viernes, 28 de febrero de 2025

Vecin@s.

 ¡Se ha perdido Pascualita! Llevo toda la mañana buscándola y no la encuentro. He terminado por llamarla a grito pelado por si se ha quedado traspuesta bajo algún mueble. Los únicos que se han dado por enterados han sido los vecinos: - ¿Pascualita? Solo le falta una amiga finolis a la boba de Coria esta. - ¡Y, encima, sorda! - Claaaro, para que pueda gritar a gusto. - Que alguien llame a Bedulio y que venga con la libreta de las multas. - Huuuuy. El pobre está muy malito desde que estuvo en esa casa. Yo ahí no entro ni harto de vino. - ¡Quita, quita. Lagarto, lagarto!

Mis nervios estaban llegando al punto de "cuerdas de violín tensas" - Así que para evitar  males mayores me senté en la butaca de la salita a serenarme y tomar unas cuantas copas de chinchón on the rocks.

Hecha la libación, me recosté en el respaldo de la butaca dispuesta a dormir una reparadora siesta cuando un escobazo, dado con maestría, me sacó del sopor. - ¡¡¡Aaaayyyyy, coooooñe!!!¡Escoba, esto no tiene ni pizca de gracia! - La televisión, que estaba encendida para hacer ambiente de parloteo en casa, llamó mi atención ahora que estaba espabilada. Salían peces y pensé - Ojalá pueda verlos la sirena... (pensé) - ¡Vaya que si los vio!

Pascualita, que llevaba tumbada en el sofá todo el rato, de repente se activó impulsada por la fuerza de su hermosa cola de sardina, estrellándose contra la pantalla del televisor. Luego, poco a poco se deslizó hasta caer al suelo y allí sigue, grogui, mientras veo a un grupo de pingüinos bailando merengue en el Polo Norte.

jueves, 27 de febrero de 2025

Arañas.

 Mientras yo tendía la ropa recién lavada, por el otro lado del tendedero una arañita, amarilla como la yema de un huevo, tendía hilos. - ¡Eh, fuera de aquí, bicho! - No me hizo ni caso, así no me quedó más remedio que dejar claro quien mandebaera el mandamás. ¡Mi menda lerenda! Y de un manotazo, la arañita se fue a tomar viento.

El árbol de la calle emitió un sonido extraño para un árbol. dijo algo así: - ¡IIIIIIIIIIIIIIIIH! - ¿A qué ha venido esto?  (pregunte?) - ¡Me repelen las arañaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas! No puedo con ellas. Y éste año han nacido más pronto..¡IIIIIIIIIH!- Tengo una fórmula para estos casos de fobias - ¿De verdad? ¡Mira, mira, tengo las hojas de punta! Dime ¿qué tengo que hacer?- : .- ¡Cantar!, porque quien canta su mal espanta. (dije y me quedé encantada conmigo misma)

No soy más tonta porque no me entreno. ¿Cómo se me ocurre abrir la boca y decir lo que he dicho? Ahora tengo que aguantar, noche y día, al árbol de la calle cantando como un descosido. Lo hace a todas horas y no sé qué hacer. He probado muchas cosas. Incluso le he tirado bolas de papel para atascar su garganta, ¡Ojalá que su canción cayera en la última posición, en el hipotético caso de que fuera a Eurovisión.

De pronto, un día dejamos de oírlo. - ¿Se ha muerto? (preguntó el vecino más dicharachero) Fuimos todos, en tropel, a ver al árbol. En la copa las arañas habían apresado su espíritu bajo capas y más capas de telarañas que no había dios que las rompiera.

Me hizo ilusión conocerlo. Y armada con unas tijeras, en un ¡tris tras! le solté aunque hubo una condición: - Prohibido, terminantemente FUMAR

 

 

miércoles, 26 de febrero de 2025

Los buenos consejos.

 La Cotilla, que regresaba a casa como todas las mañanas después del trapicheo y la "limpieza" de los cepillos de las iglesias que se adjudicó hace ya mucho tiempo, saludó como era tradicional en ella: - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaa! Me han contado... - ¿Quienes? - Las lenguas de doble filo... que Bedulio ha pedido una excedencia en su trabajo - ¿Y qué ha dicho su jefe? - Ha puesto el grito en el cielo y se ha acordado de TU familia.

