viernes, 23 de febrero de 2018

¡Qué nochecita!

Estoy para el arrastre. Me he pasado la noche sobre la mesa de la cocina esperando que volviera la Cotilla a buscar a la dichosa boa. Lo ha hecho ésta mañana. Y después de reírse de mi, ha entrado en la despensa, ha cogido a la bicha que estaba enrosaca sobre el saco de patatas, según me ha dicho. Después ha echo unos cuantos amagos de tirarme la serpiente encima pero yo he sido más rápida y le he tirado un zapato a la cabeza. Se ha enfadado porque: - ¡No sabes aguantar una broma, boba de Coria! - y se ha marchando dando un portazo.

Ha sido una noche toledana la que he pasado. Tenía tanto frío y estaba tan incómoda que no sabía cómo ponerme hasta que me he fijado en Pepe. La cabeza jibarizada, que necesita muy poco sitio, estaba sola en su estantería. No me ha parecido justo y me he subido con ella pensando que nos daríamos calor mutuamente... Además, allí había una botella de chinchón que me calentaría por dentro.

En cuanto he subido y estirado en la estantería, ésta se ha venido abajo con gran estruendo. ¡Menuda costalada me he dado! menos mal que, al rebotar en la mesa, he amortiguado el golpe. Apenas he tocado el suelo me he levantado de un salto y subido de nuevo a la mesa. Ha podido más el miedo a la serpiente que el dolor del golpe.  La peor parada ha sido la botella de chinchón que se ha roto y el líquido se ha extendido por toda la cocina.

Aterrada, he visto llegar a la boa reptando desde el comedor. ¡Pascualita! pensé . ¿Se la habrá comido? - ¡¡¡Aaaaayyyyyyyyyyyyyyy, que pena y que dolooooooor, más grandeeeeeeeee!!! ¡Me he quedado sin el único ejemplar de sirena que existía en el mundooooo. Aaaayyyyyyyyyyyyy!- Y así me he pasado un buen rato. Total, no tenía nada mejor que hacer y como dicen que quien llora no mea, razón de más  porque, con ese bicho arrastrándose por el suelo, no pienso moverme de la mesa.

Escuché los golpes en la puerta porque paré de gritar unos segundos para coger aire. - ¡¡¡CALLA YA, JODIA, QUE LAS SAETAS SON PARA EL MES QUE VIENE!!! - Que poco aguante tienen mis vecinos.

Me callé. Unos movimientos convulsivos llamaron mi atención.La serpiente se enroscaba y desenroscaba, daba brincos, se estiraba tan larga era... Pensé que eran cosas de su raza hasta que, en uno de los giros, vi a Pascualita agarrada con los dientes, para no caerse, al cuello del bicho. ¡Le había mordido y estaba haciendo el baile ritual que hemos hecho todos los que hemos sido mordidos por la puñetera sirena. ¡Pero había más! La serpiente estaba borracha como una cuba después de beber chinchón durante un buen rato. Finalmente y antes de caer en un coma etílico, desapareció de mi vista.

A Pascualita le acerqué un paño de cocina y le costó muchísimo adivinar, debido a la borrachera, cual de todos los paños que veía, era el real. Finalmente lo sujetó y pude izarla a la mesa. Cosa que no pude hacer con Pepe que, empapado en licor, seguía sin abrir la boca.


jueves, 22 de febrero de 2018

Lo que faltaba para el duro.

Hoy mi casa parecía la Puerta del Sol en hora punta. Estaba yo en el mejor de los sueños cuando ha sonado el móvil. A tientas, lo he metido en el cajón de la mesita de noche y lo he cerrado. Más tarde ha tocado el timbre del teléfono fijo que está en el comedor. Me he levantado, lo he descolgado y he vuelto a la cama.

Más tarde he sido zarandeada por unas manos huesudas - ¡¿Ha llamado tu abuela, boba de Coria?! - Las legañas me impedían abrir los ojos, así que abrí el cajón a ciegas y señalé dentro. - Te ha llamado varias veces. ¡Te va a caer la del pulpo!

