Han llamado a la puerta y al abrir, me he encontrado con un tembloroso y desmejorado Bedulio. - Holaaaa ¿Qué haces por aquí a éstas horas? - El jefe me tiene tirria o no me mandaría venir a ésta casa en la víspera de Todos los Santos. Así que, ni me mires ni me hables. Toma el sobre con las multas de aparcamiento para tu abuela y ¡Adios!
Antes de que pudiera dar un paso hacia el ascensor, del interior de la casa se oyeron varios ¡CHOF! seguidos. El color desapareció por completo del rostro del Municipal. - A... ay, ay, ay... (dijo sin que apenas se le escuchara) - Tienes mala cara ¿Quiéres un chinchón? - ¡Quiero irme! - Una risa siniestra terminó de ponerle los pelos de punta. - ¡¡¡¿Qué ha sido esto?!!! (estaba desencajado)... ¿Hay alguien contigo...? - Claro ¡TU!
Le faltaban manos para santiguarse. - Entra, hombre. A mi primer abuelito le gustará saludarte. - ¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!! - Y corrió escaleras abajo.
Cerré la puerta y un minuto después entró la Cotilla. - ¡Avemariapurísimaaaaaaaa! ¿Qué le has hecho a Bedulio? Por poco me tira al suelo cuando nos hemos cruzado. - Sus miedos paranormales le juegan malas pasadas y como es víspera de Todos los Santos, cualquier ruído lo altera. - Pues si me lo encuentro esta noche lo mismo le da un infarto. - ¿No me diga que se va a disfrazar? No le hace falta.
A la Cotilla no le hizo gracia que le dijera eso y la muy zorra me echó una maldición. - Esta noche no estarás sola en ésta casa. Del Más Allá vendrán a hacerte compañía y ¿quién sabe si a llevarte con ellos? - ¡Ja! Mire como tiemblo jajajajajajajaja
Aquellas palabras se fueron incrustando en mi cerebro a medida que pasaban las horas. Y como, encima oscurece antes por el cambio de hora, la noche llegó deprisa. Me acurruqué en el sillón de la salita, rodeada de pan, sobrasada, agua, leche, pipas, chinchón, danones, etc. etc. Provisiones por si tenía que pasar allí la noche.
Cuando las noticias de la tele se convirtieron, de nuevo, en unitemáticas sobre Cataluña, me invadió el sueño pero, una luminaria fosforescente que salía del comedor, me espabiló. - ¡¿Es usted, Cotilla?! Que sepa que no me da miedo jajajajajajaja - Silencio. La luz se fue desplazando hasta entrar en la salita. - ¡No puedes hacerme nada, Puigdemont! Se que estás en Bélgica, fantasmón! - Silencio. - La luz era pequeña e iba de abajo arriba. Una sonrisa diabólica flotaba sobre ella. Y quién quiera que fuese aquel espectro, venía hacia mi.
De repente supe que debía defenderme del inframundo y lancé a la lucecita verdosa, todo cuánto tenía al rededor mientras gritaba, asustada, - ¡Vuelve a los Infiernos, maldito seas! - Pero nada puede detener a un alma en pena cuando quiere atacarte. Claro que yo no me daba por vencida y lancé patadas al aire, más que para herir, para subir mi autoestima. Y mientras yo daba en hueso, un ¡aaaaaaaaaay! estremecedor llenó el silencio de la casa.
Era la abuela. Cubierta con capucha y capa negras, llevando en la mano una plancha enchufada, cuya lucecita verde brillaba en la oscuridad y a Pascualita en la otra, también con capita y capucha negra. Sus terribles dientes era lo único que quedaba un poco visible en la negrura de la salita.
Ahora estoy un poco mareada por el chinchón que he bebido al verme libre de seres de ultratumba... y por el pescozón que me dio la abuela al patearle la espinilla.
martes, 31 de octubre de 2017
lunes, 30 de octubre de 2017
El Jordi plasta.
Seguimos con la tabarra de estos días: el Prusès, la Independencia de Cataluña, Puigdemon... Es que no puedo poner la televisión sin que salga el temita. Y a mi me gustaría que lo dejaran de lado y hablaran de lo que de verdad interesa, porque en España están pasando cosas y no nos estamos enterando como, por ejemplo: ¿Se casará, o no, Belén con su novio? ¿Qué día y a qué hora? ¿Por la iglesia o por el juzgado?... Si es por el Juzgado ya pueden ponerse a la cola porque tienen delante un montón de políticos a los que están juzgando o a punto de juzgar. Esto es un sin vivir.
