Cuando abrí el bote de cola cao, la medio sardina parecía un bombón rebozado de chocolate. Menudo salto dio, desde la cocina al aparador y de allí a la pila de lavar que, por cierto tuve que limpiar de arriba abajo. Me llevó su tiempo: cambiar las plantas acuáticas y hacer varios viajes a la playa a llenar garrafas de agua de mar.
Horas después la sirena había recuperado su color y su mal genio poniéndome de vuelta y media por haberlo dejado en el bote de cola cao - ¿Por qué? - preguntó a través de mi primer abuelito, que ya se había dado cuenta de mi nula disposición para aprender idiomas.
- Llovía mucha agua dulce, cosa que no te sienta bien. Tenía el cola cao a mano, que te encanta. No lo pensé dos veces y te encerré en él... Además, eres la reina de los supervivientes. ¡No te quejes!
Di media vuelta en el momento justo en que me lanzó su saliva venenosa y me mojó media oreja... Sí, la que llevo arrastrando por el suelo...
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