡Se va el caimán, se va el caimán. Se va para Barranquilla...! Los peces aplaudían a rabiar. Nunca se había visto algo así. Sobre la copa del árbol iba Pascualita convertida en el Pirata de los Siete mares llevando y usando, a Pepe el jibarizado cuyo ojo-catalejo hacía las veces de él mismo buscando algún barco mercante que llevarse a la boca.

Una peluca rubia platino pasó flotando cerca de mi. Al cogerla gritó: ¡No me sueltes, boba de Coria, que no sé nadaaaaaar! - ¿Pero, Cotilla, no iba a ir de sirena? - Solo quedaban pelucones sireniles... ¡snif!... en la tienda... ¡snif!... del señor Li... 

sábado, 26 de febrero de 2022

Malditas las guerras y los que las promueven.

Me estaba peleando con unas bolas de polvo que no querían salir de debajo de mi cama, atrincherándose detrás de una caja de zapatos. - ¡Salid de ahí malas pécoras! - Dijeron que nanai. Que estaban en territorio democrático y de allí no se movían. - ¡Estáis en mi cuarto, jodías!

Las muy brujas corrían, saltaban, me sacaban la lengua y se reían de mi. Y me encendí.  Llené un cubo de agua, le añadí amoníaco, mojé bien la fregona que sonó como un trueno cuando la puse en el suelo sin escurrirla, luego la pasé varias veces, hasta que no quedó ni rastro de las puñeteras bolas de polvo.

Seguí fregando el suelo del pasillo y al llegar al comedor di un respingo. La abuela y la Cotilla estaban de cháchara delante de un plato con queso mahonés, galletas de Inca y unas copas de chinchón on the rocks. - ¡¿Por dónde habéis entrado?! - ¡Por la chimenea! - dijeron al unísono partiéndose de risa.

Vi que Pascualita se asomaba entre las algas para no ser vista por la Cotilla. La abuela mojaba el dedo en el licor, alargaba el brazo hacia el orinal decimonónico para que la sirena chupase el chinchón. - ¿Qué haces, alma de cántaro? (dijo la vecina escandalizada) - "Intento convertir el agua en chinchón." - ¡Si lo consigues, nos forramos! (y tiró un chorrito de la botella al orinal) - "¿Qué haces tú?" - Como seré tu socia...

Luego la abuela se me encaró: - "¿A santo de qué vas pregonando que tu abuelo fue picador de suecas?" - Porque es verdad... El abuelito me lo ha contado (la Cotilla se santiguó) y bien  famoso que fue. - "¡JA!" - Y que en Suecia hay bastantes críos que se le parecen muchísimo. - "¡JA, JA Y REQUETE JA.!"

Sentado a dos palmos sobre la lámpara de velas, mi primer abuelito iba echo un pincel. Estaba más guapo que un San Luis con un sudario-frac de seda tan natural que aún tenía gusanos comiendo morera a dos carrillos. 

Mientras la abuela negaba más disfrutaba él. - Sigue, nena. La duda ya ha hecho mella en su cerebro ¡Que bien me lo estoy pasando! - No pude contestarle porque, en ese momento, un grupo de bolas de polvo pasaron a toda velocidad camino de mi cuarto. - ¡La madre que...!

 

viernes, 25 de febrero de 2022

¡Mi primer abuelito fue un "picador" de suecas!

Cada vez que la Cotilla pasa por el comedor se queda parada delante del cuadro en relieve de la Santa Cena, con la boca abierta y lo mira con mucho detenimiento pero no da en el clavo. - Cualquiera diría que no lo ha visto nunca (acabé por decirle) - Tienes razón. Es como si lo acabara de descubrir y me está dando un yuyu... Creo que me lo llevaré al trapicheo..., o se lo venderé al señor Li..., o... - ¡Ni o ni leches! Es mío y se queda aquí. - ¡De tuyo, nada, monada! Lo comprò tu abuela cuando tu aún no estabas ni programada para venir al mundo. - Vale. Pues es mío. - Hablaré con tu abuela y ya veremos que dice.

Se marchó hecha un basilisco. Mi primer abuelito, envuelto en aromas de Chanel, dio unas vueltas por el comedor hasta sentarse en la mesa de la Santa Cena. - ¿Y estos cuando acaban de comer? ... ¡Oh,! - A partir del momento en que descubrió a la camarera se dedicó a ligar con ella y así descubrí que, en su juventud fue un "picador" de suecas. Como fueron casi todos los jóvenes mallorquines de los años sesenta.