El concierto de pitos anunció a la abuela que ha subido a casa como una exhalación. - "Nena, prepárame chinchón on the rocks" - ¿Una copita? - "Llena una jarra y déjate de ridiculeces, coñe. Vengo traumatizada porque creía que el tormento a los presos estaba prohibido en España" - Yo diría que sí. - "Tampoco hace falta que opines que nadie te lo ha pedido"
La abuela venía peleona. - "Los Jordis sigue en la cárcel" - Pues sí... - "¿Te imaginas el trauma que debe tener el Jordi bajito con eso de llamarse Sánchez?" - Hay mucha gente que se llama así... - "Pero no son independentistas catalanes." - Eso sí...
- Este hombre se ha convertido en el plasta mayor del Reino al dar la vara, continuamente, al recluso que le ha tocado de compañero. El pobre hombre está desesperado, ni come ni duerme desde que Jordi Sánchez comparte con él la celda. Habla sin parar del Procès y eso no hay cristiano que lo aguante. El recluso dice que no es justo tamaño martírio y amenaza con denunciar a la cárcel si no le cambian de celda! Parece que, finalmente, su queja se ha tenido en cuenta y lo han cambiado de celda" - ¡Menos mal, pobre hombre! - "Bebamos a su salud" - No me lo tuvo que repetir.
El concierto de pitos anunció a la abuela que ha subido a casa como una exhalación. - "Nena, prepárame chinchón on the rocks" - ¿Una copita? - "Llena una jarra y déjate de ridiculeces, coñe. Vengo traumatizada porque creía que el tormento a los presos estaba prohibido en España" - Yo diría que sí. - "Tampoco hace falta que opines que nadie te lo ha pedido"
La abuela venía peleona. - "Los Jordis sigue en la cárcel" - Pues sí... - "¿Te imaginas el trauma que debe tener el Jordi bajito con eso de llamarse Sánchez?" - Hay mucha gente que se llama así... - "Pero no son independentistas catalanes." - Eso sí...
- Este hombre se ha convertido en el plasta mayor del Reino al dar la vara, continuamente, al recluso que le ha tocado de compañero. El pobre hombre está desesperado, ni come ni duerme desde que Jordi Sánchez comparte con él la celda. Habla sin parar del Procès y eso no hay cristiano que lo aguante. El recluso dice que no es justo tamaño martírio y amenaza con denunciar a la cárcel si no le cambian de celda! Parece que, finalmente, su queja se ha tenido en cuenta y lo han cambiado de celda" - ¡Menos mal, pobre hombre! - "Bebamos a su salud" - No me lo tuvo que repetir.
domingo, 29 de octubre de 2017
El otro Cid campeador.
- "¡Nena, estoy emocionada como si fuera a salir con mi primer ligue!" - ¿Quién fue, abuela? - "¡Yo qué sé! solo faltaría que tuviera que acordarme de todos. Además ¿qué tiene que ver eso con lo que te estaba hablando?" - Lo has dicho tú: estoy tan emocionada como si... - "Ya sé lo que he dicho, coñe. Era un modo de explicar lo que siento por un hombre que, como el Cid, está ganando una importante batalla después de muerto." - ¡Ostras!... ah, ya sé... - "Tú que vas a saber, boba de Coria"
Que poco le gusta a la abuela que le quiten protagonismo, por esto no me deja meter baza pero yo sé a quién se refiere, a Viriato... aunque... ahora no sé si ganó algo después de muerto... Es que cuando dimos ésta lección en el colegio no la estudié porque solo tenía ojos para un niño llamado... estooooo... hummm... ¿Sería Vespasiano?... o que su padre tenía una Vespa.
La abuela me sacó de mis elucubraciones, menos mal porque empezaba a dolerme la cabeza. - "¡Manolo Escobar!" anunció a bombo y platillo e inmediatamente, corrió a por Pascualita, luego colocó un disco en el tocadiscos y sonó la canción Que viva España. Y se puso a bailar el pasodoble con la sirena en la mano.
