sábado, 30 de noviembre de 2024

La humedad.

He puesto una toalla de playa en el balcón y he salido a tomar el sol en bragas y sostén. Pude haber usado el bikini pero ya está guardado... ahora solo me falta recordar dónde lo metí. 

El sol brilla y alegra las calles pero no calienta porque la Humedad de la isla, harta de no tener apenas papel que interpretar en otoño-invierno, se ha hecho la reina de las calles. 

Balcones y terrazas se ven repletos de ropa tendida que tarda la intemerata en secarse. Y allí estaba yo, tomando un sol descafeinado para no perder el morenito del verano, cuando las bolas de polvo, saltando como pulgas, estornudaron una y otra y otra y otra... vez para acabar estallando como fuegos artificiales. Dos segundos después estornudábamos todos.  

La gente que pasaba por la acera, al oír los estornudos se tapaban nariz y boca y salían corriendo gritando: ¡lagarto, lagarto!

Pascualita no se salvó de estornudar. Cada atchis era un salto, desde el fondo de la pila de lavar del comedor hasta el techo. Después de chocar varias veces contra mi primer abuelito que había venido a hacernos compañía, éste tomó las de villaDiego y desapareció camino del Más Allá, no sin antes estornudar ruidosamente.

- Nena ¿quién ha estornudado? (preguntó la Cotilla saliendo de su cuarto con la cara desencajada) - Yo. - Vaya, pues juraría que ... era el ex de tu... abuela. ¡Uf, que mal me ha sentado el chinchón on the rocks de hace un rato.

viernes, 29 de noviembre de 2024

Llega Navidad...

El tiempo es tan bueno que estoy entre ir a la playa o a comprar un abeto de colorines en la tienda de los chinos del señor Li. Este comentario lo he hecho de viva voz y como el árbol de la calle es más cotillo que la Cotilla, se enteró y puso el grito en el cielo.

- ¡¿Estando yo aquí vas a comprar un árbol?! ¡Derrochadora! ¡Manirrota! ¿Cómo vas a comparar una guarrada de plástico de colores, que se carga el Planeta, siendo yo lo más natural, esbelto, atractivo y ecológico que ha parido madre?

Mis ramas, estilizadas y fuertes, pueden cargar todas las bolas navideñas de todas las casas del barrio y lucir como un sol de medianoche. ¡Con razón te llaman boba de Coria! Si es que todo tiene su por qué. ¡¡¡Que cruz tenemos contigo!!!

De una patada cerré la cristalera del balcón, de golpe, harta de escuchar sandeces.

- ¡Hey, menos humos, Caperucita! (gritó la Cristalera, más enfadada que un mono) Cuidadín que soy un ejemplar muy delicado. - ¡Huuuy, sí! como una rosita de pitiminí es mi hermanita. ¡Frágil y gilipichis! Y todo porque le ha tocado estar en la parte interior de la casa. No como a mi, que estoy siempre a la intemperie aguantando calor, moscas, granizos, vendavales y ¡no me quejo! 

La discusión se iba generalizando y tenía pinta de terminar mal.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaa! Mira lo que me he encontrado en la calle, nena ¡Un árbol de Navidad, de plástico de colorines! - ¡Halaaaa! ¡Que bonitoooooo!... ¿Y estaba en la calle? - Pues sí... - ¿Cerca de la tienda de los chinos del señor Li? - Cerca, cerca ... - ¡Lo ha robado, Cotilla! - ¡Esa boca, niña!

jueves, 28 de noviembre de 2024

Oídos sordos.

Entre Pascualita y yo hay resquemor porque es una rencorosa empedernida y sigue sin perdonarme que no le llene la bañera para nadar a sus anchas. 

No sé cómo pero, el caso es que la abuela se ha enterado de la situación y le ha faltado tiempo para venir a echarme la bronca: - "Tú eres la mayor, por lo tanto eres quien ganarse la confianza de mi pequeña princesita" - ¡PUAG! (no pude contener una arcada ante tanto favoritismo). - ¿Que yo soy la mayor? ¡¿Yo, que nací en el siglo veinte de ésta era?! - "Pero eres más alta" - ¿Y qué tendrá que ver el culo con las temporas? Ella es más vieja que la Vejez y si no ha crecido en altura será por la mala milk que trae de fábrica. 