Mientras yo recaía en brazos de Morfeo, escuché hablar a la Cotilla. - ¿A qué hora quedamos y dónde?... ¡duerme! No sabe hacer otra cosa ésta nieta tuya... No se merece la Torre del Paseo Marítimo... en cambio yo... ¡Qué sí, te he oído! Hasta luego.

Mientras arrastraba los pies camino de la cocina para desayunar, la abuela entró como un torbellino . "¡Se nos va lo más granado de la juventud, nena. Y tú aquí, tan pancha!" - ¿Otro amigo que añadir a la pared de los Finados de El Funeral? - "Forges" - ¡Anda, como el humorista gráfico! - "¡Que cruz tengo contigo! ¡¡¡ES ESE FORGES!!! - ¿Has dicho "juventud"?... Ah. claro. Solo tenía 76 años y tú... ejem... Vale, te he entendido, abuela.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaa Mira la hora que es y aún no he desayunado. Por cierto: ha muerto Forges, he visto la noticia en un periódico que "me he encontrdo por ahí". - Cotillaaa... - La de cosas que olvida la gente a éstas horas... - ¡YA!

- "Dejad de discutir y vamos a la manifestación" - Que lo paséis bien. - "¿No vienes?" - ¡Pots pensar! - ¿No? Protestaremos por las pensiones. - Pues bueno, pues vale, pues me alegro. - ¿No piensas llegar a vieja? allá tú pero, si llegas, te verás como nosotras: fanés y descangallás.

La Cotilla no se dio cuenta, pero acababa de pronunciar una de las palabras más vetada en presencia de la abuela. Por eso, ella y yo estábamos con la boca abierta, contemplándo a la vecina. Traté de disimular mi estupor. - ¿Tú por qué vas, abuela? - "Por conciencia social"

La Cotilla, ajena al torbellino que había desatado, seguía hablando. - Allí nos encontraremos todos. Blas el parado, dijo que vendría... etc., etc., etc. - Cuando menos lo esperaba recibió tal pescozón que su cabeza rebotó diez veces contra la pared. - ¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyyy!!! - "¡VIEJA LO SERÁS TU, ZARRAPASTROSA!!!

Pascualita, como un horroroso mascarón de proa, no se perdía detalle de la agresión desde el broche de la abuela.

Nos costó que la Cotilla se repusiera del golpe: tres cuartos de botella de chinchón a palo seco. Luego, las dos amigas, la abuela con el termo de los chinos al cuello con Pascualita, se fueron juntas como si no hubiera pasado nada. Antes de cerrar la puerta la vecina exclamó: ¡Oh, nooooo! ¿Dónde se habrá metido?  - "¿Quién?" - La serpiente pitón que "he encontrado" al pasar junto a una tienda de animales... Estaba en mi bolsa ¡y no la encuentro!

Llevo todo el día subida la mesa de la cocina ¡por si aparece la jodía culebra!

miércoles, 21 de febrero de 2018

La amiga de la Momia.

La Momia ha venido a verme. - A ti, noooo, nena, sino a esa cabecita que tenéis de llavero. - ¡¿A Pepe?!... ¿Y eso? - Me he acordado de alguien que conocí en las postrimerías del siglo XIX , que marchó a vivir aventuras a tierras lejanas... - ¿Chico o chica? - Chica. Aunque partió de Palma disfrazada de hombre. - ¿El pasaje era más barato para los hombre? ¡Machistas! Hizo bien en disfrazarse. - No te enteras de nada, nena. ¿No recuerdas aquella canción que cantábamos de pequeñas... - Ejem, bisabuelastra, perdona que te interrumpa pero, en el siglo XIX yo ni siquiera estaba programada para nacer. - La canción decía (ella iba a su bola) que al pasar la barca, le dijo el barquero, las niñas bonitas no pagan dinero... pues ella tuvo que pagar porque era más fea que Picio. - ¡Machistas!