- ¡Baja el sonido, abuela! que vergüenza que lo escuchen los vecinos con lo antiguo que es eso. - "¿Antiguo? Pero si está arrasando en las redes sociales, en las manifestaciones, en los mítines... ¡Qué sabrás tu de música!" - Sé que esto es más antiguo que andar palante.
Pascualita abría su horrible boca, sonriendo de oreja a oreja, si las tuviera, balanceándose al compás de la música y haciendo la señal de OK con sus deditos. - "¡Mira cómo le gusta a la chiquitina bonita!" - ¿Bonita? ¿Ya has bebido chinchón a éstas horas?
Después de ésta canción vino otra y otra y otra... Salió el carro, por supuesto, que no sé yo como no lo han encontrado ya. A mi se me figuraba que Manolo Escobar se metía por todos los rincones de mi casa y saldría cantando cuando menos me lo esperara. - "¡Que grande eres, Manolo! Triunfando de nuevo y eso que estás muerto!" -¡Ah!... ¿Era este? pues... no era quién yo pensaba...
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaa! ¡¿No me digas que tienes sus discos de vinilo?! (gritó la Cotilla al entrar en la salita, porque la música estaba a todo meter) - "¡Síiiiiiiii!" - Seguro que me darán un buen dinero por ellos. - "No pienso venderlos" - ¡Egoísta! - La discusión fue subiendo de tono mientras la sirena, escondida en el escote de la abuela, se enfadaba porque se había acabado el baile.
Que poco le gusta a la abuela que le quiten protagonismo, por esto no me deja meter baza pero yo sé a quién se refiere, a Viriato... aunque... ahora no sé si ganó algo después de muerto... Es que cuando dimos ésta lección en el colegio no la estudié porque solo tenía ojos para un niño llamado... estooooo... hummm... ¿Sería Vespasiano?... o que su padre tenía una Vespa.
La abuela me sacó de mis elucubraciones, menos mal porque empezaba a dolerme la cabeza. - "¡Manolo Escobar!" anunció a bombo y platillo e inmediatamente, corrió a por Pascualita, luego colocó un disco en el tocadiscos y sonó la canción Que viva España. Y se puso a bailar el pasodoble con la sirena en la mano.
- ¡Baja el sonido, abuela! que vergüenza que lo escuchen los vecinos con lo antiguo que es eso. - "¿Antiguo? Pero si está arrasando en las redes sociales, en las manifestaciones, en los mítines... ¡Qué sabrás tu de música!" - Sé que esto es más antiguo que andar palante.
Pascualita abría su horrible boca, sonriendo de oreja a oreja, si las tuviera, balanceándose al compás de la música y haciendo la señal de OK con sus deditos. - "¡Mira cómo le gusta a la chiquitina bonita!" - ¿Bonita? ¿Ya has bebido chinchón a éstas horas?
Después de ésta canción vino otra y otra y otra... Salió el carro, por supuesto, que no sé yo como no lo han encontrado ya. A mi se me figuraba que Manolo Escobar se metía por todos los rincones de mi casa y saldría cantando cuando menos me lo esperara. - "¡Que grande eres, Manolo! Triunfando de nuevo y eso que estás muerto!" -¡Ah!... ¿Era este? pues... no era quién yo pensaba...
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaa! ¡¿No me digas que tienes sus discos de vinilo?! (gritó la Cotilla al entrar en la salita, porque la música estaba a todo meter) - "¡Síiiiiiiii!" - Seguro que me darán un buen dinero por ellos. - "No pienso venderlos" - ¡Egoísta! - La discusión fue subiendo de tono mientras la sirena, escondida en el escote de la abuela, se enfadaba porque se había acabado el baile.
sábado, 28 de octubre de 2017
¿República sí o no?
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaa! Vengo a que me ilustres, boba de Coria... ¿Hay o no hay independencia en Cataluña? - Abrí un ojo legañoso e intenté mirar a la Cotilla con un desprecio infinito pero creo que no lo conseguí porque, inmediatamente, me dormí otra vez.
- Ya lo dice tu abuela ¡no eres buena para nada! ¡¿Somos republicanos o no?! - ¡¿A mi que me cuenta?! ¡¿Acaso tengo pinta beatle?! ¡¿Me llamo Puigdemon?! ¡¡¡¿NO VE QUE ESTOY DURMIENDO!!! - Vale, pero... ¿Se ha vuelto a desdecir?
Recuerdo, vagamente, que le tiré un zapato a la cabeza.