Horas después seguíamos sin llegar a nada. Pascualita saltó de la pila de lavar del comedor, al escote de la abuela que lucía minifalda con volantes, botas militares color rosa chicle, un top a topos verdes y blancos que terminaba debajo del pecho dejando al aire las costillas. Elegantísima, vaya-

La sirena indicó, cual estatua de Colón con el dedo estirado, el cuarto de baño y la abuela no se hizo de rogar. - ¿No irás a llenar la bañera? - "¡Claro que sí! ¿Verdad, chiquitina?" - Abrió la puerta de golpe y sonó un chillido de rata. Del susto, la abuela y yo saltamos como conejos. Pascualita voló por los aires aterrizando en la bañera que ya estaba medio llena. La Cotilla (la rata) volvió a gritar al ver "un bicho entrar de cabeza y con un gran estilo, en el agua jabonosa donde la vecina se estaba bañando sin reparar en el gasto de agua.

Cogí, ipso facto, a la sirena por los pelo-algas, hice molinete y voló hasta la pila de lavar sin darle tiempo a pensar.

Todo fue un visto y no visto. La Cotilla aún se recupera del susto. La abuela tuvo que tomar tila y yo le pedí a mi primer abuelito que me llevara con él ... al taller de alta costura de madame Chanel.

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Jeroglifico.

Una nube negra se instaló sobre el balcón. - ¡Fuera de aquí! Vete a llover a otro lado, pájaro de mal agüero! (le grité)

Estaba de muy mal humor. Se acerca la Navidad y no tengo euros que echarme a la cara. ¡Estoy pelada y llega el tiempo de regalos. Estos días no tendrían que existir. Hacen mucho daño a las exiguas economías ¡Ya está bien de tanto disimular! ¡No tengo dinero, por lo tanto, qué puedo comprar con NADA?... ¡NADA

Salí a la calle para despejarme la cabeza. Contacté con un sabio que estaba convencido que la tierra era plana y el Cambio climático una invención de los rusos. Entonces, sin mediar palabra alguna, le di una coz de borrico. ¡Cuanto rebuzno pejiguero salió de aquel mediar machar. 

Por mi calle pasó la Procesión cívica, con fotos y pancartas alusivas a las desgracias ocurridas  en Valencia. El año1956 quedó marcado en el ADN de quienes se salvaron. Lo mismo les ocurrió a quienes dejaron sus vidas entre el fango. Pensamos que así fue porque ninguno volvió para contar lo contrario.

La Escoba y la Fregona, disimulan como si la idea de hacer randa de bolillos fuese cosa suya. Mientras los palitroques chocaban unos con otros, la fábrica era una obra de arte moviéndose al compás de los bolillos: clic, clic, clic. Que bonito, dijo un caracol que llevaba un buen rato deslizándose por la barandilla del balcón,

Por unanimidad se le nombró Vagón de Primera. Y, satisfecho,  durmió como si no hubiera un mañana.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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martes, 26 de noviembre de 2024

El enfado de la sirena.

Pascualita tiene calor y no le basta el agua de la pila de lavar del comedor. Por eso salta, una y otra vez, tratando de acercarse al cuarto de baño y zambullirse en la bañera que está...vacía. Por más que le explico que no voy a llenarla porque el agua dulce empieza a ser un bien escaso. Y que, dada su envergadura de sardina en aceite, con la pila de lavar tiene agua más que suficiente.

¡Menudo cabreo ha cogido! Pero no he dado mi brazo a torcer. Ha saltado hasta vaciar el contenido de la pila en el suelo del comedor y convertirlo en una pista de patinaje artístico. Porque artístico ha sido la costalada que se ha dado la Cotilla en cuanto a abierto la puerta de la calle y ha pisado el agua.

Ha salido flechada hacia la ventana, que estaba abierta, Ha salido para aterrizar en la copa del árbol de la calle. - ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!