Los ojos de la Momia, ribeteados de negro y los párpados pintados de azul, se abrieron con asombro. - ¡Nada te parece bien! No es raro que sigas soltera y sin compromiso. - Mejor sola que mal acompañada (musité) - Según y como. Es cierto que yo aguanté lo que no está escrito en mi matrimonio pero, al final tuve mi recompensa: viuda, rica y con ganas de vivir... Menos  mal que la Cotilla me echó una mano.

El radar de mi cabeza se puso en marcha. - ¿Qué pinta la Cotilla aquí? - Me dio unos polvos para mi marido.Dijo que eran buenos para eliminar los ronquidos y fue mano de santo. Nunca más roncó, aunque no sé si fue por morirse... ¿podría ser, verdad?

Me estremecí. La Cotilla cerca de un difunto ¡otra vez!

- Cuéntame qué pasó, bisabuelastra. - ¿Qué más da lo que hiciera? ¡Hablábamos de mi amiga aventurera! El barco velero zarpó del puerto de Palma y no volvió hasta dos años después. Mi amiga no venía en él. Pero como preguntando se llega a Roma, supimos que viajó hasta Nueva Guinea Papúa. en aquel tiempo, en las cocinas de las cabañas había un plato de mucho éxito... - ¡Tú amiga se metió a cocinera! - La información decía que ella formó parte del plato favorito de entonces y fue su rey quien hizo los honores.

- ¡Cuanto honor! (grité entusiasmada) - Por lo visto, la salsa salió muy picante y el rey tuvo dolor de estómago durante dos días. Así que el cocinero también entró a formar parte del menú semanal. Como ves, en esos sitios nos dan buenas lecciones sobre economía casera se desperdicia nada. - ¿Me estas contando que... se los comieron? - ¡Exacto! - ¡Qué horror! - ¿Por qué? eran caníbales los pobres. Ahora trae a quien llamas Pepe. Quiero examinarl por si encuentro algún parecidos. - ¡¡¡JESUS, MARIA Y JOSE!!! Grité despavorida.

Pascualita se colocó de un salto en el borde del acuario mientras me mostraba su dentadura de tiburón en plan amenaza. Menos mal que no estaba la abuela o me hubiese atacado.

martes, 20 de febrero de 2018

Pascualita ataca.

La abuela sigue espatarrada después de su primera clase de ball de bot - "Esta gente fue a por mi ¡Quisieron matarme!" - Que dramática eres. Te dije que aquellos taconazos no eran apropiados para bailar jotas. - "¡Toda mi vida he bailado con tacones y no he tenido agujetas!" - Porque eras má jo... estoooo... - La abuela me miró mal. - "Más jo ¿qué?" - ¿Más jo? ¿Quién ha dicho eso? - "Tú. Y no me suena bien" - Tal vez quería decir más jovial. Ultimamente estás muuuuuy estresada... - "¿Ah, sí?... Y tengo mal genio, por ejemplo, ya me estaba enfadando contigo pensando que ibas a hablar de mi edad" - ¡Que vaaaaa! Dios me libre.

El abuelito vino a buscar a la abuela. Y se plantó ante mi, amenazándome con el dedo índice: - A tí voy a ponerte las peras a cuartos por decir mentiras. - Reculé hasta tocar la pared del comedor. - ¡Abuela! - "Te mereces lo que te pase por no contrastar las noticias antes de difundirlas y levantar falsos testimonios" - ¡Dile al abuelito que no me apunte con el dedo o le morderé!

Aquellos gritos míos, mirándo a la abuela, fueron entendidos por Pascualita como un ataque personal a su amiga y me lanzó un chorrito de agua envenenada a los ojos, suerte que  me aparté a tiempo y lo esquivé, pero la abuela no.

Los gritos, los llantos, las carreras, los mocos, los quejíos... fueron tan exagerados que los vecinos aporrearon mi puerta pensando que me mataban. - ¡Estoy bien! (grité) - ¿Entonces eres tú la que mata? ¡¡¡Abre, asesinaaaaaaaaaaa!!!