Mientras desayunaba esta mañana, le comenté a Pascualita, la discusión de esta noche con la Cotilla. La sirena no paraba de saltar del frutero a su taza de cola cao. Reptaba, subía a pulso y se volvía a tirar. Y aunque viéndola inmersa en éste trajín, nadie diría que me estaba escuchado, no era así porque en cuanto la oyó gritar por el pasillo, se escondió entre la fruta y sacó su dentadura de tiburón a pasear. Después espero a que entrara en la cocina para lanzarle un chorrito de agua envenenada, acertándole en un ojo.
¡La que se armó! Todo fueron carreras, gritos, ayes y lamentos, llanto, mocos y aspavientos. Menos mal que el chinchón obra milagros y después de beberse casi media botella, durmió unas horas a pierna suelta. Ni siquiera se enteró cuando me comí una fabada de bote y magras con tocino, de bote también.
Hace un rato que se ha despertado con un ojo enorme que da grima verlo. Parece el ojo que todo lo ve trasplantado a la cara arrugada de la Cotilla. Naturalmente no le he dicho nada pero me ha costado mucho aguantarme la risa. Ella ha seguido como si la conversación de ésta madrugada no la hubiésemos interrumpido. - Entonces ¿hay república ya? - Hay pero... no hay. Ha durado menos que un bizcocho en la puerta de un colegio. - ¿La ha proclamado o no? - Aquel ojón mirándome fijamente me desconcertaba - jijijijijiji ... Sí, sí... - ¿Somos republicanas? - Ay, jijijijiji... no lo sé. ¿Usted es catalana? - No. Des Pont d`Inca. - ¡Pues no es republicana, pardala! - Ahora me das un disgusto. - No sabe jijijijijiji cuanto lo siento jajajajajajaja...
- Ya lo dice tu abuela ¡no eres buena para nada! ¡¿Somos republicanos o no?! - ¡¿A mi que me cuenta?! ¡¿Acaso tengo pinta beatle?! ¡¿Me llamo Puigdemon?! ¡¡¡¿NO VE QUE ESTOY DURMIENDO!!! - Vale, pero... ¿Se ha vuelto a desdecir?
Recuerdo, vagamente, que le tiré un zapato a la cabeza.
Mientras desayunaba esta mañana, le comenté a Pascualita, la discusión de esta noche con la Cotilla. La sirena no paraba de saltar del frutero a su taza de cola cao. Reptaba, subía a pulso y se volvía a tirar. Y aunque viéndola inmersa en éste trajín, nadie diría que me estaba escuchado, no era así porque en cuanto la oyó gritar por el pasillo, se escondió entre la fruta y sacó su dentadura de tiburón a pasear. Después espero a que entrara en la cocina para lanzarle un chorrito de agua envenenada, acertándole en un ojo.
¡La que se armó! Todo fueron carreras, gritos, ayes y lamentos, llanto, mocos y aspavientos. Menos mal que el chinchón obra milagros y después de beberse casi media botella, durmió unas horas a pierna suelta. Ni siquiera se enteró cuando me comí una fabada de bote y magras con tocino, de bote también.
Hace un rato que se ha despertado con un ojo enorme que da grima verlo. Parece el ojo que todo lo ve trasplantado a la cara arrugada de la Cotilla. Naturalmente no le he dicho nada pero me ha costado mucho aguantarme la risa. Ella ha seguido como si la conversación de ésta madrugada no la hubiésemos interrumpido. - Entonces ¿hay república ya? - Hay pero... no hay. Ha durado menos que un bizcocho en la puerta de un colegio. - ¿La ha proclamado o no? - Aquel ojón mirándome fijamente me desconcertaba - jijijijijiji ... Sí, sí... - ¿Somos republicanas? - Ay, jijijijiji... no lo sé. ¿Usted es catalana? - No. Des Pont d`Inca. - ¡Pues no es republicana, pardala! - Ahora me das un disgusto. - No sabe jijijijijiji cuanto lo siento jajajajajajaja...
jueves, 26 de octubre de 2017
Ha nacido una estrella del suspense.
