lunes, 7 de abril de 2025

¡De la virgen del puño!

Decidí que, con el buen tiempo que hace, no iba a pasarme la mañana en la cocina,,, aunque sea para abrir una lata de fabada.  - ¡Avemariapurísimaaaaaaaa! ¿Decías algo, boba de Coria? - Sí. Que siendo dos, podríamos pagar a medias, un pollo al ast y nos libramos de cocinar.

La Cotilla clavó en mi su mirada. - Que yo sepa, no me ha tocado la lotería. - A mi tampoco pero ¿ha visto que sol más radiante hace? Ande, no se haga la remolona que ya sé que tiene más dinero que un torero, -  ¿Y?... 

Sería porque me notó el nerviosismo en la voz, pero Pascualita subió rauda hasta el borde de la pila de lavar del comedor y no le quitó ojo a la Cotilla que estaba demostrando ser más agarrada que un chotis. 

Mi primer abuelito, enfadado y envuelto en un sudario de lo más primaveral apareció derrochando polen por quilos. ¡Menos mal que a mi no me afecta! ... pero sí a la Cotilla que empezó a estornudar como una posesa. Fue tal la escandalera que hizo con tanto ¡AAAATTTCHIIIIISSSSS! seguido que se alarmó el vecindario.

- ¿De dónde sale tanto estornudo? (gritó alguien desde su balcón) - Se especuló sobre ello y poco a poco, afloraron los miedos a una nueva pandemia: - ¡Aaaayyyy, se me acabaron las mascarillas! - 

Se formaron colas en las farmacias - ¿Qué pasa? (preguntaban los farmacéuticos) - !!!Hay mucho estornudo!!! - Será el polen...  (opinó uno) . ¡Ya salió el sabio Salomón! (replicó otro). Iban a llega a las manos cuando una voz dijo: - ¡Papel de vateeer! - Y asaltaron el supermercado que estaba cerrado.

domingo, 6 de abril de 2025

¡A la playa!

Teniendo la playa a viente minutos a pie desde casa, Y haciendo un día espectacular de primavera-verano, solo podía hacer una cosa: ¡ir a la playa! Por lo visto Pascualita leyó mi pensamiento, cosa que no me hace ni pizca de gracia porque ya no tendré intimidad... ¿Quién le ha enseñado a leer a este bicho?

Decía que la sirena me esperaba en la mesa de la cocina junto con el termo de los chinos. A su lado esperaba también, Pepe el jibarizado. Me pareció que su ojo-catalejo se movía con más ímpetu que otras veces aunque, vaya usted a saber si no se trató de un espejismo. El caso es que, aún sin hablar, se expresaron muy bien ambos personajes.

Al poner el pie en la acera, desde el balcón, nos llovieron silbidos, trinos, gritos de ¡enchufaos! y aplausos al compás. No me quedó otra que levantar los brazos agradeciendo la despedida mientra los vecinos que estaban en la calle, me miraban alucinados, entre otras cosas, porque ni oían ni veían la escandalera que montaron, desde el árbol de la calle hasta la última bola de polvo.

Alguien dijo: - Con ésta cabra loca su abuela se quedará sin bisnieto. Pobre mujer Con lo buena que es. 

Pudo haberse montado un pollo pero opté por marcharme. Sobre mi cabeza, como una nube de tormenta, flotaba mi primer abuelito más cabreado que un mono: - ¿Ha dicho que mi ex es una buena mujer? ¡¿Lo ha dicho?! ¡Huy, que sofoco estoy cogiendoooooo!

Y yo que pensaba disfrutar de una primaveral y tranquila, mañana de playa...

 

 

 

 

sábado, 5 de abril de 2025

Pasando el rato...

Ya pasan volando, a velocidad endiablada, los primeros vencejos y su alegre escandalera. El árbol de la calle bulle de vida. Está feliz y acompaña los trinos de las diferentes aves que anidan en sus ramas, con su vozarrón de madera.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaa! Que gusto no encontrar a nadie sospechoso en la escalera... ¿Has sabido algo del Emperador de la China, nena?... ¿No? jajajajajajaja Lo que hace el no leer. A ti te ha salido caro ¿cuánto te costaron las colas de rape que compraste para que se los comiera Su Majestad Imperial? - ¡No me lo recuerde! Y encima, el señor Li me ha dicho que no me los va a pagar porque no eran gambas gordas. 

