domingo, 23 de julio de 2017

¡Está en el Hola!

Llamé al abuelito - ¡Ya sé dónde estuvo la abuela aquellos once días! - ¿En serio? ¡Dímelo, dímelo! - Te lo contaré cuando vengas a mi casa... Y no te olvides de las ensaimadas. - No le di opción a protestar y colgué el teléfono.

Soy de las que cree que el misterio debe mantenerse hasta el último instante, le da vidilla a la narración. Si se lo hubiese dicho sin más hubiese quedado soso y además, no desayunaría ensaimadas recién hechas.

No debo negar que Andresito traía cara de pocos amigos cuando llegó. - Toma las ensaimadas y dime dónde estuvo. - Primero desayunaremos, que las sorpresas vale más que nos pillen con la barriga llena. - ¡Pero...! -  Ni pero ni pera.

- Ya he terminado (la voz del abuelito sonaba áspera) Ahora, dime... - ¿No quieres una copita de chinchón? - El brillo de su mirada se apagó y el rostro se convirtió en una máscara inquietante. - Nenaaaaa... (dijo mientras con el dedo índice de la mano derecha hacía la imitación de rebanarme cuello)

Bastante enfadada porque no había podido lucir en mi papel de bella mujer misteriosa que habla en susurros mientras desgrana en el oído de su interlocutor la historia que ha venido a escuchar. - ¡Vale, vale! Pues eso, que la abuela estaba en Londres con su amiga Lisbeht ¡Hale, ya te lo he dicho, ansioso! - ¿Esa quién es? - ¿Quién va a ser? la que sale en los billetes de banco. - Pues habrá ido a su casa porque la tarjeta del banco no refleja gastos de hotel. - ¡Pues anda que no tiene habitaciones ella! Se quedaría allí - ¿Para qué? - Para tomar el té con pastas como tienen por costumbre. -

Media hora después, Andresito todavía no sabía de quién le estaba hablando. - ¡Ay, abuelito, que obtuso eres!  ¡Toma! mira las páginas 25, 27, 30, 37 y 38 del Hola de ésta semana y verás a la abuela junto a la Reina de Inglaterra y nuestros Reyes. - El abuelito quedó patidifuso

Superó el estado catatónico con unas copitas de chinchón y luego ojeó, ávido, la revista. - Pero... pero... ¿seguro qué está aquí? - ¡Claro! Ella lo dijo todo cuando habló en sueños. Fíjate bien y sigue buscando. - Lo dejé en la cocina pasando, una por una, las páginas del Hola y fui a darle unos sorbitos de té y ensaimada a Pascualita que los recibió alborozada pero sin pasarse. Hay que ver lo rápido que aprende éste bicho las costumbres victorianas.

sábado, 22 de julio de 2017

¿Con la Segunda? pues, vaya...

Alguien hablaba en la habitación de al lado. Encendí la luz de la lamparita de noche. Eran las cinco y media de la madrugada y se me pusieron los pelos de punta ¡Ladrones! Me tapé la cabeza con la sábana en un acto reflejo de esconderme del peligro.

La sangre golpeaba mis sienes y me impedía escuchar lo que hablaban... Puse más atención... ¡era la abuela! ¿Se había traído un ligue a casa? Menudo cuajo tiene la señora ¿No le importa mancillar el  honor de mi casa? ¡Que le va a importar! Ella siempre tira por el camino de enmedio...

Seguí escuchando pero solo oía su voz... ¿Estaba sola? que raro... Me envalentoné y haciendo el menor ruido posible, entré en su cuarto. La luz del pasillo me bastó para ver que allí solo estaban ella y Pascualita que dormía sobre la almohada.

La respiración de la abuela era acompasada y tranquila. Estaba profundamente dormida. Di media vuelta, entonces habló y yo di un respingo, asustadada. - ... "Es tal como te lo cuento, Lisbeht... el Hola no dice nada de mi vestido... ¿Atrevido? ¡Que va! Solo enseñaba lo justo, aunque más que tu, por supuesto, porque aunque seas una royal, yo tengo más "virtudes"... ¿Qué te haga una reverencia? ¿Por qué?... ¿Te has cabreado?... pues, hija, ajo y agua.

Me acerqué a la cama y, suavemente, le pregunté a la abuela - ¿Con quién hablas? - "Con mi... amiga Segunda..." - Preséntamela. - "... Aquí Isabel II..., aquí, mi nieta... - ¿Estuvístes en la cena de gala? - "Naturaca" - ¿Con Pascualita? - "Que sííííííí..." - (Me estaba calentando por momentos y estallé) - ¡¡¡¿Y YOOOOOO?!!!

Me tiró la lamparita de noche a la cabeza - "¡Que susto me has dado, jodía!"

viernes, 21 de julio de 2017

El careo de las gaviotas.

La única cosa buena de tener a la abuela en casa es que desayunamos ensaimadas recién hechas. Ya estoy hasta las narices de tanta magdalena, supercaducada, de la Cotilla.

Hoy no ha aparecido por casa y Pascualita ha podido desayunar con nosotras. Esto ha establecido una nueva costumbre: la abuela nos lee el periódico mientras comemos. Tengo que averiguar si lo hace para estemos al cabo de la calle de las noticias o para que yo esté callada...

Mientras Pascualita sorbe el té con el dedito meñique levantado y pellizca trocitos de ensaimada que se lleva a la boca y mastica suavemente (¡no me lo puedo creer!) la abuela, con las gafas puestas, lee y comenta el careo entre una madame y dos políticos de aquí, presuntos clientes suyos.

 - "Ya sabía yo que tenía que haber aprovechado el tirón que tenía cuando era un poco más joven ¡Mira que facturas, 36.000 euros, 8.000 euros, 14.000 euros y suma y sigue!" - ¿Crees que eran clientes estos dos? Hay uno que es de ir a misa. Acuérdate que quiso instaurar la ofrenda de flores a la Virgen de la Salud como si esto fuera Valencia. - "Ellos dirán que no pero la madame puso sus nombres en la agenda" - Los corruptos padecen de mala memoria... ¡que cosas más raras! -

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaa! - ¡Oh, no! - No me quedó otra que agarrar a la sirena por la cola, hacer molinete y lanzarla al acuario confiando en mi puntería... pero fallé y salió por la ventana cayendo en un nido a medio construir. - ¡Que escándalo! (dijo la Cotilla) - Solo son unos pajaritos (protesté) - ¡Pajaritos muy activos y de gustos caros! - ¿Ah, sí? No sabía yo que los gorriones... - ¿Quién habla de gorriones, boba de Coria? ¡Dos gaviotas que comen de todo! - Ya me he perdido...

Cuando la Cotilla se fue rescaté a Pascualita de los picos de los gorriones. Aunque ellos no se fueron de rositas. Algunas partes de sus cuerpos estaban exageradamente hinchados: los muslos parecían de gallina pequeña. En cuanto la sirena se zambulló en el acuario salió como una flecha rociándome los ojos con agua envenenada y ahora veo menos que un gato de plomo.

jueves, 20 de julio de 2017

Adivina, adivinanza...

La abuela se ha presentado en casa diciendo que se queda a vivir conmigo... ¿Pero qué he hecho yo para merecer esto? - "No puedo seguir un día más en la Torre del Paseo Marítimo. Andresito no me quita el ojo de encima en todo el día y cuando le digo ¿qué pasa? me contesta ¿no me vas a decir nunca dónde estuviste? ¡Así no se puede vivir!"

- Verás, abuela... ¿qué te cuesta decirlo? Hasta los municipales te estuvieron buscando. Yo misma estaba preocupada por lo que le hubiese podido pasar a Pascualita ¡digo! a ti. - "¡Te ha traicionado el subconsciente! Era por Pascualita por quien pasabas pena ¡no por mi!" - Y con razón. Ha vuelto hecha una vaca ¡No cabe en el termo de los chinos!... ¿Crees que si se lo llevo al señor Li me devolverá el dinero que nos costó?

