Hoy he tenido un despertar que no se lo deseo a nadie. Estaba durmiendo la siesta cuando he dado un respingo en el sofá de tal calibre que he chocado contra el techo de la salita. Mi cabeza ha sonado como el bombo de Manolo y no era para menos. Pascualita ha saltado desde la pila de lavar del comedor, chorreando agua fresca, hasta mi barriga que aún estaba haciendo la digestión y estaba calentita.
¡Para darme un corte de digestión!
Del techo reboté contra el cuadro de la Santa Cena y ahora los comensales están histéricos perdidos porque pensaron que llegaba un avión con toneladas de comida para ellos. Les he dicho que hasta Pascua no hay nada que hacer y han montado un pollo: - ¡La culpa la tiene la nena de las narices! - ¿¡¡¡YOOOOOOOOOOOOOO!!!? - ¡Se han movido los cimientos de la finca! - Algo así despierta el hambre por muy dormido que estés.
A todo esto, la medio sardina se arrastraba por el suelo camino de la cocina. Los comensales, asomados al cristal de su cuadro la alentaban: - ¡Animoooooo! ¡No te lo comas todooooo!
Puse toda mi atención en lo que habían visto todos menos yo, más preocupada por lo grande que se iba haciendo el chichón de mi cabeza.
- Un saltamontes verde fosfi descansaba encima de una barra de pan. Sentí que éramos afines. Allí se mascaba la tragedia cuando..., a la par, saltaron el insecto y Pascualita, en direcciones opuestas. El saltamontes hacia la ventana que da a una rama del árbol de la calle. Pascualita al bote de cola cao donde se rebozó tan ricamente..
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