martes, 30 de septiembre de 2025

Falta agua.

Los Hombres y Mujeres del Tiempo han dicho que lloverá. Mucho. Y he corrido a colocar, a la triste y solitaria maceta del balcón, pegadita a los barrotes para que se duche sin tener que gastar agua de la Red.

Cuando el esperpento de plantita que hay sembrada estiró el pescuezo para coger la primera gota que cayera, el sol asomó entre las nubes negras e iluminó la calle y todo cuanto había en ella. Poco después tuve que echarle un vaso de agua porque se estaba secando.

La Cotilla, que llegaba a casa después del trapicheo de la noche, levantó la cabeza y me vio regando : ¡Lo sabía! Tenías que ser tú la que gasta el agua del grifo. ¡Insolidaria! Te pasas la vida poniendo a parir a los grandes trasatlánticos que atracan en la Bahía de Palma y se van cargados de agua ¡Y resulta que eres tú la manirota! ¡Te pillé con las manos en la masa!

Al oír los gritos de la Cotilla varias vecinas se asomaron a los balcones: - ¡Es la de siempre! (gritaron) - Su abuela ya no sabe qué hacer con ella (dijo la vecina, compungida (dijo la jodía) Ni padre para el futuro bisnieto de la pobre mujer, tiene a sus años ... ¡snif!...

Yo no sabía dónde meter el vaso... - ¡No hace falta que lo escondas. El pecado ya está hecho! - Las vecinas fueron esparciendo cotilleos sobre mi. Pero se demostró que hay justicia. Poco a poco, las chafarderas fueron acercándose a la entrada de las fincas, otras daban media vuelta en los balcones cuando el cielo se abrió de repente y una tromba de agua las dejó chorreando y con el miedo en el cuerpo.

. Mi primer abuelito, emocionado y envuelto en un hermoso sudario de alas de mariposa que tocaban campanillas al menor movimiento, dijo - Nena, que detallazo has teniendo dando de beber a quien tiene sed, como has echo con la mísera plantita que llora, agradecida. 

lunes, 29 de septiembre de 2025

Fenómenos paranormales.

Durante unos días no se vio a Bedulio por las calles. Pensé que eso sería bueno para que los municipales no vinieran más a casa. Tal vez el Municipal les contó su fobia hacia el ánima de mi primer abuelito y se la ha transmitido a todos sus compañeros. Pero me equivocaba de cabo a rabo por qué una mañana llamaron al timbre.

No, Bedulio no venía con los municipales. - ¿Está malito? - Es como si tuviera alergia a ésta casa. - Me dio la risa floja - Yo diría que a mi primer abuelito jijijiji... - ¿Vive aquí el abuelo? (preguntó uno de ellos) - No, pero cuando menos me lo espero, se presenta... ¡Ahora mismo está volando alrededor de  la lámpara del comedor! ¡Hola, abuelito! - El puñetero pasó rozándoles la cara y eso bastó para que les corriera un escalofrío por la espalda y les entraran las prisas: - Bueno..., pues eso ¡que nos vamos!

Salían a paso ligero pero, antes de alcanzar la puerta de la calle, frenaron en seco chocando entre sí. Hacia ellos se dirigía una especie de zorrito que, en vez de correr, reptaba por el pasillo. No sé que se les figuraría que era aquella aparición pero corrieron como alma que lleva el diablo escaleras abajo.

 En la huida escuché algo sobre el Jefe - ... Pues, como no venga su padre ...

 

 

sábado, 27 de septiembre de 2025

Hay gato encerrado.

La Cotilla entró en casa acompañada de varios municipales, Bedulio entre ellos. - ¿Qué ha pasado? (dije poniendo la cara más angelical que pude) - ¡Me han robado! - ¡Ostras, Pedrín! - ¡Me han vaciado el bolso! - ¿Sospecha de alguien, Cotilla? ¿De los dueños de los cepillos de alguna iglesia..., por ejemplo?