- "Eres peor que la Cotilla" - ¡Avemariapurísimaaaaaaa! ¿Hablábais de mi? - Le decía a la abuela que ha vuelto gorda de dónde quiera que estuvo perdida. - "¿Perdida? jajajajajaja" - Si que estás más gorda (dijo la Cotilla poniendo cara de entendida) - Abuela, vamos a jugar a ver si adivinamos dónde estuvísteis (¡me arrepentí en cuanto lo dije!) - ¡¿Estuvísteis?! ¡Lo sabía! ¡Once días de orgías eróticofestivas, ininterrumpidas con Pascual! Y la pánfila de tu nieta no hacía más que negarlo. ¡Habértela llevado y ya tendrías al biznieto en marcha! - Si, abuela. La próxima vez me llevas. - "Agatha Christe solo lo hizo una vez, yo también"

- ¿Jugamos, decía, a preguntarte cosas y si adivinamos dónde estuvíste, nos lo dices... vale? - "Como la cosa irá para largo, prepara una jarra de chinchón on the rocks, nena" - ¿Por qué no te has traído a Geooorge para que haga éstas cosas? (protesté)

- ¡Empiezo yo! (la Cotilla levantó el brazo)... hummmmm... Estuvistéis en... ¡el Obispado! - La abuela y yo nos atragantamos. - Ahora yo... estoooooo ... ¡con los Reyes en Londres!. - "¿A que viene esto?" - Has engordado y allí iban de comida a cena y vuelta a empezar. Más claro, agua. - "Frío, frío"

Y así seguimos un buen rato mientras la jarra se iba vaciando a pasos agigantados. - La lengua de la Cotilla se había vuelto de trapo. - ... Estufiste... ¡hip!... suifidando a... ¡hip!... Bleeeeeefa. - La abuela le quitó la copa de la mano antes de que se estrellara contra el suelo. - "Nena, por el Tour de Francia y dejad de decir chorradas" - Fue mano de santo. Solo recuerdo que la abuela y la Cotilla se durmieron en cuanto aparecieron los ciclistas. Y a mi apenas me dio tiempo a sentarme...

miércoles, 19 de julio de 2017

No suelta prenda.

Desde que ha venido del hotel Formentor Pascualita está arrogante; desdeña la comida que le pongo, que no es otra que pienso para tortugas de agua, incluso diría que me mira por encima del hombro. Lo único de bueno que hemos sacado de la misteriosa desaparición es que la sirena ya no salta dentro de la taza de cola cao, es más, ni siquiera se acerca a ella. Llamé a la abuela.

- No sé que le pasa, no quiere desayunar. - "Dale té." - ¿Té? ¿Desde cuándo le gusta? - "Desde que ha estado conmigo y ha probado la buena vida" (me dijo, petulante) - ¿Y tomar cola cao no lo es? - "¿A ti que te parece, boba de Coria?" - A mi me parece que sí - "¿Cómo va a encontrar novio con estos gustos tan chabacanos que tienes?"

Cambié de tema porque estaba a punto de aparecer el biznieto de las narices. - Abuela ¿qué has hecho durante estos once días que has estado fuera? (¡me colgó el teléfono!)

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaa! ¿Ya ha hablado tu abuela? - Se ha cerrado en banda y no suelta prenda la jodía. - Pues a mi, y a un montón de mis amigos que quieren saber qué pasó, nos tiene en vilo... - ¿Pero es que tiene que contar nuestras interioridades al Lucero del Alba? - ¡Claro! Así me saco unos euros para redondear la paga y poder llegar a fin de mes. - ¿Cobra por contar las cosas de mi familia? - Sí. Y si vieras lo que se ríen con tus tonterías jajajajajajaja - ¡¡¡Cotilla!!!

Tampoco Andresito ha tenido éxito. - No suelta prenda, nena... ¿No me mientes cuando dices que tu abuela no tiene un querido? (me tiene agotada con éste tema)

Fue viendo una película de policías y ladrones cuando se me ocurrió la idea de inyectarle el suero de la verdad. Se lo comenté a Andresito y no le pareció bien. - Hablará por los codos. - Eso era una película, mujer... No puedo hacerle una cosa así. - Tu consígueme esa medicina y ya se la inyectaré yo. Si no quieres, no te quedes a escuchar.

El caso es que Andresito la trajo y se marchó. Pascualita se subió al borde del acuario observándome fijamente con sus redondo e inexpresivos ojos de pez. Unos minutos después llegó la abuela con... Andresito - Me ha podido la curiosidad (me susurró al pasar)

Preparé dos jarras llenas de chinchón on the rocks con el cuento de que hace mucho calor. Media hora después la Cotilla estaba borracha como una cuba porque no paraba de beber con el argumento de - ¡Que fresquito está esto!

La abuela fue a por Pascualita y se la puso en plan broche prendido en el escote. - "Ha muerto Blesa" (nos soltó sin venir a cuento) - Vaya... ¿Vamos a brindar? (dijo el abuelito) - "¿Pero, no era de los tuyos?" - ¿Quién? - "Blesa" - ¿Quién era ese? - "El de las tarjetas black" - Andresito estaba de los nervios y no se enteraba de lo que hablaban, - Venga, brindemos.

Y brindamos una y otra vez. Yo acabo de despertarme y los abuelitos no están. Han dejado una nota, escrita con pulso tembloroso: - "¡Nos hemos ido a El Funeral a seguir brindando. En casa solo se oyen tus roquidos y los de la Cotilla ¿Cómo voy a tener un biznieto con lo "glamurosa" que eres durmiendo, boba de Coria?"

martes, 18 de julio de 2017

La abuela se envuelve en el misterio.

Llevamos once días sin noticias, ni de la abuela ni de  Pascualita. Bedulio ya no sabe qué decirnos. - Es como si se la hubiese tragado la tierra (se le nota pesaroso y baja la cabeza para que no veamos el desconcierto que asoma a sus ojos) La isla no es tan grande... tiene que aparecer. - Espero que la encuentres viva, de lo contrario habrá otro espíritu vagando por mi casa y sabes que la abuela tiene malas pulgas.

Se queda blanco como la pared en cuanto le nombro los espíritus. Me encanta asustarlo, además así me entretengo y olvido mi preocupación por la suerte que hayan podido correr tanto la abuela como la sirena... Ella es la que más me preocupa. Si, por casualidad, hubiese caído en manos del señor Li... ¡uf! no quiero ni pensarlo, con lo que le gustan las gambas goldas, como dice él.

Suena el teléfono. Es Bedulio. - ¿Está tu abuelito en casa? - Están los dos. - Pensé que se había cortado la comunicación pero no... - ¿No me digas... que ya está ahí...? - Ultimamente, sí. - ¿Tu abuela? - Mi primer abuelito. - ¡Déjate ya de sandeces! ¡La hemos encontrado!

Andresito había ido a por el periódico y volvió a casa corriendo. Yo preparé la botella de chinchón, hielo y unas cuantas copas. Seguro que la abuela vendría sedienta. - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaa! Hombre que detalle por tu parte, boba de Coria. Con éste calor se agradece un chinchón on the rock pero, ya que estabas, podrías haberlo preparado y no tendría que hacerlo yo. - De nada, Cotilla.

Bedulio vino acompañado de su Jefe y otros municipales más. Nos sentamos en el comedor donde el acuario vacío me dejaba un sentimiento de añoranza. - ¿Y la abuela? (pregunté) - Está localizada, y pensamos que, tal vez, les gustaría encontrarse con ella allí. - ¿Dónde es allí? - En el hotel... - ¡Bedulio, por Dios, habla seguido o nos dará un infarto, sobre todo al abuelito y ya sabes lo que pasará luego: saldrá en tus sueños. - El Municipal se levantó de un salto. - ¡Vamos!

La abuela ha vuelto a la Torre del Paseo Marítimo. Está igual que cuando desapareció. Pascualita ha engordado un poco más y tiene que llevarla en plan broche porque ya no cabe en el termo de los chinos.

Por más que se le ha preguntado a la abuela qué hacía en el Hotel Formentor, en la punta más lejana de la isla, ha contestado que: nada. - Podrías haber avisado que te ibas unos días... (Andresito estaba más relajado pero, como a todos, le picaba la curiosidad) - Finalmente decidimos dejarla en paz y ya contaría su desaparición cuando su cerebro se aclarara.

Por le pasillo, camino al ascensor, dijo: "Agatha Kristy desapareció once días y apareció en un hotel. ¿Por qué voy a ser yo menos que ella? Y esto es todo cuanto voy a decir" - Cosas de la abuela. 

lunes, 17 de julio de 2017

Siguen sin aparecer.