La abuela ha llegado a casa entusiasmada. Con las mejillas arreboladas, los nervios a flor de piel, la ilusión reflejada en el rostro. - ¿Estás excitada? (pregunté, preocupada) - "¡Síiiiiiiiiiiiiii!" - ¿Sexualmente? (en seguida me arrepentí de la pregunta) Huy, perdón. No me lo digas, no, no, noooooo. No quiero saberlo. - "No te diría que no" - ¡Que no me lo digas! Soy tu nieta y me avergüenza conocer tus intimidades. - "No eres más tonta porque no te entrenas, boba de Coria. ¿Por qué preguntas, pues?" - Ha sido un lapsus... Perdón...-
- "Ha nacido un actor como la copa de un pino. El rey del suspense. Un tío que maneja magistralmente los tiempos para mantener al espectador en vilo. Estoy segura que los Goya al mejor actor y director, se los llevará él. Incluso el Oscar. Es simplemente un fuera de serie" - ¡Caray abuela! hace tiempo que no te había visto tan entusiasma... ¿Lo sabe el abuelito? - "Sí. Y no lo puede ni ver" - Estará celoso... - "Puede ser porque lo critica constantemente" - Pues sí que le ha dado fuerte jejejejejejeje
Estábamos sentadas en la salita, junto con Pascualita, saboreando un chinchón on the rock. - ¿Yo conozco a esa eminencia, abuela? ¿Qué películas ha hecho? - "Pues... no tengo ni idea... como tampoco sé lo que oculta su cerebro tras las cortinillas de su frente?" - ¡¿Lleva cortinillas?!... No recuerdo haber visto a nadie así... Solo a Puigdemon pero él no es... - "¡Justo! ¡Ese es el artista! - ¿Puigdemón?... ¿"Estás segura, abuela"? - "¿Sí. Tiene a todo el País en vilo, pendientes de sus palabras. De si dirá sí o dirá no. Deshojando la margarita. Mosqueando incluso a los suyos que, totalmente despistados, a ratos le aclaman y a ratos le llaman traidor, para volver a aclamarlo en cuanto abre de nuevo la boca. ¡Que dominio de la escena tiene éste hombre!"
Pascualita miraba extasiada a la abuela, luego me miraba a mi, dudando si debía atacarme o no. Tuve que decirle a la abuela que bajara el tono porque la sirena no sabía a qué carta quedarse y podía escupirme de un momento a otro. - "¡Que ilusión, me parezco a Puigdemón!" - ¡Te ha salido un pareado! (grité mientras aplaudía a rabiar) - Pascualita, visto lo visto, acabó dando saltos mortales en mi copa de chinchón.
- "Ha nacido un actor como la copa de un pino. El rey del suspense. Un tío que maneja magistralmente los tiempos para mantener al espectador en vilo. Estoy segura que los Goya al mejor actor y director, se los llevará él. Incluso el Oscar. Es simplemente un fuera de serie" - ¡Caray abuela! hace tiempo que no te había visto tan entusiasma... ¿Lo sabe el abuelito? - "Sí. Y no lo puede ni ver" - Estará celoso... - "Puede ser porque lo critica constantemente" - Pues sí que le ha dado fuerte jejejejejejeje
Estábamos sentadas en la salita, junto con Pascualita, saboreando un chinchón on the rock. - ¿Yo conozco a esa eminencia, abuela? ¿Qué películas ha hecho? - "Pues... no tengo ni idea... como tampoco sé lo que oculta su cerebro tras las cortinillas de su frente?" - ¡¿Lleva cortinillas?!... No recuerdo haber visto a nadie así... Solo a Puigdemon pero él no es... - "¡Justo! ¡Ese es el artista! - ¿Puigdemón?... ¿"Estás segura, abuela"? - "¿Sí. Tiene a todo el País en vilo, pendientes de sus palabras. De si dirá sí o dirá no. Deshojando la margarita. Mosqueando incluso a los suyos que, totalmente despistados, a ratos le aclaman y a ratos le llaman traidor, para volver a aclamarlo en cuanto abre de nuevo la boca. ¡Que dominio de la escena tiene éste hombre!"
Pascualita miraba extasiada a la abuela, luego me miraba a mi, dudando si debía atacarme o no. Tuve que decirle a la abuela que bajara el tono porque la sirena no sabía a qué carta quedarse y podía escupirme de un momento a otro. - "¡Que ilusión, me parezco a Puigdemón!" - ¡Te ha salido un pareado! (grité mientras aplaudía a rabiar) - Pascualita, visto lo visto, acabó dando saltos mortales en mi copa de chinchón.
miércoles, 25 de octubre de 2017
Antropófaga.
