lunes, 24 de noviembre de 2025

Pascualita disfruta.

El mayordomo inglés de los abuelitos y el chófer del bus se pelean por ver quien aparcará primero en la parada, poniendo en peligro la vida de los vecinos de mi calle. Antes de decidirse a cruzarla, miran y remiran por si aparecen a lo lejos las siluetas de uno de los dos coches, o ambos a la vez. Si es así, se oye el acelerón de los motores y el griterío de quienes buscan la acera, cueste lo que cueste.

El chófer que gana pinta una estrella en los bajos de la carrocería del vehículo. Y durante días se festeja al ganador. Andresito no sabe nada de ésto. Bueno se pondría si supiera lo que hacen con su adorado rolls royce. La abuela se pica más que nadie y amenaza a Geoooorge, el mayordomo, con bajarle el sueldo si pierde tres veces seguidas.

Esta tarde salimos a dar una vuelta por Palma y ver el encendido de las luces navideñas. A pesar del frío que hacía no nos quedó más remedio que caminar entre el gentío que abarrotaba las calles. Pascualita nunca había tenido tanta gente al rededor y no dudó en aprovechar el anonimato lanzando mordiscos a troche y moche. 

Tardamos mucho tiempo hasta encontrar una mesa libre en la que tomar chocolate con ensaimadas.

Al día siguiente los periódicos se hacían cruces ante tanta orejas, narices, manos, brazos, caras... de gente que arrastraba enorme trozos de su cuerpo entre quejidos y sollozos... Quién aconsejaba tomar botellas enteras de chinchón on the rocks para combatir el dolor? ¿Una agencia de publicidad promocionando el chinchón?

La Cotilla fue la única que recordó que, alguna vez, a ella le pasó algo así. - Sí, hija, sí, Cómo no.

 

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