Van pasando los días y la cosa no mejora. La abuela y Pascualita siguen sin aparecer y Andresito tiene la moral por los suelos.

Me ha echo jurarle por lo más sagrado, un montón de veces, que no existe el amante que nombró la Cotilla en un alarde de expontaneidad y mala uva. - ¿Por qué lo dijo, nena? - Porque se le va la fuerza por la boca. Un día se morderá la lengua y se envenenará. - ¿Me juras que tu abuela no tiene ningún amante? - Que sííííííííííí... - ¿Qué sí? - Digo, que noooooooo...

Por un lado me da pena el pobre, está muy afligido y apenas come. Se pasa los días pendiente del teléfono y de la puerta de la calle. Todo el mundo le consuela en cuanto suelta dos lagrimitas... ¡¿Y a mí qué?! He perdido a la abuela y a Pascualita. Mi duelo es doble pero nadie puede saberlo. Los conocidos, al verme, suelen decirme - ¿Seguro que no sabes nada? - Lo diría. - Huuuy, no me fio nada de las mosquitas muertas, con cara de pánfilas, como tú... - ¡Oye, que es mi abuela! - ¡Y rica, boba de Coria! ¿no la habrás tirado al mar con una piedra atada al cuello?

¿Dónde demonios se habrán metido estas dos? De pronto me ha dado por sospechar de todo el mundo, incluso de Bedulio. - ¿Seguro que la estás buscando? No veo que uses lupa para que no se te escape ninguna huella ¡Valiente detective estás tu hecho! - ¡No me ataques los nervios o tendré que pedir que me releven del caso!

Un día cambié de método. - Bedulio, vamos a sentarnos a la salita (le ofrecí unas copas de chinchón) y analizaremos juntos los progresos que vas haciendo. - ¿Qué progresos? (dijo con cara de bobalicón) - ¿Dónde crees que puede haber ido? - Mi última teoría es que su marido la enterró bajo el sótano de El Funeral... - ¡Ostras! Y eso por qué - Había bebido tanto que perdió la verticalidad al ir al baño subida en sus famosos stilettos. Se dió en la cabeza contra la taza del water y se mató. La escena es muy cutre ¿verdad? - Pues, sí... - Y él es de casa bien ¿no? - Si. - Pues blanco y en botella. Para tapar esta burda muerte, la enterró allí abajo y a partir de ahí puede inventarse la muerte más decorosa del mundo y siempre de acuerdo con su rango. - ¡Vaya! No está mal pero...

- ¿Pero, qué?... - Bedulio dio un salto al fijarse en el altar de los Amigos de lo Ajeno donde seguían pintarrajeadas, las fotos de los ex tesoreros-payasos - ¡¿Qué es ésto?! No me extraña que tu abuela se haya fugado. - ¿Ahora resulta que se ha fugado? ¡Que cruz tengo contigo, Bedulio!


domingo, 16 de julio de 2017

Desaparecidas.

El teléfono ha sonado insistentemente de buena mañana pero como es domingo, me he hecho la sorda pensando que quién fuese, ya se cansaría. Pero no ha sido así y cuando el repiqueteo del timbre se ha instalado con uñas y dientes en mi cerebro, no me ha quedado más remedio que saltar de la cama y cogerlo. - ¡¡¡DIGAAAAAAAAAAAAA!!!

La voz preocupada de Andresito ha preguntado. - ¿Está tu abuela? - Espera que lo mire. - Di una vuelta por casa y no la encontré. - ¿Has mirado bien en su cuarto? ... mira otra vez, por favor. - Vaaaale... No hay nadie. ¿Qué pasa? - Ha desaparecido. - ¿La abuela? - El amor de mi vida. (y se ha echado a llorar)

Poco después vino a verme. - Salimos juntos de El Funeral. Al ir a subir al coche dijo que había olvidado algo. Geooorge y yo esperamos pacientemente a que volviera, pero cuando el dueño de la cafetería bajó la barrera, nos dijo buenas noches y ya se perdía calle abajo, sentí que algo no iba bien. Mandé a Geooorge a buscarlo para que abriera de nuevo el local. Miramos hasta en el último rincón pero... no estaba... ¿Tienes alguna idea de donde puede haber ido? - Hummm... ¿A cazar supermillonarios? - He llamado a los conocidos y no saben nada. - ¡Caray, abuelito! Esto solo puede resolverlo la policía. Llamaré a Bedulio.

- ¡Que no vengo a tu casa! - Mi abuela ha desaparecido. Te necesitamos. - ¡Pero a tu casa no voy! - Mientras trataba de convencer al Municipal, entró la Cotilla. - ¡Avemariapurísimaaaaaaaa! ¿Hay ensaimadas para desayunar? - Andresito gritó: - ¡¿Has visto a mi mujer?! - No. ¿por qué? - ¡Ha desaparecido! - Entonces me fijé en el acuario - ¡Y Pasc...! estooooo... ejem... (¡Pascualita no estaba!) - La Cotilla lo cogió al vuelo y diplomática como es, dijo - ¡Está con su amante!

Tuve que darle chinchón al abuelito para que reaccionara. - No te preocupes, Andresito. Me tienes a mi (la Cotilla le puso morritos) - El pobre cogió la botella y bebió a morro. - ¡¡¡COTILLA!!!

El caso es que la abuela no aparece, ni Pascualita tampoco y ahora somos dos los que estamos preocupados. Finalmente Bedulio, haciendo de tripas corazón, entró en casa, bloc y bolígrafo en mano e inició el interrogatorio para sacar luego conclusiones que le lleven a encontrar a las desaparecidas...


sábado, 15 de julio de 2017

Persiguiendo herencias.

La abuela ha venido bien temprano a casa. - "A ver ¿qué querías contarme ayer con tanta urgencia?" -  ¡Yo que sé! ¿me despiertas para ésto? - "Ya sabía yo que no podía era importante" - Lo que pasa es que me acabas de despertar pero mis neuronas aún no lo saben y no recuerdo de qué iba la cosa. - "¡Buenoooo, fantasmeo de buena mañana: NEURONA, boba de Coria, no neuronasssss"

Nos sentamos a la mesa de la cocina con Pascualita para desayunar juntas como en los viejos tiempos. A la sirena se la veía felíz y dio más saltos mortales que nunca dentro de su taza de cola cao y luego en la mía cuando el suyo acabó por las paredes de la cocina. - "Cuando la veo así me dan ganas de llevármela a mi casa. Es tan graciosa" - ¡Llévatela que ya estoy harta de limpiar la cocina todos los días! - "Imposible. Andresito tiene alergia a los bichos." - Pascualita no es un bicho, es una sirena. - "Para el caso es lo mismo"

- ¿Vas a explicarme que es eso de Cazamillonarios? - "La misma palabra lo dice: cazar millonarios" - Ya tienes uno: Andresito. ¿Para qué quieres más?  - "¿Lo preguntas en serio?" - Claro. -"¡Que cruz tengo contigo, boba de Coria! ¡Para ser más rica!" - ¿Los cazas con rifle? Es ilegal. - "Tengo un telescopio en una de las terrazas de la Torre del Paseo Marítimo y desde allí espío a los ricachones en sus megayates. Estoy haciendo un fichero y cuando alguno me interesa, Andresito me ayuda. Anoche nos llevamos a un jeque que está forrado, a El Funeral y no veas cómo se divirtió. Creo que me pondrá en su testamento"

- ¡Que vergüenza! ¿No tienes nada mejor qué hacer? - "¿Mejor aún?... sí, tomarme un chinchón on the rock" - ¿Tan temprano, abuela? - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaa! ¡Que sean dos! (gritó la Cotilla mientras venía por el pasillo y Pascualita salía volando camino del acuario. Con las prisas no afiné la puntería y chocó dos veces antes de sumergirse hasta el fondo de arena. Lo último que vi de ella fue su dentadura de tiburón saltando hacia adelante, amenazadora. Después preparé tres chinchones on the rock.



 

viernes, 14 de julio de 2017

¡Payasos!

He abierto la nevera y Pascualita ha saltado dentro. Esto no puede seguir así o el día menos pensado me encontraré al bicho convertido en cubito para el chinchón on the rock. Solo faltaría que le tocase a la Cotilla. Estaría feliz porque la sirena le serviría de tapa... ¡puag! ¡que asco ser comida por la Cotilla!