He traído sardinas del mercado para comerlas con pimientos fritos y solo de pensarlo se me hace la boca agua. - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¿Vamos a comer sardinas? - Usted no lo sé, yo sí. - Yo también. No soy alérgica a las sardinas. - He traído las justas para mi. - A mi me dijo el médico que necesito fósforo. (y se hacía la sorda) - Pues chupe una caja de cerillas.
Como siempre, la Cotilla siempre llega en el momento menos oportuno. Se sentó a la mesa después de colocar su cubierto y su vaso. - ¿Y yo? (pregunté) - Si quieres criados, los pagas.
Como se ha convertido en una huéped vitalicia de mi casa, ya no sé si está bien que la mande a freir espárragos.
- He traído unos botes de tomate frito del contenedor del súper. - Estarán caducados... - ¡Eso no tiene importancia! Si caducan hoy, te lo puedes comer hasta medio mes después y eso tirando por lo bajo. - Un día tendrá una desgracia. - Cuando cobres lo que yo, tendrás el estómago blindado de comer lo primero que encuentres.
Discutimos un rato sobre poner o no, el tomate frito en el plato. Llegamos a una solución salomónica: ella se lo pondría y yo no. Tomada la decisión entré en la cocina a preparar las sardinas... - ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaah! - ¿Qué pasa? (la Cotilla llegó, asustada) - ¡No están las sardinas! - ¿Estás segura que las has comprado? - ¡Claro! Y eran muy frescas - Habrán saltado por la ventana. Por eso yo cojo las cosas caducadas: esas no se mueven.
Busqué por toda la casa pero no aparecieron. Harta de esperar, la Cotilla se fue a comer al comedor social mientras yo seguía buscando. Fue al pasar por el comedor cuando un destello salió del acuario. Una escama prendida en las algas del fondo se cruzó con un rayo de sol y brilló. Más abajo, Pascualita, con la barriga llena, reposaba en la arena. Los destellos se sucedían cada vez que las escamas chocaban con el sol. Y yo me estaba poniendo de mal café. Di un golpe en el cristal del acuario y la sonrisa sardónica y peligrosa de Pascualita apareció, mostrando entre los dientes una aleta de ¡sardina! - ¡Antropófaga! (le grité)
Como siempre, la Cotilla siempre llega en el momento menos oportuno. Se sentó a la mesa después de colocar su cubierto y su vaso. - ¿Y yo? (pregunté) - Si quieres criados, los pagas.
Como se ha convertido en una huéped vitalicia de mi casa, ya no sé si está bien que la mande a freir espárragos.
- He traído unos botes de tomate frito del contenedor del súper. - Estarán caducados... - ¡Eso no tiene importancia! Si caducan hoy, te lo puedes comer hasta medio mes después y eso tirando por lo bajo. - Un día tendrá una desgracia. - Cuando cobres lo que yo, tendrás el estómago blindado de comer lo primero que encuentres.
Discutimos un rato sobre poner o no, el tomate frito en el plato. Llegamos a una solución salomónica: ella se lo pondría y yo no. Tomada la decisión entré en la cocina a preparar las sardinas... - ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaah! - ¿Qué pasa? (la Cotilla llegó, asustada) - ¡No están las sardinas! - ¿Estás segura que las has comprado? - ¡Claro! Y eran muy frescas - Habrán saltado por la ventana. Por eso yo cojo las cosas caducadas: esas no se mueven.
Busqué por toda la casa pero no aparecieron. Harta de esperar, la Cotilla se fue a comer al comedor social mientras yo seguía buscando. Fue al pasar por el comedor cuando un destello salió del acuario. Una escama prendida en las algas del fondo se cruzó con un rayo de sol y brilló. Más abajo, Pascualita, con la barriga llena, reposaba en la arena. Los destellos se sucedían cada vez que las escamas chocaban con el sol. Y yo me estaba poniendo de mal café. Di un golpe en el cristal del acuario y la sonrisa sardónica y peligrosa de Pascualita apareció, mostrando entre los dientes una aleta de ¡sardina! - ¡Antropófaga! (le grité)
martes, 24 de octubre de 2017
Ha subido la luz ¡otra vez!