Pascualita vio, desde el borde de la pila de lavar del comedor, como se animaba el cuadro de la Santa Cena. - ¡Dentro de poco cenaremos, chicos! - ¡No veo llegar el momento! - Al final cómo hemos quedado: ¿comeremos lo de todos los años o innovaremos? - Por mi podemos probarlo pero... ¿Y si luego no nos gusta?  - Bueno, hay que arriesgarse... ¿no? -  Ay... no sé, no sé. - Aún nos quedan unos días para pensarlo - Me gustaría probar la comida china (dijo el de las treinta monedas) - ¿Esa que se come con palitos? - ¿Para qué sirven entonces las manos? - Cierto. Toda la vida hemos usado las manos y chupado, luego, los dedos. No pienso cambiar. - Sois de un aburrido total... - ¡Oye, oye, menos lobos, Caperucita...

viernes, 4 de abril de 2025

El emperdor de China.

Literalmente, aporrearon mi puerta, así que no me quedó otra que sacudirme la pereza, quitarme las legañas de una noche de sueño y cubrirme con la bata para, después ir a abrir con tan mala fortuna que el último puñetazo me lo llevé yo.

Estuve unos minutos KO mientras escuchaba el trino  de los diamantes que era algo así: - Mec, mec...

Recuperada, aunque no del todo porque la cabeza me dolía horrores, presté atención. ¡Chinos! ¡Eran chinos quienes parecían tener mucha prisa! Entonces escuché una voz conocida: - ¡Avemariapuríaaaaayyyyyydios! - ¡Cotilla! (me escuché llamándola)

Señola Cotilla ilse escalelas abajo. ¡Col.le mucho! -  ¡Señor Li! ... - Boba de Colia. A mi casa venil Empelador de la China. Gustal mucho gambas goldas ¡Tu tlael.las! Yo pagal mucho. Empeladol de la China decil que si no habel gambas goldas en mesa, mandal coltal mi cabeza- ¡Ostras, Pedrín! - Ostlas, no. Gambas goldas. - Se fue dando un portazo.

Fui al mercado de Pere Garau en busca de algo que pudiera contentar al exigente Emperador de China. Ninguna gamba me parecía suficientemente gorda. Al final fue Pascualita quien medio la idea al saltar, de mi escote a un rape medio cubierto de hielo. - ¡Colas de rape, bien compuestas darán el pego! De vuelta a casa ya me vi llevando un gran Collar de la Orden de las Gambas Gordas, impuesto por las reales manos del Empera... dor de la ... China... ¡Pero si no hay emperador que valga en la China. ¡La madre que parió al señor Li!

 

jueves, 3 de abril de 2025

El paseo.

 Llené el termo de los chinos de agua de mar. Metí a Pascualita dentro y salimos a pasear aprovechando el buen tiempo. La sirena iba asomada y no perdía detalle de lo que pasaba a nuestro alrededor.

Sacó uno de sus bracitos y señaló hacia abajo. - ¿Qué has visto? - Siguió señalando mientras yo hacía lo que podía porque la medio sardina, quería que viera con mis ojos humanos, lo que ella veía con sus ojos de pez. Una hora después seguíamos en el mismo lugar, con mi cerebro agotado y con Pascualia cabreada porque no doy con lo que quiere decirme.

- Yo: - ¿un papel..., un chicle masticado..., un escupitajo..., un vaso de papel arrugado..., una caca de perro..., piedrecitas..., una hierba..., etc. etc. etc.?

El bracito blancuzco de la sirena seguía, insistentemente, señalando el mismo lugar. Yo ya estaba hasta las narices. - ¡Ya no sé qué más decir, jodía! ¿Cómo no sea las hormigas de ese hormiguero? - El brazo blanquecino entró, de nuevo, por fin, en el termo. ¿Eso es lo que querías ver? ¡Pues, dilo, cooooñé! Hale, pues ya lo hemos visto, Volvemos a casa. Que paseo más tonto hemos dado por tu culpa.