En cambio Pepe ni pía ni muge el hombre. Se pasa el día en la cocina, sobre el estante y no se queja de nada, ni siquiera cuando enciendo el horno y la temperatura sube bastantes grados. Es más bueno que el pan de molde, así que no creo que lo matara su mujer por serle infiel... Claro que quizás la infiel fue ella y el amante se lo cargó, luego redujo su cabeza al tamaño de un llavero y se lo regaló a su amada ¡y la amada en cuestión, lo lanzó lo más lejos posible! Y así fue dando tumbos la cabecita  hasta caer en manos del señor Li que la puso a la venta en su tienda y la abuela se la compró.

De repente me di cuenta de que había ideado una historia congruente sobre Pepe; una más, pero no parecía descabellada, así que corrí al teléfono para contársela a la abuela. Se puso Geoooorge - Mi no saber si estar madame. - ¡Claro que lo sabes, inglés. Dile que se ponga! - Sorry, you no mandar a mi. - ¡Que se ponga ya o se me olvidará la historia! - Me tuvo un rato al teléfono mientras él, estoy segura, se tomaba un te con total parsimonia. Por fin escuché la voz de la abuela. - "Espero que sea algo importante lo que quieres decirme porque estoy en plena operación cazamillonarios." - Es una nueva teoría sobre Pepe... - "¡Lo tengo, lo tengo, lo tengooooooooo!" - ¿Al millonario? - "Lo tengo en el punto de mira" - ¡Abuela! ¿vas a matarlo? - "¿Estás tonta? No ha hecho testamento a mi favor."
No me hizo ni puñetero caso y acabé colgando el teléfono.

Dispuesta a sufrir en silencio mi decepción, preparé un gran chinchón on the rock, lo repartí en dos vasos, uno para Pascualia y otro para mí. La sirena no puso pegas a meterse en el líquido frío y poco después le entró hipo. Después del primer sorbo paseé la vista a mi alrededor y quedé patidifusa. La Cotilla, sin mi permiso, había montado un altar a los Amigos de lo Ajeno. Esta vez las fotos eran de los ex tesoreros del PP. Quise castigar la desfachatez de la vecina y tirarlo todo por la ventana pero lo pensé mejor y me distraje con sus fotos durante un rato, entre sorbito y sorbito de chinchón

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaa! Esto.... se me olvidó preguntarte si podía poner... - Sí, Cotilla, ya lo he visto y me parece bien. - La mujer parpadeó perpleja. - ¿En serio? - y entró en la salita. De repente se oyó un grito de agonía - ¡Nooooooooooooooooo! ¡Eso noooooooooooooo! Las caras serias de las fotos se habían convertido en caras de payasos gracias a mi arte con las pinturitas y al circo que montaron ante la Comisión del Congreso.


jueves, 13 de julio de 2017

¡Que calor!

Hace tanto calor que apenas he dormido ésta noche. Se me pegaba la sábana al cuerpo. Al principio no me desagradó del todo porque, como soñar es gratis, pensé que me abrazaba un Adonis, agarrado a mi como una lapa pero en cuanto me daba cuenta de que de Adonis nada de nada, me despertaba de mal humor y lanzaba la sábana a los pies de la cama. Una de las veces que hice eso, harta ya de tanto sueño imposible, la sábana salió por la ventana y ahora flamea cual bandera de la paz, colgada de una de las ramas del árbol.

Tampoco dormía Pascualita. El agua del acuario está calentuja. He metido unos cubitos de hielo y le ha dado alivio pero dos horas después se había calentado de nuevo. He solucionado el problema llenando el termo de los chinos de agua fresca, metiendo en ella a Pascualita y marchando de casa en busca de frescor.

No ha sido muy buena idea porque he vuelto a casa chorreando de sudor, con los nervios a flor de piel y la cartera vacía. Pascualita se ha ido metiendo en todos los lugares donde había agua. Por ejemplo: se ha tirado de cabeza a la fuente de la Rambla. Me ha pillado de sorpresa ¡de repente, la sirena nadaba a ras de suelo ¡en agua dulce!

He intentado cogerla y lo que he conseguido es irme de cabeza al pilón. Con el pelo chorreando delante de los ojos, la he buscado al tacto. finalmente la he encontrado, lacia, flotando entre dos aguas. Al salir me esperaba un guardia que, libreta y boli en mano, me ha clavado una multa por "bañarme" en una fuente pública.

Sentada en un banco le he hecho el boca a boca a la media sardina y se ha recuperado.

Caminando a la sombra de los grandes plataneros, he llegado hasta la plaza de la Fuente de las Tortugas. La tapa del termo de los chinos no estaba puesta y la sirena, ávida de frescor, se ha vuelto a tirar. - ¡Oh, no! ¿Quiéres suicidarte? pues házlo en casa y no des el espectáculo, desgraciada. - Tuve que meterme en el agua antes de que Pascualita diera la últimas boqueadas y de nuevo apareció, por arte de magia, el policía con bloc de multas y bolígrafo.

Me aparté de allí lo más rápido que pude y caminé hacia el mar. A los pies del Palacio de la Almudaina se estaba fresquito gracias a la vegetación. Entré a ver a los cisnes que nadan, orgullosos, ante los turistas mendigando un poco de pan, que no necesitan. Les gusta pedir a éstos bichos.

De repente me acordé de que tampoco había cerrado el termo de los chinos y antes de poder hacerlo, la sirena, sudando a mares, saltó al agua dispuesta a refrescarse - ¡Esta también es dulce, atontada!

Esta vez el rescate fue más arriesgado puesto que los cisnes, al ver una vianda nueva, no quisieron que se le escapara. Se ve que están hartos de pienso y de pan. Como fieras se lanzaron a por la sirena escurridiza. Tenía que sacarla antes de que le fallaran las fuerzas y fuera la merienda de los cisnes.

Recibí picotazos por todos lados. Caí de bruces, una y otra vez, en un agua no apta para consumo humano y a pesar de esto, bebí varios tragos muy desgradables forzada por la situación. Con una mano hacía lo imposible para apartar aquellos picos y con la otra tanteaba el suelo buscando a Pascualita hasta ¡por fin di con ella!

Ensangrentada, mojada y asustadoapor los cientos de enfermedades a los que acababa de estar expuerta, coseguí salir del pequeño lago - ¡¿Qué demonios hace?! (la voz enérgica era del policía que ¿me perseguía? toda la tarde) - Un boca a boca (dije) - El hombre me miró perplejo. De repente, una lágrima brilló en sus ojos hasta que se llenaron de lágrimas y reímos con la cintura doblada hasta casi partirnos de risa. Creí que la risa engendraría camaradería pero el policía era muy puntilloso y no me salvé de la multa.

Ahora estamos en casa, con un chinchón on the rock que nos tomamos a medias Pascualita y yo mientras le enseño a manejar la miniatura de abanico que le he hecho siguiendo las directrices de un lumbreras de Educación.

miércoles, 12 de julio de 2017

El interrogatorio.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaa! Vete levantando, boba de Coria, que tu abuela está en camino. - La Cotilla irrumpió en mi habitación como un huracán desatado cuando yo estaba en el mejor de los sueños. Como consecuencia del susto quedé desconcertada. La abuela llegó en ese momento.

- ¡Mírala! (le dijo la Cotilla) se ha quedado peor que estaba. - "Pues ya es difícil" - Sabe que está en pecado mortal. - "No seas tiquismiquis. Son cosas que pasan." - Cada vez pienso más en el Juicio Final... - "Pues ya son ganas... Y según tú ¿por qué está mi nieta en pecado  mortal?" - Por liarse con un hombre casado, con el agravante de que es amigo nuestro. - "Eso son cosas del Destino. A mi me da igual con quién entre o salga con tal de que me de un biznieto" - ¿Y su alma inmortal? - "¿Qué le pasa a esa?" - Que irá al Infierno. - "Ya no hay, lo dijo uno de estos últimos Papas" - Yo no me fiaría mucho...

Entre que estaba aturdida y que no sabía de qué hablaban, me entró un sueño tan rico que me enrosque en la cama y me dormí. - De ésta nieta tuya no vamos a hacer carrera ¡Que cruz tenemos con ella!

