En casa hubo festejos. Pepe el jibarizado no cabía en sí de gozo. Le parecía mentira que la Muerte, en este caso, le estuviera dando tantas alegrías. Pero fue cuando Pascualita puso la guinda al pastel al decir que Pepe el jibarizado y mi primer abuelito estaban unidos por lazos de desgracia por siempre jamás que todo el mundo lloró de emoción: - ¡La Envidia tiene la culpa!
Los dos festejados aparecieron radiantes como soles. Mi primer abuelito lucía un maravilloso sudario, auténtica obra de arte de los artistas de la aguja que ya habitan en el Más Allá. Los personajes de casa estaban boquiabiertos.
A Pepe el jibarizado le adornaron el ojo-catalejo con pinceladas de rimel y pintura de ojos de Chanel.
Era tal la emoción que las raíces del árbol de la calle tuvieron que pedir que parara el lagrimeo porque teníamos riesgo de inundaciones graves.
El árbol de la calle abrió su bocaza de madera y el brindis de la Traviata sonó en todos los rincones del barrio aunque, de todos los vecinos que somos, solo yo pude escucharlo...- ¡Siempre me toca a mi bailar con la más fea... jejejejejeje ¡Hoy es un día especial y vale todo!
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