Por la prensa he sabido que en una playa de Mallorca han nacido tortugas de mar. He pensado que a la sirena le gustaría verlo. No son tan antiguas como Pascualita pero sí más viejas que la tos.
A la abuela y le entusiasmó la idea de ver estos nacimientos. Así que el rolls royce, conducido por el mayordomo inglés Geooooorg, pasó a recogerme. Al hombre se le veía entusiasmado. - ¿Te gustan las tortugas? - Yes... hacer buen caldou.
Pascualita iba encantada como siempre que nos acercamos al mar. La verdad es que íbamos un poco a la remanguillé con la sirena.
El inglés aparcó donde más molestaba (le encanta el concierto de pitos) Salí del rolls royce y una gaviota que venía en vuelo rasante estuvo a punto de dejarme sin nariz. - ¡Jopé! con la tía! - Me tiré en plancha sobre la arena para evitar males mayores y acabé rebozada como una croqueta. La voz de la abuela retumbó: - ¡Pascualita, no está, boba de Coria!
- ¡No estaba, no estaba! - ¡Buscaa!- ¡Vamos, busca, te digo! - le grité al inglés. - ¿Qué buscar? - ¡¡¡Algo que se mueve en la arena, jodío!!! - Entonces la vi. Reptaba a toda velocidad en busca de la pequeña tortuga ¡para comérsela!
Coincidimos en tiempo y lugar la tortuga, la gaviota que volvía a las andadas. Pascualita a la que cogí de sus pelo-algas y escondí en mi escote. La abuela, rápida cuando se trata de esconder a su amiga del alma y el tortazo que se llevó la gaviota de parte de alguno de nosotros.
Esta mañana, al levantarme de la cama, tenía un pecho que llegaba al suelo... ¡Jodía sirena!
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