Finalmente, después de zarandearme a gusto, empezó el interrogatorio. - ¿Por qué no me invitaste a langosta? - ¿Perdón? - ¡No te perdono! - Quiero decir que no se de qué va la cosa. - Ayer tu novio te pagó una buena cuenta de pescado y marisco. Lo sé de buena tinta. - Por eso la llaman Cotilla. Pero no es mi novio. - ¡Ya! Así que Bedulio paga una cuenta por amor al arte y no a ti. - Pues, si. - "A ver, nena, que no nacimos ayer ¿Habrá biznieto o no?" - ¿Con Bedulio? - "No. Con Donald Trump." - No me lo han presentado... -

Una hora después seguía el malentendido y yo tenía la cabeza como un bombo. En vista de que no me sacaban información, la Cotilla quiso cortar por lo sano. - ¡Vamos al cuartel de los municipales y le preguntamos, directamente, a Bedulio. No creo que mienta en tu cara... ¿No podías haber elegido a un soltero y salvarías a tu alma inmortal? - "¡Que pesada estás con eso, Cotilla" - El se ofreció (dije, inocentemente) - ¿Y no supiste decir que no? ¡Pecadora! - No tenía tanto dinero... - ¡Y encima se vende! Que bajo has caído... (dramatizó la vecina)

En ese momento se escuchó un ¡chof! y otro, y otro y otro... procedente del comedor. Pascualita nos oía discutir y anunciaba su intención de estar presente. La Cotilla, sin embargo, lo tomó por la tremenda - ¡¿Tu primer abuelito?! (vi el cielo abierto) - ¡Sí! Y se nota que está muy enfadado por lo que me estáis haciendo.

En un santiamén, la Cotilla cogió su bolso y puso pies en polvorosa. Cuando sonó el portazo le conté a la abuela lo que ocurrió en el mercado. Sirvió dos copas de chinchón - ¿A éstas horas? (pregunté) - "Bebe y calla... Al final vuelvo a quedarme sin biznieto (dijo, mohína)."


martes, 11 de julio de 2017

Pascualita, sibarita.

Pascualita me preocupa. No quiere comer. Y todo desde que probó la carne de la tintorera, a la que dejó agujereada como un queso de Gruyere. - ¿Y de dónde quieres que yo saque un tiburón, tía pestiño? ¡O te comes tu pienso para tortugas o acabarás siendo una raspa de sardina!

Me tiene harta la sibarita ésta. La he tentado con rebanadas de pan con tomate, aceite y queso mahonés pero no ha picado. También con sardinas en aceite, se limitó a olerlas - ¡Si fueras de mi tamaño te daba un revés que te saltaba la dentadura! (le grité un día que me tenía hasta las narices) - Claro que luego pensé que si fuese como yo, me comería de un bocado.

Llamé a la abuela. - ¡Llévatela contigo, al fin y al cabo vives en una casa bien! - "¿Bien, qué? - Bien de dinero, se entiende. - "¿Qué dinero necesitas para comprar una taza de sopa de aleta de tiburón o unos trozos de cazón en el restaurante chino propiedad de un sobrino del señor Li? ¿Te va a arruinar por eso, boba de Coria?" - Pues... creo que no... ¿Pagamos a medias? - "¿Por qué crees que los ricos son ricos?" - ¿Porque no gastan...? - "Efectivamente"  - Con la abuela siempre salgo perdiendo. Es más agarrada que un chotis.

He metido a la sirena en el termo de los chinos sin ningún esfuerzo. Esto dice a las claras que está perdiendo peso. Basta mirar su cara. Cada vez tiene los ojos más grandes y la cara más pequeña. Ahora es toda ojos y dientes. Para distraerla un poco y que sienta olores apetitosos, me la he llevado a la pescadería del Mercado de Pere Garau.

Antes de entrar ya asomaba la cabeza a través de la boca del termo. - ¿Huele bien, verdad? - ¿Oler? ¡Apesta! - me dijo una mujer que pasaba por mi lado creyendo que le hablaba a ella.

Me paseé despacio entre los puestos sin que Pascualita se inmutara ante tanto bicho muerto. De repente y sin previo avisó, saltó sobre unas musolas, pequeños tiburones despellejados, a las que mordió a diestro y siniestro hasta hacer una escabechina. Iba tan rápida que no podía cogerla. La vendedora, viendo que toqueteaba toda la mercancía se puso en jarras. - ¡¿Qué hace?! - En ese momento me hice con la sirena y la metí dentro del carrito de la compra. - La pescadera, con un enorme cuchillo en la mano, gritó: - ¡¡¡Vas a pagarme lo que has destrozado!!! y después siguió gritando: - ¡¡¡GUARDIAAAAAAAAAAAAAA!!!

La factura ha sido gorda porque, además de las musolas atacó a las merluzas, los salmonetes, dos langostas y un buen montón de sardinas que quedaron echas una pena. Saqué el monedero, allí no había euros ni para empezar. - Voy a... ir hasta mi casa a... buscar más dinero... Ahora vuelvo... - El gran cuchillo pasó a un centímetro de mi naríz. - ¡¡¡Quieta, parada!!! Te acompañará el municipal.

Me volví. Ahí estaba Bedulio con la porra en la mano. Al verlo sentí alivio y él palideció. - ¡Oh, no! Tenga, ya se lo pago yo pero en su casa no entro ni harto de vino.


lunes, 10 de julio de 2017

Mañana de playa.

Estamos en el tiempo de botijo y abanico y lo que más me apetece es tirarme de cabeza al mar pero con tanto turista invadiendo todos los rincones de la isla, es peligroso hacerlo. Para rematar la "invasión" ha llegado otra que, espero, sea muy efímera: tintoreras a la bahía de Palma. ¿Qué hacen aquí? Podría pensarse que, ante la proliferación de individuos en estado etílico lamentable, los bichos hayan decidido "probarlos". Ya están adobados y todo a base de trasegar alcohol de la mañana a la noche.  Pero no. Ha dicho un sabio Salomón (no puede ser otra cosa) que una tintorera nunca atacará a un turista.

¿Qué ha querido decir con ésto? ¿Qué las tintoreras son racistas? ¿Es más sabrosa la carne mallorquina como las setas, frutas y verduras que, por ser de aquí, suelen cobrarlas más caras? ... No sé qué pensar...  De todos modos he ido a la playa y ante la duda, me he llevado a Pascualita para que me defienda si una tintorera viene hacia mí con mala idea.

Así que, en lugar de la bolsa de rejilla de acero, le he puesto un pequeño arnés atado a una cadenita sujeta a mi muñeca y nos hemos metido en el mar.

La sirena se ha sentido liberad. La veía disfrutar hasta que se ha dado cuenta de que algo la frenaba y se ha liado a mordiscos contra la cadenita que ha resistido sus ataques.

Un rato después nadábamos tan panchas y como habíamos ido temprano, no había nadie que se fijara en Pascualita. De repente escuché: - ¡Avemariapurísimaaaaaaaa! - ¿Cotilla? ¿La Cotilla en la playa?  Pues sí. Y estaba dejando bolsa, toalla, sombrilla, nevera, sillita... todo junto a mi pequeña bolsita. -  He dormido aquí para estar más fresca porque hay que ver lo caliente que es tu casa. - ¡Si no le gusta, ya sabe, puerta! (le grité)

Cuando la vi entrar en el mar, con un bañador de los años cincuenta, no me quedó más remedio que meterme más adentro, donde no hiciera pie. La Cotilla no sabe nadar y así no vería a Pascualita. - ¡Oye! ¡Oyeeeeeeeeeeeeeee! - Yo me hacía la sorda para ver si me dejaba en paz. De repente dijo: - ¡Mira, una aleta. Como en las películas!

Pascualita se lanzó a por el hocico de la tintorera que venía tan pancha haciendo la ruta turística de la Bahía de Palma. Y se lió parda.

Hacía tantos años que la sirena no probaba un bocado como aquel que no se pudo resistir. Y entre bocado y bocado, el tiburón salió como pudo del berengenal metiéndose mar a dentro y dejando un reguero de sangre.

Aterrada como estaba no sé cómo pude llegar a la arena donde caí exahusta. De todos modos antes metí a Pascualita en el escote del bañador donde se quedó tranquila saboreando los trocitos de carne que tenía entre los dientes.

Unos ecologistas me pusieron una denuncia, por mal trato animal, porque vieron sangrar a la tintorera mientras estaba cerca de mi. Si lo sé, no me levanto de la cama.

sábado, 8 de julio de 2017

San Fermín.

