Algo rondaba mi cabeza y no me dejaba dormir. Debía tratarse de algo muy gordo pero no daba con la solución.
Para tranquilizarme cogí el carrito de la compra. Metí garrafas vacías dentro y salí en busca del bus que me llevaría a la playa, a por agua de mar para Pascualita.
- Mira que sois una familia rara - me dijo el chófer al verme. - Traéis la compra en el rolls royce, vas a buscar agua de mar para cuatro plantas marinas que ya me dirás que pintan en tu casa. Cargas con garrafas en el carrito de la compra... ¿me escuchas? - No le escuchaba porque había dado con la clave. Y lo grité a los cuatro vientos después de ver el letrero: - ¡PARQUES Y JARDINES!
El chófer pegó tal respingo que a punto estuvo el bus de hacer el caballito. Me importaba un pimiento. Lo importante era que Pepe el jibarizado había hablado sin tener posibilidades de hacerlo porque era una cabeza hueca y reducida. Habló contra todo pronóstico. Igual sucedió con su ojo-catalejo.
Como Howar Carter, también puedo decir que veo, en casa, cosas maravillosas.
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