De madrugada, al terminar los trapicheos que siempre lleva entre manos, la Cotilla ha vuelto a casa y no ha tenido otra idea mejor que despertarme. - ¡Levántate que me tienes que ayudar! - ¡Aaaayyyy, no veo. No veooooooo! (grité asustada ante una repentina ceguera) - ¡Enciende la luz, coñe! Yo tengo las manos ocupadas.
Deslumbrada por la bombilla, tarde un poco hasta que pude fijarme en lo que abrazaba la Cotilla: ¡un montón de velas de todos los tamaños y calibres! - ¿Ahora se dedica a vender cirios? - Es el momento oportuno. ¡Nos han subido la luz muchísimo! y yo me saco unos euros que me ayudan a llegar a fin de mes. - Alguien habrá pagado el pato (comenté entre dientes) - ¿Qué insinúas...?
Pasé de ella porque no eran horas de discutir ni de nada. Solo de dormir. - Vamos a la salita a montar un altar de los Amigos de lo Ajeno... - ¡¡¡¿Quéeeeeeeeee?!!! - Están juzgando a Luis Bárcenas... o Luís el Cabrón como le llaman sus íntimos. Le he visto en la televisión cuando llegaba a la Audiencia y me ha impactado. Cada día está más guapo. Hoy, mismamente, parecía un Madelman andando con una cartera en la mano y unas espaldas cuadradas, tan perfectas que no parecían de éste mundo.
- En esta casa no se montan más altares a los gánsters de guante blanco. - ¡Hay que hacerlo! Mi gurú está en peligro. La Fiscal tira con bala y quiere enchiquerarlo. - ¡Que lo haga! - No puede mandar a la cárcel al cerebro de una operación financiera que dio tanto rendimiento... La Fiscal le tiene ojeriza ¡seguro!
- Haremos una cosa. Montaremos un altar a la Fiscal y al juez para que dicten condenas ejemplares contra los que fueron a la boda de la hija de Aznar. - ¿Por haber ido a la boda? ¡No es justo! Les llevaron regalos a los novios.
Después de una noche que transcurrió entre discusiones, nos sentamos a desayunar. Al poner la radio daban la noticia del asalto a una cerería: - El robo fue hecho por una persona cuya descripción, dada por el vigilante de la empresa, está entre Doña Rogelia y la Vieja del visillo. La Cotilla se atragantó. - ¡Yo tengo mucho más glamour que esas dos!
Deslumbrada por la bombilla, tarde un poco hasta que pude fijarme en lo que abrazaba la Cotilla: ¡un montón de velas de todos los tamaños y calibres! - ¿Ahora se dedica a vender cirios? - Es el momento oportuno. ¡Nos han subido la luz muchísimo! y yo me saco unos euros que me ayudan a llegar a fin de mes. - Alguien habrá pagado el pato (comenté entre dientes) - ¿Qué insinúas...?
Pasé de ella porque no eran horas de discutir ni de nada. Solo de dormir. - Vamos a la salita a montar un altar de los Amigos de lo Ajeno... - ¡¡¡¿Quéeeeeeeeee?!!! - Están juzgando a Luis Bárcenas... o Luís el Cabrón como le llaman sus íntimos. Le he visto en la televisión cuando llegaba a la Audiencia y me ha impactado. Cada día está más guapo. Hoy, mismamente, parecía un Madelman andando con una cartera en la mano y unas espaldas cuadradas, tan perfectas que no parecían de éste mundo.
- En esta casa no se montan más altares a los gánsters de guante blanco. - ¡Hay que hacerlo! Mi gurú está en peligro. La Fiscal tira con bala y quiere enchiquerarlo. - ¡Que lo haga! - No puede mandar a la cárcel al cerebro de una operación financiera que dio tanto rendimiento... La Fiscal le tiene ojeriza ¡seguro!
- Haremos una cosa. Montaremos un altar a la Fiscal y al juez para que dicten condenas ejemplares contra los que fueron a la boda de la hija de Aznar. - ¿Por haber ido a la boda? ¡No es justo! Les llevaron regalos a los novios.
Después de una noche que transcurrió entre discusiones, nos sentamos a desayunar. Al poner la radio daban la noticia del asalto a una cerería: - El robo fue hecho por una persona cuya descripción, dada por el vigilante de la empresa, está entre Doña Rogelia y la Vieja del visillo. La Cotilla se atragantó. - ¡Yo tengo mucho más glamour que esas dos!
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