Ha sido toda una peripecia encontrar una foto de mi primer abuelito. Por más que la abuela le ha dado la vuelta a mi casa, empezando por su antigua habitación, no ha aparecido ninguna. De pronto, la Cotilla se dio un manotazo en la frente y dijo: - ¡Las quemaste todas en la chimenea! ¿No te acuerdas? -

La abuela se llevó la mano a la boca - "¡Ostras, es verdad! ¿Qué hacemos ahora?" - Ponemos cualquier foto antigua de un señor y ya está. - "No dará resultado" - Hace ya tantos años de su desaparición que nadie se acordará de él. - "Pero él sí. Ya sabes lo pejiguero que era. Si no ponemos su foto no nos dejará en paz" - Pues como no la pintemos... - ¿No salió su caso en el periódico? (dije yo por decir algo) - "¡¡¡Sí. En la Ultima Hora!!! Y sé dónde está el periódico"

Del altillo de su armario sacó un paquete. El envoltorio era un antiguo periódico y el contenido, una caja de zapatos llena de botones. La foto era malísima pero no había otra de modo que hicimos una fotocopia con la mejor resolución posible, la enmarcamos y por la tarde la llevamos a El Funeral.

La abuela iba hecha un primor vestida como para ir a los San Fermines: gorrilla de visera blanca, camiseta con manchas imitando las de vino tinto; pañuelico rojo al cuello, faja roja a la cintura, minifalda blanca y taconazo de charol rojo. Andresito la seguía más enfadado que un mono. - ¿Tienes que ir así?. - "Le gustaban los encierros de Pamplona. Cuando salían en el Nodo no se los perdía" - ¿Era de allí? (preguntó malhumorado) - "Pues... no tengo ni idea"

Al entrar en El Funeral nos recibieron a ritmo de pasodoble y toda la concurrencia vestida de pamplonica, salvo Andresito, la Cotilla y yo porque Pascualita, disimulada entre las arrugas del pañuelico de la abuela, también llevaba uno pequeñito atado a su cuello.

Empezó el acto donde se puso por las nubes al muerto y a la viuda. La Cotilla y yo nos miramos, atónitas. Todo el que quiso dijo unas palabras alusivas a mi primer abuelito que me pusieron un nudo en la garganta ¡Y eso que nadie lo había conocido! En cuanto uno paraba de hablar, se brindaba con chinchón y las risas cada vez eran más estruendosas. Después se procedió a colgar la foto en la Pared de los Finados. Y siguieron los brindis.

El notario jubilado, carraspeó para llamar nuestra atención: - Hemos recibido una felicitación de la casa kleenex dándonos las gracias por usar sus pañuelos en abundancia y en prueba de éste agradecimiento, nos mandarán ¡un camión lleno de paquetes de pañuelos!

La algarabía fue apoteósica. Después se bebió, cantó, bailó, comió hasta altas horas de la noche.

Al llegar a casa entré en el comedor para meter a Pascualita en el acuario y ¡la chimenea no estaba! ¡Maldita sea, es que nunca llueve a gusto de todos! Mi primer abuelito ha quedado contento y yo me he quedado sin chimenea.

viernes, 7 de julio de 2017

¡Oído, cocina: Más kleenex!

Finalmente ha venido la abuela a ver la chimenea. - "Así que es verdad..." - ¿Queda bonita, verdad?
- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaa! ¿Qué te parece la "bromita" de tu primer marido (la Cotilla se dirigió a la abuela como si yo no estuviera) - "Tenemos que hacer algo" - Haced lo que queráis pero la chimenea se queda aquí (mi voz sonó firme y resuelta)

Las dos amigas se reunieron para pensar con una botella de chinchón y dos copas. Empezaron con muy pocas ideas y a medida que el licor mermaba se las notaba más creativas. Por fin alcanzaron un acuerdo. - "Le haremos un funeral como Dios manda: con música, sermones y cánticos. Después colocaremos su foto en la Pared de los Finados y haremos una fiesta en su honor en el Funeral..." - ¿No colgaste su foto, abuela? - "Entonces la cafetería no existía" - ¿Y qué dirá Andresito? - "¿Qué va a decir?" - ¿Y si se pone celoso? - "Si lo hace, el día que se muera pondré sus fotos juntas jajajajaja" - ¡Que jodía jajajajajaja!

Habló con el párroco y concertaron el funeral para el día siguiente. - "La fiesta será mañana por la noche en el Funeral" - ¿Tenemos que ir de negro al funeral? - "Riguroso"

La iglesia estaba de bote en bote. La abuela, Andresito y yo nos sentamos en el primer banco con cara de circunstancias. La "viuda" llevaba mantilla y peineta, minifalda negra, las piernas al aire porque hacía mucho calor. Y se abanicaba con un abanico de plumas de marabú, negras también. Entre los pliegues de la mantilla iba Pascualita - "Para que sepa lo que es esta parafernalia"

Andresito traía cara de funeral. Como había previsto la Cotilla no le sentó bien tanto ringo rango años después de la desaparición del primer marido de su esposa. Yo olía a cebolla. Me había frotado un poco en las manos y, de vez en cuando, las acercaba a los ojos porque consideré que no estarían de demás unas lagrimitas, al fin y al cabo se trataba del funeral de mi primer abuelito.

La Cotilla se sentó en el banco siguiente. También iba de negro riguroso pero con un vestido escotadísimo con el que lucía su espectacular, y efímero, pechamen que era el punto donde convergían todas las miradas masculinas.

Al empezar la misa le oímos decir: - ¡Oh, noooooo! - Nos volvimos a mirar. Sus pechos se desinflaban a ojos vista. Y el vestido quedaba colgando sin gracia alguna. A la abuela le dio la risa tonta. Entonces sonó Paquito el Chocolatero en el móvil de Conchi y siguiendo la costumbre, los socios del Funeral dijeron - ¡Aaaaaaaah!

Nunca he visto un funeral más llorado. Hasta el cura se limpiaba las lágrimas de tanto reír. Pascualita, asada de calor en el termo de los chinos con funda negra, saltó a la pila bautismal y nadó contenta hasta que empezó a ahogarse porque el agua, aunque bendecida, era dulce.

Me tiré a por ella que ya estaba en el fondo dando las últimas boqueadas. La señora que recogía las limosnas en un cestillo, pensó que iba a refrescarme y se abalanzó sobre mi, cuando yo ya me retiraba metiendo a la sirena en mi escote, dio un voltereta en el aire y quedó espatarrada dentro de la pila.

Nunca se habían gastado tantos kleenex en un funeral. Uno de los socios de El Funeral, antiguo Notario, tomó nota y fotografías de todo y lo mandó al Editor del Libro Guinnes de los Records con la esperanza de que el acontecimiento figure en el libro.

El único que guardaba la compostura era Andresito que preocupado, dijo: - Y aún queda mañana.

jueves, 6 de julio de 2017

La chimenea.

Tengo que comprar una buena maceta y ponerla de adorno en la boca de la chimenea del comedor durante éstos meses en que no tengo que encenderla... ¿He dicho chimenea? ... ¿Cuándo he tenido una chimenea en casa? ... El caso es que la tengo delante de mi... No sé qué pensar ¿es un fenómeno paranormal? ... ¿Las chimeneas salen por generación espontánea?... Llamaré a la abuela.

- ¡Que sí que tengo una chimenea en casa, coñe! - "¿Cómo vas a tener un biznieto si de buena mañana ya te has tomado media botella de chinchón?!" - ¡Que no, que no! Ven y la verás. - "¡Estoy muy ocupada cosiendole los calcetines a Andresito!" - Abuela, búsca otra excusa. ¡Eres rica! - "Pues tricotando fundas para el termo de los chinos de Pascualita"

Me extrañó mucho que no sintiera curiosidad. Claro que también me extraña encontrar una chimenea en casa después de la cantidad de años que llevo viviendo aquí sin haberla visto nunca.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaaaa! .- Una exhuberante y pechugona Cotilla entró dando voces. - ¿Qué haces ahí parada mirando al infinito? (siguió mi mirada y exclamó) ¡¡¡Ostras,ostras, ostras!!! ¡Vade retro, Satanás! ¿Qué... hace "esto" aquí? - ¿A que ayer no estaba? (pregunté ansiosa) - ¡Pues claro que no! - Menos mal. La abuela no me ha creído y yo tenía razón: en ésta casa nunca ha habido una chimenea.