Llamó la abuela: - "Dale a la Cotilla ese cuadro, nena, que es más antiguo que andar palante." - ¡Que no! No sabía que tu ex había sido un "picador" en su juventud. - A la abuela le dio un ataque de risa. Hasta Pascualita la oyó y saltó del fondo del orinal hasta el borde sin quitarme el ojo de encima. -  "¡Pero si era un pusilánime! jajajajajajaja" - Dicen que quién tuvo, retuvo. - "Déjate de tontunas, boba de Coria y dale el cuadro a la Cotilla"

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaa! Dice tu abuela que me... ¿Qué es eso? - En vuelo rasante, el abuelito despeinó a la Cotilla con la cola del sudario. Una y otra vez. Ella no paraba de espantar "moscas" hasta que se mirò en el espejo. Tenía el pelo de punta y, de repente, vio como se bajaba y volvía a subir. Balbuceó: - ¿Es... tu...? No ¿verdad...? - Sí, Cotilla. Es el abuelito. 

Aún resuena en mi cabeza el alarido que soltó y fue alargando a medida que bajaba la escalera y corría por la acera alejándose de casa, a pesar de haber doblado ya la esquina.

 

jueves, 24 de febrero de 2022

Hace raro.

 Mientras desayunaba con Pascualita en la cocina, se inició una discusión en el comedor. Me asomé a ver de quién eran aquellas voces. Como procedían de lo alto pensé en mi primer abuelito pero no lo vi ni sobre la lámpara, ni en las cortinas, ni en ningún otro sitio. 

Pascualita, sentada en el borde del orinal de rancio abolengo, no le quitaba ojo al cuadro de la Santa Cena. Antes de que yo pudiera miraro, el árbol de la calle tocó los cristales de la ventana con una rama. - ¿No irás a dejarme así, boba de Coria? Abre y podré enterarme de qué tripa se les ha roto a éstos.

Pedí al ventanal que se abriera y no pude por menos que comentar como el que no quiere la cosa: - Luego la Cotilla es otra... - ¡Eh! que no es por cotillear sino para no aburrirme. - ¡Ya!.

Me senté en el comedor. Aquellos hombres barbudos tenían una discusión acalorada con una camarera de la posada donde llevan dos mil y pico de años sentados sin consumir más que pan y vino y diciendo que apunten las consumiciones que ya le pagarán. - Es que se nos fue el Jefe... (decía uno) - Yo tengo la faltriquera vacía. - A mi me dijeron Pedid y se os dará y eso hemos hecho: pedir.

El caso es que la camarera dijo que no se movía de allí hasta cobrar toda la deuda. - En el cuadro no puedes salir. - ¿Por qué lo digas tú? ¿Por qué no tengo barba? ¡Machistas!

Poco a poco el comedor se fue llenando de hojitas que no tenían nada más que hacer. También las bolas de polvo vinieron rodando por el pasillo. - ¡Vamos, que hay cine gratis! - Pepe el jibarizado me llamó desde su estantería de la cocina: - OOOOOOOOOOOOOOO. - ¡Voooooy!

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaa! ¡¿Se puede saber que haces mirando el cuadro con la boca abierta, boba de Coria?! - ¡¡¡AAAAAYYYYYYYYYY, QUE SUSTOOOO, COTILLA!!! - El corazón me salió por la boca, cayó al suelo, rebotó y entró de nuevo a su sitio. - No la habíamos oído llegar, tan metidos estábamos en lo que pasaba en la posada. Y como por arte de mágia todo volvió a su sitio en  un santiamén... Bueno, todo no.

La Cotilla miró el cuadro, abrió la boca, la volvió a cerrar. Un rato después la pillé mirándolo pero, como no decía nada, yo tampoco. Pero si que hace raro ver una camarera allí.

miércoles, 23 de febrero de 2022

La Cotilla se cabrea.

 Presidiendo el comedor, entronizado sobre la mesa del comedor, coloqué el orinal aristocrático. Meti dentro algas, arena, el barco hundido, agua de mar hasta casi el borde y a Pascualita. Pensé que le alegraría volver a la que, durante un tiempo, fue su casa. Pero no dio saltos mortales de alegría, cosa que le agradecí porque luego me toca a mi recoger el agua que tira.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaa! ¡¿No me digas que has puesto, otra vez, el orinal de la familia de Andresito en la mesa donde comemos?! ¡Esto es una guarrada! Esta noche me lo llevaré al trapicheo y dejaremos de verlo para siempre.