Al darme la vuelta para regresar, me di de bruces contra mi primer abuelito que flotaba ante mis narices. ¡Ay, que susto!... ¿No llevas sudario? Entonces, vas ... ¿desnudo? ¿te lo permiten los jefes del Más Allá? ... que modernos, oye. ¿Qué haces por aquí?

Resulta que Pascualita le había mandado un S.O.S por telepatía porque llevabas una hora para decir H.o.r.m.i.g.a. Hazme caso, nena y que te mire un neurólogo

miércoles, 2 de abril de 2025

Me lo había parecido.

Al llegar a casa después del trabajo, encontré la puerta abierta de par en par. Y pensé: _ ¡Ha entrado un ladrón! - Corrí hacia el teléfono para llamar a la policía mientras las piernas apenas me sostenían del miedo que llevaba en el cuerpo.

Al ir a descolgar el auricular, éste me dijo: - ¡Alto! No hagas las cosas a tontas y a locas... - Al oír esa frase me enfadé: - ¿A quién te refieres, so listo? Porque yo no veo ni tontas, ni locas en ésta casa. ¡Ya está bien de humillar a las mujeres, coooooñe ya!

- Disculpa, nena. Solo quiero ayudarte... Puede que sea un ladrón quien haya entrado en casa pero... ¿Ya sabes si es guapo? ¿Si juntos alcanzáis la felicidad? ¿Si roba para llamar tu atención, además de hacerse un arreglo en los dientes y una liposucción ¡Tal vez sea el futuro padre del bisnieto de la abuela!... No puedes acusar a nadie sin conocerlo. - Visto así...  Miraré si lo encuentro y a ver qué pasa. De todas las maneras, llevaré un arma encima por si acaso.

Con Pascualita en el bolsillo, di con el ladrón echándose una siesta después de comer un buen plato de fabada asturiana de bote. Le miré largamente. Me fijé en sus pestañas pelirrojas que hacían juego con el chaleco. Era original... y empezaba a gustarme cuando alguien,  cantando una dulce melodía, lo atrapó y en un plis, plás, se lo comió. 

- ¿Pascualita... ? ¿Te has comido a un ladrón? - ¡Afirmativo!

martes, 1 de abril de 2025

Las piedras andarinas.

Era muy temprano cuando han llamado a la puerta. Caminando como una momia he tropezado con algunos muebles. Me ha costado lo mío pero he conseguido abrir y en el descansillo no había nadie, solo piedras. Han vuelto a llamar. He vuelto a abrir. Y otra vez, y otra, y otra... 

Después de ir y venir de la cama a la puerta y viceversa, puedo prometer y prometo que, de noche, los muebles se cambiar de lugar. La última vez que abrí la puerta las piedras se metieron en casa .

Desayuné una taza se chinchón on the rocks con galletas de Inca. Necesitaba algo así porque me pareció que las piedras ¡andaban! Metí la cabeza bajo la ducha y, aún así las piedras seguían caminando.

Lo grité a los cuatro vientos y todos los personaje, incluso los gorriones envidiosos que estaban atentos a la llegada de los vencejos y sus alegres trinos, me prestaron atención - Grité: ¿Qué hacen éstas piedras? - La respuesta fue unánime: ¡ANDAN! - Por tanto son: - ¡ANDARINAS!

A la velocidad de la luz salió Pascualita a por las piedras. Se juntó con ellas, las abrazó, la abrazaron ¡Se conocían! La sirena contó a mi primer abuelito que las piedras empezaron a andar cuando se  creó el mundo. Lo mismo ocurrió con las sirenas. Unas crearon montañas de todos los tamaños. Otras aprendieron que, cantando, podían comer marineros.

Ahora tengo la casa llena de piedras que juegan a tirarse del balcón a la calle cuando Pascualita dice algo así como ¡SUS! Solo espero que no descalabren a nadie... Ni siquiera a Pere Castell que me las  presentó.