Quedé estupefacta - ¿La mía? Que grosero el tío ¿no? ¿De qué va? ¡Ahora mismo voy a verle y le pondré las peras a cuartos! (se me empezó a calentar la sangre y me envalentoné) Menos mal que mi primer abuelito apareció sobre la vitrina  del comedor diciendo: - Yo que tú, no lo haría, forastera. Es el jefe de los guardias, nena. 

No hay nada como escuchar la voz de los mayores que, con su sabiduría, nos libran de tener abolladuras en el chasis corporal. - Y tienen porras. - Me costó un poco entender que no eran las del desayuno. Y ya, totalmente convencida, me quedé tan pancha en casa.

Por la tarde salí a pasear a la sirena dando una vuelta por el barrio. La tienda del señor Li estaba cerrada a cal y canto, igual que todos los comercios chinos del barrio. Se fueron a China a celebrar su Año Nuevo. 

Pascualita iba asomada en el viejo termo de los chinos. Tranquila después de desfogarse con los pobres comensales. Incluso durmió un rato. 

De repente sus ojos de pez cobraron vida. Ante nosotros apareció, al doblar una esquina, mi Municipal favorito: ¡Bedulio! y tuve que sujetar a la medio sardina antes de que saltara sobre él y le dejara la cabeza monda y lironda. 

Afortunadamente, Bedulio no nos vió. 

martes, 25 de febrero de 2025

Monstruítos.

Cada vez que pasaba cerca del aparador escuchaba gritos desgarradores. Pensé que alguien estaba oyendo capítulos de un dramón en su radio. Debí comentarlo en voz alta porque, tanto el vecino de al lado como la Escoba, vinieron a decirme lo mismo. - ¡Deja de hacer ruido! 

Me pareció muy injusto porque yo no era la escandalosa. Pero resultó que nadie de la finca me creyó y cansados de oír alaridos día y noche, los vecinos acabaron llamando a los Municipales para que escucharan y decidieran qué hacer. El resultado fue que mandaron a Bedulio y éste, ni corto ni perezoso, me endilgó una buena multa por dar molestias a la vecindad.

Ahí me enfadé y le eché en cara su poca profesionalidad. El levantó una ceja, mojó la punta del bolígrafo dispuesto a engordar la multa ya impuesta. - ¿Has escuchado los gritos? ¡No, padre! - ¿Cómo que no? - ¡No, señor! No he visto que entraras en mi casa. Ni acercarte al aparador y yo sé por qué. Temes que mi primer abuelito ronde a tu alrededor, bonito de cara.

- ¡Oye, que soy la autoridad! - Abrí la puerta de casa de par en par - Anda, pasa... - Pasito a pasito,  sudando a mares, llegó Bedulio hasta el comedor. Los alaridos no cesaron por ello. Es más, se intensificaron. De repente ocurrió lo impensable: ¡el cuadro se hinchó como un globo hasta que ¡¡¡EXPLOTÓ!!!

El comedor se llenó de comensales monstruosos, aunque de talla pequeña como cuando estaban en el cuadro. Los recogí sin saber qué hacer con ellos. - ¿Y Pascualita? (susurré) - Un dedo enorme en un cuerpo pequeñito, señaló hacia la mesa de la tasca. Allí estaba la sirena presidiéndola, encantada de la vida. 

Pensé que Bedulio la vería y tendríamos problemas... pero, no. Corría que se las pelaba por la calle, que era cuesta arriba, batiendo todos los recórds mundiales de velocidad, habidos y por haber hasta ese momento.

lunes, 24 de febrero de 2025

Y nosotras pasando pena...

Llevamos unas horas esperando el cataclismo pero no ocurre nada. La Escoba y la Fregona se han erigido en una especie de UME por si hay que entrar en el cuadro de la Santa Cena a recoger... lo que quede de la sirena.

Yo entraría pero no sé por dónde. Lo único que he echo ha sido llamar a la abuela por si quiere despedirse de su amiga. ¡Me ha puesto como hoja de perejil! Luego ha ordenado a su mayordomo que ponga el rolls royce mirando para mi casa y se salte cuantas señales de tráfico sean necesarias pero tienen que llegar en un suspiro.

Y así fue. Escuché un A, luego casi de inmediato, una Y.

La abuela entró arrollando cualquier cosa que le impidiera ver a su amiga, entera.

- "¿Cómo está mi niña bonita?" - Estoy bien, gracias, abuela. - Anda, quita de en medio, boba de Coria.(ya me extrañaba a mi...) - Llegó como Anibal con sus elefantes hasta el aparador del comedor y gritó: - ¡Pascualitaaaaaaa!