- ¡Ni se le ocurra tocarlo! - ¡Dios me libre! Debe tener virus de todos los colores y más antiguos que andar palante. - Ay, no diga tonterías, Cotilla. Además, estamos vacunadas... - ¡De estas antiguallas, no!

- Bueno, pues al orinal no puede ocurrirle nada malo porque la Momia me ha hecho responsable de él. - ¿Por qué si puede saberse? - Supongo que porque, algún día seré la heredera de la Torre del Paseo Marítimo y... - ¿Te lo ha dicho? - ¿Con todas las letras?... No.

Para suavizar el ambiente decidí hacer una comida distinta a los botes de fabada, lentejas o albóndigas con tomate y puse tortilla española con ensalada. Pero la Cotilla, que no estaba para cuentos chinos dijo: - ¿Tampoco sabes hacer una tortilla? - ¿Y ésto que es? (dije con chulería) - Tortilla congelada calentada al microondas. Además, con un orinal en la mesa, no voy a comer. - Y se cruzó de brazos muy enfurruñada.

Como, en el fondo tenía razón, aparté un poco el orinal poniéndolo a un lado de la mesa. Lo hice sin perder de vista a la sirena por si saltaba y tuviera que cazarla al vuelo. Al final no me dio ningún problema... pero sí mi primer abuelito.

Apareció a dos palmos sobre el orinal vestido con un sudario con estampado escatológico, por muy de seda natural que fuera y durante toooooda la comida me estuvo contando, con pelos y señales, la retahíla de personas que sentaron allí sus aristocráticas posaderas y las cosas que hacían en él.

Llevo toda la tarde con el estómago para arriba y para abajo. Hace un ratito me he mirado al espejo y estoy verde fosfi, con ojeras moradas con puntitos amarillos, que me llegan a los pies ¡Aaaayyyyyy, que malita estoooooy y que poquito me quejoooo..!

martes, 22 de febrero de 2022

¡Cuác, cuác!

 ¡Cuác, cuác, cuác...! - Esta es la "música" que vengo escuchando toooodo el santo día. Harta ya, lancé una pregunta al aire, sin mirar a nadie: - ¿Alguien aprende idiomas nuevos? - Nadie se dio por aludido o, simplemente, no contestó.

El cachondeíto ha seguido hora tras hora. - Pascualita ¿tienes algo que decirme? ... ¡Huy! perdona, perdonaaaaa. Ya sé que tendría que haberte comprado un nuevo acuario pero todo lo que tengo en los bolsillos son telarañas. 

En el fondo del taper, la cola de la sirena se movió lentamente. Amenazadora diría yo.- ¡Llamaré a la abuela! 

Es muy difícil hablar con la Torre del Paseo Marítimo. Primero tengo que traspasar la barrera del cancerbero inglés : - ¡Madame no estar! Mi no saber... Madame decir que no querer hablar con ti... - Y así hasta que se me hinchan las narices. Después hay que sacarle los cuartos a la abuela que es más agarrada que un chotis. - "Tengo muchos gastos. No sabes lo scrificado que es ser rica. Tengo que hacerme los vestidos de la nueva temporada y en la Casa Dior quieren cobrar a tocateja..."

Harta de escucharla dejé vagar mis pensamientos y, de repente, me acordé del famoso orinal de la Momia, del siglo XIX que alguna vez hizo las veces de pecera. - Abuela ¿y el orinal decimonónico? - "Ah, esto es cosa de tu bisabuelastra. Habla con ella aunque no te hagas muchas ilusiones."

La Momia se alegró de oirme. - ¿Qué es lo que me quiéres pedir, nena? - ¿Cómo sabes que quiero algo de ti? - Porque si no, no me llamas nunca. - Aaay, que graciosa eres bisabuelastritaaaaa. Esto... ¿puedes dejarme el orinal de tu familia para unas cuantas semanas? - No sé qué decirte... ¿Y si se rompe? - No se rompera. Pero me urge tenerlo. - ¿Es para una exposición? - ¿Eh?... Sí. - ¿Y de qué trata? - Sobre el Antiguo Egipto. (¡glub!) - Bueno, si es para ayudar a la Cultura, te lo dejo. 

Mientras esperaba la llegada de Geooooorge con el orinal, entré en la cocina y allí el cuác, cuác fue más intenso. ¡Ahí estaba! Era el calendario celebrando un día único: el 22/2/2022 ¡LOS PATITOS HACEN FIESTA!