Los agentes me miraron con curiosidad. - ¿Acaso sabe usted algo que nosotros debamos saber? - Bedulio, que como siempre que entra en casa no las tenía todas consigo, se preocupó: - Mejor nos vamos... - Pero no le hicieron caso y empezaron las conjeturas: - Pues me suena lo del robo de los cepillos... - Un rato después me sentí sacrílega ante tanta pregunta capciosa. - ¡Oigan, que yo no he sido! 

Bedulio sudaba: - Yo la creo ¡Vámonos! - Pero no soltaban la presa. Así que no tuve más remedio que gritar: - ¡¡¡ABUELITOOOOOO!!!

En un segundo la sangre le bajó a los pies al pobre municipal ante el estupor de sus compañeros. - Llévenselo que le está dando un soponcio... Oh, que bonito sudario  ¿Es de Chanel, abuelito? - Bedulio no esperó la respuesta y, aunque a trompicones, bajó la escalera sin apenas tocar el suelo con los pies.

- Nos vamos pero volveremos porque aquí hay gato encerrado (dijeron sus compañeros)

 

 

 

viernes, 26 de septiembre de 2025

¡SOMOS UN EQUIPO!

Ahora que los días se van acortando la Cotilla sale de casa más temprano para ir al trapicheo. Normalmente no la veo pero la oigo cuando dice ¡Me voy! Esta tarde me ha dado tiempo de verla de refilón a punto de cerrar la puerta. Y me ha dado el pálpito de que llevaba algo escondido.

He corrido al balcón  para ver si estaba en lo cierto pero he pillado a las dos caras de la Cristalera discutiendo sobre si cerrarse o no por la bajada de la temperatura. - ¡Dejadme pasar, pánfilas! - ¿Tú, que opinas, nena? - ¡Nada! Solo quiero salir. - ¿Por el balcón? ¿Ya has tomado chinchón? jajajajaja - ¡Se va la Cotilla! - Pues tanta gloria lleve como descanso deje la muy jodía...

Las dejé por imposibles y busqué el boá y a Pascualita pero no pude encontrarlas. Puse en pie de guerra a todos los personajes de casa, incluido el árbol de la calle: - Las ramas pasaban el mensaje ¡Buscad a Pascualita! lanzando hojas a suelo que el viento se encargó de llevar a todos los rincones del barrio.

No tardó en llegar la noticia: La sirena, vestida de boá, va en la bolsa sin fondo de la Cotilla. Las bolas de polvo me indicaron el camino a seguir explotando sobre las huellas de la vecina...  Mi primer abuelito llegó el primero, se metió en la enorme bolsa y en un santiamén la dejó vacía. 

No nos quedamos a ver la expresión de la cara de la Cotilla cuando abriese la bolsa. Afortunadamente, Pepe el jibarizado vino conmigo en plan llavero y pudo contar en casa, con todo tipo de detalle, lo que había pasado: - OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO...

jueves, 25 de septiembre de 2025

Que trajín.

Mi primer abuelito lleva días levitando y cuando menos me lo espero choco con él. Estoy cansada de decirle que coja más altura pero no me oye. Está tan enamorado de mi bisabuelastra que paladea, una y otra vez, los segundos que pasó con ella el otro día mientras su hijo, Andresito, creía que estaba traspuesta.

Sí, sí, traspuesta. Disfrutando del Amor con su enamorado. Hay que ver cómo son las cosas del querer: ella, que a éste paso va a tener más años que Matusalen, tuvo un marido que la llenó de joyas "para hacerse perdonar las cornamentas que le ponía" pero no la hizo feliz. Y mi primer abuelito tuvo una esposa que no lo quiso y se lo cargó con ayuda de la Cotilla... Bueno, eso son cosas que se dicen por ahí...