La sirena escuchó la voz amiga y asomó la cara luciendo una sonrisa, que hubiese sido encantadora de no ir enganchada a la oreja de uno de los comensales de la Santa Cena. - ¡Estás viva! 

No bastaron dos botellas de chichón para calmar el dolor de los comensales, cuyos enormes apéndices, deformados por los mordiscos de la incombustible sirena, no paraban de crecer.

domingo, 23 de febrero de 2025

Pues estan apañados éstos...

Mi primer abuelito no para de estrenar sudarios primaverales cargados de flores que acaban por el suelo y me paso el día barriéndolas. - ¿No puedes ponerte otra clase de sudarios? - ¿Quiéres que les haga un feo a los grandes modistos, nena. Además, así te libras de unas cuantas bolas de polvo. Y si las tiras a la calle, mejor que mejor. - ¿Quiéres que Bedulio me multe? 

De reojo, vi que la escoba miraba el reloj de cucú del comedor e, inmediatamente, se oyó - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaa! - La Cotilla me pilló, infraganti. - ¿Se puede saber qué demonios estás haciendo, boba de Coria? - Barrer... - Barriendo ¿qué, alma de cántaro? 

¡Angela, María! (dije para mí) La Cotilla esperaba respuesta coherente a su pregunta pero yo no podía hablar de las flores caídas, ni del cabreo que tenía la Escoba, ni de la carrera que se dieron las bolas de polvo para salir del comedor porque ¡no puede ver a éstos personajes!: - ¡Ay, Cotilla, que risa jajajajaja! Acabo de despertar de la siesta y aún no sé lo que hago jajajajaja. - Como sigas así, este año tampoco habrá bisnieto... 

Ahora que todo parecía arreglado, me pilló por sorpresa ver pasar a Pascualita-misil-tierra-aire y estamparse contra el cuadro de la Santa Cena. Yo había cerrado los ojos para no ver el batacazo de la sirena pero volví a abrirlos al no oír ruido de cristales rotos. 

Poco a poco, los personajes se fueron asomando con cara de asombro. - ¿Eso ha sido el choque del famoso pedrusco contra la Tierra? (preguntó uno de ellos) - En un rincón del cuadro asomó la preciosa cola de sardina de Pascualita. Mi primer abuelito, siempre al quite, me susurró al oído: - Se esconde del señor Li, nena. - ¡Eso está muy bien! - ¡Ya! pero olvidas que allí (señaló el cuadro) NO HAY COMIDA.

sábado, 22 de febrero de 2025

La Cotilla lo aprovecha todo.

Al pasar delante del balcón me llegó el sonido de la calle: silbidos, aplausos, gritos de olé, olé... Me asomé esperando ver aparcado el rolls royce de los abuelitos pero no. Había un tropel de gente en la acera de enfrente, mirando hacia arriba y, al parecer, disfrutando de lo lindo.

- ¿Qué pasa? - pregunté al árbol de la calle. - Que tenemos una artista en la familia y no nos habíamos enterado. - Si lo dices por la sirena hace tiempo que, a pesar de su mal genio, es la reoca dando saltos mortales y... - No es Pascualita. - ¿Ah, no? pues... ¿la Cotilla? jajajajajajajajajajajaja - Nos dio tal ataque de risa que tuve que ir al baño. Lo mismo hizo el árbol de la calle que, aunque no se movió del sitio, sus raíces lo notaron.

Una de sus ramas me tocó el hombro y luego señaló ¿el suelo del balcón?. Concretamente, el rincón donde puse a la única maceta que tengo... y su esmirriada plantita. Miré y no podía dar crédito a lo que vi. Una flor maravillosa, de colores tornasolados, esparcía un aroma único mientras danzaba como una prima ballarina del Bolchoi.

Me encaré con el árbol: - ¿Esta no es... eh que no... ? ¿De dónde ha salido? - Sí es, boba de Coria. El Cambio Climático le ha devuelto la vida productiva. Este año ha florecido ya dos veces. Esta última, como ves, está espectacular. 

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaa! Nena, baja a relevarme que estoy haciendo caja. - ¿Cobra a los vecinos? - ¡Naturaca! Lo de esta flor solo se ve en el Lido de París y aquí. Hay que aprovechar la ocasión...