He perdido de vista a Pascualita y me temo que haga una trastada. La he llamado y no ha dado señales de vida. He preguntado al árbol de la calle pero no la ha visto. Ni ha contestado a Pompilio, ni siquiera a las pocas bolas de polvo que no desaparecieron en la tormenta.
Mi primer abuelito apareció brevemente, solo para decirme que está muy estresado: - Se acerca la Navidad y hay mucho que trabajar para que todo esté apunto esos días. Los talleres de los grandes modisto echan humo. - Vale, abuelito. Te comprendo. Un besitooooo
De la cocina llegó la voz, inconfundible, de Pepe el jibarizado: - OOOOOOOOOOOOOO
Justamente, ahora mismo, no tenemos a un traductor de su idioma - Puse todo mi empeño en entender su extraña lengua. Al final solo logré escuchar algo así: - Tpgupii... - Lo intenté una vez más mientras el Llavero seguía repitiendo: - Gtrtffiiis ...
Y ocurrió lo esperado: Pepe se quedó afónico. - ¡Oh, noooooo! A ver, di otra vez la palabra, poco a poco, como decimos los mallorquines: a poc, a poc. - Se aclaró la garganta con media botella de chinchón on the rock y dijo: - ESPAGUETIS.
No fue hasta media noche que me desperté con esa palabra en la mente. - El caso es que me suena... ¿Querrá decir algo?
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