El caso es que siendo uno un alma del Más Allá y ella una muy firme candidata a serlo en breve, se conocieron en mi casa y el amor brotó como por arte de magia. Nadie sospecha nada porque la única que los ve soy yo... Y ahora me doy cuenta que tengo demasiados secretos a mi alrededor.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaa! ¿Otra vez hablando sola, nena?  Lo tuyo no tiene remedio ... ¡Aaaah! Tira ese boá de una vez que me da mala espina. - gritó la Cotilla viendo pasar a la sirena "disfrazada" camino del balcón.

 

 

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Paraulas d'amor...

He recibido la llamada de Andresito, marido ricachón de la abuela, o sea, mi segundo abuelito. - Nena, creo que tienes un recuerdo de mi familia - ¡¿De la Momia?! ¿Qué se supone que es? - Un boá. - ¡Ostras!... El caso es que descubrí uno el otro día. Estaba guardado en el cantarano menorquín de la abuela... - Mi madre quiere verlo. 

Rodeado de un clamor de pitos, el rolls royce tomó posesión de "su aparcamiento oficial" desplazándose como un portaviones en la bahía. Mi bisabuelastra, cargada de años, me dijo: - ¡Quiero verlo! - Espera, mamá. No seas ansiosa. Descansa primero. - Ayudé a sentarla en la butaca de la salita al tiempo que, susurrando, dije: - Sobre tus hombros... 

Vi como se le iluminaba el rostro, que ya era casi transparente, mientras acariciaba a mi primer abuelito. 

Me costó mucho encontrar el boá. Finalmente lo vi en el fondo de la pila de lavar del comedor - ¡Huy, se me debió caer y ahora está chorreando. Bueno, mientras se seca tomaremos unas copitas de chinchón on the rocks ¿Qué te parece?

Andresito no dijo que no. Y menos viendo que su madre se había traspuesto. Casi una botella después nosotros también nos dormimos.

 

martes, 23 de septiembre de 2025

Vaya mañanita me ha dado la abuela.

Temprano han sonado los pitos de los coches ésta mañana. ¿El rolls royce ...?  Me he preguntado mientras intentaba sacudirme el sueño que embotaba mi cabeza... - "¿Nenaaaa?" - La abuela me llamaba desde la cocina. - Hola...  ¿traes ensaimadas para desayunar?

No había ensaimadas sino una pregunta concreta que me hizo en cuanto supo que estábamos solas... sin la Cotilla quiero decir. Entonces disparó: - "¿Dónde está Pascualita?" - Pues, durmiendo en la pila de lavar del comedor, supongo.

La abuela buscó a su amiga entre las algas que cubrían la pila de lavar: - "¡No está!"  - Ponte tranquila, ya aparecerá. - "Tengo el presentimiento de que se ha ido. Que no volveré a verla..." - ¿A qué viene ésto, abuela? - Pero no me escuchaba. - "La Cotilla la habrá descubierto y se la habrá llevado al trapicheo ¡¡¡No volveré a verla!!!"

Mientras se lamentaba iba de acá para allá. Por el pasillo venía el zorrito-boá. Se paró ante su amiga rozándole las piernas. La abuela, sin mirar, dio un manotazo ¡y tocó pelo! - "¿Qué es ésto?  ¡No es un mosquito! ¡¡¡Ah, un bichoooo!!!"

Corrió a la cocina, cogió la escoba y se lió a escobazos con el boá mientras gritaba como una posesa. Abrió el balcón de par en par y mandó al zorrito-sirena a tomar viento. Aterrizó en el techo del rolls-royce, cosa que puso más frenética a la abuela que corrió escaleras abajo, le dio una patada en la espinilla a Geoooorge: - ¡¡¡Espabila y mata a ese bicho!!!

Fui más rápida y con el boá en la mano subí a casa, saqué a Pascualita de la bolsa y para cuando llegó la abuela la medio sardina, enfurecida por la tunda recibida, me enseñaba su terrible dentadura de tiburón, desde la pila de lavar del comedor.