Una temerosa Cotilla dijo: - Nunca digas nunca jamás. - ¡Esa me la sé! Es una película de 007. - ¡Que cruz tenemos contigo, boba de Coria!

Antes de sentarnos en la salita, la Cotilla colocó unas fotos de sus gurús Amigos de lo Ajeno. - Son para contrarrestar el Mal de Ojo (dijo) - ¿No será que intenta montar otro altar, verdad? - Los pongo como protección por lo que voy a decirte.. - Aquello no me dio buena espina y me levanté. - Si hay Mal de Ojo prefiero contrarrestarlo con chinchón.

Media botella después, la Cotilla habló: - La chimenea estuvo aquí mucho antes de nacer tú... Fue tu abuela quien quiso quitarla. Lo hicimos de noche, las dos y yo vendí los ladrillos al peso... Eran años de hambre. - Entonces ¿la han reconstruído ésta noche también? - Nosotras, no. Eso lo habrá hecho tu primer abuelito... para recordarmos que no nos portamos muy bien con él... Ahí, al fuego, tiramos el papel con la receta del mejunge que le dimos. - ¿Quiéres decir que la chimenea es una ilusión óptica para que sintáis sobre vosotras todo el peso del delito que cometísteis? (la vecina me miró atónita) ¡Pues menuda faena me habéis hecho entre todos! ¡Abuelito, no la quites que me gusta mucho! - Con razón dice tu abuela que te entrenas para ser más tonta aún.

miércoles, 5 de julio de 2017

Pascualita en el mar.

El día ha amanecido claro y me apetecía darme un chapuzón en el mar. Además, Pascualita necesita hacer ejercicio o no cabrá en el acuario. El otro día se quedó encajada en el barco hundido y no podía moverse. No me quedó más remedio que vaciar toda el agua para, después tirar de la sirena, primero suavemente, luego ya con más energía hasta que se oyó ¡plof! como si hubiesen descorchado una botella de cava. Y la media sardina quedó libre... y dolorida porque a punto estuvo de quedarse sin cola.

Cuando lo comenté con la abuela, dijo que llenara la bañera con agua de mar. Pascualita tendría más espacio para hacer sus ejercicios pero no me pareció buena idea. En primera porque no estaba dispuesta a pasarme un día yendo y viniendo de la playa con garrafas y en segunda, porque eso ya lo habíamos probado y los  michelines siguieron allí.

Ella nadaba en las aguas profundas de los siete mares, a velocidades vertiginosas y a distancias enormes. Así que la bañera no se puede comparar. Lo mejor para los michelines es no comer pero cualquiera deja a esa fiera corrupia muerta de hambre ¡me comería por los pies la zampabollos

Como mal menor, me he llevado la bola de acero inoxidable, hecha de rejilla para que Pascualita nade en el mar y vea por donde va. Como si fuese una hamster llamada Cleo solo que, en lugar de dar vueltas por la casa las dará en el mar.

Me puse la pulsera que lleva la cadena que sujeta la bola con Pascualita dentro y me metí en el mar. Era muy temprano y no había moros en la costa. Menos mal porque la sirena, encantada (o no) de estar en su medio natural, sin estarlo del todo, subía y bajaba a la velocidad del rayo, los dientes de tiburón sonaban al tratar de destrozar los barrotes de la bola. Yo me dediqué a nadar y poco a poco, la sirena se fue calmando.

Pero fue para que me confiara porque, de repente, nadó hacia lo hondo con una fuerza terrible y después hacia abajo ¡quería ahogarme la muy jodía! Apenas tuve tiempo de agarrarme fuerte a una boya amarilla.

Se me acercó una barca a motor que se dedica, tira tira, a limpiar de plásticos y demás basuras, la bahía de Palma. - ¿Necesita ayuda, señora? - (¿Señora? pensé. ¡Señorita! a ver si vamos al oculista, atontao) pero dije. - Me ha dado un calambre.

Me izaron a bordo y tuve la suficiente sangre fría como para dejar en remojo la bola. - Yo que usted sacaría el brazo del agua. Las tintoreras son muy dadas a comérselos. - Poco me faltó para dar un tirón y subir la bola a bordo. - Hice una promesa y debo llevar el brazo así. - Los fulanos estaban sembraos, según ellos. - Allá usted si al llegar a tierra pesa menos (el hombre hablaba en serio pero sus ojillos pícaros lo desmentían. - ¡Anda y que os zurzan, marineros de agua dulce! - Por toda respuesta, me tiraron de cabeza al agua. - Hale, a nadar si no sabes aguantar una broma, pardala.

Menos al que al llegar a casa había alguien contento. A mi se me llevaban los demonios. - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaa! ¡Mira que regalo me hizo tu primer abuelito anoche! - Y presumió delante de mi de unos pectorales que para sí hubiera querido Marilín Monroe... ¡Encima!

martes, 4 de julio de 2017

El marciano.

- ¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaah!!! - Un ser extraño ha entrado en casa y yo me he tirado de cabeza debajo de la cama. Es cierto que el fin del mundo se acerca ¡los marcianos ya están aquí!

Una voz  conocida llega hasta mi y me estremezco. - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaa! - ¡Corra, Cotilla, metase bajo de mi cama! - ¿Qué pasa? ¿es un juego nuevo? - ¡El marciano se arrastró hasta mi y creí morir de miedo! - ¡No me comas que no soy importante! - Eso ya lo sé yo... ¿En decir obviedades trata éste juego? - ¿Cotilla?... ¿es usted? ¡Salga de aquí! - ¿En qué quedamos? ¿Me escondo o no?

Poco después estábamos sentadas en la cocina tomando unos chinchones on the rock porque con el susto me había acalorado. - Quiéres dejar de mirarme, boba de Coria. - Pero cómo se atreve a salir así a la calle... ¿No la han apedreado? - ¡No digas tonterías! A ti lo que te pasa es que tienes envídia porque la peluquería me ha salido gratis. - ¡Ni loca me hago yo ésto! - Pues yo me lo he hecho y más. Mira: manicura, pedicura, las cejas, depilación, tinte, corte de pelo, ¡de todo! - Lo que no entiendo es qué hacía usted en la peluquería, si nunca va. Que yo la he visto cortarse el pelo poniéndose una palangana en la cabeza para no gastarse los cuartos. - Ha sido una casualidad...

Ibamos por el quinto chinchón on the roc. - He entrado a pedir revistas usadas y han sonado unas campanitas estridentes ¡Creía que había roto algo! Pero no, se trataba de un concurso: la clienta número 100 recibiría un regalo consistente en  cualquier servicio que deseara, gratis. Tenían un aparatito que iba contando la gente que entraba y por lo visto, yo fui la que hizo 100. - Pero usted no es clienta. - Pero la máquina no lo sabe.

Llamé a la abuela. - Tienes que venir a ver a la Cotilla. - "La tengo muy vista" - Como hoy, no. - Poco tiempo después se sumó a nosotras. - "¿Tú te has visto?" (le dijo a su amiga mientras no paraba de hacerle fotos con el móvil y mandarlas por wasap)

Quince chinchones on the rocks después, los ojillos de la Cotilla empezaron a bizquear  y aproveché para que Pascualita la viera: Le habían cortado el pelo a trasquilones y teñido las puntas de distintos colores, como si fuese un muestrario de tintes. Una parte del pelo lo llevaba planchado, otra parte rizada, en el centro de la cabeza se abría un cortafuegos por donde habían pasado la maquinilla. Sombras azules, violetas y amarillas en los párpados le conferían un aspecto cadavérico que contrastaba con los labios rojo pasión. ¡Un horror, vamos!

Pascualita paseó sus ojos de pez por la salita hasta encontrarse con la cara, abotargada ya por el licor, de la vecina y se estremeció desde la punta de sus pelo-algas hasta la punta de la cola. Y sin previo aviso, saltó hacia adelante cayendo sobre el pecho de la Cotilla, atacando a placer mientras yo trataba de cogerla sin que me mordiera. - ¿Qué hacemos ahora, abuela? - "Nada ¿no ves que duerme la mona? Mañana le regalaré unos sostenes talla XXXXXX. Me lo agradecerá."


lunes, 3 de julio de 2017

Y yo pasando pena.