Minutos después escuché, a pesar del jaleo, los frenazos de los coches de los municipales. La voz de Bedulio resonó en el rellano de la escalera. - ¡Abrid a la autoridad! - ¡No te gustará lo que veas! (le avisé porque sé que está de los nervios) - ¡A... abre te... digo! (empezaba a fallarle el valor) - Es  que ha venido el abuelito primero... (lo hacía por su bien...) - Va... le. Déja... lo...

Los ojos de la abuela estaban a un tris de salirse de las órbitas y botar por el suelo. - ¡Aaaayyyyy, no me mires que me da grima! - Andresito, conmocionado, no sabía qué había pasado. En el rellano se recrudecían los porrazos y los gritos. - ¡¡¡Tenéis que entrar, que para eso os pagamos!!! Llamad a la televisión (dijo otro) ¡Esperad que voy a arreglarme un poco! (suplicó la presumida de la escalera)

A todo esto, la abuela trasegaba copa tras copa de chinchón hasta quedar comatosa, o sea, bien borracha y bien dormida.

El abuelito abrió la puerta. Bedulio, pálido como la cera, entró en casa mirando a todos lados. Lo tranquilicé. - Ya se ha ido. - De aquí no se ha ido nadie (confirmó Andresito. Y ya puesto, me soltó) Según tú, Rafael Hernando dijo: Soy diputado por Almería ¡¿Sí o no?! - ¡Sí! - ¡Mentiste. Dijo AFILIADO por Almería - ¿Y? - Que no cobra. - Vale, pero es un maleducado... ¿Sí o no? - Si. (reconoció Andresito) - ¡Pues, que le den!

El ruído sordo de un saco de patatas de cincuenta kilos chocando contra el suelo nos sobresaltó. Bedulio no había podido soportar la visión de los ojones de la abuela y yacía desmayado a mis pies. Sentí un subidón: ¡Un hombre a mis pies. Que ilusión!




lunes, 19 de febrero de 2018

El verano está a la vuelta de la esquina.

La abuela ha venido cargada con una bolsa de deporte al hombro. - "He decidido hacer ejercicio porque el verano está a la vuelta de la esquina y tengo que quitarme los michelinitos de ésta Navidad." - ¿Y por estos rollitos vas a pasar penalidades? - "Son la excusa perfecta para hacer algo" - ¿Piensas correr una maratón? - "No. Voy a bailar ball de bot: jotas, boleros..." - ¿Y te vestirás de payesa? No te veo yo tan tapada. - "En esta vida todo evoluciona y los trajes regionales ¿por qué no tienen que hacerlo?" - Porque son regionales, abuela.

Nos sentamos a desayunar unas magdalenas que me quedaban de las que trajo la Cotilla en Navidad, del contenedor de basura del súper. - " Tendrás que hacer otra cafetera, nena, porque éstas magdalenas estaban sedientas. Se han bebido mi café."

La abuela me pidió que la acompañara a la Escuela de Baile. Me senté a esperar mientras ella se cambiaba de ropa. Y salió con unas mallas naranja fosfi, de arriba abajo, un pañuelo en la cabeza con una buena lazada sobre la frente. Y botas de caña con tacón. - ¿Estás segura que tienes que ir así? - "Me dijeron que me pusiera cómoda."

El maestro le preguntó si sabía bailar - "¡Claro! bailó con mi marido todas las noches en El Funeral" - Al replicarle que el ball de bot es diferente, ella dijo: - "¡Cómo no voy a saberlo si soy mallorquina, pardal!"

Pero no sabía. Y no dió pie con bola, así que el maestro la remitió a la clase de Inicio. Yo no quise entrar, bastante vergüenza había pasado ya y no me moví de la silla. Un rato después se abrió la puerta y la maestra, seguida de la abuela, se encaró con el maestro - ¡¿O ella, o yo?! - dijo señalándola.

