lunes, 10 de noviembre de 2025

Llover a cántaros.

Llevamos dos días buscando a Pascualita y no hay manera de dar con ella. Hasta he mirado en casa de la Cotilla, aprovechando que ahora no tiene huéspedes. Pero no la hemos encontrado . Luego hemos interrogado a todo bicho viviente de mi casa. Y nada. Estoy a punto de darme por vencida y santas Pascuas. 

Salí un rato al balcón y me cayó encima un diluvio. Y solo entonces caí en la cuenta de que, tal vez, a la sirena se la pudo llevar el agua. El aguacero duró lo que mi estancia en el balcón casa. 

Hubo un momento que brilló el sol y salí al balcón a tomarlo. Un diluvio, acompañado de tormenta de rayos y truenos, me dejó mojada como un pollo, que duró lo que tardé en entrar en casa. - ¡¡¡LA MADRE QUE LOS PARIO !!! 

 Comenté con el árbol que no podía salir a la calle. - Las nubes negras me tienen ojeriza... - Suele pasar. Piensa que cada vez llueve menos y si no hay matraca escandalosa, las nubes no se divierten.

Sonó la voz de Pepe el jibarizado desde la cocina - OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO - (Nena, Pascualita dice que está hasta el moño de esperarte para que vayas a buscarla) 

- ¡¿Dónde está?! 

-  Encerrada en el bote del cola cao ... Para que no se mojara porque llovía a mares 

- Sonó de nuevo la voz de Pepe el jibarizado: OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO - ¿Y ahora qué dice?

No puedo traducirlo sin jugarme mi puesto privilegiado en el Más Allá ...

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