La Cotilla, aterrorizada, ha recibido una ovación cerrada de media hora. Gritos de ¡Artistaaa! se mezclaban con Pitos, Hurras, Queremos un hijo tuyo, Torero toreroooooo! y no sé cuantas cosas más le dijeron.

Por mi parte admiré la técnica de la Cotilla para no estrellarse contra el suelo. Entonces escuché una canción que me encantó. Venía a por mi. Y yo fui feliz hasta que recordé que esa canción era un canto de sirena, Pascualita "ES" una sirena. Y si no espabilo seré su cena...

lunes, 25 de noviembre de 2024

¡Aleluya!

Al árbol de la calle no hay quién le tosa. Debe tener amistad con el Alcalde porque, a la hora de adornar las calles para Navidad, a él le han puesto más bombillas led que a los demás. ¿Con quién se habrá compinchado? He intentado sonsacarle pero no suelta prenda.

Sí me he dado cuenta que los gorriones que viven en sus ramas parecen más contentos que de costumbre. -Vosotros sabéis algo... ¿No vais a contar nada? ¡Pues no seré yo quien vuelva a sacudir el mantel para que comáis las miguitas de pan!

He visto dudas en algunos de los pájaros pero, al final, no han dado su ala a torcer. También hay conspiración de silencio entre las dos caras de la Cristalera. Los comensales de la Santa Cena. La Escoba, al saber que no tendrá que barrer las pocas migas que dejen los pájaros, está feliz... Me estoy dando cuenta de que, tanto la escoba como la fregona, son dos vagas de mucho cuidado.

- Cualquiera diría que habéis hecho voto de silencio. - Me giré hacia los rincones del comedor, donde las bolas de polvo, apretadas unas contra otras, hacían lo posible por no dejar ir la lengua a practicar su oficio: Hablar.

Mi primer abuelito apareció deslumbrante con un sudario lleno de estrellas novas brillando a todo gas. - ¡Esto es una iluminación (grité) y no la birria de luces led del árbol de la calle!

Todos quisieron estar al sol que más calienta y se les soltó la lengua como por arte de magia: - Para tener más luminaria que los demás árboles, el de la calle ha tenido que jurar ¡¡¡Que no cantará en toda la Navidad!!!

 

domingo, 24 de noviembre de 2024

Solucionado.

Dejé a los comensales de la Santa Cena en una caja de zapatos para que no se perdieran por casa mientras llevaba el cuadro a ponerle un nuevo cristal. Hubo protestas por su parte, cuando, al poner la tapa quedaron a oscuras. - ¡Eh, eh, boba de Coria! ¿Se ha ido la luz? ¡Ay, que cabezazo nos hemos dado por tu culpa, jodía! - Menos abusar de la comida y ahora no pasaría ésto (repliqué)

Hasta volver a casa con el cristal puesto no caí en la cuenta de que debería haber metido antes en el cuadro a los comensales. A ver por dónde entrarían ahora.

Al abrir la caja de zapatos también hubo quejas. Esta vez por quedar deslumbrados al recibir la luz del sol de golpe.

Después vino la pregunta clave: - ¿Por dónde entramos? - Pensé que me daríais la solución vosotros... - Yo me quedo fuera. - Fueron varios los que optaron por ello, Otros decidieron entrar... si daban con la puerta. Por último, hubo algunos indecisos.

Se pasaron el día entero discutiendo los pros y los contras sin llegar al consenso entre ellos hasta que llegó la noche y bajó la temperatura. 

Poco a poco, se fueron agrupando para darse calor pero, a medida que pasaron las horas el frío se acentuó y hasta mi cama llegó el castañeteo de sus dientes. - ¡No podré dormir! - Ya lo creo que dormí. Como un lirón.

Cuando, por la mañana recogí a Pascualita para desayunar juntas, al pasar junto al aparador, unos sonoros y acompasados ronquidos me dieron a entender que, en una de esas horas brujas de la madrugada, los comensales encontraron el consenso y la entrada al cuadro de la Santa Cena.