Antes de salir por pies, se paró en la oficina a reclamar el dinero de la matrícula. El secretario se mostró reticente a devolvérselo. Entonces la abuela amenazó con quedarse. El dinero le fue devuelto enseguida.

Ni siquiera se cambió de ropa e iba dando el cante por la calle. - "Vamos a tomar un chocolate con ensaimadas. Va muy bien para las agujetas que tengo... ay, ay, ay..." - Nos tomamos dos tazas cada una, con sendas ensaimadas. Después llamó a Geoooorge. - "Ven a recogerme ipso facto" - Poco después, el rolls royce aparcaba delante de la chocolatería a pesar de la señal de prohibido.

La abuela entró en el coche y éste arrancó. - ¡Eh, espérame, inglés de las narices! - El auto se paró, la abuela sacó la cabeza por la ventanilla - "Nena, paga tú que yo no llevo un euro. ¡Hasta luegooooo!"
- ¡La madre que la parió!

domingo, 18 de febrero de 2018

El Dragón Chino.

He salido a la calle a comprar el periódico y me he encontrado con un Dragón enorme que venía hacia mi. He puesto los pies en polvorosa. Y eso que todavía tenía legañas en los ojos pero he corrido como alma que lleva el Diablo.

Con el paquete de ensaimadas dominicales en la mano, he ido, en plan marine, arrastrándome por el suelo, de esquina a esquina y esquivando porquerías perrunas, atenta a cualquier movimiento extraño. Afortunadamente las calles estaban despejadas y he llegado a mi portal sana y salva.

Mientras desayunaba les he contado ésto a Pascualita y a Pepe. Me ha parecido que ambos se estremecían. Menos mal que el Dragón no echaba fuego por la boca. Quizás era demasiado temprano para él y no tenía aún el estómago dispuesto para trasegar gasolina o lo que sea el combustible que usan éstos bichos.

La sirena ha saltado a su taza de cola cao pero antes, ha mirado a ambos lados, cosa que no hace nunca. ¿Le preocupaba el Dragón tanto como a mi? Pepe, en cambio no ha girado la cabeza para nada... pienso que, al no tener cuello es normal, pero también porque era una persona valiente que se internó en las selvas de Papúa Nueva Ginea sin pensar que podía acabar siendo el adorno de un llavero.

Salí al balcón con mis amigos y un olor a comida me llegó desde la plaza cercana. La Cotilla me llamó desde abajo - ¡Baja, boba de Coria! ¡Es el año del Perro! - ¡¿Qué perro?! No quiero ninguno.-
Una gaviota pasó rozando el balcón dando gritos estridentes. - ¡Quita, bicho! - Pascualita se removió en mi mano. Había sacado la dentadura de tiburón a pasear. La solté de golpe y cayó en una maceta sin planta. La gaviota volvió, esta vez, dispuesta a robar, llevaba el pico abierto. Me quité el jersey y lo agité asustándola. - ¡¡¡Vete, fueraaaaaaa!!!

La Cotilla gritaba. Pasé de ella. Tenía que evitar que la gaviota se comiera a Pascualita pero me estaba costando lo mío porque el pájaro no se daba por vencido. Entonces, sorteándo los golpes de jersey, puso una pata a la altura de la sirena y ella le mordió ¡y no soltó!

La gaviota se revolvió, loca de dolor cuando el veneno entró en su cuerpo. Inmediatamente la pata se hinchó exageradamente e intentó emprender el vuelo. Pero ahora era yo quién no quería que se fuera. La agarré de la pata y tiré con fuerza hasta arrancar a Pascualita. Después la dejé ir. Se paró en las ramas del árbol a lamentarse y amenazarme sin parar de graznar mientras la sirena se relamía después de comerse el trocito de carne de gaviota que quedó entre sus dientes.