Bueno, ya respiro tranquila sabiendo que el anonimato de Pascualita sigue vigente. Habiendo solucionado ésta cuestión, ahora me queda otra cosa por hacer pero, como tiene dos vertientes, tendré que tirar una moneda al aire para encontrar la solución.

O voy a la tienda de los chinos del señor Li y compro un termo XXL o pongo a la sirena a dieta de la alcachofa. El otro día le comenté a la abuela lo del aumento de peso de Pascualita. - Debe ser a causa de la menopausia (dije) porque sigue comiendo las raciones de siempre. - "¿Cómo que "raciones"? Tiene que comer una vez al día, como los perros. Me lo dijo la veterinaria" - ¡¿La ha visto una veterinaria?! - La intranquilidad volvió a mi, me temblaron las piernas, un sudor frío recorrió mi espalda, los pelos se me pusieron de punta, se me saltaron las lágrimas temiendo por la integridad física de mi ¿amiga? Pascualita. Entonces un chorrito de agua envenenada me dio en los ojos y bajaron todos los santos sirenos de los siete mares ¡anda y que le den morcilla a la media sardina de las narices!

La abuela dijo que solo hizo un comentario a una veterinaria , vecina suya. - "¿Cuántas veces al día hay que dar de comer a los peces de jardín? Una, dijo. Y tu la estás cebando ¿cómo no quieres que tenga michelines hasta en las pestañas? - ¡Me da igual lo que tenga! (grité rota de dolor) ¡Como siga engordando la abriré en canal y la asaré a la parrilla con un majado de ajo y perejil! - Pascualita, miraba nuestra discusión con sus redondos ojos de pez y acabó haciendo la señal de OK antes de zambullirse en el acuario, camino del fondo, hasta esconderse en el barco hundido.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Madre del amor hermoso! ¿Qué le has hecho a tu primer abuelito para que te haya puesto los ojos como un colchón? - Cotilla, no me caliente. - Menuda nieta estás tu hecha. Respeta a tu abuelo, coñe, aunque sea un alma en pena. - ¡No ha sido él! - ¿Entonces quién? - ¡Pascua...! ¡Nadie!

La cara de la Cotilla era un poema. - ¡¿El amante de tu abuela?! ¿Acaso has querido interferir en su relación? - ¿Pero qué dice? - Para quitarle un novio a tu abuela hay que estudiar latín. Es ella la que se los quita a las demás, boba de Coria. ¡Que cruz tenemos contigo! (entonces me miró y le entró la risa floja) ¿Y tú eres quién tiene que tener un biznieto? jijijijijiji ¡¡¡Tururú!!!


domingo, 2 de julio de 2017

Haciendo guardia.

Esta noche he montado guardia tras la puerta de la calle, a pesar de que la atranqué con el taquillón de entrada y varias macetas grandes, pero no quiero que me encuentren con la guardia baja cuando vengan a por Pascualita.

Me ha resultado muy pesado mantener los ojos abiertos y debo reconocer que he dado algunas cabezadas pero enseguida me he rehecho... salvo un lapsus de más de dos horas en que he dormido a pierna suelta. Me han despertado mis ronquidos, menos mal. He corrido a comprobar que Pascualita seguía en casa. Y así era. La sirena dormía acostada sobre la arena del fondo del acuario.

He sentido rabia contra la abuela porque, a pesar de que tiene más años que Matusalen, se comporta como una alocada dejando que la pandilla de vejestorios de El Funeral vean a la sirena. Debe ser la comidilla de toda la ciudad.

Esta mañana no he desayunado con ella, no puedo despistarme. Y aquí sigo, sentada en una hamaca de playa en el recibidor. Hace unas horas alguien ha intentado entrar. Al no conseguirlo  ha aporreado la puerta y luego se ha puesto a gritar como una energúmena. Por eso he sabido que era la Cotilla pero, como no me fio de ella por si los científicos la han sobornado para quitarme a la sirena, No he dicho nada para que pensara que la casa estaba vacía.

Cuando lo vecinos han protestado, ha llamado por el móvil a los bomberos y a la policía. - Que no está muerta, se lo digo yo. Soy como su segunda madre y no paro de avisarla: Nena, no bebas más chinchón o tendrás un coma etílico, pero ya saben ustedes que los hijos de hoy en día no hacen caso de los consejos maternos... - Escuché lo que decía la "buena samaritana" a los policías y bomberos que habían acudido raudos.

La voz temblorosa de Bedulio, dijo: - Yo ahí no entro. Que no..., que no... - Me acordé de Lola Flores en la boda de su hija y haciendo acopio de valor, grite: - ¡Si me queréis, irse! - Y funcionó.

La abuela me llama al móvil. - "¿Se puede saber qué haces, boba de Coria?" - ¡Defender a Pascualita! - "Pero si nadie se acuerda de ella. Estábamos todos borrachos. Fíjate que me ha llamado Conchi muerta de risa preguntando cómo se llama ese juguete japonés que nos tirábamos unos a otros." - ¿Tú que has dicho? - "Tamagochi" - ¿Os lo tirábais y no mordió a nadie? - "¡Que vaaaaa! jajajajajajaja La sirena también iba servida porque se cayó dentro de la ponchera, llena de frutas y de dos botellas de chinchón. ¡No daba pie con bola!" - ¿Entonces no vendrán a llevársela? - "Nooooooooo"

Por fin me acosté en mi cama, pero antes cogí a Pascualita, que seguía durmiendo plácidamente, para que me hiciera compañía... Pero se me olvidó que hay algo que la media sardina no soporta y es ¡que la despierten bruscamente! Ahora tengo un pecho enorme, una oreja de elefante, las dos manos como morcillas de dinosaurio... ¡Que rencoroso es éste bicho!

sábado, 1 de julio de 2017

¡Han visto a Pascualita!

Aún seguía impactada por la confesión que me hizo la abuela sobre su sexualidad cuando el rolls royce paró debajo de casa y empezó el concierto de pitos. Algo que se está convirtiendo en una tradición en el barrio.

Pero ésta vez no era exactamente igual porque solo había un vehículo, además del coche del abuelito: el camión de la basura al que el rolls le taponó la salida. Entonces empezaron los bocinazos. Como siempre que estaba a las órdenes directas de la abuela, Geoooorge ni se inmutó. Su jefa le había dicho - "Para y espérame aquí" y lo cumplió a rajatabla.

Yo estaba impaciente porque eran más de las tres de la madrugada y la abuela no había traído a Pascualita de vuelta al acuario. Mientras se iban encendiendo las luces de las habitaciones de los vecinos, la vi bajar del coche dando algunos traspiés. Respiré hondo al ver que llevaba el termo de los chinos al cuello. Poco después entró en casa subida a unos tacones de vértigo. - "¡Que bien nos lo hemos pasado, boba de Coria... ¡hip! ... Pascualita ha triunfado por todo ... ¡hip!... lo alto!" - ¿No me digas que la han visto tus amigos? - "¡Ya lo creo! Es hora de salir del armario y ha salido" - Pero Pascualita no es gay, sino sirena ¡la única sirena del mundo! Nos la quitarán para llevársela a laboratorios siniestros para desmembrarla y estudiarla. - "Que dramática eres, no me extraña que no ligues"

Le quité el termo de los chinos y saqué, a duras penas, a la sirena. Los ojos de pez daban vueltas sin cesar en sus cuencas, uno hacia la derecha y otro a la izquierda. - ¿Está borracha? - "Como una cuba" - Los deditos de la media sardina hicieron la señal de OK. - ¡Hale, al agua! - Y cogiéndola por la cola la tiré al acuario pero con los nervios, fallé y se estrelló contra el espejo del aparador.

En la calle sonaba una algarabía  a causa de los gritos de los vecinos y la bocina del camión de la basura. En vista de esto la gente culpó al chófer poniéndolo de vuelta y media - ¡Dale la serenata a tu puñetera madre, desgraciado! - ¡Que la culpa no es mía! - ¡Ponte a trabajar que para eso te pagamos! - ¡Voy a bajar y verás por donde te meto el claxon! - ¡Manolo, por tu padre, déjalo estar!

El único que guardaba la compostura en medio del caos, era Geooorge. El inglés, inmutable, escuchaba la BBC a través de los auriculares.