Un fuerte aplauso y gritos de ¡¡¡VIVAAAAA, VIVAAAAAA!!! sonaron debajo de casa. Entonces me di cuenta de que, debajo del jersey no llevaba nada puesto. El señor Li, acompañado por un nutrido grupo de chinos de todas las edades y sexos, aplaudían y reían junto al resto de vecinos que se habían congregado en la calle. De repente, por una esquina apareció el Dragón. - ¡¡¡Aaaaah, corred, corred!!! - El señor Li también gritaba - ¡¡¡Tu venil a plaza. Hoy sel Año Nuevo Chino. Año del Pel.lo!!! - Al darse cuenta de que no le entendía, los chinos dijeron a coro = ¡¡¡Año Guau, guau, guau!!!





sábado, 17 de febrero de 2018

¡Soy diputado por Almería!

Andresito a venido a casa hecho un lobo de mar: La espalda erguida, cabeza alta, pecho henchido, barriga metida para adentro y pisando fuerte. Incluso tenía mejor voz. Vamos, que no parecía el viejecito de días atrás, avergonzado a causa de la corrupción pepera. ¿Habría tomado viagra?

Siendo su nieta, no me atreví a preguntárselo porque sería meterme en sus intimidades. Incluso podría sentirse azorado... así que, aprovechando que fue al cuarto de baño, llamé a la abuela. - "La pastillita azúl no tiene nada que ver en su cambio. Es otra cosa. Una frase." - ¿Una sola frase a bastado para sacarlo de su creciente depresión? - "Así es"

Me resultaba difícil de creer pero ¡a la vista estaba! - Abuelito, se te ve contento. - Lo estoy, nena... - ¿Has hecho una novena a Santa Rita? - No... - ¿Has desayunado con chinchón en lugar de café con leche? - No... - ¿Entonces...? - Ha sido una frase la que ha obrado el milagro. - ¿Y esa frase es...? - Una panacea. Sobre todo porque la dijo alguien de los míos y eso tiene mucho más valor. - ¿Me la vas a decir? - Sí, pero tengo que preparar la voz, darle un deje chulesco, de recochineo... jummmm ... Escucha: SOY DIPUTADO POR ALMERIA.

- Ah, no lo sabía. ¿Qué pintas allí si vives aquí? - Esa es la frase, mujer. Te la repito: SSSSOY diputado por ALLLLLLMERÍA. Así, subiendo y bajando la voz y alargando las palabras. Además hay que recostarse sobre algo, como se hace en la barra de un bar barriobajero.

- No entiendo nada... - Es una frase que te saca de apuros. La dijo Rafael Hernándo, el portavoz de mi partido, que tiene una gracia el jodío... jajajajaja - ¿Ese? ¡No me digas más! Menudo es... - Pues sí. Ahora, gracias a él, los peperos tenemos una coletilla para sacarnos de apuros. Pregúntame algo, nena. - Pues... no sé que... Hummmm... A ver ¿quién es M.Rajoy? - ¡Soy diputado por Almería! ¿Qué te parece? - Que no sé si a los de Almería les hará mucha gracia. - ¡Sí, mujer, Se hartarán de reir.

- ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa... ¡Hombre, Andresito! ¿Ya estás mejor? - ¡Soy diputado por Almería! - ¿Ah, sí? Eso que quiere decir, qué cobrarás doble ¡Menudo chollo tenéis los políticos! - ¡Soy diputado por Almería! - Tendría que denunciarte ¿Seguro que puedes cobrar de aquí y de allí? - ¡Soy diputado por Almería! (el abuelito ya no reía pero parecía que no podía desprenderse de la coletilla) - ¿Te has dado un golpe en la cabeza como el que tiraba la basura al río? - ¡Soy diputado por Almería! - Si no fuese porque no es tu abuelo natural, diría que sois igual de tontos los dos (se refería a mi) - ¡Soy diputado por Almería! - ¡Anda y que te zurzan! (la Cotilla salió dando un portazo)

Llamé a la abuela y se lo conté todo. - ¡Ven a buscarlo que se le ha encallado la frase! - "Mejor quédatelo unos días y ya vendré cuando se le haya pasado la tontería" - ¡¡¡ABUELAAAAAAAAA!!!
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